3 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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Dolina, la cerveza bien diseñada

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Se empieza con las litronas en la puerta del instituto y se termina fabricando cerveza en Atapuerca. Esta es otra historia de esas que cuenta cómo algunas personas convierten su afición, su pasión, en su trabajo. Francisco José Salvador y Víctor Sagredo hacían cerveza en casa. Hace poco más de un año, decidieron que sus energías estarían mejor empleadas en crear un proyecto propio que en seguir «obteniendo respuestas basura a sus demandas de empleo». Así crearon la cerveza Dolina.
La trayectoria de muchos nuevos fabricantes de cerveza artesana es común. Comienzan haciendo cerveza para consumo propio y para repartir entre su círculo cercano. El siguiente paso es fundar un empresa que se cimenta en la pasión por el perfeccionamiento del proceso de creación del refrescante brebaje.
«No hay razones ocultas», explican. «Solo razones de necesidad y aventura. Durante una cena en familia decidimos arriesgarnos y convertir nuestra afición, con profundos conocimientos teóricos, en una profesión y en nuestra fuente de ingresos estables. Esperemos».
La historia de Dolina, como tal, comienza en junio de 2013. Salvador y sagredo contaban solo con dos cosas: el nombre de la cerveza y «una nevera con algo en su interior». Así se fueron a una ronda de financiación privada. «En esa sesión resultamos el proyecto más atractivo, en parte porque resultaba tangible frente al resto de proyectos que hablaban de web y más web y, en parte, porque llevamos a degustar nuestras primeras cervezas «de garaje» sin registro sanitario ni gaitas, metidas en esa nevera portátil», señalan.
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Todo aceleró en ese momento. «En septiembre estábamos dando nuestra primera cata profesional y nuestra primera entrevista en medios impresos de alcance. Una locura».
Ni siquiera habían decidido la imagen corporativa de la compañía. Comenzaron tirando de logos caseros, pero se dieron cuenta de la importancia que tenía este aspecto en el futuro de Dolina.
En octubre, la revista Castilla y León Económica publicó un artículo acerca del proyecto que relacionaba la esencia de su idea con la filosofía de una agencia de diseño llamada Moruba. Así empezó a sonar el nombre en casa: Dolina.
«Mucha gente nos decía que no nos complicáramos la vida y que tirásemos de alguien que controlase Photoshop para hacer los logos, las botellas o las etiquetas. Nuestro proyecto es un proyecto empresarial serio, con recorrido, por lo que optamos por buscar un profesional del sector. Por supuesto, esto no sería barato».

Dolina quiere convertirse en un producto «marcadamente experiencial e intuitivo, como el verdadero trabajo del arqueólogo, en el que busca sin tener la certeza de que vaya a encontrar algo».

Eso es lo que pensaron en ese momento pero, vistos los resultados con perspectiva, quizá esa haya sido, junto con la propia receta de la cerveza, la mejor decisión que han tomado Salvador y Sagredo.
Comenzaron a investigar en internet hasta que toparon con una cerveza artesana, Mateo & Bernabé and Friends, cuyo diseño les resultó atractivo. ¿Quién había detrás de ese trabajo? Efectivamente, Moruba.
El diseño que el estudio burgalés logroñés ha creado para la marca se apoya en la idea de descubrir, en clara referencia al yacimiento de Atapuerca, cercano al lugar donde fabrican la bebida. La etiqueta, de fondo blanco y diseño limpio, permite rascar una capa marrón dejando al descubierto el cráneo de un homínido. El diseño de Moruba ya se ha hecho, entre otros galardones, con un Oro Laus 2014, el primer premio en The Dieline Awards 2014, un Silver Pencil en el One show neoyorquino o una mención en D&AD de Londres.
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Aquí hemos venido a hablar de cerveza

