10 de enero 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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La música de cartón del siglo XIX

10 de enero 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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La Historia, desde que nació, solía tragarse el presente y apenas dejaba algún resto para después. De lo poco que fue dejando se construyó una mirada hacia atrás que explica la evolución del mundo. Hasta que llegó el siglo XIX. Esa centuria empezó a reivindicar seriamente la perpetuidad y por eso muchos archivos actuales comienzan sus colecciones en esa época.

Muchos libros escritos entonces ponen hoy los pies del lector en el XIX otra vez. Algunas imágenes trasladan también a esa fecha, pero poco queda de los sonidos del momento. Estaban escondidos en formatos ilegibles por la tecnología actual. Entonces no se grababan y reproducían los sonidos. Ningún dispositivo sabía hacerlo hasta que en 1878 Thomas Alva Edison patentó el fonógrafo. El aparato nació en EEUU y pasó mucho tiempo hasta que se generalizó en los hogares de allí y de aquí.

Durante la segunda mitad del XIX, en las casas españolas, la música se escuchaba en discos perforados de cartón o metal. “Este tipo de soporte es uno de los primeros formatos comerciales de distribución musical. En ellos no hay ningún sonido grabado. El disco contiene las instrucciones sobre cómo un dispositivo tiene que reproducir una serie de notas musicales”, indica Juan Antonio Casado, director de cartelería digital de Tecnilogica. “Antes, los aparatos eran mecánicos y se basaban en órdenes. Hacían una traducción mecánica a un aparato privativo. Cada marca tenía sus discos y su reproductor. No existía el concepto de tecnología estándar”.

Los reproductores y sus discos fueron desapareciendo por la llegada de las tecnologías que grababan sonidos. Esos preludios de zarzuelas, óperas, operetas, jotas y otras piezas populares que sonaban en este país de un cartón perforado quedaron en silencio. La Biblioteca Nacional de España y algunos anticuarios rescataron discos Ariston, Ariosa, Herophone, Poliphon o Symphonion de la última mitad del XIX pero jamás los pudieron escuchar. No podían. No sabían. Esa música tenía una venda en la boca.

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Imagen: Formatosobsoletos.bandcamp.com

Pero un día, hace dos años, se produjo un encuentro. Los socios de Tecnilogica y el director del departamento de música y audiovisuales de la biblioteca nacional, José Carlos Gosálvez, se conocieron en una cena. Hablaron de minuets y de esos formatos de música escondida. Los tecnólogos se plantearon descifrar su sonido. Muchos de los discos estaban deteriorados por el peso del tiempo y, por eso, el reto se multiplicó por dos. Tenían que rescatar la música y, además, conseguirlo sin tocar el disco. No utilizarían más que su imagen. “No hubo tráfico de átomos”, enfatiza Casado. “Solo de electrones”, matiza el director de desarrollo de negocio de esta compañía, Ángel Barbero.

Tomaron fotos con su móvil para averiguar los códigos que utilizaban en uno de esos discos de cartón y lo llevaron al laboratorio. Allí vieron que el tamaño y el lugar en el que se sitúa cada perforación indica una nota y su duración. Habían generado un algoritmo que leía esas melodías.

El software para sacar la música de los discos de cartón estaba inventada. De experimento pasó a proyecto. La empresa se entusiasmó y ofreció a la biblioteca recuperar esa memoria sonora sin pedir nada a cambio. Ni un euro.

La biblioteca les envió imágenes en alta resolución de los más de 100 discos que almacena y ellos empezaron a descifrar la música cotidiana del XIX. Es esta. Y entre los archivos ya digitalizados se encuentra La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón; Ave María, de Schubert y el Himno de Riego tal cual sonó antes de convertirse en el himno republicano oficial.

“Eran como singles de la época. Estaban destinados al consumo doméstico”, indica Barbero. “Así se escuchaba la música en el XIX. Era un sonido muy simple, muy limitado. Una nota detrás de otra. La música entonces se difundía, sobre todo, por partituras”.

“Había infinidad de modelos de reproductores”, continúa Casado. “Eran a la vez un mueble, una barra y un reproductor. Y estaban en un lugar privilegiado de la sala de estar, como ocurre hoy con la televisión”.

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Representación lineal del disco La verbena de la Paloma

El lenguaje que escribía esa música perforada utilizaba un sistema binario. Juan Alonso, el CTO de esta compañía tecnológica, fue la pieza humana clave para descubrirlo. Él vio que los discos contenían datos ordenados en forma circular que indicaban que sonara un sí, un fa o un do. En el soporte no hay ningún tipo de sonido. Hay una especie de mandato.

Pasaron las imágenes del disco y sus surcos a blanco y negro de alto contraste. Centraron las pistas en el disco manualmente y crearon un fichero MIDI mediante inteligencia artificial. Después lo digitalizaron y así obtuvieron los WAV o MP3 que suenan hoy en la web de la biblioteca nacional.

Los temas escritos sobre un cartón y sus vacíos, silenciada hasta ahora, se suman así a los más de 9.000 registros que forman la historia de la música en la Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional de España. Es la música que se adelantó al fonógrafo y los cilindros de cera, a los discos de pizarra, al vinilo, al cassette y al CD. La música que compone la historia de este país contada en reproductores desde mediados del XIX, y que conserva la biblioteca nacional hasta lo que dé de sí la eternidad.

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Disco de Aristón y Herophone (1895).

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Disco de metal perforado Ariosa (1900)

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Estos cilindros de cera, de 1896, eran el soporte del fonógrafo. La mayor parte de los que conserva la biblioteca nacional fueron fabricados en España y son ejemplares únicos.

discos5Cilindro de cera (1898).

discos4Cilindros de cera. Valencia, 1900.

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Cilindro de cera, 1909.

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Rollos de pianola, 1927. La web de la biblioteca nacional explica que «la pianola o piano mecánico es un instrumento musical que incorpora elementos neumáticos al mecanismo del piano» y su soporte es un rollo de papel perforado. El instrumento fue muy popular en los primeros años del XX.

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Disco de pizarra, ¿1941? En el archivo digital de la biblioteca nacional cuentan que en 1888 Emile Berliner inventó un reproductor de sonido que llamó gramófono. «El soporte que utilizaba era un disco plano de pizarra muy popular hasta mediados de los años 50 del siglo XX».

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Grabación en hilo magnético. Grabación de una de las homilías del cardenal Segura en la catedral de Sevilla (1950). «El hilo grabado es un sistema de grabación electromagnética que se considera precedente de la casete y que fue muy utilizado en radiodifusión», según la biblioteca nacional.

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Disco de vinilo. Nació a finales de la década de los 40 del siglo XX y se impuso como soporte mayoritario hasta la invención del CD.

 

La Historia, desde que nació, solía tragarse el presente y apenas dejaba algún resto para después. De lo poco que fue dejando se construyó una mirada hacia atrás que explica la evolución del mundo. Hasta que llegó el siglo XIX. Esa centuria empezó a reivindicar seriamente la perpetuidad y por eso muchos archivos actuales comienzan sus colecciones en esa época.

Muchos libros escritos entonces ponen hoy los pies del lector en el XIX otra vez. Algunas imágenes trasladan también a esa fecha, pero poco queda de los sonidos del momento. Estaban escondidos en formatos ilegibles por la tecnología actual. Entonces no se grababan y reproducían los sonidos. Ningún dispositivo sabía hacerlo hasta que en 1878 Thomas Alva Edison patentó el fonógrafo. El aparato nació en EEUU y pasó mucho tiempo hasta que se generalizó en los hogares de allí y de aquí.

Durante la segunda mitad del XIX, en las casas españolas, la música se escuchaba en discos perforados de cartón o metal. “Este tipo de soporte es uno de los primeros formatos comerciales de distribución musical. En ellos no hay ningún sonido grabado. El disco contiene las instrucciones sobre cómo un dispositivo tiene que reproducir una serie de notas musicales”, indica Juan Antonio Casado, director de cartelería digital de Tecnilogica. “Antes, los aparatos eran mecánicos y se basaban en órdenes. Hacían una traducción mecánica a un aparato privativo. Cada marca tenía sus discos y su reproductor. No existía el concepto de tecnología estándar”.

Los reproductores y sus discos fueron desapareciendo por la llegada de las tecnologías que grababan sonidos. Esos preludios de zarzuelas, óperas, operetas, jotas y otras piezas populares que sonaban en este país de un cartón perforado quedaron en silencio. La Biblioteca Nacional de España y algunos anticuarios rescataron discos Ariston, Ariosa, Herophone, Poliphon o Symphonion de la última mitad del XIX pero jamás los pudieron escuchar. No podían. No sabían. Esa música tenía una venda en la boca.

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Imagen: Formatosobsoletos.bandcamp.com

Pero un día, hace dos años, se produjo un encuentro. Los socios de Tecnilogica y el director del departamento de música y audiovisuales de la biblioteca nacional, José Carlos Gosálvez, se conocieron en una cena. Hablaron de minuets y de esos formatos de música escondida. Los tecnólogos se plantearon descifrar su sonido. Muchos de los discos estaban deteriorados por el peso del tiempo y, por eso, el reto se multiplicó por dos. Tenían que rescatar la música y, además, conseguirlo sin tocar el disco. No utilizarían más que su imagen. “No hubo tráfico de átomos”, enfatiza Casado. “Solo de electrones”, matiza el director de desarrollo de negocio de esta compañía, Ángel Barbero.

Tomaron fotos con su móvil para averiguar los códigos que utilizaban en uno de esos discos de cartón y lo llevaron al laboratorio. Allí vieron que el tamaño y el lugar en el que se sitúa cada perforación indica una nota y su duración. Habían generado un algoritmo que leía esas melodías.

El software para sacar la música de los discos de cartón estaba inventada. De experimento pasó a proyecto. La empresa se entusiasmó y ofreció a la biblioteca recuperar esa memoria sonora sin pedir nada a cambio. Ni un euro.

La biblioteca les envió imágenes en alta resolución de los más de 100 discos que almacena y ellos empezaron a descifrar la música cotidiana del XIX. Es esta. Y entre los archivos ya digitalizados se encuentra La verbena de la Paloma, de Tomás Bretón; Ave María, de Schubert y el Himno de Riego tal cual sonó antes de convertirse en el himno republicano oficial.

“Eran como singles de la época. Estaban destinados al consumo doméstico”, indica Barbero. “Así se escuchaba la música en el XIX. Era un sonido muy simple, muy limitado. Una nota detrás de otra. La música entonces se difundía, sobre todo, por partituras”.

“Había infinidad de modelos de reproductores”, continúa Casado. “Eran a la vez un mueble, una barra y un reproductor. Y estaban en un lugar privilegiado de la sala de estar, como ocurre hoy con la televisión”.

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Representación lineal del disco La verbena de la Paloma

El lenguaje que escribía esa música perforada utilizaba un sistema binario. Juan Alonso, el CTO de esta compañía tecnológica, fue la pieza humana clave para descubrirlo. Él vio que los discos contenían datos ordenados en forma circular que indicaban que sonara un sí, un fa o un do. En el soporte no hay ningún tipo de sonido. Hay una especie de mandato.

Pasaron las imágenes del disco y sus surcos a blanco y negro de alto contraste. Centraron las pistas en el disco manualmente y crearon un fichero MIDI mediante inteligencia artificial. Después lo digitalizaron y así obtuvieron los WAV o MP3 que suenan hoy en la web de la biblioteca nacional.

Los temas escritos sobre un cartón y sus vacíos, silenciada hasta ahora, se suman así a los más de 9.000 registros que forman la historia de la música en la Biblioteca Digital Hispánica de la Biblioteca Nacional de España. Es la música que se adelantó al fonógrafo y los cilindros de cera, a los discos de pizarra, al vinilo, al cassette y al CD. La música que compone la historia de este país contada en reproductores desde mediados del XIX, y que conserva la biblioteca nacional hasta lo que dé de sí la eternidad.

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Disco de Aristón y Herophone (1895).

discos2

Disco de metal perforado Ariosa (1900)

discos3

Estos cilindros de cera, de 1896, eran el soporte del fonógrafo. La mayor parte de los que conserva la biblioteca nacional fueron fabricados en España y son ejemplares únicos.

discos5Cilindro de cera (1898).

discos4Cilindros de cera. Valencia, 1900.

discos7

Cilindro de cera, 1909.

discos6

Rollos de pianola, 1927. La web de la biblioteca nacional explica que «la pianola o piano mecánico es un instrumento musical que incorpora elementos neumáticos al mecanismo del piano» y su soporte es un rollo de papel perforado. El instrumento fue muy popular en los primeros años del XX.

discos9

Disco de pizarra, ¿1941? En el archivo digital de la biblioteca nacional cuentan que en 1888 Emile Berliner inventó un reproductor de sonido que llamó gramófono. «El soporte que utilizaba era un disco plano de pizarra muy popular hasta mediados de los años 50 del siglo XX».

discos8

Grabación en hilo magnético. Grabación de una de las homilías del cardenal Segura en la catedral de Sevilla (1950). «El hilo grabado es un sistema de grabación electromagnética que se considera precedente de la casete y que fue muy utilizado en radiodifusión», según la biblioteca nacional.

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Disco de vinilo. Nació a finales de la década de los 40 del siglo XX y se impuso como soporte mayoritario hasta la invención del CD.

 

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Opiniones 14
  • Qué grande y qué chulada de proyecto! estos primeros fonógrafos eran la evolución de la pianola, no? Me encantó el detalle en uno de los cilindros de las imágenes «Barquillo, 3» 🙂

  • «El lenguaje que escribía esa música perforada utilizaba un sistema binario. Juan Alonso, el CTO de esta compañía tecnológica, fue la pieza humana clave para descubrirlo. Él vio que los discos contenían datos ordenados en forma circular que indicaban que sonara un sí, un fa o un do. En el soporte no hay ningún tipo de sonido. Hay una especie de mandato.»

    Diosssss, qué visionario, cuánto potencial sin explotar. Habría que ponerle un altar a este prohombre.

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