2 de junio 2022    /   IDEAS
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La trituradora de papel: ¿Por qué los grandes medios llevan años engullendo a sus directores?

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El día en el que le despidieron, Pedro J. Ramírez se subió a cuatro paquetes de folios para dirigirse a los trabajadores de El Mundo por última vez. Era 2014. Hace apenas unos días fue Joaquín Manso el que se subió a un escenario improvisado muy similar y habló a la redacción. El primero lo hizo para despedirse y el segundo para arrancar su etapa como nuevo director. Entre uno y otro han pasado ocho años y cuatro directores más.

Ramírez dirigió el diario durante 25 años, desde su fundación en 1989. Tras él ha habido un reguero de nombramientos que apenas han superado el año al mando: Casimiro García Abadillo hasta 2015, David Jiménez hasta 2016 y Pedro García Cuartango hasta 2017. Solo Francisco Rosell, que ocupó el cargo desde entonces hasta hace unas semanas, ha aguantado algo más. 

Es cierto que Ramírez fue un director atípico, tremendamente personalista, y que su sombra pudo ser muy pesada. Pero es que la de El Mundo es una tendencia muy similar a la que se ha desarrollado casi la vez en la competencia: desde ese mismo 2014 en el que Ramírez fue despedido, El País ha tenido cuatro directores, solo uno menos que El Mundo: Antonio Caño hasta 2018, Soledad Gallego-Díaz hasta 2020, Javier Moreno en una segunda etapa de apenas un año, y desde 2021 Pepa Bueno.

Directores desde 1978: en azul de El País, en verde de El Mundo

Esa volatilidad coincidente en ambas cabeceras contrasta con épocas anteriores, donde lo que ahora es un mandato excepcionalmente largo antes era excepcionalmente corto. Fue lo que sucedió con Joaquín Estefanía, que estuvo cuatro años, como Caño, entre 1988 y 1992. Por comparar, Juan Luis Cebrián estuvo doce años (entre 1976 y 1988), Jesús Ceberio trece (entre 1993 y 2006) y, tras él, Javier Moreno ocho en su primera etapa hasta 2014, más el año que tuvo cuando retomó la dirección.

¿Qué pasó a partir de 2014 para que el continuismo saltara por los aires? Muchas cosas: las consecuencias de la crisis económica, los efectos de la digitalización del sector y la ebullición política. Los tres factores, entre otras cuestiones, ayudan a entender lo que sucedió en los grandes diarios tradicionales.

UNA TORMENTA ECONÓMICA PERFECTA

«Venimos de una tradición en la que el director era casi un emperador, y ahora no lo es», resume Antoni Maria Piqué, consultor en organización de redacciones y desarrollo editorial. «En el diario impreso, el director decidía una portada al día y tenía tiempo para pensar en el futuro, hacer planes y proyectos. Un digital hoy elabora hasta treinta portadas al día, y si eres un director metido, no tienes tiempo para pensar en el medio y largo plazo», explica, abogando por una «identidad múltiple» en la gestión de la redacción. «El director de un medio, más que una persona, es un complejo de personas», resume.

«Se están acelerando los plazos porque, por un lado, hay más tensiones en los medios de comunicación, porque tienen ahora audiencias más pequeñas, menos ingresos, y sobre todo, más problemas para subsistir», añade Guillermo López, catedrático de Periodismo de la Universidad de Valencia. «Y ese es un contexto muy malo para que se pueda asentar un proyecto a largo plazo, ya que las cifras y las urgencias son mucho mayores», remata.

En ambas reflexiones, la de Piqué y la de López, convergen puntos en común: hay una parte económica y una estructural, de cambio de paradigma en el negocio. «El proceso de digitalización permite mesurarlo todo, viendo lo que funciona y lo que no, y eso desdibuja un tanto la figura del director», coincide López, que identifica «dinámicas de fondo que difícilmente una persona puede virar», tales como la propia situación económica y la reconversión industrial propia de la digitalización del sector.

Pero esas dinámicas estructurales no afectan a todos por igual, ya que otras cabeceras nacionales muestran un comportamiento distinto. Es el caso de ABC, que fue estable hasta 1997 y volvió a serlo a partir de 2010, justo al revés que El País o El Mundo. En esos 13 años tuvo cuatro directores distintos: Francisco Giménez durante dos años, hasta 1999; José Antonio Zarzalejos hasta 2008 en dos etapas, con una pausa entre 2004 y 2005 en el que el director fue Ignacio Camacho; y Ángel Expósito otros dos años, entre 2008 y 2010.

Durante esos mismos años La Razón, otro diario conservador, veía la luz. Y, en paralelo a lo que sucedía en ABC, lo hacía de forma convulsa, con tres directores en tres años. El primer responsable fue Joaquín Vila, entre 1998 y 2000, al que siguieron José Antonio Vera hasta 2005 y Alejandro Vara hasta 2008. No fue hasta entonces, con el nombramiento de Francisco Marhuenda, cuando cesaron los recambios. 

Directores desde 1978 en medios conservadores: en rojo de ABC, en azul de La Razón

Es un patrón de inestabilidad comparable al de El País y El Mundo, pero en una época muy distinta . ¿Dónde está la diferencia? En el caso de ABC y La Razón hay que prestar atención a otras lógicas además de las citadas, por ejemplo políticas: ese periodo turbulento en los medios conservadores se corresponde con los años del auge y caída del PP de José María Aznar, a la que sucedió una importante guerra mediática en el sector conservador, contada por el propio Zarzalejos en su libro.

¿Hay, por tanto, motivaciones políticas además de las económicas y de ecosistema productivo? «Diría que hay muchas razones que afectan en diferente medida», explica José Manuel Noguera, director del departamento de Ciencias de la Comunicación de la UCAM. «En los puestos importantes de dirección siempre hay motivaciones editoriales y políticas, aunque sea para buscar perfiles que sean percibidos como neutros». 

EL PESO DE LA POLÍTICA

Piqué, de hecho, describe varios motivos que explican un cambio de dirección y uno de ellos es precisamente «la necesidad de sintonizar o sumar con una audiencia diferente, mayor o más variada. Un gran vuelco electoral con el que el medio no está bien alineado o no veía venir puede indicar la necesidad de dar un giro en el liderazgo del medio», considera. 

Del mismo modo que desde 2014 hubo un cambio de inercia política en España que podría explicar, en parte, la inestabilidad en El País y El Mundo, entre la victoria de Aznar y la de Rajoy hubo un importante reajuste político y mediático en lo conservador, lo que podría explicar también esa convulsión en los medios nacionales de ese espectro.  

Sin embargo, las convulsiones políticas tampoco afectan por igual. El ejemplo más sencillo, por la cercanía temporal y el cambio que supuso a muchos niveles, es el procés en Cataluña. Y sin embargo, aunque trajo consigo algunos cambios en el sector y la aparición y consolidación de varios medios puramente digitales, no supuso una convulsión en los grandes medios tradicionales catalanes equiparable a la de los nacionales. SOlo hay, de hecho, una excepción: el año de dirección de Anna Cristeto en El Periódico, que coincidió con el proceso de compra del Grupo Zeta por parte del grupo Prensa Ibérica.

El propio Piqué señala también ese motivo «extraordinario» en los procesos de cambio de dirección, cuando hay un reajuste del accionariado o un cambio de propiedad. «Los nuevos accionistas de referencia quieren que el director sea de su confianza y, muchas más veces de las que se cree, este motivo ocasiona cambios de director, aunque sea competente. No es tan frecuente, pero es el motivo principal detrás de casi todos los cambios de grandes medios tradicionales en España», considera.

Directores desde 1978 en Cataluña: en rojo de El Periódico, en azul de La Vanguardia

Así, en el hecho de que los grandes medios se hayan convertido en los últimos años en trituradoras de papel que engullen directores pesan muchos motivos, y también distintos contextos: no es lo mismo una escala nacional que una regional, aunque la tensión económica, estructural y política sí sea comparable. Cualquiera de esas variables incide, con más o menos fuerza, aunque no necesariamente estableciendo correlaciones, según advierte Piqué: «Que esas dinámicas coincidan en medios del mismo país no indica nada: la coincidencia no demuestra causalidad o identidad».

CAMBIO DE NEGOCIO

Pero si hay una dinámica que sí ha afectado a todos los grandes medios tradicionales es la digitalización. Es verdad que tanto ABC como La Razón se dirigen a un público de mayor edad y, por tanto, están más expuestas a otras lógicas, como la política. Pero también ellos han cambiado la forma de trabajar y han enfrentado las vicisitudes de ese cambio de paradigma.

En ese sentido, tras la búsqueda de una audiencia distinta o el cambio de propiedad, Piqué describe un tercer posible motivo para forzar un cambio en la dirección: «Si el medio necesita adaptarse a una situación de mercado crítica», como puede ser precisamente la digitalización. «En algunos grupos mediáticos el diario impreso suele ser la entidad de referencia. Por mucho que cambies cosas en la tele o la radio, o amplíes el catálogo de activos online, es muy frecuente que todo quede tapado por la actitud del director del impreso. Solución: cambiarlo», resume.

