27 de julio 2018    /   CIENCIA
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Por qué dormimos tanto y por qué deberíamos hacer todo esto al dormir

27 de julio 2018    /   CIENCIA     por          
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Decía Calderón de la Barca que la vida es sueño; sin embargo, lejos de pronunciamientos retóricos o líricos, no queda clara la razón por la que necesitamos dormir ocho horas cada noche. Y aún resulta más inquietante que, para dormir correctamente, debamos seguir un procedimiento que si se aleja un poco del canon, produce malestares, enfermedades y hasta la muerte.

Empecemos por las razones. O, al menos, por las hipótesis que se barajan, porque ni siquiera sabemos con seguridad qué procesos darwinianos favorecieron a aquellos individuos que dormían todo este tiempo frente a los que no (cuando la lógica sugiere que si eres una criatura que se mueve más tiempo y duerme menos dispondrá de mayor probabilidad de sobrevivir).

Depredadores

La hipótesis más singular para explicar por qué la evolución ha propiciado que durmamos tantas horas seguidas sugiere que el sueño es un modo de protegernos de los depredadores nocturnos: dormir nos proporciona períodos prolongados durante los cuales nos mantenemos esencialmente inertes y, de esa manera, no emitimos demasiadas señales o pistas que, de otro modo, podrían servir a algún depredador nocturno para detectarlas.

Es decir, que en realidad no necesitamos dormir tantas horas, pero el cuerpo está programado para ello porque solo los que las dormían tuvieron mayor probabilidad de sobrevivir y tener descendencia que heredara esta rara condición.

Otra hipótesis sugiere que el sueño tiene propiedades curativas. Por ejemplo, cuando privamos de sueño a ratas de laboratorio, estas se recuperan más lentamente de heridas o lesiones previas y, por término medio, no viven tanto tiempo como los semejantes que sí duermen lo suficiente.

También se ha llegado a sostener que dormir reduce la intensidad de señal de las conexiones neurológicas débiles, lo que permite eliminarlas más fácilmente. Es decir, que mientras dormimos tiene lugar una suerte de poda neuronal para borrar toda la información inútil de nuestro cerebro.

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Sin embargo, solo tenemos pruebas circunstanciales de todas estas hipótesis y otras tantas. Tal vez todas sean ciertas. Sea como fuere, en esencia, no sabemos para qué sirve dormir y, menos aún, soñar. Ni tampoco por qué todos los demás tipos de animales duermen también, incluso los más simples (como los nematodos).

Es cierto que hay criaturas que no necesitan dormir nunca, como las medusas o las esponjas, pero también carecen de cerebro, así que tampoco debemos darle demasiada importancia.

El problema de la luz

Hasta aquí podríamos argüir que quizá no hace falta darle demasiadas vueltas al dormir, que simplemente dormimos para descansar. Sin embargo, este planteamiento es insatisfactorio porque no explica por qué necesitamos dormir una cantidad de tiempo similar con independencia del desgaste físico e intelectual del día.

Además, mientras dormimos solo reducimos entre un cinco y un diez por ciento la actividad metabólica, es decir, que bastaría con permanecer tumbados en el sofá para conseguir efectos parecidos.

En realidad es la glándula pineal del cerebro la que regula nuestras pautas de sueño por medio de la secreción de la hormona llamada melatonina, que induce en nosotros la relajación y la somnolencia.

Es decir, que la evolución ha propiciado que cada determinado tiempo nuestro cerebro nos drogue para que durmamos. La secreción de la hormona, además, depende de la cantidad de luz que entra por nuestros ojos. Cuanta más luz haya, menos melatonina se libera. Es decir, que nuestro cerebro quiere que durmamos mayormente de noche. Es precisamente por esa razón que sufrimos de jet lag cuando cambiamos de huso horario: nuestros patrones de sueño se trastocan de forma radical.

