28 de abril 2016    /   BUSINESS
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Dogchild: un videojuego contra el maltrato animal

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El poeta inglés Lord Byron ordenó erigir un mausoleo cuando murió su perro terranova Botswain. Sobre el monumento escribió uno de los epitafios más bellos que cualquier animal (humano o no) haya escrito sobre otro. Fue en otoño de 1808. Darío Ávalos, director del estudio de videojuegos Animatoon, podría haberle escrito un poema o una canción. Sin embargo, fue más allá. Le dedicó un videojuego que se estrenó para la PS4 las pasadas navidades.

Dogchild está protagonizado por un muchacho y un perro. El perro se llama Tarao y está basado en un cruce de podenco y pastor belga que el propio Darío recogió de la calle y con el que convivió durante 20 años. Tarao, el de carne y hueso, murió hace tres. Tras su muerte, Ávalos comenzó a madurar dos ideas: hacerle un homenaje y tratar de extender la idea de que debemos cuidar a los demás animales.

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«Si no fuera por Tarao, probablemente mi adolescencia hubiera sido otra. Nos ayudamos mucho mutuamente y vivimos aventuras increíbles», rememora Ávalos.

Pero esto no es lo único llamativo en el proyecto. Dogchild no es un videojuego al uso. En Dogchild no hay violencia, no hay armas. En Dogchild no tienes que matar a nadie ni conquistar el mundo. Según Ávalos, su proyecto trasciende lo puramente lúdico.

«Pensé que si debía dejar algún legado para el futuro, debería ser la historia de mi compañero de aventuras Tarao. Los chavales de 12 o 14 años deben saber lo importante que es cuidar y proteger, por ejemplo, a los perros».

Así que se embarcó en el proyecto de realizar el videojuego sobre Tarao. En 2014 se presentó a la primera edición de los Play Station Awards y ganó. La firma avaló el proyecto de su estudio con 10.000 euros y les proporcionó un espacio en el vivero de empresas de La Factoria de Matadero (Madrid). Allí y durante ocho meses trabajaron sin descanso un equipo de 17 personas para dar forma y vida a Tarpak, el chico, y a Tarao, el perro.

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Tarpak y Tarao recorren seis escenarios diferentes que les llevan desde un parque cualquiera en una ciudad hasta algún recóndito paraje helado del Polo Norte. Y en todos estos escenarios encuentran situaciones en las que algún humano quiere dañar de un modo u otro a los animales. Comida envenenada en un parque canino, un laboratorio de experimentación con animales o un científico loco que quiere alterar genéticamente a los lobos forman parte de las aventuras de este chico y su compañero canino. Para enfrentarse a sus enemigos y salvar a los animales, Tarpak y Tarao recurrirán al ingenio y la colaboración.

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Una de las premisas de Animatoon es que en sus producciones nunca hay violencia. Tarpak practica parkour y utiliza habilidosamente una pelota de goma para perros con la que noquea a los malos. Tarao se sirve de su olfato perruno y su agilidad para encontrar pistas o introducirse en lugares de difícil acceso.

«Me gustaría que los chicos y las chicas que comienzan a jugar con videojuegos aprendiesen lo importante que es la complicidad y la colaboración. Y un perro te la va a dar siempre, pase lo que pase», apunta. «De momento, estamos contentos con la forma en la que ha sido recibido por el público. Hemos tenido buena acogida por los gamers teniendo en cuenta el tipo de producción que hemos hecho».

Pero Ávalos no quiere quedarse aquí. «Me gustaría que este fuera el primer hilo de una historia mucho más larga que los chavales pudieran relacionar con el amor a los animales».

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Animatoon ya está trabajando en una segunda parte de Dogchild, que aún no tiene fecha de lanzamiento. También están estudiando trasladar la historia al papel. El estudio está en negociaciones con una editorial para lanzar una serie de libros juveniles basados en Dogchild y que promuevan los mismos valores que animaron a Ávalos hace cuatro años a arrancar este proyecto.

¿Y lo siguiente? «Me encantaría ver a Tarao en un largometraje de animación digital».

Hasta el propio Lord Byron estaría orgulloso de alguien como Darío Ávalos. Puede que incluso sintiese un poco de envidia por no haber tenido un ordenador o una videoconsola en aquellos tiempos.

