Publicado: 05 de octubre 2023 11:21  /   CREATIVIDAD
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Este es mi uniforme y esto es lo que te espera al entrar en nuestro hotel

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uniformes de hoteles

Para muchos, el uniforme de trabajo es una imposición de la empresa que asumen como una condición más de su puesto. Para otros, es esa prenda que les aporta comodidad para cumplir con sus funciones y les sirve como tarjeta de visita cuando tienen que acudir a visitar clientes. Pero la ropa de trabajo puede ser mucho más para un negocio.

Los uniformes forman parte de la imagen corporativa de una empresa. Además, pueden despertar el sentimiento de pertenencia en los trabajadores que los usan. Pero de cara al exterior, pueden ser también un sinónimo de lujo y elegancia, al mismo tiempo que resaltan los valores de esa compañía y refuerzan su imagen positiva haciéndola reconocible. Todo esto lo sabe bien el sector hotelero.

EL HOTEL MODERNO, UN CONCEPTO RECIENTE

La historia de los uniformes de hotel nace a la par del concepto de hotel moderno. De hecho, hasta principios del siglo XIX no había necesidad de llevar uniformes, puesto que los viajeros eran, sobre todo, peregrinos, comerciantes, artistas, soldados… que se alojaban en posadas, albergues y lugares donde el trato era de todo menos confortable y no necesitaban de ninguna distinción.

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Tampoco era necesario un uniforme en los lugares en los que se alojaban los nobles en misiones diplomáticas. Estos viajeros se trasladaban de castillo en castillo, de mansión en mansión o de palacio en palacio, como huéspedes de sus pares (algunos, además, en previsión de un viaje importante, enviaban a sus familiares para que avisaran de su inminente llegada y compraran, o incluso hicieran construir, viviendas para alojarlos).

Pero estalló la Revolución Industrial, y con ella llegaron el viaje de negocios y la moda del viaje elitista, en la estela del mito del viaje romántico. Y nació el concepto de uniforme hotelero.

diseño uniformes de hoteles

DEL ESTILO MILITAR A LAS TENDENCIAS ACTUALES

Los primeros uniformes se inspiraban en el estilo militar. Solían estar decorados y reflejaban el prestigio que adquirían quienes elegían un establecimiento superior.

O bien se inspiraban en el estilo de los uniformes que llevaban los sirvientes personales de la nobleza. De esta manera, se trasladaba el mensaje a los clientes de que allí recibirían un servicio exclusivo del que antes solo podían disfrutar las clases privilegiadas.

TRAJES QUE NO SON SIMPLES UNIFORMES, SINO MODA

Un uniforme no deja de ser una prenda que sigue unas tendencias o un estilo. La diferencia, en este caso, es que está pensado para ser usado a diario y está adaptado al entorno de trabajo. Sin embargo, la uniformidad puede ir totalmente de la mano de las tendencias actuales, así como también lo hacen los espacios en los que se encuentran.

Por ese motivo, es importante que el traje de trabajo haga sentirse bien vestidos a quienes lo utilizan. De ahí que la recomendación sea huir de esos uniformes que dan pereza a la hora de ponérselos y que, a menudo, no sientan bien, provocando, de paso, la desmotivación del trabajador. Como afirma Paz Torres, Head of Fashion Design de VRANDED Haus, el objetivo es «que el empleado y la empleada se vean guapos. ¿Porque quién quiere ir a trabajar sin sentirse a gusto con las prendas que lleva?».

diseño uniformes de hoteles

Un uniforme, añade Torres, tiene que ser práctico y adaptarse a diferentes necesidades. Es decir, tiene que estar diseñado en función del tipo de actividad que va a desarrollar la persona que lo utilice. En el caso de un hotel, comenta la diseñadora, «no será lo mismo diseñar una prenda para una persona que está sentada todo el día tras un mostrador, que una prenda para un camarero de sala que está constantemente en movimiento».

Los tejidos y el corte tienen extrema importancia. Hay que elegir el tejido que mejor se adapte a la estética del cliente, pero, a la vez, que tenga las mejores prestaciones: que respondan a un uso diario, que se laven fácilmente y que se adapten a la climatología del entorno.

diseño uniformes de hoteles

Por su parte, los diseños deben adaptarse al cuerpo y a la movilidad necesaria. «Hay que buscar un equilibrio entre funcionalidad y estética, y eso se consigue con un buen patrón de base de prenda. A partir de allí, buscamos que se adapte a todas las tallas necesarias, buscando siempre los defectos y ventajas de todo tipo de fittings», afirma Paz Torres.

