23 de septiembre 2016    /   DIGITAL
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El dilema de la innovación: renovar sin cargarse lo que funciona

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De un tiempo a esta parte no hay detalle sobre los nuevos dispositivos de Apple que no se filtre antes de hora. Antes cada detalle de los nuevos modelos de iPhone y iPad se llevaban con absoluto secreto porque, de hecho, era parte del juego: en esa inmensa exhibición de marketing que son las keynotes de la compañía, el factor sorpresa era inseparable del espectáculo.

Pero con el tiempo, como es natural y comprensible, Apple dejó de innovar. En realidad, no se puede estar permanentemente revolucionando una industria a la que cada vez se le exige más. Ahora ni siquiera hay secretos en las keynotes: todo el mundillo tecnológico sabe antes de la fecha qué es lo que va a presentar Tim Cook sobre el escenario, que ni es Steve Jobs ni lo pretende.

El último gran acto no fue una excepción, pero en esta ocasión había algo de distinto: el anuncio de que el iPhone se cargaba el conector de auriculares tradicional era algo que se había filtrado -como tantas otras cosas- y parecía más una estrategia de voladura controlada. Es un tema tan delicado que mejor ir preparando al respetable.

El anuncio de que el iPhone se cargaba el conector de auriculares tradicional era algo que se había filtrado -como tantas otras cosas- y parecía más una estrategia de voladura controlada.

Cook dio razones para la polémica decisión, y sólo una era cierta. Dijo primero que lo hacían porque alguien tenía que atreverse, que por qué no y que era necesario innovar. Luego dijo la verdad: los usuarios piden mejores prestaciones en un terminal que no puede crecer más. Pedimos mejor batería, pantalla, cámara y rendimiento, pero falta espacio para meter todo eso. Y el clásico jack de auriculares ocupa demasiado.

Otra tradición tras cada keynote es que fanboys y haters de Apple se batan en duelo en las redes sociales a cuenta de lo revolucionario o no que es lo que haya presentado, lo mucho o poco que ha plagiado a la competencia esta vez, lo presuntuosos y caros que son sus productos o cuántos años hace que Android ofrece eso mismo que ahora se presenta como novedad. Y en esta ocasión el combate tuvo aún más motivos.

Muchos detractores de la compañía les acusaron de algo terrible: sacrificar la comodidad del usuario a cuenta de la innovación y el diseño. Eso en una línea de productos que vive tanto de su diseño como de la funcionalidad de sus productos es un pecado mortal: ¿cómo puede Apple permitirse que a sus usuarios les resulte incómodo utilizar algo? ¿Por qué hacer difícil algo cuyo uso hasta ahora era sencillo? Bien pensado, Apple siempre ha funcionado un poco a la suya y ha sido difícil compatibilizar sus componentes y formatos con otros -conectores, versiones de software y demás-.

UX: la dictadura del usuario

Apple, como casi todas las empresas del ámbito tecnológico y fuera de él, viven sometidos a la incontrolable dictadura de sus usuarios. Ellos son los que deciden cómo utilizan los productos y servicios que nos prestan las compañías, aunque sea de una forma distinta a aquella con la que se concibieron. Hay veces, por tanto, en las que no es la compañía la que nos saca de nuestra comodidad para obligarnos a hacer las cosas de una determinada forma, sino que en ocasiones son los usuarios los que deciden hacerlo por sí mismos.

Sólo así se explica, por ejemplo, que haya hordas de turistas utilizando tablets para hacer fotografías. Si hay una razón por la que los móviles desplazaron el uso de las cámaras fotográficas es que ofrecen una calidad muy similar en un dispositivo que siempre llevamos encima y resulta igual de cómodo de usar. Sin embargo, sostener con dos manos un dispositivo del tamaño de las cámaras fotográficas de principio de siglo no parece la mejor manera de optimizar la experiencia de tomar una instantánea.

El usuario manda. Y a veces intentar entender cómo piensa es complicado. Le sucedió por ejemplo a Nokia cuando, en los albores de este siglo, decidió lanzar al mercado uno de los mayores fracasos de la compañía: el móvil N-Gage. En realidad, era mitad móvil, mitad consola portátil. Los finlandeses habían descubierto que había un nicho emergente de usuarios de la telefonía móvil que era el sector más joven, y que éste estaba muy interesado en los videojuegos.

Si unir reproductor musical y móvil había funcionado, ¿por qué no hacer lo mismo con la consola? No era la única integración tecnológica que iba a sufrir en esos años ese dispositivo: también se unieron cámara y móvil, GPS y móvil, o conexión a internet y móvil. Pero la videoconsola no, o no de esa forma.

Con el tiempo los videojuegos acabaron entrando en los móviles, pero no de la mano de la malograda Nokia.

