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14 de marzo 2017    /   IDEAS
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‘Refugiada’, una historia del dolor de los refugiados contada en azul

14 de marzo 2017    /   IDEAS     por          
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El Mediterráneo acumula gritos y almas perdidas. Se pueden contar por miles y corresponden a todos aquellos que se fueron al fondo del océano tratando de salvar la vida. El trágico final llega siempre precedido de angustia, de miedo, de frío y de dolor.

Esos negros ingredientes se han vuelto azules en Refugiada, el relato ilustrado creado por Tessa Julià Dinarès y Anna Gordillo para mostrar cómo cambia la vida cuando se deja todo atrás para sobrevivir.

El proyecto echó a andar mientras Anna Gordillo se encontraba en Cambridge, estudiando un Máster de Ilustración de Cuentos Infantiles. El ejercicio más práctico consistía en crear precisamente eso, un cuento ilustrado en cualquier formato. «Empecé trabajando el exilio de forma más genérica porque era un tema que siempre ha estado presente en los relatos familiares y de amigos. Miré fotografías de las largas colas de exiliados que se marchaban a Francia durante la Guerra Civil Española, documentales y suplementos de diarios. La realidad de los refugiados de Siria está tan presente que, poco a poco, fue alimentando el proyecto siendo imposible no conectarlo con ellos», explica la ilustradora catalana.

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El azul oscuro quiere transmitir la pena profunda y la nostalgia de dejar atrás el hogar que sienten los protagonistas de la historia.

Tocaba poner palabras a las ilustraciones y Anna se puso en contacto con Tessa, escritora y licenciada en Pedagogía y en Artes Dramáticas. «Cuando Anna me presentó las imágenes y vi la fuerza que tenían, pensé que las palabras podrían ser los sentimientos de la niña: sus alegrías, sus dudas, sus miedos, su enfado, su tristeza, sus ganas de volver a casa, a su refugio seguro mientras se ve obligada a andar y andar hacia lo desconocido. Lo importante era hacerlo con pocas palabras, ir al meollo de lo que puede sentir una niña», describe la escritora.

La falta de empatía de los que estamos a este lado del Mediterráneo radica, en parte, en un retrato equivocado de la realidad siria. Se ha tendido a equiparar las realidades de un migrante, que se traslada eminentemente por motivos económicos, y de un refugiado. «La etiqueta de refugiados siempre lleva detrás una desgracia: o bien huyen de guerras o temen por la seguridad de su vida y la de sus familias. Aunque esta es una historia de ficción, creo que es importante hacer el ejercicio de imaginar cómo eran sus vidas antes de ser etiquetados como refugiados».

Lo cierto es que, en un altísimo porcentaje, las vidas de los ahora refugiados eran antes existencias tan normales o anormales como las de un ciudadano común de cualquier país del entorno. De Siria han huido panaderos, peluqueras, doctoras, agricultores, estudiantes universitarios, analfabetos, jugadores de fútbol o repartidores de paquetería. Lo han hecho con sus teléfonos móviles, ropa de marca o reloj heredado. O con nada, si eso era lo que tenían antes de que se desatase el drama.

Anna Gordillo y Tessa Julià quieren ampliar el ejercicio de angustia y empatía porque es una historia cíclica, recurrente y universal. «La niña protagonista podría ser una de los miles de niñas que vemos en la televisión y otras que no vemos pero que también piden refugio, como los que huyen de Siria, Afganistán, Somalia, Sudán, Burundi, Ucrania… También podría ser cualquier historia del exilio al final de la Guerra Civil Española. La historia se repite: los mismos recelos de entonces de algunos franceses hacia los exiliados españoles, el miedo a lo desconocido», dice Julià.

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Fondos para el recate de refugiados

Refugiada destina parte de sus beneficios a Proactiva Open Arms, la ONG que se marchó el pasado año a tratar de rescatar cada día las maltrechas embarcaciones que tratan de llegar de África a Europa. «Fue una propuesta de la editorial y nosotras decidimos que también queríamos colaborar. Añadimos Proactiva coma una autora más y cobrará la parte de royalties proporcional».

El libro pretende sumar además algún decibelio al grito que surge de las aguas del Mediterráneo. Lo hizo Proactiva Open Arms poniendo a Europa y sus vergüenzas ante el espejo y lo hacen Tessa y Anna con su libro ilustrado. «Las redes sociales y la velocidad con que vemos lo que pasa a nuestro alrededor (incluso a tiempo real) hacen más visible la inmovilidad de algunos agentes que deberían implicarse en la resolución del problema, lo cual genera mucha impotencia», señala la dibujante.

El doloroso ejercicio gráfico de Refugiada se centra en la incertidumbre y soledad de una niña siria. Sin embargo, y a pesar de concebirse como libro infantil, la historia que cuenta concierne a todo ser humano. «La distinción de la literatura en edades no es un tema que me guste mucho. La literatura en mayúsculas es para todas las edades, pero el mercado demanda esta separación. ¿Es Refugiada para niños? ¿Es para adultos? Para mí es para personas».