EL UNIFORME, UNA EXTENSIÓN DE LA MARCA

Obviamente, todo esto tiene que ajustarse a la estética del hotel y del entorno. Por ese motivo, a la hora de diseñar este tipo de colecciones, se suele partir del proyecto de interiorismo, de los renders o los moodboards de inspiración del cliente, que ayudan a formar un concepto adaptado a las prendas. «Trabajamos para comprender la esencia de cada espacio antes de comenzar a diseñar», confirma Torres

En el caso específico de los nuevos uniformes del JW Marriot Madrid, el equipo se ha inspirado no solo en el interiorismo del hotel, sino también en su ubicación y en sus edificios.

diseño uniformes de hoteles

Se trata de una colección que hace un recorrido a través de la elegancia y la sobriedad de los años veinte, con elementos clásicos —trajes cruzados, chalecos o vestidos con vuelo—, acompañados por detalles que trasladan esa esencia a un estilo más contemporáneo.

Porque, como subraya Torres, «la diferencia la marcan los detalles, como puede ser un elemento inspiracional aplicado en la forma de una solapa de una americana, una fornitura especial en una blusa, una calidad con una textura especial en una camisa o un estampado en un pañuelo».

diseño uniformes de hoteles

Es el caso del tejido de raya diplomática y las corbatas o los tirantes que complementan los trajes. Aquí, el accesorio clave es un pañuelo inspirado en las Galerías Canalejas (espacio histórico situado frente al hotel) y en los motivos decorativos de los balcones del JW Marriot Madrid, fabricados en hierro forjado en el siglo XIX.

El objetivo, sin embargo, es el mismo de todo uniforme: crear identidad y pertenencia. Y conseguir evocar en los huéspedes del hotel la misma sensación y vivencia de lujo que trasmite el espacio, pero a través de la plantilla. Porque de lo que se trata es de crear ropa de trabajo que genere sensaciones, que comuniquen, a través de quienes los usan, la experiencia que espera a los clientes dentro del hotel.

Para muchos, el uniforme de trabajo es una imposición de la empresa que asumen como una condición más de su puesto. Para otros, es esa prenda que les aporta comodidad para cumplir con sus funciones y les sirve como tarjeta de visita cuando tienen que acudir a visitar clientes. Pero la ropa de trabajo puede ser mucho más para un negocio.

Los uniformes forman parte de la imagen corporativa de una empresa. Además, pueden despertar el sentimiento de pertenencia en los trabajadores que los usan. Pero de cara al exterior, pueden ser también un sinónimo de lujo y elegancia, al mismo tiempo que resaltan los valores de esa compañía y refuerzan su imagen positiva haciéndola reconocible. Todo esto lo sabe bien el sector hotelero.

EL HOTEL MODERNO, UN CONCEPTO RECIENTE

La historia de los uniformes de hotel nace a la par del concepto de hotel moderno. De hecho, hasta principios del siglo XIX no había necesidad de llevar uniformes, puesto que los viajeros eran, sobre todo, peregrinos, comerciantes, artistas, soldados… que se alojaban en posadas, albergues y lugares donde el trato era de todo menos confortable y no necesitaban de ninguna distinción.

Tampoco era necesario un uniforme en los lugares en los que se alojaban los nobles en misiones diplomáticas. Estos viajeros se trasladaban de castillo en castillo, de mansión en mansión o de palacio en palacio, como huéspedes de sus pares (algunos, además, en previsión de un viaje importante, enviaban a sus familiares para que avisaran de su inminente llegada y compraran, o incluso hicieran construir, viviendas para alojarlos).

Pero estalló la Revolución Industrial, y con ella llegaron el viaje de negocios y la moda del viaje elitista, en la estela del mito del viaje romántico. Y nació el concepto de uniforme hotelero.

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DEL ESTILO MILITAR A LAS TENDENCIAS ACTUALES

Los primeros uniformes se inspiraban en el estilo militar. Solían estar decorados y reflejaban el prestigio que adquirían quienes elegían un establecimiento superior.

