fbpx
12 de julio 2012    /   CREATIVIDAD
por
 

Diseño de movilidad: No se trata de donde te encuentres, sino adónde puedes ir

12 de julio 2012    /   CREATIVIDAD     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Todo empezó en 1994. Max Barenbrug estaba a punto de licenciarse en la Academia de Diseño Industrial de Eindhoven. Solo le faltaba el proyecto de graduación y tenía muy claro que sería sobre algún aspecto relacionado con la movilidad. Lo que nunca imaginó es que el cochecito de bebés que diseñó con tal motivo acabaría convertido en un producto omnipresente en nuestras calles.

Dos años más tarde, su amigo Eduard Zanen decidió invertir en el proyecto académico de Max. Así nació Bugaboo, una compañía de movilidad que, en menos de dos décadas, ha pasado de diseñar y soldar los componentes de su primer cochecito en su casa de Ámsterdam a convertirse en una empresa internacional con oficinas en todo el mundo.

¿Y por qué, entre todos los posibles artefactos que existen para desplazarnos desde un punto a otro, empezó con un cochecito de bebés? Barenbrug siempre tuvo muy claro que no quería ser uno más, que quería hacer algo diferente. Por eso, buscó y buscó hasta que encontró un hueco de mercado. “Uno siempre piensa en coches o bicis cuando habla de movilidad, pero estos eran sectores maduros y saturados en los que no resultaba fácil hacer algo diferente a lo que ya existía”, señala Max Barenbrug.

Y encontró su oportunidad en el mundo de los cochecitos para bebés. “Hoy el mercado ha evolucionado, pero hace 15 años no era difícil hacer algo distinto y mejorar lo que había en este sector: productos baratos, de mala calidad y feos”.

La clave de los diseños de Bugaboo reside en la integración de estética y funcionalidad. Ninguna de estas variables es más importante que la otra, y ambas son inseparables. El tradicional principio de diseño que dice que ‘la forma siempre sigue a la función’ carece de sentido en Bugaboo.

Tampoco el ‘menos es más’ se cumple exactamente en los diseños de esta casa. La sencillez sí es importante, pero no por la eliminación de todo los superfluo o la pérdida del detalle. “Nos gustan mucho los productos complejos”, dice el máximo responsable del diseño de la marca, “pero un buen diseñador debe saber cómo convertir esa complejidad en algo sencillo y fácil de usar para el usuario. Complejidad presentada de forma simple. Así son nuestros cochecitos”.

La incorporación de ingenieros en las primeras fases del diseño de un nuevo producto no parece algo exclusivo de esta marca. “Cuando estás creando conceptos, necesitas que un ingeniero te diga si su realización es viable o no, y mejor que esto ocurra en las primeras fases que en las últimas”.

Sin embargo, sí divergen respecto a otras compañías de diseño en lo referente a la incorporación de equipos de marketing en el proceso de diseño. En Bugaboo, el marketing entra al final y su objetivo es transformar las ventajas del nuevo diseño en reclamos publicitarios.

“Los ‘marketinianos’ utilizan siempre las mismas referencias del mercado: qué hace la competencia, qué está de moda, etc. Si intervinieran desde el principio en el proceso de diseño, el resultado sería siempre un producto más o menos similar a otro que ya existe”.

Por eso creen que el marketing está reñido con la innovación. “Si Steve Jobs hubiera escuchado lo que pedía el mercado, nunca hubiera lanzado el iPhone”, explica Barenbrug, quien asegura que en Bugaboo los diseñadores siguen sus propios instintos.

Algo parecido a lo que ocurre con el marketing sucede a los cuadros directivos de muchas empresas. En su afán de buscar seguridad y minimizar el riesgo recurren a investigaciones de mercado que garanticen el éxito de una determinada inversión, desconociendo que de esa forma acaban con las posibilidades de hacer algo nuevo. “El proceso de diseño consiste en dejar libre la creatividad, utilizar el sentido común y contar con el apoyo de tus jefes. Sin ese apoyo no hubiéramos innovado nunca y no estaríamos donde nos encontramos hoy”.

En Bugaboo insisten: “Somos una compañía de movilidad, no solo de cochecitos de bebé”. Pero en su catálogo solo hay este tipo de productos. La respuesta: dentro de dos años, aproximadamente. De momento, ‘top secret’. El espionaje industrial es una realidad y hasta que el nuevo producto no esté totalmente patentado aquí nadie abre la boca.