La N-Gage era cara, con problemas de conectividad en algunos países -EEUU y Japón, por ejemplo- y, sobre todo, era rara. Muy rara. El teléfono se usaba por el borde, lo que obligaba a sostener el terminal como si fuera una empanadilla junto a la oreja. Con el tiempo los videojuegos acabaron entrando en los móviles, pero no de la mano de la malograda Nokia.

Casos de éxito

Ser disruptivo no es fácil. Igual que revolucionar el mercado cada año es imposible, y que sostener en alto las expectativas de los usuarios es arriesgado, no todas las ideas innovadoras encuentran acomodo en el mercado. Y Apple de eso sabe un trecho.

A decir verdad, la estrategia de voladura controlada de la compañía por aquello de quitar conectores que los usuarios utilizan a menudo empezó unos meses antes, cuando presentaron las nuevas versiones de sus portátiles y el mundo descubrió, ahí sí por sorpresa, que se habían cargado los USB: la computadora sólo tendría un único conector USB-C que serviría para todo, desde conectarle unidades externas a cargar la batería. Lo que ahora habían hecho con el conector de audio ya lo pusieron en marcha tiempo atrás con los USB.

Igual que con el nuevo conector de audio de sus teléfonos, sus nuevos ordenadores necesitan de adaptadores para poder usar los dispositivos ahora antiguos -auriculares y USBs-. Eso en cuanto a usabilidad es un horror, pero las transiciones de una fase a otra suelen ser terribles -díganselo a los adolescentes-.

Pero hay hueco para la esperanza. A veces hacerle difícil la vida al usuario sí funciona, y en esto el ejemplo también puede ser Apple. Todos sabíamos escribir mensajes a ciegas en el móvil gracias a ese teclado de doce botones que conocíamos sólo con el tacto, pero decidieron eliminarlo para sustituirlo por un incómodo homólogo virtual con el que suele ser difícil escribir hasta mirándolo. Pero lo hicieron para hacer que las pantallas de los móviles fueran mucho mayores, y táctiles, algo que redefinió la industria por completo y la llevó a lo que es hoy.

Muchos, especialmente los que tenemos manojos de longanizas por dedos, añoramos poder escribir más cómodos. BlackBerry siempre ha intentado conservar esos teclados analógicos, pero tantos botones y tan pequeños nunca podrán ser lo mismo. Como decía Cook, a veces hay que innovar. Y eso siempre es un riesgo. Veremos si llevarle la contraria al usuario con el jack de audio o con los USB les funciona tan bien como les funcionó lanzar la pantalla táctil sin botones físicos.

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De un tiempo a esta parte no hay detalle sobre los nuevos dispositivos de Apple que no se filtre antes de hora. Antes cada detalle de los nuevos modelos de iPhone y iPad se llevaban con absoluto secreto porque, de hecho, era parte del juego: en esa inmensa exhibición de marketing que son las keynotes de la compañía, el factor sorpresa era inseparable del espectáculo.

Pero con el tiempo, como es natural y comprensible, Apple dejó de innovar. En realidad, no se puede estar permanentemente revolucionando una industria a la que cada vez se le exige más. Ahora ni siquiera hay secretos en las keynotes: todo el mundillo tecnológico sabe antes de la fecha qué es lo que va a presentar Tim Cook sobre el escenario, que ni es Steve Jobs ni lo pretende.

El último gran acto no fue una excepción, pero en esta ocasión había algo de distinto: el anuncio de que el iPhone se cargaba el conector de auriculares tradicional era algo que se había filtrado -como tantas otras cosas- y parecía más una estrategia de voladura controlada. Es un tema tan delicado que mejor ir preparando al respetable.

El anuncio de que el iPhone se cargaba el conector de auriculares tradicional era algo que se había filtrado -como tantas otras cosas- y parecía más una estrategia de voladura controlada.

Cook dio razones para la polémica decisión, y sólo una era cierta. Dijo primero que lo hacían porque alguien tenía que atreverse, que por qué no y que era necesario innovar. Luego dijo la verdad: los usuarios piden mejores prestaciones en un terminal que no puede crecer más. Pedimos mejor batería, pantalla, cámara y rendimiento, pero falta espacio para meter todo eso. Y el clásico jack de auriculares ocupa demasiado.

Otra tradición tras cada keynote es que fanboys y haters de Apple se batan en duelo en las redes sociales a cuenta de lo revolucionario o no que es lo que haya presentado, lo mucho o poco que ha plagiado a la competencia esta vez, lo presuntuosos y caros que son sus productos o cuántos años hace que Android ofrece eso mismo que ahora se presenta como novedad. Y en esta ocasión el combate tuvo aún más motivos.

Muchos detractores de la compañía les acusaron de algo terrible: sacrificar la comodidad del usuario a cuenta de la innovación y el diseño. Eso en una línea de productos que vive tanto de su diseño como de la funcionalidad de sus productos es un pecado mortal: ¿cómo puede Apple permitirse que a sus usuarios les resulte incómodo utilizar algo? ¿Por qué hacer difícil algo cuyo uso hasta ahora era sencillo? Bien pensado, Apple siempre ha funcionado un poco a la suya y ha sido difícil compatibilizar sus componentes y formatos con otros -conectores, versiones de software y demás-.

UX: la dictadura del usuario

Apple, como casi todas las empresas del ámbito tecnológico y fuera de él, viven sometidos a la incontrolable dictadura de sus usuarios. Ellos son los que deciden cómo utilizan los productos y servicios que nos prestan las compañías, aunque sea de una forma distinta a aquella con la que se concibieron. Hay veces, por tanto, en las que no es la compañía la que nos saca de nuestra comodidad para obligarnos a hacer las cosas de una determinada forma, sino que en ocasiones son los usuarios los que deciden hacerlo por sí mismos.

Sólo así se explica, por ejemplo, que haya hordas de turistas utilizando tablets para hacer fotografías. Si hay una razón por la que los móviles desplazaron el uso de las cámaras fotográficas es que ofrecen una calidad muy similar en un dispositivo que siempre llevamos encima y resulta igual de cómodo de usar. Sin embargo, sostener con dos manos un dispositivo del tamaño de las cámaras fotográficas de principio de siglo no parece la mejor manera de optimizar la experiencia de tomar una instantánea.

El usuario manda. Y a veces intentar entender cómo piensa es complicado. Le sucedió por ejemplo a Nokia cuando, en los albores de este siglo, decidió lanzar al mercado uno de los mayores fracasos de la compañía: el móvil N-Gage. En realidad, era mitad móvil, mitad consola portátil. Los finlandeses habían descubierto que había un nicho emergente de usuarios de la telefonía móvil que era el sector más joven, y que éste estaba muy interesado en los videojuegos.

Si unir reproductor musical y móvil había funcionado, ¿por qué no hacer lo mismo con la consola? No era la única integración tecnológica que iba a sufrir en esos años ese dispositivo: también se unieron cámara y móvil, GPS y móvil, o conexión a internet y móvil. Pero la videoconsola no, o no de esa forma.

Con el tiempo los videojuegos acabaron entrando en los móviles, pero no de la mano de la malograda Nokia.

La N-Gage era cara, con problemas de conectividad en algunos países -EEUU y Japón, por ejemplo- y, sobre todo, era rara. Muy rara. El teléfono se usaba por el borde, lo que obligaba a sostener el terminal como si fuera una empanadilla junto a la oreja. Con el tiempo los videojuegos acabaron entrando en los móviles, pero no de la mano de la malograda Nokia.

Casos de éxito

Ser disruptivo no es fácil. Igual que revolucionar el mercado cada año es imposible, y que sostener en alto las expectativas de los usuarios es arriesgado, no todas las ideas innovadoras encuentran acomodo en el mercado. Y Apple de eso sabe un trecho.

A decir verdad, la estrategia de voladura controlada de la compañía por aquello de quitar conectores que los usuarios utilizan a menudo empezó unos meses antes, cuando presentaron las nuevas versiones de sus portátiles y el mundo descubrió, ahí sí por sorpresa, que se habían cargado los USB: la computadora sólo tendría un único conector USB-C que serviría para todo, desde conectarle unidades externas a cargar la batería. Lo que ahora habían hecho con el conector de audio ya lo pusieron en marcha tiempo atrás con los USB.

Igual que con el nuevo conector de audio de sus teléfonos, sus nuevos ordenadores necesitan de adaptadores para poder usar los dispositivos ahora antiguos -auriculares y USBs-. Eso en cuanto a usabilidad es un horror, pero las transiciones de una fase a otra suelen ser terribles -díganselo a los adolescentes-.

Pero hay hueco para la esperanza. A veces hacerle difícil la vida al usuario sí funciona, y en esto el ejemplo también puede ser Apple. Todos sabíamos escribir mensajes a ciegas en el móvil gracias a ese teclado de doce botones que conocíamos sólo con el tacto, pero decidieron eliminarlo para sustituirlo por un incómodo homólogo virtual con el que suele ser difícil escribir hasta mirándolo. Pero lo hicieron para hacer que las pantallas de los móviles fueran mucho mayores, y táctiles, algo que redefinió la industria por completo y la llevó a lo que es hoy.

Muchos, especialmente los que tenemos manojos de longanizas por dedos, añoramos poder escribir más cómodos. BlackBerry siempre ha intentado conservar esos teclados analógicos, pero tantos botones y tan pequeños nunca podrán ser lo mismo. Como decía Cook, a veces hay que innovar. Y eso siempre es un riesgo. Veremos si llevarle la contraria al usuario con el jack de audio o con los USB les funciona tan bien como les funcionó lanzar la pantalla táctil sin botones físicos.

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