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27 de junio 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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Y tú más: 'Digitum impudicum'

27 de junio 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Lista de inventos romanos: el acueducto, las calzadas, el alcantarillado… y el gesto de mandar a tomar por culo.

Mis hijas lo llaman el dedo de insultar y los antiguos paisanos de Julio César lo llamaron digitum impudicum o medium o infamen ostendere o porrigere. Y eso es lo que vamos a tratar de explicar hoy: qué significa y de dónde viene este insulto gestual casi universal que tanto nos gusta usar en estos tiempos, a pesar del peligro de calambres en dicha falange. Porque, como dicen los sabios, una imagen vale más que mil palabras.
El gesto lo conocemos todos. El puño se cierra dejando erguido únicamente el dedo corazón. Y ya lo usaban los romanos en tiempos del Imperio para señalar y mofarse de quien consideraban afeminado. Bueno, más que afeminado, pathicus, o sea sodomita pasivo. Era, por encima de todo, un gesto obsceno que fue convirtiéndose en algo más.
Evidentemente, por su forma, lo que imita es un pene erecto y su escroto. De él hay testimonios no solo gráficos sino también escritos. Autores como Marcial o Juvenal ya lo describían. Incluso se interpreta que el emperador Calígula señalaba de aquella manera al tribuno Casio Querea, a quien consideraba afeminado, ofreciéndole de esta guisa la mano para que se la besara. Recochineo cruel el del emperador, vaya.
Pero también tenía otro uso bastante más positivo que no ha pervivido con el pasar de los siglos. En el ámbito de la superstición, se empleaba para alejar el mal de ojo. Posiblemente estaba imitando un amuleto con forma de pene llamado fascium, que era la versión masculina de la figa.
¿Y qué es una figa? Seguro que más de uno lo sabéis, pero por si hubiera alguien por ahí que no lo tiene claro, diremos que se representa cerrando la mano y asomando el pulgar entre el índice y el corazón. En este caso, simboliza los genitales femeninos (vulva y clítoris) y es un amuleto protector contra el mal de ojo que se colgaba del cuello de los niños o en la cuna de los bebés para protegerles del aojamiento. Era una manera de simbolizar la protección materna.
De la misma manera, el fascium y el digitum impudicum eran también símbolos que protegían la virilidad de los hombres, alejando así la maldición del gatillazo.
Dicen las doctoras Maria Antònia Fornés Pallicer y Mercè Puig Rodríguez-Escalona en su artículo Insultar con gestos en la Roma Antigua y hoy, que es probable que este significado supersticioso no se haya mantenido en occidente por «la actitud hostil de la Iglesia católica», mientras que «se mantuvo su uso en Bizancio y sobrevive todavía hoy en Grecia».
Menos mal. Porque no me imagino por ahí a los hombres de este siglo XXI luciendo en sus cadenitas de oro enhiestos penes protectores de su hombría. Ya es bastante bochornoso lucir diademas fálicas en las despedidas de soltera. Así que casi mejor, dentro de lo malo, que solo usemos el dedito de insultar para decirle a nuestro contrario ¡anda y que te den!, deseando apartarle lejos de nuestra vista y presencia, además de dejarle bien servidito por la retaguardia.
Foto de portada: Dennis Skley bajo licencia CC

Lista de inventos romanos: el acueducto, las calzadas, el alcantarillado… y el gesto de mandar a tomar por culo.

Mis hijas lo llaman el dedo de insultar y los antiguos paisanos de Julio César lo llamaron digitum impudicum o medium o infamen ostendere o porrigere. Y eso es lo que vamos a tratar de explicar hoy: qué significa y de dónde viene este insulto gestual casi universal que tanto nos gusta usar en estos tiempos, a pesar del peligro de calambres en dicha falange. Porque, como dicen los sabios, una imagen vale más que mil palabras.
El gesto lo conocemos todos. El puño se cierra dejando erguido únicamente el dedo corazón. Y ya lo usaban los romanos en tiempos del Imperio para señalar y mofarse de quien consideraban afeminado. Bueno, más que afeminado, pathicus, o sea sodomita pasivo. Era, por encima de todo, un gesto obsceno que fue convirtiéndose en algo más.
Evidentemente, por su forma, lo que imita es un pene erecto y su escroto. De él hay testimonios no solo gráficos sino también escritos. Autores como Marcial o Juvenal ya lo describían. Incluso se interpreta que el emperador Calígula señalaba de aquella manera al tribuno Casio Querea, a quien consideraba afeminado, ofreciéndole de esta guisa la mano para que se la besara. Recochineo cruel el del emperador, vaya.
Pero también tenía otro uso bastante más positivo que no ha pervivido con el pasar de los siglos. En el ámbito de la superstición, se empleaba para alejar el mal de ojo. Posiblemente estaba imitando un amuleto con forma de pene llamado fascium, que era la versión masculina de la figa.
¿Y qué es una figa? Seguro que más de uno lo sabéis, pero por si hubiera alguien por ahí que no lo tiene claro, diremos que se representa cerrando la mano y asomando el pulgar entre el índice y el corazón. En este caso, simboliza los genitales femeninos (vulva y clítoris) y es un amuleto protector contra el mal de ojo que se colgaba del cuello de los niños o en la cuna de los bebés para protegerles del aojamiento. Era una manera de simbolizar la protección materna.
De la misma manera, el fascium y el digitum impudicum eran también símbolos que protegían la virilidad de los hombres, alejando así la maldición del gatillazo.
Dicen las doctoras Maria Antònia Fornés Pallicer y Mercè Puig Rodríguez-Escalona en su artículo Insultar con gestos en la Roma Antigua y hoy, que es probable que este significado supersticioso no se haya mantenido en occidente por «la actitud hostil de la Iglesia católica», mientras que «se mantuvo su uso en Bizancio y sobrevive todavía hoy en Grecia».
Menos mal. Porque no me imagino por ahí a los hombres de este siglo XXI luciendo en sus cadenitas de oro enhiestos penes protectores de su hombría. Ya es bastante bochornoso lucir diademas fálicas en las despedidas de soltera. Así que casi mejor, dentro de lo malo, que solo usemos el dedito de insultar para decirle a nuestro contrario ¡anda y que te den!, deseando apartarle lejos de nuestra vista y presencia, además de dejarle bien servidito por la retaguardia.
Foto de portada: Dennis Skley bajo licencia CC

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