“La clave está en encontrar la oportunidad de mercado y en la actualidad tenemos dos nuevas líneas de negocio abiertas”, dice Max Barenbrug, “una de ellas está bastante avanzada y verá la luz dentro de dos años. Se trata de un mercado que presenta ciertas similitudes con el estado en que se encontraba el de los cochecitos de niños hace 18 años. La otra se halla en una fase más incipiente y habrá que esperar algún año más”. En ambos casos, el objetivo será repetir el éxito alcanzado hasta ahora con el lanzamiento de nuevas experiencias de mercado.

Pase por donde pase el futuro de la compañía, lo que tienen claro es que no entrará en conflicto con uno de los principios básicos de la empresa: ‘Exclusivity without exclusive’. “Nuestros productos son exclusivos, pero no excluimos a nadie. Si fabricas un Rolls Royce, está claro que estás excluyendo a mucha gente. Nosotros creamos productos exclusivos pero también accesibles”, apostilla Max Barenbrug.

Por el momento, el niño y sus papás son los protagonistas de sus productos. Bajo el lema ‘No se trata de donde te encuentres, sino adónde puedes ir’, Bugaboo cuenta con tres familias de productos, además de innumerables accesorios, hasta la fecha, todos dirigidos a la movilidad del bebé o el niño pequeño. El cochecito más modulable del mundo cuenta con versiones para el aventurero urbano (Bee), para los todoterrenos (Cameleon) y una versión convertible para dos niños y sus cosas (Donkey).

 

¿Cómo ves la ciudad del futuro?
Las ciudades están muy pobladas, crecen sin parar y la necesidad de moverse es cada vez mayor. Esto se va a convertir pronto en un constante atasco de tráfico. Por eso, creo que las carreteras deben estar en el aire y destinar el espacio que ahora ocupan a zonas verdes. Siempre digo que la libertad de movimiento es más importante que la libertad de expresión. Quizás no es cierto, pero la libertad de movimiento es extremadamente importante, y creo que todo pasa porque el coche salga del escenario. Por eso, mi ciudad del futuro tiene las carreteras en el cielo.¿Crees que es un buen momento de emprender?

Creo que sí. Cuando empezamos con Bogaboo no teníamos nada. En tiempos de bonanza económica uno se siente seguro. Es en tiempo de crisis, época en que no se está seguro de nada, cuando es más fácil depender de uno mismo. No hay que tener miedo a empezar desde el salón de tu casa. Es lo que hicimos nosotros hasta tener una oficina. Lo importante es no quedarse parado. Es cierto que los gobiernos no están ayudando como deberían a los jóvenes emprendedores, y eso ocurre tanto en España como en Holanda. Cada vez que veo el número tan elevado de oficinas vacías que hay en Amsterdam no puedo entender por qué no se las ceden gratuitamente a gente que tiene ideas, ganas e ilusión.

¿Dime que formar parte de RED no es solo una herramienta de marketing?
No. Por supuesto que no. Salvamos muchas vidas y eso es lo que realmente importa. Por eso no donamos un porcentaje de un producto en concreto, como hacen otras marcas, sino que donamos el 1% de nuestra facturación. Somos la primera compañía europea que lo hace. Creemos que estamos obligados a devolver algo a la sociedad, a los que más lo necesitan. Con RED estamos luchando contra el sida y otras enfermedades. Todas las empresas con beneficios deberían contribuir a ayudar a los más desfavorecidos. Es cierto que este tipo de acciones te da una notoriedad y que forma parte de la estrategia de marketing, pero ese no es el motivo que nos llevó a firmar el acuerdo con RED.¿Se fabrica en China por precio?

No. No por precio, sino por facilidades. Podríamos haber optado por producir más cerca, pero en China están las mayores fábricas del mundo y tienen todo el material necesario para organizar una nueva línea de producción. Allí cuentas con proveedores de todo tipo. Por eso es más sencillo. China no es el país más barato, y trabajar con los chinos no es fácil. Es una cultura completamente diferente y es difícil entendernos.

Este artículo fue publicado en el número de julio/agosto de Yorokobu.

