28 de diciembre 2010    /   CREATIVIDAD
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Diseñadores en huelga

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Hace unas semanas, con motivo del concurso organizado por LABoral (Centro de Arte y Creación Industrial de Gijón), se ha producido un hecho que podría considerarse como una mera anécdota, pero que tiene un transfondo mucho más profundo e interesante sobre la profesión del diseñador.
(Foto de Olmovich reproducida bajo licencia CC)
El concurso de marras consiste en la creación de un diseño para la carcasa de un móvil (un iPhone 4, para ser más exactos). Los diseñadores suben su propuesta y la gente puede realizar sus votos. Vamos, un concurso de popularidad más de que calidad.
Este concurso no es ni mejor ni peor que otros que los diseñadores hemos venido padeciendo desde hace demasiados años, pero precisamente el que se trate de un concurso que pretende darse a conocer a través de las redes sociales ha conseguido un efecto totalmente opuesto al pretendido.
Los diseñadores hemos considerado que esta es una ocasión para quejarnos, para mostrar nuestra indignación por unos concursos que degradan nuestra profesión y que nos causan una desaprobación profesional.
No quiero centrarme en este concurso en particular, aunque haya cambiado sus bases cuando comprobó que el gremio de diseñadores no aprobaban las iniciales (por mal planteadas y peor ejecutadas), porque este caso ha sido uno entre demasiados. Pero al menos ha servido para que comprobemos varios asuntos importantes. Uno, que ya hay un astío general entre los profesionales del diseño. Son muchas las veces que nos sentimos maltratados. Dos, tenemos voz y la podemos usar para protestar por aquello que nos afecta directamente. Hemos conseguido que en esta ocasión, un concurso cambie sus normas después de que hayamos ejercido una fuerza suficiente para que se den cuenta de su error. Y tres, si nos unimos como colectivo y no vamos por separado, podemos conseguir aquello que afecte a nuestro trabajo.
Los concursos como el del logotipo del Gobierno de España o el de la candidatura olímpica de Madrid 2016 han conseguido -aparte de cabrear considerablemente a todos los diseñadores- denigrar una profesión que ya de por sí ha estado maltratada desde el Gobierno e instituciones públicas.
La falta de un Colegio Profesional de Diseñadores a nivel nacional (los hay en determinadas comunidades autónomas, como por ejemplo Cataluña), o un gremio que agrupe a todos los profesionales que hay en nuestro país trabajando en el área del diseño (gráfico), ha supuesto una disgregación y una ausencia de defensa común por la defensa de nuestros intereses.
Si bien es cierto que existen determinadas asociaciones que entre sus objetivos están los del velar por las condiciones de trabajo de sus asociados, la práctica real es que no ejercen la fuerza suficiente y que el diseñador de “a pie” no se ve representado y siente una indefensión que no es buena en ninguna labor profesional.
Esta huelga a la japonesa (como así la denominó Álvaro Sobrino, presidente de la ADG-FAD, en su blog “Crónicas de Pseudonimma) con respecto al concurso de LABoral seguramente quedará como una anécdota, pero me gustaría pensar que sí podemos hacer más por mejorar y dignificar una profesión que se merece un respeto.
Quizá si hubiera una huelga nacional de diseñador y durante un tiempo nos viéramos rodeados de un uso abusivo de la Comic Sans alguien tomaría cartas en el asunto. O puede que no, eso es lo triste.

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(Foto de Olmovich reproducida bajo licencia CC)
El concurso de marras consiste en la creación de un diseño para la carcasa de un móvil (un iPhone 4, para ser más exactos). Los diseñadores suben su propuesta y la gente puede realizar sus votos. Vamos, un concurso de popularidad más de que calidad.
Este concurso no es ni mejor ni peor que otros que los diseñadores hemos venido padeciendo desde hace demasiados años, pero precisamente el que se trate de un concurso que pretende darse a conocer a través de las redes sociales ha conseguido un efecto totalmente opuesto al pretendido.
Los diseñadores hemos considerado que esta es una ocasión para quejarnos, para mostrar nuestra indignación por unos concursos que degradan nuestra profesión y que nos causan una desaprobación profesional.
No quiero centrarme en este concurso en particular, aunque haya cambiado sus bases cuando comprobó que el gremio de diseñadores no aprobaban las iniciales (por mal planteadas y peor ejecutadas), porque este caso ha sido uno entre demasiados. Pero al menos ha servido para que comprobemos varios asuntos importantes. Uno, que ya hay un astío general entre los profesionales del diseño. Son muchas las veces que nos sentimos maltratados. Dos, tenemos voz y la podemos usar para protestar por aquello que nos afecta directamente. Hemos conseguido que en esta ocasión, un concurso cambie sus normas después de que hayamos ejercido una fuerza suficiente para que se den cuenta de su error. Y tres, si nos unimos como colectivo y no vamos por separado, podemos conseguir aquello que afecte a nuestro trabajo.
Los concursos como el del logotipo del Gobierno de España o el de la candidatura olímpica de Madrid 2016 han conseguido -aparte de cabrear considerablemente a todos los diseñadores- denigrar una profesión que ya de por sí ha estado maltratada desde el Gobierno e instituciones públicas.
La falta de un Colegio Profesional de Diseñadores a nivel nacional (los hay en determinadas comunidades autónomas, como por ejemplo Cataluña), o un gremio que agrupe a todos los profesionales que hay en nuestro país trabajando en el área del diseño (gráfico), ha supuesto una disgregación y una ausencia de defensa común por la defensa de nuestros intereses.
Si bien es cierto que existen determinadas asociaciones que entre sus objetivos están los del velar por las condiciones de trabajo de sus asociados, la práctica real es que no ejercen la fuerza suficiente y que el diseñador de “a pie” no se ve representado y siente una indefensión que no es buena en ninguna labor profesional.
Esta huelga a la japonesa (como así la denominó Álvaro Sobrino, presidente de la ADG-FAD, en su blog “Crónicas de Pseudonimma) con respecto al concurso de LABoral seguramente quedará como una anécdota, pero me gustaría pensar que sí podemos hacer más por mejorar y dignificar una profesión que se merece un respeto.
Quizá si hubiera una huelga nacional de diseñador y durante un tiempo nos viéramos rodeados de un uso abusivo de la Comic Sans alguien tomaría cartas en el asunto. O puede que no, eso es lo triste.

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Opiniones 2
  • Concursos NO SIEMPRE!!! y se acabo el problema. La cosa es que siempre hay algún gilipollas que se presenta a ver si le dan unas palmaditas en la espalda diciendole lo bueno que es…

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