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12 de marzo 2012    /   CREATIVIDAD
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“Diseñar la ciudad de los sueños es fácil; reconstruir una ciudad viva requiere imaginación”

12 de marzo 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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España vive inmersa en las cenizas de una ordenación urbanística desastrosa que tiene pocos ejemplos reseñables y muchos elefantes blancos que hoy están cubiertos de polvo. ¿Las cosas hubieran sido distintas si las personas que tomaron esas decisiones hubieran leído las obras de Jane Jacobs?

Fortune Magazine vuelve a publicar un artículo de 1958 que la urbanista escribió para la revista. Un código de buenas prácticas facilmente extrapolables al contexto actual. Un compendio de observaciones y consideraciones a tener en cuenta a la hora de planificar las ciudades.

Para Jacobs, las ciudades necesitan ser reconvertidas desde dentro en vez de ser reconstruidas a bombo y platillo con proyectos faraónicos. El ciudadano informado es quien tiene que tener el papel central a la hora de reconducir el rumbo de una ciudad.

Estas mismas ideas fueron las que Jacobs puso en práctica para paralizar la construcción del Lower Manhattan Expressway. Una expresión más de los delirios del modernismo que pretendía llenar Manhattan de autopistas que acabarían con la vida de la calle de muchos barrios de la ciudad.

El papel del ciudadano en la construcción de ciudades

Jacobs quería instruir a todos los ciudadanos para que tuvieran un ojo crítico sobre el urbanismo.

“La sorprendente complejidad y energía de las ciudades nunca puede ser creada por la lógica abstracta de un par de hombres. El centro urbano tiene la capacidad de tener algo para todo el mundo porque ha sido creado por todo el mundo. Planificadores y arquitectos tienen una contribución vital que hacer, pero la del ciudadano es más vital todavía”.

Para ello Jacobs insta a las personas a hacer estas preguntas cada vez que se planifican proyectos urbanísticos en la ciudad en la que residen. Cuestiones como ¿el nuevo diseño explota las cualidades de la calle o las destruye? ¿El proyecto mezcla todo tipo de actividades o las segrega? ¿Cómo podemos hacer que los edificios antiguos y modernos se refuercen? ¿Los nuevos proyectos pueden estar conectados con el centro?

Pero ninguna cuestión es tan importante como el elemento de la diversión. Los proyectos tienen que cautivar e inspirar a los ciudadanos a quienes Jacobs califica como “los verdaderos clientes del urbanismo”.

Lo que algunos políticos consideran un trámite, para Jacobs es lo más importante de un proyecto: “Diseñar la ciudad de los sueños es fácil; reconstruir una ciudad viva requiere imaginación».

Teniendo en cuenta que en 1958 no existía internet, hoy esa participación es aun más facil de gestionar.

Sobre los proyecto faraónicos y la influencia de los promotores

El principal obstáculo para hacer ciudades más racionales y sostenibles son las instituciones que rigen estas operaciones. Cada una tiene sus intereses a la hora de promover proyectos faraónicos a gran escala, opina Jacobs sobre la situación en el año 58.

“Los grandes promotores los prefieren porque ganan más dinero que construir un solo edificio. Los departamentos de préstamos de las compañías de seguros también; aprobar un préstamo cuantioso requiere menos investigación que una colección de pequeños préstamos (…) Estos proyectos capturan la atención y recursos de los poderes públicos”.

¿Algo ha cambiado al respecto 50 años más tarde?

Demasiada planificación

Demasiada planificación lleva a crear calles solemnes y aburridas que acaban con poco tránsito peatonal, algo clave para su funcionamiento. “Esta sobre planificación se puede encontrar en las primeras calles verdes de Philadelphia. Hay árboles, aceras y miradores pero apenas hay personas. En paralelo a cien metros hay una calle desordenada llena de tiendas y vida repleta de personas”.

Barrios de uso mixto

“Piensa en cualquier calle de una ciudad y veras que tiene edificios antiguos mezclados con nuevos. La mezcla es una de sus grandes ventajas. El centro urbano necesita negocios de rendimiento alto, mediano, bajo y nulo. El restaurante íntimo o especializado en carnes, la tienda de arte, el club universitario, el sastre…”.

“Sin esta mezcla, los centros acaban siendo superficialmente estandarizados. La funcionalidad se estandariza también. Se necesitan nuevas construcciones pero, casi siempre, las tiendas que abren en los bajos del edificio son cadenas”.

En esta línea Jacobs arremete contra los barrio de un único uso, como las ciudades de la justicia o zonas empresariales. “Esta necesidad de ordenación va en contra del buen funcionamiento del centro urbano. Lo que hace que tenga vida es la forma en la que distintos tipos de actividades se refuerzan”.

“En cuanto una zona se vuelve demasiado dependiente de una cosa empieza a tener problemas. Pierde su atractivo. Las mejores calles son las que tienen movimiento tanto por el día como por la noche”.

Caminar para entender las ciudades

Algo que los urbanistas y los ciudadanos tendrían que hacer en la misma medida es darse una vuelta por la zona que se quiere reconvertir. La pensadora insta a los profesionales a despegarse de sus maquetas. “Necesitas salir y caminar. Camina y verás que muchos de los supuestos de los que depende el proyecto están equivocados”.

En este sentido, Jacobs era una gran promotora de la peatonalización. “Quitar coches es importante porque ofrece grandes oportunidade para mantener las actividades del centro compactas y concentradas”.

No hace falta inventar la rueda

Recovecos, interrupciones, callejuelas, pequeños puntos… Estos son los grandes valores de una ciudad, no los grandes proyectos. Elementos que para Jacobs representan la ortografía de una ciudad.

Tras muchos años de proyectos mal planteados, ruinosos y mal construidos la necesidad de tener un ojo crítico nunca ha sido tan vigente como ahora para evitar caer en los mismo errores. Existen otras formas de construir ciudades. No son majestuosas, solemnes, ni caras. Están dominadas por el sentido común y la racionalidad.

Un hábitat humano que puede ser mejorado con incentivos y destruido con malas decisiones hechas desde un pedestal sin contar con la gente que los habita.

Durante mucho tiempo la actitud ha sido construir algo nuevo para evitar solucionar lo ya existente. “Las ciudades necesitan ayuda, no ser remplazadas”.

Por muy digitales que seamos, los fundamentos de una gran ciudad siguen siendo iguales. Sea 1958 o 2012.

Foto portada: Baycrest, Wikimedia Commons

Foto Jane Jacobs: Wikimedia Commons

Foto plano experimental: Popular Science Wikimedia Commons

 

España vive inmersa en las cenizas de una ordenación urbanística desastrosa que tiene pocos ejemplos reseñables y muchos elefantes blancos que hoy están cubiertos de polvo. ¿Las cosas hubieran sido distintas si las personas que tomaron esas decisiones hubieran leído las obras de Jane Jacobs?

Fortune Magazine vuelve a publicar un artículo de 1958 que la urbanista escribió para la revista. Un código de buenas prácticas facilmente extrapolables al contexto actual. Un compendio de observaciones y consideraciones a tener en cuenta a la hora de planificar las ciudades.

Para Jacobs, las ciudades necesitan ser reconvertidas desde dentro en vez de ser reconstruidas a bombo y platillo con proyectos faraónicos. El ciudadano informado es quien tiene que tener el papel central a la hora de reconducir el rumbo de una ciudad.

Estas mismas ideas fueron las que Jacobs puso en práctica para paralizar la construcción del Lower Manhattan Expressway. Una expresión más de los delirios del modernismo que pretendía llenar Manhattan de autopistas que acabarían con la vida de la calle de muchos barrios de la ciudad.

El papel del ciudadano en la construcción de ciudades

Jacobs quería instruir a todos los ciudadanos para que tuvieran un ojo crítico sobre el urbanismo.

“La sorprendente complejidad y energía de las ciudades nunca puede ser creada por la lógica abstracta de un par de hombres. El centro urbano tiene la capacidad de tener algo para todo el mundo porque ha sido creado por todo el mundo. Planificadores y arquitectos tienen una contribución vital que hacer, pero la del ciudadano es más vital todavía”.

Para ello Jacobs insta a las personas a hacer estas preguntas cada vez que se planifican proyectos urbanísticos en la ciudad en la que residen. Cuestiones como ¿el nuevo diseño explota las cualidades de la calle o las destruye? ¿El proyecto mezcla todo tipo de actividades o las segrega? ¿Cómo podemos hacer que los edificios antiguos y modernos se refuercen? ¿Los nuevos proyectos pueden estar conectados con el centro?

Pero ninguna cuestión es tan importante como el elemento de la diversión. Los proyectos tienen que cautivar e inspirar a los ciudadanos a quienes Jacobs califica como “los verdaderos clientes del urbanismo”.

Lo que algunos políticos consideran un trámite, para Jacobs es lo más importante de un proyecto: “Diseñar la ciudad de los sueños es fácil; reconstruir una ciudad viva requiere imaginación».

Teniendo en cuenta que en 1958 no existía internet, hoy esa participación es aun más facil de gestionar.

Sobre los proyecto faraónicos y la influencia de los promotores

El principal obstáculo para hacer ciudades más racionales y sostenibles son las instituciones que rigen estas operaciones. Cada una tiene sus intereses a la hora de promover proyectos faraónicos a gran escala, opina Jacobs sobre la situación en el año 58.

“Los grandes promotores los prefieren porque ganan más dinero que construir un solo edificio. Los departamentos de préstamos de las compañías de seguros también; aprobar un préstamo cuantioso requiere menos investigación que una colección de pequeños préstamos (…) Estos proyectos capturan la atención y recursos de los poderes públicos”.

¿Algo ha cambiado al respecto 50 años más tarde?

Demasiada planificación

Demasiada planificación lleva a crear calles solemnes y aburridas que acaban con poco tránsito peatonal, algo clave para su funcionamiento. “Esta sobre planificación se puede encontrar en las primeras calles verdes de Philadelphia. Hay árboles, aceras y miradores pero apenas hay personas. En paralelo a cien metros hay una calle desordenada llena de tiendas y vida repleta de personas”.

Barrios de uso mixto

“Piensa en cualquier calle de una ciudad y veras que tiene edificios antiguos mezclados con nuevos. La mezcla es una de sus grandes ventajas. El centro urbano necesita negocios de rendimiento alto, mediano, bajo y nulo. El restaurante íntimo o especializado en carnes, la tienda de arte, el club universitario, el sastre…”.

“Sin esta mezcla, los centros acaban siendo superficialmente estandarizados. La funcionalidad se estandariza también. Se necesitan nuevas construcciones pero, casi siempre, las tiendas que abren en los bajos del edificio son cadenas”.

En esta línea Jacobs arremete contra los barrio de un único uso, como las ciudades de la justicia o zonas empresariales. “Esta necesidad de ordenación va en contra del buen funcionamiento del centro urbano. Lo que hace que tenga vida es la forma en la que distintos tipos de actividades se refuerzan”.

“En cuanto una zona se vuelve demasiado dependiente de una cosa empieza a tener problemas. Pierde su atractivo. Las mejores calles son las que tienen movimiento tanto por el día como por la noche”.

Caminar para entender las ciudades

Algo que los urbanistas y los ciudadanos tendrían que hacer en la misma medida es darse una vuelta por la zona que se quiere reconvertir. La pensadora insta a los profesionales a despegarse de sus maquetas. “Necesitas salir y caminar. Camina y verás que muchos de los supuestos de los que depende el proyecto están equivocados”.

En este sentido, Jacobs era una gran promotora de la peatonalización. “Quitar coches es importante porque ofrece grandes oportunidade para mantener las actividades del centro compactas y concentradas”.

No hace falta inventar la rueda

Recovecos, interrupciones, callejuelas, pequeños puntos… Estos son los grandes valores de una ciudad, no los grandes proyectos. Elementos que para Jacobs representan la ortografía de una ciudad.

Tras muchos años de proyectos mal planteados, ruinosos y mal construidos la necesidad de tener un ojo crítico nunca ha sido tan vigente como ahora para evitar caer en los mismo errores. Existen otras formas de construir ciudades. No son majestuosas, solemnes, ni caras. Están dominadas por el sentido común y la racionalidad.

Un hábitat humano que puede ser mejorado con incentivos y destruido con malas decisiones hechas desde un pedestal sin contar con la gente que los habita.

Durante mucho tiempo la actitud ha sido construir algo nuevo para evitar solucionar lo ya existente. “Las ciudades necesitan ayuda, no ser remplazadas”.

Por muy digitales que seamos, los fundamentos de una gran ciudad siguen siendo iguales. Sea 1958 o 2012.

Foto portada: Baycrest, Wikimedia Commons

Foto Jane Jacobs: Wikimedia Commons

Foto plano experimental: Popular Science Wikimedia Commons

 

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Opiniones 3
  • … vivan las juderías de retuertas callejuelas…

    Mientras, nos mantenemos a la espera del próximo ladrillazo que, no lo duden, llegará.

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