«Aunque cada caso responde a motivaciones y características específicas, parece evidente que estamos ante un cambio de ciclo global», explica Pepe Cerezo, consultor de estrategia y transformación digital y autor de Deconstruyendo los medios. «La  pandemia ha tenido un efecto acelerador en los procesos de transformación digital de la industria que afecta a todas las áreas, tanto editoriales como de negocio, cada vez más interconectadas en el ámbito digital, y que requieren un nuevo liderazgo. Si a esto unimos el entorno político y la necesidad de una reestructuración global del sector, se puede anticipar que los cambios no han hecho más que empezar», vaticina.

Y como muestra, un botón: a la más o menos común inestabilidad de los grandes medios tradicionales se opone la relativa estabilidad de los grandes digitales. Es cierto que tienden a mostrar un marcado perfil personalista, con cabeceras muy vinculadas al nombre de su director y fundador, como Ignacio Escolar con ElDiario.es y Pedro J. Ramírez con El Español. Hay también excepciones que confirman la regla, como es el caso de Jesús Cacho, cuya salida de El Confidencial conllevó la fundación de Voz Pópuli en un esquema idéntico al que luego siguió Pedro J. Ramírez al salir de El Mundo y fundar El Español.

Directores en los grandes medios digitales, en orden ElDiario.es, El Español, El Confidencial y Voz Pópuli

«Durante la crisis de 2008-2015 hubo miles de periodistas despedidos y algunos de ellos se lanzaron a la creación de nuevos medios«, explica Noguera. «Más de 500 nuevos medios propiciaron un escenario diferente y aceleraron no solo la transformación digital del periodismo, sino también el relevo generacional en las posiciones de responsabilidad. Esos nuevos estilos de dirección, en medios más flexibles y con menos cargas que los medios tradicionales, han servido de espejo donde esos medios tradicionales han visto las tendencias del sector y nuevos modos de acercarse a la audiencia», explica.

De hecho, no pocos responsables de medios de papel son los que han acabado liderando proyectos digitales. Escolar fundó Público; Ramírez, El Mundo y tanto Miguel Alba como Álvaro Nieto habían tenido responsabilidades en Público y El País, respectivamente, antes de saltar al ruedo digital. Porque, en cierto modo, lo que para unos supuso un reajuste para otros implicó una oportunidad. Aunque en muchos casos sea fugaz si la silla es la de dirección.

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El día en el que le despidieron, Pedro J. Ramírez se subió a cuatro paquetes de folios para dirigirse a los trabajadores de El Mundo por última vez. Era 2014. Hace apenas unos días fue Joaquín Manso el que se subió a un escenario improvisado muy similar y habló a la redacción. El primero lo hizo para despedirse y el segundo para arrancar su etapa como nuevo director. Entre uno y otro han pasado ocho años y cuatro directores más.

Ramírez dirigió el diario durante 25 años, desde su fundación en 1989. Tras él ha habido un reguero de nombramientos que apenas han superado el año al mando: Casimiro García Abadillo hasta 2015, David Jiménez hasta 2016 y Pedro García Cuartango hasta 2017. Solo Francisco Rosell, que ocupó el cargo desde entonces hasta hace unas semanas, ha aguantado algo más. 

Es cierto que Ramírez fue un director atípico, tremendamente personalista, y que su sombra pudo ser muy pesada. Pero es que la de El Mundo es una tendencia muy similar a la que se ha desarrollado casi la vez en la competencia: desde ese mismo 2014 en el que Ramírez fue despedido, El País ha tenido cuatro directores, solo uno menos que El Mundo: Antonio Caño hasta 2018, Soledad Gallego-Díaz hasta 2020, Javier Moreno en una segunda etapa de apenas un año, y desde 2021 Pepa Bueno.

Directores desde 1978: en azul de El País, en verde de El Mundo

Esa volatilidad coincidente en ambas cabeceras contrasta con épocas anteriores, donde lo que ahora es un mandato excepcionalmente largo antes era excepcionalmente corto. Fue lo que sucedió con Joaquín Estefanía, que estuvo cuatro años, como Caño, entre 1988 y 1992. Por comparar, Juan Luis Cebrián estuvo doce años (entre 1976 y 1988), Jesús Ceberio trece (entre 1993 y 2006) y, tras él, Javier Moreno ocho en su primera etapa hasta 2014, más el año que tuvo cuando retomó la dirección.

¿Qué pasó a partir de 2014 para que el continuismo saltara por los aires? Muchas cosas: las consecuencias de la crisis económica, los efectos de la digitalización del sector y la ebullición política. Los tres factores, entre otras cuestiones, ayudan a entender lo que sucedió en los grandes diarios tradicionales.

UNA TORMENTA ECONÓMICA PERFECTA

«Venimos de una tradición en la que el director era casi un emperador, y ahora no lo es», resume Antoni Maria Piqué, consultor en organización de redacciones y desarrollo editorial. «En el diario impreso, el director decidía una portada al día y tenía tiempo para pensar en el futuro, hacer planes y proyectos. Un digital hoy elabora hasta treinta portadas al día, y si eres un director metido, no tienes tiempo para pensar en el medio y largo plazo», explica, abogando por una «identidad múltiple» en la gestión de la redacción. «El director de un medio, más que una persona, es un complejo de personas», resume.

«Se están acelerando los plazos porque, por un lado, hay más tensiones en los medios de comunicación, porque tienen ahora audiencias más pequeñas, menos ingresos, y sobre todo, más problemas para subsistir», añade Guillermo López, catedrático de Periodismo de la Universidad de Valencia. «Y ese es un contexto muy malo para que se pueda asentar un proyecto a largo plazo, ya que las cifras y las urgencias son mucho mayores», remata.

En ambas reflexiones, la de Piqué y la de López, convergen puntos en común: hay una parte económica y una estructural, de cambio de paradigma en el negocio. «El proceso de digitalización permite mesurarlo todo, viendo lo que funciona y lo que no, y eso desdibuja un tanto la figura del director», coincide López, que identifica «dinámicas de fondo que difícilmente una persona puede virar», tales como la propia situación económica y la reconversión industrial propia de la digitalización del sector.

Pero esas dinámicas estructurales no afectan a todos por igual, ya que otras cabeceras nacionales muestran un comportamiento distinto. Es el caso de ABC, que fue estable hasta 1997 y volvió a serlo a partir de 2010, justo al revés que El País o El Mundo. En esos 13 años tuvo cuatro directores distintos: Francisco Giménez durante dos años, hasta 1999; José Antonio Zarzalejos hasta 2008 en dos etapas, con una pausa entre 2004 y 2005 en el que el director fue Ignacio Camacho; y Ángel Expósito otros dos años, entre 2008 y 2010.

Durante esos mismos años La Razón, otro diario conservador, veía la luz. Y, en paralelo a lo que sucedía en ABC, lo hacía de forma convulsa, con tres directores en tres años. El primer responsable fue Joaquín Vila, entre 1998 y 2000, al que siguieron José Antonio Vera hasta 2005 y Alejandro Vara hasta 2008. No fue hasta entonces, con el nombramiento de Francisco Marhuenda, cuando cesaron los recambios. 

Directores desde 1978 en medios conservadores: en rojo de ABC, en azul de La Razón

Es un patrón de inestabilidad comparable al de El País y El Mundo, pero en una época muy distinta . ¿Dónde está la diferencia? En el caso de ABC y La Razón hay que prestar atención a otras lógicas además de las citadas, por ejemplo políticas: ese periodo turbulento en los medios conservadores se corresponde con los años del auge y caída del PP de José María Aznar, a la que sucedió una importante guerra mediática en el sector conservador, contada por el propio Zarzalejos en su libro.

¿Hay, por tanto, motivaciones políticas además de las económicas y de ecosistema productivo? «Diría que hay muchas razones que afectan en diferente medida», explica José Manuel Noguera, director del departamento de Ciencias de la Comunicación de la UCAM. «En los puestos importantes de dirección siempre hay motivaciones editoriales y políticas, aunque sea para buscar perfiles que sean percibidos como neutros». 

EL PESO DE LA POLÍTICA

Piqué, de hecho, describe varios motivos que explican un cambio de dirección y uno de ellos es precisamente «la necesidad de sintonizar o sumar con una audiencia diferente, mayor o más variada. Un gran vuelco electoral con el que el medio no está bien alineado o no veía venir puede indicar la necesidad de dar un giro en el liderazgo del medio», considera. 

Del mismo modo que desde 2014 hubo un cambio de inercia política en España que podría explicar, en parte, la inestabilidad en El País y El Mundo, entre la victoria de Aznar y la de Rajoy hubo un importante reajuste político y mediático en lo conservador, lo que podría explicar también esa convulsión en los medios nacionales de ese espectro.  

Sin embargo, las convulsiones políticas tampoco afectan por igual. El ejemplo más sencillo, por la cercanía temporal y el cambio que supuso a muchos niveles, es el procés en Cataluña. Y sin embargo, aunque trajo consigo algunos cambios en el sector y la aparición y consolidación de varios medios puramente digitales, no supuso una convulsión en los grandes medios tradicionales catalanes equiparable a la de los nacionales. SOlo hay, de hecho, una excepción: el año de dirección de Anna Cristeto en El Periódico, que coincidió con el proceso de compra del Grupo Zeta por parte del grupo Prensa Ibérica.