Todo empezó en 1994. Max Barenbrug estaba a punto de licenciarse en la Academia de Diseño Industrial de Eindhoven. Solo le faltaba el proyecto de graduación y tenía muy claro que sería sobre algún aspecto relacionado con la movilidad. Lo que nunca imaginó es que el cochecito de bebés que diseñó con tal motivo acabaría convertido en un producto omnipresente en nuestras calles.

Dos años más tarde, su amigo Eduard Zanen decidió invertir en el proyecto académico de Max. Así nació Bugaboo, una compañía de movilidad que, en menos de dos décadas, ha pasado de diseñar y soldar los componentes de su primer cochecito en su casa de Ámsterdam a convertirse en una empresa internacional con oficinas en todo el mundo.

¿Y por qué, entre todos los posibles artefactos que existen para desplazarnos desde un punto a otro, empezó con un cochecito de bebés? Barenbrug siempre tuvo muy claro que no quería ser uno más, que quería hacer algo diferente. Por eso, buscó y buscó hasta que encontró un hueco de mercado. “Uno siempre piensa en coches o bicis cuando habla de movilidad, pero estos eran sectores maduros y saturados en los que no resultaba fácil hacer algo diferente a lo que ya existía”, señala Max Barenbrug.

Y encontró su oportunidad en el mundo de los cochecitos para bebés. “Hoy el mercado ha evolucionado, pero hace 15 años no era difícil hacer algo distinto y mejorar lo que había en este sector: productos baratos, de mala calidad y feos”.

La clave de los diseños de Bugaboo reside en la integración de estética y funcionalidad. Ninguna de estas variables es más importante que la otra, y ambas son inseparables. El tradicional principio de diseño que dice que ‘la forma siempre sigue a la función’ carece de sentido en Bugaboo.

Tampoco el ‘menos es más’ se cumple exactamente en los diseños de esta casa. La sencillez sí es importante, pero no por la eliminación de todo los superfluo o la pérdida del detalle. “Nos gustan mucho los productos complejos”, dice el máximo responsable del diseño de la marca, “pero un buen diseñador debe saber cómo convertir esa complejidad en algo sencillo y fácil de usar para el usuario. Complejidad presentada de forma simple. Así son nuestros cochecitos”.

La incorporación de ingenieros en las primeras fases del diseño de un nuevo producto no parece algo exclusivo de esta marca. “Cuando estás creando conceptos, necesitas que un ingeniero te diga si su realización es viable o no, y mejor que esto ocurra en las primeras fases que en las últimas”.

Sin embargo, sí divergen respecto a otras compañías de diseño en lo referente a la incorporación de equipos de marketing en el proceso de diseño. En Bugaboo, el marketing entra al final y su objetivo es transformar las ventajas del nuevo diseño en reclamos publicitarios.

“Los ‘marketinianos’ utilizan siempre las mismas referencias del mercado: qué hace la competencia, qué está de moda, etc. Si intervinieran desde el principio en el proceso de diseño, el resultado sería siempre un producto más o menos similar a otro que ya existe”.

Por eso creen que el marketing está reñido con la innovación. “Si Steve Jobs hubiera escuchado lo que pedía el mercado, nunca hubiera lanzado el iPhone”, explica Barenbrug, quien asegura que en Bugaboo los diseñadores siguen sus propios instintos.

Algo parecido a lo que ocurre con el marketing sucede a los cuadros directivos de muchas empresas. En su afán de buscar seguridad y minimizar el riesgo recurren a investigaciones de mercado que garanticen el éxito de una determinada inversión, desconociendo que de esa forma acaban con las posibilidades de hacer algo nuevo. “El proceso de diseño consiste en dejar libre la creatividad, utilizar el sentido común y contar con el apoyo de tus jefes. Sin ese apoyo no hubiéramos innovado nunca y no estaríamos donde nos encontramos hoy”.

En Bugaboo insisten: “Somos una compañía de movilidad, no solo de cochecitos de bebé”. Pero en su catálogo solo hay este tipo de productos. La respuesta: dentro de dos años, aproximadamente. De momento, ‘top secret’. El espionaje industrial es una realidad y hasta que el nuevo producto no esté totalmente patentado aquí nadie abre la boca.