O bien se inspiraban en el estilo de los uniformes que llevaban los sirvientes personales de la nobleza. De esta manera, se trasladaba el mensaje a los clientes de que allí recibirían un servicio exclusivo del que antes solo podían disfrutar las clases privilegiadas.

TRAJES QUE NO SON SIMPLES UNIFORMES, SINO MODA

Un uniforme no deja de ser una prenda que sigue unas tendencias o un estilo. La diferencia, en este caso, es que está pensado para ser usado a diario y está adaptado al entorno de trabajo. Sin embargo, la uniformidad puede ir totalmente de la mano de las tendencias actuales, así como también lo hacen los espacios en los que se encuentran.

Por ese motivo, es importante que el traje de trabajo haga sentirse bien vestidos a quienes lo utilizan. De ahí que la recomendación sea huir de esos uniformes que dan pereza a la hora de ponérselos y que, a menudo, no sientan bien, provocando, de paso, la desmotivación del trabajador. Como afirma Paz Torres, Head of Fashion Design de VRANDED Haus, el objetivo es «que el empleado y la empleada se vean guapos. ¿Porque quién quiere ir a trabajar sin sentirse a gusto con las prendas que lleva?».

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Un uniforme, añade Torres, tiene que ser práctico y adaptarse a diferentes necesidades. Es decir, tiene que estar diseñado en función del tipo de actividad que va a desarrollar la persona que lo utilice. En el caso de un hotel, comenta la diseñadora, «no será lo mismo diseñar una prenda para una persona que está sentada todo el día tras un mostrador, que una prenda para un camarero de sala que está constantemente en movimiento».

Los tejidos y el corte tienen extrema importancia. Hay que elegir el tejido que mejor se adapte a la estética del cliente, pero, a la vez, que tenga las mejores prestaciones: que respondan a un uso diario, que se laven fácilmente y que se adapten a la climatología del entorno.

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Por su parte, los diseños deben adaptarse al cuerpo y a la movilidad necesaria. «Hay que buscar un equilibrio entre funcionalidad y estética, y eso se consigue con un buen patrón de base de prenda. A partir de allí, buscamos que se adapte a todas las tallas necesarias, buscando siempre los defectos y ventajas de todo tipo de fittings», afirma Paz Torres.

EL UNIFORME, UNA EXTENSIÓN DE LA MARCA

Obviamente, todo esto tiene que ajustarse a la estética del hotel y del entorno. Por ese motivo, a la hora de diseñar este tipo de colecciones, se suele partir del proyecto de interiorismo, de los renders o los moodboards de inspiración del cliente, que ayudan a formar un concepto adaptado a las prendas. «Trabajamos para comprender la esencia de cada espacio antes de comenzar a diseñar», confirma Torres

En el caso específico de los nuevos uniformes del JW Marriot Madrid, el equipo se ha inspirado no solo en el interiorismo del hotel, sino también en su ubicación y en sus edificios.

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Se trata de una colección que hace un recorrido a través de la elegancia y la sobriedad de los años veinte, con elementos clásicos —trajes cruzados, chalecos o vestidos con vuelo—, acompañados por detalles que trasladan esa esencia a un estilo más contemporáneo.

Porque, como subraya Torres, «la diferencia la marcan los detalles, como puede ser un elemento inspiracional aplicado en la forma de una solapa de una americana, una fornitura especial en una blusa, una calidad con una textura especial en una camisa o un estampado en un pañuelo».

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Es el caso del tejido de raya diplomática y las corbatas o los tirantes que complementan los trajes. Aquí, el accesorio clave es un pañuelo inspirado en las Galerías Canalejas (espacio histórico situado frente al hotel) y en los motivos decorativos de los balcones del JW Marriot Madrid, fabricados en hierro forjado en el siglo XIX.

El objetivo, sin embargo, es el mismo de todo uniforme: crear identidad y pertenencia. Y conseguir evocar en los huéspedes del hotel la misma sensación y vivencia de lujo que trasmite el espacio, pero a través de la plantilla. Porque de lo que se trata es de crear ropa de trabajo que genere sensaciones, que comuniquen, a través de quienes los usan, la experiencia que espera a los clientes dentro del hotel.

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