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23 de abril 2014    /   IDEAS
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Dime qué ministerios tienes y te diré qué clase de país eres

23 de abril 2014    /   IDEAS     por          
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Las partes no siempre definen al todo, pero suelen ayudar bastante. Es como aquello de «de cara un seis, de cuerpo un ocho, de media un diez» que se aplica al mundo del ligoteo. Pero no solo los chicos y chicas monas tienen ese «algo» que completa la apariencia general: también las instituciones. Como lees. Las estructuras de las que se dota un territorio dicen mucho de cómo es ese territorio. Ejemplo: que España tenga o no un ministerio de Cultura en función de quién gobierne.
Quizá no te lo habías planteado nunca, pero los órganos de gobierno de una región dicen mucho de ella. Por ejemplo, en los municipios… Muy raro es el que no tiene una concejalía de Urbanismo. Tiene su parte lógica, claro, porque es el Ayuntamiento el competente en el asunto. El concejal del ramo es, por tanto, el que gestiona las infraestructuras del pueblo… y en muchos casos, el dueño de la llave del tesoro. Que se lo digan a todos los municipios que en las últimas dos décadas han multiplicado la superficie manchada de cemento en su término municipal gracias a PAIs, PGOUs y demás.
Aunque estas atribuciones son como la Fuerza: se pueden usar para el mal, a lo Darth Vader, pero también para el bien, a lo jedi.
Dirás, con razón, que existe un equivalente a nivel nacional, como Fomento, antaño Obras Públicas… pero seguro que no encontrarás equivalencia con otra concejalía estrella en los municipios pequeños: la de festejos. Piénsalo bien, porque este clásico de la gestión en los Ayuntamientos tiene su porqué: las fiestas del pueblo, sobre todo si es pequeño y turístico, pueden suponer un importante elemento de integración social y una actividad económica de vital importancia.
En general, las concejalías de los ayuntamientos, las consejerías en las autonomías o los ministerios en los países vienen a cumplir el mismo rol: asumir ramas concretas de la gestión de un territorio, especializada y, en ocasiones, arbitraria. Solo así se explica que con cada gobierno cambie el número de ministerios, se unan o separen competencias y se legisle a veces de forma retroactiva (por aquello de enmendar lo que los de antes hicieron). Eso ya dice mucho de un país (el nuestro), pero dejando eso al margen, también dice mucho de un país qué ministerios tiene. Es decir, a qué áreas da importancia y en qué medida.
Aquí en España antaño Agricultura era capital, mientras hoy es un añadido detrás de Medio Ambiente. A la Cooperación se le ha dado tanta importancia que se le ha puesto de apellido de Exteriores, se han unido Educación y Cultura, se ha eliminado Universidades, se ha separado Administraciones Públicas de Economía, se ha unido Turismo a Industria (como asumiendo cuál es la actividad económica española) e Igualdad se ha añadido a Sanidad. Esas, a grandes rasgos, serían las peculiaridades de la administración política. Al menos, las reconocidas. Porque muchas otras «carteras» podrían tener lugar, como la organización territorial. Ahí, dando ideas.
¿Y en otros países?
En Francia, por ejemplo, tiran de ‘grandeur’: han llegado a los 34 ministerios, no todos con igual importancia o rango, pero 34 a fin de cuentas, y eso que ahí Economía y Hacienda iban de la mano. Ahora, con dieciséis, tienen carteras como Igualdad territorial y Vivienda (igual esa te suena de hace unos años), Ecología y Desarrollo sostenible (aquí no te sonará, ya que nuestro aún ministro del ramo tiene hasta acciones en petroleras), uno de Recuperación productiva (ahora en Economía), uno de Derechos de la mujer (como aquel nuestro de Igualdad), uno de Reforma del Estado, descentralización y función pública (como Administraciones Públicas, pero con componente territorial), Ultramar (para las colonias, que aún las tienen) y uno de Deportes, Juventud, Educación Popular y Asociaciones. Si aquí se cebaron con Vivienda e Igualdad, no quiero ni pensar lo que disfrutarían algunos columnistas como uno como este último, y más ahora que han integrado también competencias de ‘Mujer’.