El propio Piqué señala también ese motivo «extraordinario» en los procesos de cambio de dirección, cuando hay un reajuste del accionariado o un cambio de propiedad. «Los nuevos accionistas de referencia quieren que el director sea de su confianza y, muchas más veces de las que se cree, este motivo ocasiona cambios de director, aunque sea competente. No es tan frecuente, pero es el motivo principal detrás de casi todos los cambios de grandes medios tradicionales en España», considera.

Directores desde 1978 en Cataluña: en rojo de El Periódico, en azul de La Vanguardia

Así, en el hecho de que los grandes medios se hayan convertido en los últimos años en trituradoras de papel que engullen directores pesan muchos motivos, y también distintos contextos: no es lo mismo una escala nacional que una regional, aunque la tensión económica, estructural y política sí sea comparable. Cualquiera de esas variables incide, con más o menos fuerza, aunque no necesariamente estableciendo correlaciones, según advierte Piqué: «Que esas dinámicas coincidan en medios del mismo país no indica nada: la coincidencia no demuestra causalidad o identidad».

CAMBIO DE NEGOCIO

Pero si hay una dinámica que sí ha afectado a todos los grandes medios tradicionales es la digitalización. Es verdad que tanto ABC como La Razón se dirigen a un público de mayor edad y, por tanto, están más expuestas a otras lógicas, como la política. Pero también ellos han cambiado la forma de trabajar y han enfrentado las vicisitudes de ese cambio de paradigma.

En ese sentido, tras la búsqueda de una audiencia distinta o el cambio de propiedad, Piqué describe un tercer posible motivo para forzar un cambio en la dirección: «Si el medio necesita adaptarse a una situación de mercado crítica», como puede ser precisamente la digitalización. «En algunos grupos mediáticos el diario impreso suele ser la entidad de referencia. Por mucho que cambies cosas en la tele o la radio, o amplíes el catálogo de activos online, es muy frecuente que todo quede tapado por la actitud del director del impreso. Solución: cambiarlo», resume.

«Aunque cada caso responde a motivaciones y características específicas, parece evidente que estamos ante un cambio de ciclo global», explica Pepe Cerezo, consultor de estrategia y transformación digital y autor de Deconstruyendo los medios. «La  pandemia ha tenido un efecto acelerador en los procesos de transformación digital de la industria que afecta a todas las áreas, tanto editoriales como de negocio, cada vez más interconectadas en el ámbito digital, y que requieren un nuevo liderazgo. Si a esto unimos el entorno político y la necesidad de una reestructuración global del sector, se puede anticipar que los cambios no han hecho más que empezar», vaticina.

Y como muestra, un botón: a la más o menos común inestabilidad de los grandes medios tradicionales se opone la relativa estabilidad de los grandes digitales. Es cierto que tienden a mostrar un marcado perfil personalista, con cabeceras muy vinculadas al nombre de su director y fundador, como Ignacio Escolar con ElDiario.es y Pedro J. Ramírez con El Español. Hay también excepciones que confirman la regla, como es el caso de Jesús Cacho, cuya salida de El Confidencial conllevó la fundación de Voz Pópuli en un esquema idéntico al que luego siguió Pedro J. Ramírez al salir de El Mundo y fundar El Español.

Directores en los grandes medios digitales, en orden ElDiario.es, El Español, El Confidencial y Voz Pópuli

«Durante la crisis de 2008-2015 hubo miles de periodistas despedidos y algunos de ellos se lanzaron a la creación de nuevos medios«, explica Noguera. «Más de 500 nuevos medios propiciaron un escenario diferente y aceleraron no solo la transformación digital del periodismo, sino también el relevo generacional en las posiciones de responsabilidad. Esos nuevos estilos de dirección, en medios más flexibles y con menos cargas que los medios tradicionales, han servido de espejo donde esos medios tradicionales han visto las tendencias del sector y nuevos modos de acercarse a la audiencia», explica.

De hecho, no pocos responsables de medios de papel son los que han acabado liderando proyectos digitales. Escolar fundó Público; Ramírez, El Mundo y tanto Miguel Alba como Álvaro Nieto habían tenido responsabilidades en Público y El País, respectivamente, antes de saltar al ruedo digital. Porque, en cierto modo, lo que para unos supuso un reajuste para otros implicó una oportunidad. Aunque en muchos casos sea fugaz si la silla es la de dirección.

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