“La clave está en encontrar la oportunidad de mercado y en la actualidad tenemos dos nuevas líneas de negocio abiertas”, dice Max Barenbrug, “una de ellas está bastante avanzada y verá la luz dentro de dos años. Se trata de un mercado que presenta ciertas similitudes con el estado en que se encontraba el de los cochecitos de niños hace 18 años. La otra se halla en una fase más incipiente y habrá que esperar algún año más”. En ambos casos, el objetivo será repetir el éxito alcanzado hasta ahora con el lanzamiento de nuevas experiencias de mercado.

Pase por donde pase el futuro de la compañía, lo que tienen claro es que no entrará en conflicto con uno de los principios básicos de la empresa: ‘Exclusivity without exclusive’. “Nuestros productos son exclusivos, pero no excluimos a nadie. Si fabricas un Rolls Royce, está claro que estás excluyendo a mucha gente. Nosotros creamos productos exclusivos pero también accesibles”, apostilla Max Barenbrug.

Por el momento, el niño y sus papás son los protagonistas de sus productos. Bajo el lema ‘No se trata de donde te encuentres, sino adónde puedes ir’, Bugaboo cuenta con tres familias de productos, además de innumerables accesorios, hasta la fecha, todos dirigidos a la movilidad del bebé o el niño pequeño. El cochecito más modulable del mundo cuenta con versiones para el aventurero urbano (Bee), para los todoterrenos (Cameleon) y una versión convertible para dos niños y sus cosas (Donkey).

 

¿Cómo ves la ciudad del futuro?
Las ciudades están muy pobladas, crecen sin parar y la necesidad de moverse es cada vez mayor. Esto se va a convertir pronto en un constante atasco de tráfico. Por eso, creo que las carreteras deben estar en el aire y destinar el espacio que ahora ocupan a zonas verdes. Siempre digo que la libertad de movimiento es más importante que la libertad de expresión. Quizás no es cierto, pero la libertad de movimiento es extremadamente importante, y creo que todo pasa porque el coche salga del escenario. Por eso, mi ciudad del futuro tiene las carreteras en el cielo.¿Crees que es un buen momento de emprender?

Creo que sí. Cuando empezamos con Bogaboo no teníamos nada. En tiempos de bonanza económica uno se siente seguro. Es en tiempo de crisis, época en que no se está seguro de nada, cuando es más fácil depender de uno mismo. No hay que tener miedo a empezar desde el salón de tu casa. Es lo que hicimos nosotros hasta tener una oficina. Lo importante es no quedarse parado. Es cierto que los gobiernos no están ayudando como deberían a los jóvenes emprendedores, y eso ocurre tanto en España como en Holanda. Cada vez que veo el número tan elevado de oficinas vacías que hay en Amsterdam no puedo entender por qué no se las ceden gratuitamente a gente que tiene ideas, ganas e ilusión.

¿Dime que formar parte de RED no es solo una herramienta de marketing?
No. Por supuesto que no. Salvamos muchas vidas y eso es lo que realmente importa. Por eso no donamos un porcentaje de un producto en concreto, como hacen otras marcas, sino que donamos el 1% de nuestra facturación. Somos la primera compañía europea que lo hace. Creemos que estamos obligados a devolver algo a la sociedad, a los que más lo necesitan. Con RED estamos luchando contra el sida y otras enfermedades. Todas las empresas con beneficios deberían contribuir a ayudar a los más desfavorecidos. Es cierto que este tipo de acciones te da una notoriedad y que forma parte de la estrategia de marketing, pero ese no es el motivo que nos llevó a firmar el acuerdo con RED.¿Se fabrica en China por precio?

No. No por precio, sino por facilidades. Podríamos haber optado por producir más cerca, pero en China están las mayores fábricas del mundo y tienen todo el material necesario para organizar una nueva línea de producción. Allí cuentas con proveedores de todo tipo. Por eso es más sencillo. China no es el país más barato, y trabajar con los chinos no es fácil. Es una cultura completamente diferente y es difícil entendernos.

Este artículo fue publicado en el número de julio/agosto de Yorokobu.

Compártelo twitter facebook whatsapp
Cuando nos hicieron creer que fumar era feminista
Una tienda de niños reclama a la alcaldesa de Valencia más carril bici en su publicidad
Hostia un Libro: literatura y tortas ricas
La carrera sin empezar de The No Name Kid
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *