11 de marzo 2016    /   IDEAS
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El disparatado merchandising de los precandidatos a la Casa Blanca

11 de marzo 2016    /   IDEAS     por          
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Si en España viéramos a alguien con una pegatina del PP en el coche o con una camiseta del PSOE, le miraríamos raro. Aquí todos sabemos que tenemos una ideología, incluso a veces la sacamos a pasear cuando opinamos o nos indignamos con algo, pero de ahí a mostrar una adhesión abierta a un nombre o unas siglas dista un trecho. Nos encanta discutir, pero alinearnos a las claras con algo es uno de los muchos tabúes de nuestra sociedad.

En EEUU no pasa lo mismo. En el país donde la política, como casi todo, es un espectáculo, las normas son distintas. Ahí los candidatos pelean no sólo por ser nominados, sino también por contar con una flota de voluntarios que les empujen en los procesos electorales. Y, además, por el dinero: las carísimas campañas se costean con las donaciones de empresas, lobbies, plataformas… y ciudadanos.

Ahora mismo, con el eterno proceso de primarias abierto de cara a las próximas elecciones presidenciales, es fácil echar un ojo a la web de cada uno de los precandidatos y encontrar una pestaña para aportar una donación. Allí es normal dar dinero al candidato en el que se cree.

Hay también quien, además de aportar dinero a la causa, quiere enseñar de forma pública su opción. Y en el país en el que todo es espectáculo no hay mejor expresión del fenómeno fan que el merchandising. ¿Imaginas a Pablo Iglesias vendiendo gomas de pelo moradas en su web? ¿O a Rivera haciendo lo propio con pasta de dientes? Esa cosa tan loca es posible y real en EEUU.

No es que los productos que venden los candidatos ayuden a desequilibrar la balanza de las ganancias, pero suponen un empujón… y a la vez un ejercicio de visibilidad. Tanto es así que uno de los productos estrella es el anuncio para jardín. Como si pusiéramos una banderola de IU en nuestro balcón, pero en versión yanki. Las vende Donald Trump, las vende Marco Rubio y las vende Hillary Clinton, por poner tres ejemplos.

La ropa

Dentro de las categorías del merchandising, además de las chapas, un clásico son las prendas de ropa. Desde pantalones de yoga de 40 dólares a las camisetas. Algunas con mensajes no ya apoyando a un candidato, sino directamente contra un rival. Como estas dos joyas de Ted Cruz: una camiseta en plan recuerdo crítico y una gorra jaleando a un nuevo debate usando el eslogan del rival.

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Marco Rubio tampoco se queda corto, y tiene al menos dos camisetas interesantes en su tienda. Una, ayudando a los yankis a pronunciar adecuadamente su nombre. Otra, haciendo hincapié en su juventud y reclamando para sí el legado -atención- de Reagan.

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Hillary Clinton también entra en esta campaña por el lado demócrata. Lo primero, con unos calcetines con el logotipo de su candidatura. Lo segundo, con una serie de camisetas para que muestres tu apoyo según tu procedencia étnica, lo cual lleva a la camiseta con el lema más largo del mundo, pensada para «los asiáticos americanos e isleños del Pacífico».

hil ooo

Ahora, el campeón indiscutible de la categoría textil es el suéter edición navideña de Ted Cruz, que hará las delicias de los hípsters republicanos (y adinerados, que cuesta 65 dólares).

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Productos para niños

No sólo hay ropa para mayores, también para pequeños. Y no son las únicas opciones. Ted Cruz, un genio del marketing, ofrece un libro para colorear sobre el candidato y Marco Rubio, un body para bebés en el que destaca cuánto le quieren sus papás por votar al candidato adecuado.

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Todo para la barbacoa

Si muchos estadounidenses tienen un jardín en el que plantar un cartel electoral es porque también tienen un jardín para… hacer barbacoas, ¿no? Para ellos también hay material interesante. Por ejemplo, la impagable espátula de Ted Cruz para dar la vuelta a las hamburguesas como un buen chef republicano.

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Se unen a la comida otros complementos, como los trajes para cerveza (en versión botellín o lata), también de Ted Cruz, los enfriadores para cerveza de Hillary Clinton (nótese el fino humor de ‘Chillary’, por ‘chill’, congelar en inglés) o la nevera portátil para meter tanta bebida, de nuevo de Cruz.

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Pegatinas y complementos

Otra de las categorías estrella es la de los adhesivos y pequeños aderezos para llevar puestos: desde llaveros a chapas, pasando por pines variados. En la categoría de pegatinas una vez más Ted Cruz gana por goleada con esta propuesta para el coche, jugando con la idea de ‘derecha’ y ‘correcto’ (guiño, guiño, codazo), aunque la de Hillary Clinton metiéndose con Trump tampoco está mal.
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Love-Trumps-Hate-Sticker_grande

Entre los complementos hay bolsas, como esta de Bernie Sanders (no es que tenga mucha chispa su equipo, hay que decir), o cosas más divertidas, como las propuestas de Marco Rubio en forma de pulsera (¿recuerdas las de Armstrong?) o el reloj de Trump —que no te envían en realidad, pero usan el argumento de Rubio sobre el patrimonio del magnate rival para conseguir una pequeña donación—.
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NeverTrump_wristbands_1024x1024 Captura de pantalla 2016-03-11 a las 12.08.50

Cosas para casa

Los precandidatos también quieren un hueco entre el menaje de tu hogar: vasos, copas, tazas y demás ocupan buena parte de sus tiendas. Pero hay cosas que llaman más la atención por el fijo ingenio que demuestran: ojo a la taza ‘Freedom of Espresso’ de Marco Rubio (lástima que se tenga que lavar a manos porque no es apta para el lavavajillas).