Si lo de Francia te parece lo más, atención a Reino Unido: 122 ministros. Más que un Consejo de Ministros pensarás que aquello será una asamblea como un Congreso de grande, pero no. En realidad quienes forman el gabinete del primer ministro no son tantos, y de hecho muchos ni siquiera son ministros. De hecho, en realidad hay 21 ministros ‘de verdad’ (que no son pocos). En el gabinete hay titulares con competencias como Negocios, innovación y aptitudes, Trabajo y pensiones (quién iba a decirnos que nos ganaban a proteccionistas), Comunidades y gobierno local, Desarrollo internacional, Energía y cambio climático (toda una declaración de intenciones) o Transporte, además de secretarios de Estado para Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Por si esto fuera poco, hay incluso una función ministerial para Fe y comunidades. Ay, si tuviéramos esto en España.
En Alemania la cosa es similar a la de aquí: añaden coletillas interesantes, como Protección al consumidor, Conservación de la naturaleza y Seguridad nuclear, una cartera de Familia, tercera edad, mujeres y juventud (es decir, todo menos hombres de mediana edad), Cooperación (ellos en Economía, no como nosotros) y, como Reino Unido, una de Transporte con competencias en obras públicas. Mi favorito, en cualquier caso, es el ministro de Asuntos especiales (sin cartera, eso sí). Y en Suecia, paraíso de las políticas sociales, la verdad es que tienen poco de especial en los nombres y competencias más allá de su cartera de Integración e Igualdad de Género.
Pero no todo es Europa, claro
Ahí fuera, en los otros continentes, las cosas se hacen de forma muy diferente. De hecho, a diferencia del nuestro donde somos bastante homogéneos, en cada continente las cosas cambian muchísimo. América, por ejemplo.
Por una parte está EE UU, donde no hay ministros con poderes sino jefes de departamento que se especializan en áreas determinadas sin por ello condicionar demasiado el trabajo del presidente (es lo que tienen los sistemas presidencialistas). Y en dichos departamentos, quince para más señas, llaman la atención las prioridades: hay uno para Asuntos de los veteranos (así de grande es su industria bélica y su sensibilización al respecto), uno de Interior y uno de Seguridad (por separado), uno de Salud y Servicios humanos (toma ya), uno de Transporte y otro de Vivienda y desarrollo urbano, por citar solo algunos. Son tan suyos que ahí no hay una oficina de Exteriores, sino un departamento de Estado (hasta para relacionarse con los demás se refieren a sí mismos, hay que ver).
Por otra parte, el resto del continente, que ni mucho menos es homogéneo entre sí. Sin embargo, en el sur hay peculiaridades que se reflejan en ministerios, como el hecho de contar con recursos naturales. Es, por ejemplo, el caso de Bolivia (que tiene un ministerio de Desarrollo rural y tierras, otro de Hidrocarburos y otro de Minería y Metalurgia); o, por citar un país muy diferente, el caso de Chile, donde también existe un ministerio de Minas.
En estos mismos ejemplos hay otras peculiaridades, como los ministerios bolivianos de la Presidencia y aparte el de Gobierno y el de Autonomías, el ministerio de Planificación del desarrollo y el de Obras públicas, también por separado, el hecho de que integren Salud y deportes bajo una misma cartera, que su ministerio de Exteriores tenga como apellido «y Culto» o un ministerio de Transparencia institucional y lucha contra la corrupción. En Chile también diferencian ministerios para Presidencia y Gobierno, unen Economía con Fomento aunque separan Obras Públicas por una parte y Vivienda y Urbanismo por otra y tienen carteras como Desarrollo social, Transporte, Bienes Nacionales, Deporte Mujer.