El Mediterráneo acumula gritos y almas perdidas. Se pueden contar por miles y corresponden a todos aquellos que se fueron al fondo del océano tratando de salvar la vida. El trágico final llega siempre precedido de angustia, de miedo, de frío y de dolor.

Esos negros ingredientes se han vuelto azules en Refugiada, el relato ilustrado creado por Tessa Julià Dinarès y Anna Gordillo para mostrar cómo cambia la vida cuando se deja todo atrás para sobrevivir.

El proyecto echó a andar mientras Anna Gordillo se encontraba en Cambridge, estudiando un Máster de Ilustración de Cuentos Infantiles. El ejercicio más práctico consistía en crear precisamente eso, un cuento ilustrado en cualquier formato. «Empecé trabajando el exilio de forma más genérica porque era un tema que siempre ha estado presente en los relatos familiares y de amigos. Miré fotografías de las largas colas de exiliados que se marchaban a Francia durante la Guerra Civil Española, documentales y suplementos de diarios. La realidad de los refugiados de Siria está tan presente que, poco a poco, fue alimentando el proyecto siendo imposible no conectarlo con ellos», explica la ilustradora catalana.

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El azul oscuro quiere transmitir la pena profunda y la nostalgia de dejar atrás el hogar que sienten los protagonistas de la historia.

Tocaba poner palabras a las ilustraciones y Anna se puso en contacto con Tessa, escritora y licenciada en Pedagogía y en Artes Dramáticas. «Cuando Anna me presentó las imágenes y vi la fuerza que tenían, pensé que las palabras podrían ser los sentimientos de la niña: sus alegrías, sus dudas, sus miedos, su enfado, su tristeza, sus ganas de volver a casa, a su refugio seguro mientras se ve obligada a andar y andar hacia lo desconocido. Lo importante era hacerlo con pocas palabras, ir al meollo de lo que puede sentir una niña», describe la escritora.

La falta de empatía de los que estamos a este lado del Mediterráneo radica, en parte, en un retrato equivocado de la realidad siria. Se ha tendido a equiparar las realidades de un migrante, que se traslada eminentemente por motivos económicos, y de un refugiado. «La etiqueta de refugiados siempre lleva detrás una desgracia: o bien huyen de guerras o temen por la seguridad de su vida y la de sus familias. Aunque esta es una historia de ficción, creo que es importante hacer el ejercicio de imaginar cómo eran sus vidas antes de ser etiquetados como refugiados».

Lo cierto es que, en un altísimo porcentaje, las vidas de los ahora refugiados eran antes existencias tan normales o anormales como las de un ciudadano común de cualquier país del entorno. De Siria han huido panaderos, peluqueras, doctoras, agricultores, estudiantes universitarios, analfabetos, jugadores de fútbol o repartidores de paquetería. Lo han hecho con sus teléfonos móviles, ropa de marca o reloj heredado. O con nada, si eso era lo que tenían antes de que se desatase el drama.

Anna Gordillo y Tessa Julià quieren ampliar el ejercicio de angustia y empatía porque es una historia cíclica, recurrente y universal. «La niña protagonista podría ser una de los miles de niñas que vemos en la televisión y otras que no vemos pero que también piden refugio, como los que huyen de Siria, Afganistán, Somalia, Sudán, Burundi, Ucrania… También podría ser cualquier historia del exilio al final de la Guerra Civil Española. La historia se repite: los mismos recelos de entonces de algunos franceses hacia los exiliados españoles, el miedo a lo desconocido», dice Julià.

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Fondos para el recate de refugiados

Refugiada destina parte de sus beneficios a Proactiva Open Arms, la ONG que se marchó el pasado año a tratar de rescatar cada día las maltrechas embarcaciones que tratan de llegar de África a Europa. «Fue una propuesta de la editorial y nosotras decidimos que también queríamos colaborar. Añadimos Proactiva coma una autora más y cobrará la parte de royalties proporcional».

El libro pretende sumar además algún decibelio al grito que surge de las aguas del Mediterráneo. Lo hizo Proactiva Open Arms poniendo a Europa y sus vergüenzas ante el espejo y lo hacen Tessa y Anna con su libro ilustrado. «Las redes sociales y la velocidad con que vemos lo que pasa a nuestro alrededor (incluso a tiempo real) hacen más visible la inmovilidad de algunos agentes que deberían implicarse en la resolución del problema, lo cual genera mucha impotencia», señala la dibujante.

El doloroso ejercicio gráfico de Refugiada se centra en la incertidumbre y soledad de una niña siria. Sin embargo, y a pesar de concebirse como libro infantil, la historia que cuenta concierne a todo ser humano. «La distinción de la literatura en edades no es un tema que me guste mucho. La literatura en mayúsculas es para todas las edades, pero el mercado demanda esta separación. ¿Es Refugiada para niños? ¿Es para adultos? Para mí es para personas».

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Opiniones 2
  • No son los mismos tiempos que perseguiamos refugio de una guerra entre hermanos. Es hoy una guerra contra nuestra cultura donde se utilizan seres humanos como armas de destruccion. Ya el futuro no sera como esperabamos para nuestras proximas generaciones. Tendran que acomodar ideas y conceptos extranos, forzados a aceptar por esa presencia de los que nos han invadido.

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