 

 

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Ahora, para fino ingenio el del equipo de Hillary Clinton, al vender el típico cojín bordado para hacer valer que es la única mujer en liza destacando que el lugar de una mujer es… la Casa Blanca. Ojo al comentario nada casual que acompaña al producto en la web respecto a la dirección postal de la residencia presidencial.

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Apoyo incondicional

Para fans desmedidos siempre está la opción de comprar los pompones de Trump. Cada uno hace de cheerleader de quien quiere, oye.

DTC-POM-2T

Aunque dentro de esta última categoría quizá lo más sorprendente sea lo de las tarjetas regalos. ¿No sabes qué comprar? Nada mejor que una de estas para que puedas intentar convencer a otros de que voten contigo (regalazo). Es una opción que ofrecen Bernie Sanders, Hillary Clinton o Marco Rubio, por citar tres ejemplos.

ber

 

hilrub

Ahora, lo más de lo más en esta categoría es lo de ‘págale un billete a Marco Rubio‘. Por el módico precio de 500 dólares, sufragas el desplazamiento del candidato en sus viajes de campaña, a cambio de lo cual te lo agradecerá en redes sociales y te enviará una postal dedicada.

Captura de pantalla 2016-03-11 a las 11.45.30

Por si quieres seguir dando un paseo por la galería del horror, puedes elegir tienda: la de Donald Trump, la de Ted Cruz, la de Marco Rubio o, en el lado demócrata, la de Hillary Clinton o la de Bernie Sanders. Si te fijas verás que todos los productos destacan que han sido hechos en EEUU. Cómo no.

Entre los que ya han tirado la toalla también hay gangas: la tienda de Jeb Bush tiene todo al 50%, aprovecha. Porque en otra cosa se puede debatir, pero en originalidad los republicanos barren a los demócratas.

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Si en España viéramos a alguien con una pegatina del PP en el coche o con una camiseta del PSOE, le miraríamos raro. Aquí todos sabemos que tenemos una ideología, incluso a veces la sacamos a pasear cuando opinamos o nos indignamos con algo, pero de ahí a mostrar una adhesión abierta a un nombre o unas siglas dista un trecho. Nos encanta discutir, pero alinearnos a las claras con algo es uno de los muchos tabúes de nuestra sociedad.

En EEUU no pasa lo mismo. En el país donde la política, como casi todo, es un espectáculo, las normas son distintas. Ahí los candidatos pelean no sólo por ser nominados, sino también por contar con una flota de voluntarios que les empujen en los procesos electorales. Y, además, por el dinero: las carísimas campañas se costean con las donaciones de empresas, lobbies, plataformas… y ciudadanos.

Ahora mismo, con el eterno proceso de primarias abierto de cara a las próximas elecciones presidenciales, es fácil echar un ojo a la web de cada uno de los precandidatos y encontrar una pestaña para aportar una donación. Allí es normal dar dinero al candidato en el que se cree.

Hay también quien, además de aportar dinero a la causa, quiere enseñar de forma pública su opción. Y en el país en el que todo es espectáculo no hay mejor expresión del fenómeno fan que el merchandising. ¿Imaginas a Pablo Iglesias vendiendo gomas de pelo moradas en su web? ¿O a Rivera haciendo lo propio con pasta de dientes? Esa cosa tan loca es posible y real en EEUU.

No es que los productos que venden los candidatos ayuden a desequilibrar la balanza de las ganancias, pero suponen un empujón… y a la vez un ejercicio de visibilidad. Tanto es así que uno de los productos estrella es el anuncio para jardín. Como si pusiéramos una banderola de IU en nuestro balcón, pero en versión yanki. Las vende Donald Trump, las vende Marco Rubio y las vende Hillary Clinton, por poner tres ejemplos.

La ropa

Dentro de las categorías del merchandising, además de las chapas, un clásico son las prendas de ropa. Desde pantalones de yoga de 40 dólares a las camisetas. Algunas con mensajes no ya apoyando a un candidato, sino directamente contra un rival. Como estas dos joyas de Ted Cruz: una camiseta en plan recuerdo crítico y una gorra jaleando a un nuevo debate usando el eslogan del rival.

aa trump-university

Marco Rubio tampoco se queda corto, y tiene al menos dos camisetas interesantes en su tienda. Una, ayudando a los yankis a pronunciar adecuadamente su nombre. Otra, haciendo hincapié en su juventud y reclamando para sí el legado -atención- de Reagan.