El poeta inglés Lord Byron ordenó erigir un mausoleo cuando murió su perro terranova Botswain. Sobre el monumento escribió uno de los epitafios más bellos que cualquier animal (humano o no) haya escrito sobre otro. Fue en otoño de 1808. Darío Ávalos, director del estudio de videojuegos Animatoon, podría haberle escrito un poema o una canción. Sin embargo, fue más allá. Le dedicó un videojuego que se estrenó para la PS4 las pasadas navidades.

Dogchild está protagonizado por un muchacho y un perro. El perro se llama Tarao y está basado en un cruce de podenco y pastor belga que el propio Darío recogió de la calle y con el que convivió durante 20 años. Tarao, el de carne y hueso, murió hace tres. Tras su muerte, Ávalos comenzó a madurar dos ideas: hacerle un homenaje y tratar de extender la idea de que debemos cuidar a los demás animales.

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«Si no fuera por Tarao, probablemente mi adolescencia hubiera sido otra. Nos ayudamos mucho mutuamente y vivimos aventuras increíbles», rememora Ávalos.

Pero esto no es lo único llamativo en el proyecto. Dogchild no es un videojuego al uso. En Dogchild no hay violencia, no hay armas. En Dogchild no tienes que matar a nadie ni conquistar el mundo. Según Ávalos, su proyecto trasciende lo puramente lúdico.

«Pensé que si debía dejar algún legado para el futuro, debería ser la historia de mi compañero de aventuras Tarao. Los chavales de 12 o 14 años deben saber lo importante que es cuidar y proteger, por ejemplo, a los perros».

Así que se embarcó en el proyecto de realizar el videojuego sobre Tarao. En 2014 se presentó a la primera edición de los Play Station Awards y ganó. La firma avaló el proyecto de su estudio con 10.000 euros y les proporcionó un espacio en el vivero de empresas de La Factoria de Matadero (Madrid). Allí y durante ocho meses trabajaron sin descanso un equipo de 17 personas para dar forma y vida a Tarpak, el chico, y a Tarao, el perro.

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Tarpak y Tarao recorren seis escenarios diferentes que les llevan desde un parque cualquiera en una ciudad hasta algún recóndito paraje helado del Polo Norte. Y en todos estos escenarios encuentran situaciones en las que algún humano quiere dañar de un modo u otro a los animales. Comida envenenada en un parque canino, un laboratorio de experimentación con animales o un científico loco que quiere alterar genéticamente a los lobos forman parte de las aventuras de este chico y su compañero canino. Para enfrentarse a sus enemigos y salvar a los animales, Tarpak y Tarao recurrirán al ingenio y la colaboración.

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Una de las premisas de Animatoon es que en sus producciones nunca hay violencia. Tarpak practica parkour y utiliza habilidosamente una pelota de goma para perros con la que noquea a los malos. Tarao se sirve de su olfato perruno y su agilidad para encontrar pistas o introducirse en lugares de difícil acceso.

«Me gustaría que los chicos y las chicas que comienzan a jugar con videojuegos aprendiesen lo importante que es la complicidad y la colaboración. Y un perro te la va a dar siempre, pase lo que pase», apunta. «De momento, estamos contentos con la forma en la que ha sido recibido por el público. Hemos tenido buena acogida por los gamers teniendo en cuenta el tipo de producción que hemos hecho».

Pero Ávalos no quiere quedarse aquí. «Me gustaría que este fuera el primer hilo de una historia mucho más larga que los chavales pudieran relacionar con el amor a los animales».

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Animatoon ya está trabajando en una segunda parte de Dogchild, que aún no tiene fecha de lanzamiento. También están estudiando trasladar la historia al papel. El estudio está en negociaciones con una editorial para lanzar una serie de libros juveniles basados en Dogchild y que promuevan los mismos valores que animaron a Ávalos hace cuatro años a arrancar este proyecto.

¿Y lo siguiente? «Me encantaría ver a Tarao en un largometraje de animación digital».

Hasta el propio Lord Byron estaría orgulloso de alguien como Darío Ávalos. Puede que incluso sintiese un poco de envidia por no haber tenido un ordenador o una videoconsola en aquellos tiempos.

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