En lugares más remotos en lo que se refiere a lo social estarían los ministerios chinos (apenas una decena a pesar de su ingente población), entre los que destacan carteras como Comercio, Población nacional y planificación familiar (un auténtico asunto de Estado), Desarrollo y reforma (infraestructuras, nada menos) o Asuntos civiles (un rato ambiguo el nombre). O, sin salir del continente, los japoneses, donde hay Estrategia nacional (uniendo economía con tecnología y ciencia), Finanzas por un lado, Economía e Industria por otro e Infraestructuras y Transporte por otro, Medio Ambiente por un lado y Agricultura, Pesca y Bosques por otro, un ministerio para la Reforma Postal, otro para la Renovación Administrativa y otro que engloba Consumo, Seguridad Alimentaria, Demografía y Género.
Más cerca, aunque casi más lejos, estaría Rusia, que tiene un ministerio de Situaciones de Emergencia, uno de Comunicación y medios (que da mucho miedo), uno de Gobierno abierto y otro de Deporte, turismo y juventud, así como representantes regionales con rango ministerial en el Cáucaso, Lejano Oriente y en Crimea (recién creado, claro). O Jordania, donde quien hace y deshace es el rey, pero que cuenta con carteras como Asuntos islámicos (antes de decir nada acuérdate de Reino Unido), Información, medios y tecnología de la comunicación, Recursos minerales (al estilo de los países latinoamericanos citados), Investigación científica -separada de Educación-, Desarrollo social o Agua, riegos y agricultura (en ese orden)
En África, dos casos para ilustrar. Por ejemplo, Botswana, donde tienen una cartera de Gobierno del Gobierno (tal cual), Gobierno local, unen Defensa, Justicia y Seguridad, destacan una de Medio Ambiente, vida salvaje y turismo (una de sus principales vías económicas) o Territorio, Minerales, energía y agua (la otra). O Nigeria, donde cuentan hasta una treintena de miembros del Consejo Ejecutivo Federal, con competencias como Aviación, Tecnologías de la comunicación (medios, vaya), Cultura y Turismo (juntas), Minas y siderurgia, separado de Recursos petrolíferos, de Agua o de Energía, Asuntos del Delta del Níger, Deportes, Asuntos policiales, Mujer o Juventud.
Y tú, si tuvieras que gestionar un país, ¿qué ministerios pondrías?

Las partes no siempre definen al todo, pero suelen ayudar bastante. Es como aquello de «de cara un seis, de cuerpo un ocho, de media un diez» que se aplica al mundo del ligoteo. Pero no solo los chicos y chicas monas tienen ese «algo» que completa la apariencia general: también las instituciones. Como lees. Las estructuras de las que se dota un territorio dicen mucho de cómo es ese territorio. Ejemplo: que España tenga o no un ministerio de Cultura en función de quién gobierne.
Quizá no te lo habías planteado nunca, pero los órganos de gobierno de una región dicen mucho de ella. Por ejemplo, en los municipios… Muy raro es el que no tiene una concejalía de Urbanismo. Tiene su parte lógica, claro, porque es el Ayuntamiento el competente en el asunto. El concejal del ramo es, por tanto, el que gestiona las infraestructuras del pueblo… y en muchos casos, el dueño de la llave del tesoro. Que se lo digan a todos los municipios que en las últimas dos décadas han multiplicado la superficie manchada de cemento en su término municipal gracias a PAIs, PGOUs y demás.
Aunque estas atribuciones son como la Fuerza: se pueden usar para el mal, a lo Darth Vader, pero también para el bien, a lo jedi.
Dirás, con razón, que existe un equivalente a nivel nacional, como Fomento, antaño Obras Públicas… pero seguro que no encontrarás equivalencia con otra concejalía estrella en los municipios pequeños: la de festejos. Piénsalo bien, porque este clásico de la gestión en los Ayuntamientos tiene su porqué: las fiestas del pueblo, sobre todo si es pequeño y turístico, pueden suponer un importante elemento de integración social y una actividad económica de vital importancia.
En general, las concejalías de los ayuntamientos, las consejerías en las autonomías o los ministerios en los países vienen a cumplir el mismo rol: asumir ramas concretas de la gestión de un territorio, especializada y, en ocasiones, arbitraria. Solo así se explica que con cada gobierno cambie el número de ministerios, se unan o separen competencias y se legisle a veces de forma retroactiva (por aquello de enmendar lo que los de antes hicieron). Eso ya dice mucho de un país (el nuestro), pero dejando eso al margen, también dice mucho de un país qué ministerios tiene. Es decir, a qué áreas da importancia y en qué medida.