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Hillary Clinton también entra en esta campaña por el lado demócrata. Lo primero, con unos calcetines con el logotipo de su candidatura. Lo segundo, con una serie de camisetas para que muestres tu apoyo según tu procedencia étnica, lo cual lleva a la camiseta con el lema más largo del mundo, pensada para «los asiáticos americanos e isleños del Pacífico».

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Ahora, el campeón indiscutible de la categoría textil es el suéter edición navideña de Ted Cruz, que hará las delicias de los hípsters republicanos (y adinerados, que cuesta 65 dólares).

ss

Productos para niños

No sólo hay ropa para mayores, también para pequeños. Y no son las únicas opciones. Ted Cruz, un genio del marketing, ofrece un libro para colorear sobre el candidato y Marco Rubio, un body para bebés en el que destaca cuánto le quieren sus papás por votar al candidato adecuado.

tc bb

Todo para la barbacoa

Si muchos estadounidenses tienen un jardín en el que plantar un cartel electoral es porque también tienen un jardín para… hacer barbacoas, ¿no? Para ellos también hay material interesante. Por ejemplo, la impagable espátula de Ted Cruz para dar la vuelta a las hamburguesas como un buen chef republicano.

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Se unen a la comida otros complementos, como los trajes para cerveza (en versión botellín o lata), también de Ted Cruz, los enfriadores para cerveza de Hillary Clinton (nótese el fino humor de ‘Chillary’, por ‘chill’, congelar en inglés) o la nevera portátil para meter tanta bebida, de nuevo de Cruz.

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Pegatinas y complementos

Otra de las categorías estrella es la de los adhesivos y pequeños aderezos para llevar puestos: desde llaveros a chapas, pasando por pines variados. En la categoría de pegatinas una vez más Ted Cruz gana por goleada con esta propuesta para el coche, jugando con la idea de ‘derecha’ y ‘correcto’ (guiño, guiño, codazo), aunque la de Hillary Clinton metiéndose con Trump tampoco está mal.
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Love-Trumps-Hate-Sticker_grande

Entre los complementos hay bolsas, como esta de Bernie Sanders (no es que tenga mucha chispa su equipo, hay que decir), o cosas más divertidas, como las propuestas de Marco Rubio en forma de pulsera (¿recuerdas las de Armstrong?) o el reloj de Trump —que no te envían en realidad, pero usan el argumento de Rubio sobre el patrimonio del magnate rival para conseguir una pequeña donación—.
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Cosas para casa

Los precandidatos también quieren un hueco entre el menaje de tu hogar: vasos, copas, tazas y demás ocupan buena parte de sus tiendas. Pero hay cosas que llaman más la atención por el fijo ingenio que demuestran: ojo a la taza ‘Freedom of Espresso’ de Marco Rubio (lástima que se tenga que lavar a manos porque no es apta para el lavavajillas).

 

 

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Ahora, para fino ingenio el del equipo de Hillary Clinton, al vender el típico cojín bordado para hacer valer que es la única mujer en liza destacando que el lugar de una mujer es… la Casa Blanca. Ojo al comentario nada casual que acompaña al producto en la web respecto a la dirección postal de la residencia presidencial.

10-Pillow_grande

Apoyo incondicional

Para fans desmedidos siempre está la opción de comprar los pompones de Trump. Cada uno hace de cheerleader de quien quiere, oye.

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Aunque dentro de esta última categoría quizá lo más sorprendente sea lo de las tarjetas regalos. ¿No sabes qué comprar? Nada mejor que una de estas para que puedas intentar convencer a otros de que voten contigo (regalazo). Es una opción que ofrecen Bernie Sanders, Hillary Clinton o Marco Rubio, por citar tres ejemplos.

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Ahora, lo más de lo más en esta categoría es lo de ‘págale un billete a Marco Rubio‘. Por el módico precio de 500 dólares, sufragas el desplazamiento del candidato en sus viajes de campaña, a cambio de lo cual te lo agradecerá en redes sociales y te enviará una postal dedicada.

Captura de pantalla 2016-03-11 a las 11.45.30

Por si quieres seguir dando un paseo por la galería del horror, puedes elegir tienda: la de Donald Trump, la de Ted Cruz, la de Marco Rubio o, en el lado demócrata, la de Hillary Clinton o la de Bernie Sanders. Si te fijas verás que todos los productos destacan que han sido hechos en EEUU. Cómo no.

Entre los que ya han tirado la toalla también hay gangas: la tienda de Jeb Bush tiene todo al 50%, aprovecha. Porque en otra cosa se puede debatir, pero en originalidad los republicanos barren a los demócratas.

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Opiniones 3
  • Esta gente vive en una realidad paralela. Lo malo es que esta visión surrealista es contagiosa vía videoclip… infecta especialmente a los chavales, tan vulnerables a la propaganda. Confunden continuamente su vida con una sitcom, sin darse cuenta.

  • Comentarios cerrados.

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