Cuentan sus creadores, que la idea de Dolina es que fuese una cerveza ligera, «suave, con sabor y con matices. Pensamos en una cerveza que se producía en la zona de Colonia».
La variedad Kölsch que fabrican es, según describen, «una cerveza fermentada en alta temperatura, perteneciendo así a la familia de las Ale, para después ser madurada a baja temperatura. Al tratarse de una cerveza Ale ofrece suaves sabores a fruta y malta en el paladar, seguidos de un leve dulzor otorgando un final breve y limpio».
La segunda Dolina es una Belgian Dubbel, similar a la que se fabrica en las abadías belgas. «Es una doble malta perteneciente al grupo de las Ale fuertes y complejas. Su aspecto es ámbar cobrizo. Posee un generoso cuerpo ofreciendo aromas y sabores complejos dulces y tostados provenientes de las maltas especiales y frutales debido a los ésteres de la fermentación, notándose el alcohol y no apareciendo el lúpulo como aroma principal».

Boom

«Las estadísticas confirma el boom que se está viviendo en el segmento de las cervezas artesanales, muy alejado de la caída del consumo de los grandes fabricantes», dicen los fundadores de Dolina. Lo cierto es que es mucho más fácil crecer en cuota cuando el producto tenía un consumo marginal, pero el hecho de que cada vez haya cerveza de más variedad y más calidad es algo que deben celebrar todos los aficionados al brebaje.
Víctor Sagredo compara el universo cervecero con el vitivinícola, territorio en el que la producción también se concentraba en grandes marcas que acaparaban el mercado.«Pronto surgieron pequeños fabricantes que elaboraron caldos de calidad realizando procesos con esmero y empleando las mejores materias primas e innovando. Esa es justamente la idea de Dolina».
Quieren concentrar el esfuerzo en ampliar la variedad de su catálogo y tienen claro por dónde tirar para hacerlo. «La clave está en el empleo de ingredientes locales y de mucha calidad, que permiten que cada cerveza tenga un sabor único», señalan.
A la vez, tratarán de pelear por bajar el precio. Achacan el problema a que «los costes de producción son más altos. Además, la distribución es el principal handicap de estas cervezas, que no pueden competir con las condiciones que ofrecen las grandes fábricas a los hosteleros. Por eso optamos por vender directamente a los bares y establecimientos especializados».
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La trayectoria de muchos nuevos fabricantes de cerveza artesana es común. Comienzan haciendo cerveza para consumo propio y para repartir entre su círculo cercano. El siguiente paso es fundar un empresa que se cimenta en la pasión por el perfeccionamiento del proceso de creación del refrescante brebaje.
«No hay razones ocultas», explican. «Solo razones de necesidad y aventura. Durante una cena en familia decidimos arriesgarnos y convertir nuestra afición, con profundos conocimientos teóricos, en una profesión y en nuestra fuente de ingresos estables. Esperemos».
La historia de Dolina, como tal, comienza en junio de 2013. Salvador y sagredo contaban solo con dos cosas: el nombre de la cerveza y «una nevera con algo en su interior». Así se fueron a una ronda de financiación privada. «En esa sesión resultamos el proyecto más atractivo, en parte porque resultaba tangible frente al resto de proyectos que hablaban de web y más web y, en parte, porque llevamos a degustar nuestras primeras cervezas «de garaje» sin registro sanitario ni gaitas, metidas en esa nevera portátil», señalan.
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Todo aceleró en ese momento. «En septiembre estábamos dando nuestra primera cata profesional y nuestra primera entrevista en medios impresos de alcance. Una locura».
Ni siquiera habían decidido la imagen corporativa de la compañía. Comenzaron tirando de logos caseros, pero se dieron cuenta de la importancia que tenía este aspecto en el futuro de Dolina.
En octubre, la revista Castilla y León Económica publicó un artículo acerca del proyecto que relacionaba la esencia de su idea con la filosofía de una agencia de diseño llamada Moruba. Así empezó a sonar el nombre en casa: Dolina.
«Mucha gente nos decía que no nos complicáramos la vida y que tirásemos de alguien que controlase Photoshop para hacer los logos, las botellas o las etiquetas. Nuestro proyecto es un proyecto empresarial serio, con recorrido, por lo que optamos por buscar un profesional del sector. Por supuesto, esto no sería barato».

Dolina quiere convertirse en un producto «marcadamente experiencial e intuitivo, como el verdadero trabajo del arqueólogo, en el que busca sin tener la certeza de que vaya a encontrar algo».

Eso es lo que pensaron en ese momento pero, vistos los resultados con perspectiva, quizá esa haya sido, junto con la propia receta de la cerveza, la mejor decisión que han tomado Salvador y Sagredo.
Comenzaron a investigar en internet hasta que toparon con una cerveza artesana, Mateo & Bernabé and Friends, cuyo diseño les resultó atractivo. ¿Quién había detrás de ese trabajo? Efectivamente, Moruba.
El diseño que el estudio burgalés logroñés ha creado para la marca se apoya en la idea de descubrir, en clara referencia al yacimiento de Atapuerca, cercano al lugar donde fabrican la bebida. La etiqueta, de fondo blanco y diseño limpio, permite rascar una capa marrón dejando al descubierto el cráneo de un homínido. El diseño de Moruba ya se ha hecho, entre otros galardones, con un Oro Laus 2014, el primer premio en The Dieline Awards 2014, un Silver Pencil en el One show neoyorquino o una mención en D&AD de Londres.
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Aquí hemos venido a hablar de cerveza

Cuentan sus creadores, que la idea de Dolina es que fuese una cerveza ligera, «suave, con sabor y con matices. Pensamos en una cerveza que se producía en la zona de Colonia».
La variedad Kölsch que fabrican es, según describen, «una cerveza fermentada en alta temperatura, perteneciendo así a la familia de las Ale, para después ser madurada a baja temperatura. Al tratarse de una cerveza Ale ofrece suaves sabores a fruta y malta en el paladar, seguidos de un leve dulzor otorgando un final breve y limpio».
La segunda Dolina es una Belgian Dubbel, similar a la que se fabrica en las abadías belgas. «Es una doble malta perteneciente al grupo de las Ale fuertes y complejas. Su aspecto es ámbar cobrizo. Posee un generoso cuerpo ofreciendo aromas y sabores complejos dulces y tostados provenientes de las maltas especiales y frutales debido a los ésteres de la fermentación, notándose el alcohol y no apareciendo el lúpulo como aroma principal».

Boom

«Las estadísticas confirma el boom que se está viviendo en el segmento de las cervezas artesanales, muy alejado de la caída del consumo de los grandes fabricantes», dicen los fundadores de Dolina. Lo cierto es que es mucho más fácil crecer en cuota cuando el producto tenía un consumo marginal, pero el hecho de que cada vez haya cerveza de más variedad y más calidad es algo que deben celebrar todos los aficionados al brebaje.
Víctor Sagredo compara el universo cervecero con el vitivinícola, territorio en el que la producción también se concentraba en grandes marcas que acaparaban el mercado.«Pronto surgieron pequeños fabricantes que elaboraron caldos de calidad realizando procesos con esmero y empleando las mejores materias primas e innovando. Esa es justamente la idea de Dolina».
Quieren concentrar el esfuerzo en ampliar la variedad de su catálogo y tienen claro por dónde tirar para hacerlo. «La clave está en el empleo de ingredientes locales y de mucha calidad, que permiten que cada cerveza tenga un sabor único», señalan.
A la vez, tratarán de pelear por bajar el precio. Achacan el problema a que «los costes de producción son más altos. Además, la distribución es el principal handicap de estas cervezas, que no pueden competir con las condiciones que ofrecen las grandes fábricas a los hosteleros. Por eso optamos por vender directamente a los bares y establecimientos especializados».
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