Aquí en España antaño Agricultura era capital, mientras hoy es un añadido detrás de Medio Ambiente. A la Cooperación se le ha dado tanta importancia que se le ha puesto de apellido de Exteriores, se han unido Educación y Cultura, se ha eliminado Universidades, se ha separado Administraciones Públicas de Economía, se ha unido Turismo a Industria (como asumiendo cuál es la actividad económica española) e Igualdad se ha añadido a Sanidad. Esas, a grandes rasgos, serían las peculiaridades de la administración política. Al menos, las reconocidas. Porque muchas otras «carteras» podrían tener lugar, como la organización territorial. Ahí, dando ideas.
¿Y en otros países?
En Francia, por ejemplo, tiran de ‘grandeur’: han llegado a los 34 ministerios, no todos con igual importancia o rango, pero 34 a fin de cuentas, y eso que ahí Economía y Hacienda iban de la mano. Ahora, con dieciséis, tienen carteras como Igualdad territorial y Vivienda (igual esa te suena de hace unos años), Ecología y Desarrollo sostenible (aquí no te sonará, ya que nuestro aún ministro del ramo tiene hasta acciones en petroleras), uno de Recuperación productiva (ahora en Economía), uno de Derechos de la mujer (como aquel nuestro de Igualdad), uno de Reforma del Estado, descentralización y función pública (como Administraciones Públicas, pero con componente territorial), Ultramar (para las colonias, que aún las tienen) y uno de Deportes, Juventud, Educación Popular y Asociaciones. Si aquí se cebaron con Vivienda e Igualdad, no quiero ni pensar lo que disfrutarían algunos columnistas como uno como este último, y más ahora que han integrado también competencias de ‘Mujer’.
Si lo de Francia te parece lo más, atención a Reino Unido: 122 ministros. Más que un Consejo de Ministros pensarás que aquello será una asamblea como un Congreso de grande, pero no. En realidad quienes forman el gabinete del primer ministro no son tantos, y de hecho muchos ni siquiera son ministros. De hecho, en realidad hay 21 ministros ‘de verdad’ (que no son pocos). En el gabinete hay titulares con competencias como Negocios, innovación y aptitudes, Trabajo y pensiones (quién iba a decirnos que nos ganaban a proteccionistas), Comunidades y gobierno local, Desarrollo internacional, Energía y cambio climático (toda una declaración de intenciones) o Transporte, además de secretarios de Estado para Escocia, Gales e Irlanda del Norte. Por si esto fuera poco, hay incluso una función ministerial para Fe y comunidades. Ay, si tuviéramos esto en España.
En Alemania la cosa es similar a la de aquí: añaden coletillas interesantes, como Protección al consumidor, Conservación de la naturaleza y Seguridad nuclear, una cartera de Familia, tercera edad, mujeres y juventud (es decir, todo menos hombres de mediana edad), Cooperación (ellos en Economía, no como nosotros) y, como Reino Unido, una de Transporte con competencias en obras públicas. Mi favorito, en cualquier caso, es el ministro de Asuntos especiales (sin cartera, eso sí). Y en Suecia, paraíso de las políticas sociales, la verdad es que tienen poco de especial en los nombres y competencias más allá de su cartera de Integración e Igualdad de Género.
Pero no todo es Europa, claro
Ahí fuera, en los otros continentes, las cosas se hacen de forma muy diferente. De hecho, a diferencia del nuestro donde somos bastante homogéneos, en cada continente las cosas cambian muchísimo. América, por ejemplo.
Por una parte está EE UU, donde no hay ministros con poderes sino jefes de departamento que se especializan en áreas determinadas sin por ello condicionar demasiado el trabajo del presidente (es lo que tienen los sistemas presidencialistas). Y en dichos departamentos, quince para más señas, llaman la atención las prioridades: hay uno para Asuntos de los veteranos (así de grande es su industria bélica y su sensibilización al respecto), uno de Interior y uno de Seguridad (por separado), uno de Salud y Servicios humanos (toma ya), uno de Transporte y otro de Vivienda y desarrollo urbano, por citar solo algunos. Son tan suyos que ahí no hay una oficina de Exteriores, sino un departamento de Estado (hasta para relacionarse con los demás se refieren a sí mismos, hay que ver).
Por otra parte, el resto del continente, que ni mucho menos es homogéneo entre sí. Sin embargo, en el sur hay peculiaridades que se reflejan en ministerios, como el hecho de contar con recursos naturales. Es, por ejemplo, el caso de Bolivia (que tiene un ministerio de Desarrollo rural y tierras, otro de Hidrocarburos y otro de Minería y Metalurgia); o, por citar un país muy diferente, el caso de Chile, donde también existe un ministerio de Minas.
En estos mismos ejemplos hay otras peculiaridades, como los ministerios bolivianos de la Presidencia y aparte el de Gobierno y el de Autonomías, el ministerio de Planificación del desarrollo y el de Obras públicas, también por separado, el hecho de que integren Salud y deportes bajo una misma cartera, que su ministerio de Exteriores tenga como apellido «y Culto» o un ministerio de Transparencia institucional y lucha contra la corrupción. En Chile también diferencian ministerios para Presidencia y Gobierno, unen Economía con Fomento aunque separan Obras Públicas por una parte y Vivienda y Urbanismo por otra y tienen carteras como Desarrollo social, Transporte, Bienes Nacionales, Deporte Mujer.
En lugares más remotos en lo que se refiere a lo social estarían los ministerios chinos (apenas una decena a pesar de su ingente población), entre los que destacan carteras como Comercio, Población nacional y planificación familiar (un auténtico asunto de Estado), Desarrollo y reforma (infraestructuras, nada menos) o Asuntos civiles (un rato ambiguo el nombre). O, sin salir del continente, los japoneses, donde hay Estrategia nacional (uniendo economía con tecnología y ciencia), Finanzas por un lado, Economía e Industria por otro e Infraestructuras y Transporte por otro, Medio Ambiente por un lado y Agricultura, Pesca y Bosques por otro, un ministerio para la Reforma Postal, otro para la Renovación Administrativa y otro que engloba Consumo, Seguridad Alimentaria, Demografía y Género.
Más cerca, aunque casi más lejos, estaría Rusia, que tiene un ministerio de Situaciones de Emergencia, uno de Comunicación y medios (que da mucho miedo), uno de Gobierno abierto y otro de Deporte, turismo y juventud, así como representantes regionales con rango ministerial en el Cáucaso, Lejano Oriente y en Crimea (recién creado, claro). O Jordania, donde quien hace y deshace es el rey, pero que cuenta con carteras como Asuntos islámicos (antes de decir nada acuérdate de Reino Unido), Información, medios y tecnología de la comunicación, Recursos minerales (al estilo de los países latinoamericanos citados), Investigación científica -separada de Educación-, Desarrollo social o Agua, riegos y agricultura (en ese orden)
En África, dos casos para ilustrar. Por ejemplo, Botswana, donde tienen una cartera de Gobierno del Gobierno (tal cual), Gobierno local, unen Defensa, Justicia y Seguridad, destacan una de Medio Ambiente, vida salvaje y turismo (una de sus principales vías económicas) o Territorio, Minerales, energía y agua (la otra). O Nigeria, donde cuentan hasta una treintena de miembros del Consejo Ejecutivo Federal, con competencias como Aviación, Tecnologías de la comunicación (medios, vaya), Cultura y Turismo (juntas), Minas y siderurgia, separado de Recursos petrolíferos, de Agua o de Energía, Asuntos del Delta del Níger, Deportes, Asuntos policiales, Mujer o Juventud.
Y tú, si tuvieras que gestionar un país, ¿qué ministerios pondrías?

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Opiniones 7
  • Al final no dices qué clase de país son según los ministerios que tienen…
    Por cierto, Administraciones Públicas era una secretaría de estado dependiente de Presidencia en la Transición, se elevó a ministerio entre 1979 y 2011 por el proceso autonómico y ahora depende de Hacienda.

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