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Los descubrimientos anteriores nos ponen también en la pista de lo que propicia que durmamos bien o mal. Por ejemplo, volvamos a la luz cual polillas. Si al intentar conciliar el sueño hay demasiada luz a nuestro alrededor, el sueño no será todo lo reparador que debería. De hecho, la generalización de la luz artificial en todo el mundo ha influido profundamente en los patrones de sueño y otros aspectos relacionados, como el metabolismo.

Hay quienes sostienen, como los autores de este estudio publicado en Nature, que hay tanta luz por las noches que ello está haciendo que ganemos peso, año tras año, coadyuvando a la actual epidemia de obesidad global. Porque incluso la luz que emite nuestro reloj despertador, o el simple LED de stand-by de la televisión, ya influye negativamente en el sueño.

Más misterios

Tampoco sabemos la razón por la que sentimos ese tic o tirón súbito que experimentamos inesperadamente cuando nos estamos quedando dormidos. En ese instante, notamos como si, de repente, nos cayéramos aunque nos encontremos cómodamente acostados en la cama, lo que se traduce en un movimiento espasmódico de una o más de nuestras extremidades. A este movimiento se le llama espasmo mioclónico.

Como sucede con la razón por la que dormimos, también se barajan muchas teorías acerca de su naturaleza. La más vinculada con la evolución la explica Richard Wiseman en su libro Escuela nocturna:

Se atribuye estos espasmos a un residuo evolutivo de una época en la que nuestros antepasados dormían en los árboles y en la que cualquier sensación de oscilación o inclinación súbitas podía indicarnos que estábamos a punto de caernos desde una rama, por lo que el cerebro entraba en pánico y nos despertaba para evitarlo.

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Consejos básicos

A pesar de que no conocemos las razones últimas de tantos aspectos relativos al sueño, sí que sabemos lo suficiente como para establecer algunos consejos básicos a fin de que dormir ser verdaderamente fructífero.

La luz, como hemos visto, resulta fundamental. Debemos procurar dormir en la oscuridad más absoluta, y evitar las grandes fuentes de luz al menos una hora antes de meternos en la cama. Dormir con luz no solo tiene un efecto considerable en la calidad de nuestro sueño, sino en el desarrollo de enfermedades futuras como la diabetes, la obesidad o la depresión.

Eso implica no meternos en la cama con nuestro smartphone. Un estudio al respecto realizado por el Instituto Politécnico Rensselaer sugería que la melatonina se reduce en un 23% con dos horas de exposición a los dispositivos tecnológicos que emiten luz.

Siguiendo con la luz, debemos dormir de noche. Dormir de día rompe nuestra sincronización de nuestros ciclos circadianos y los patrones de la Tierra. Tanto es así que quienes duermen de día tienen al menos un 30% más de probabilidad de fallecer de manera prematura y las consecuencias psicológicas de trabajar de noche son terribles.

Hay que dormir de siete a nueve horas. Dormir menos es negativo. Durante la semana, la mayoría de nosotros arrastramos un preocupante déficit de sueño que puede comportar serios problemas de salud y hasta la muerte. La buena noticia, según un nuevo estudio, es que recuperar horas de sueño de esta forma puede ayudarnos a evitar dichos problemas. Con todo, dormir demasiado tampoco es bueno: quizá es un síntoma de alguna enfermedad.

Así de extraño y fundamental es el sueño. No sabemos por qué existe, no sabemos por qué está tan pautado ni por qué se encuentra tan íntimamente vinculado (o casi) a la órbita terrestre. No sabemos por qué nuestro cerebro deja de funcionar correctamente y es propenso a sufrir alucinaciones si no dormimos durante varios días. Sin embargo, nos pasamos un tercio de la vida en ese estado. Durmiendo.

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Decía Calderón de la Barca que la vida es sueño; sin embargo, lejos de pronunciamientos retóricos o líricos, no queda clara la razón por la que necesitamos dormir ocho horas cada noche. Y aún resulta más inquietante que, para dormir correctamente, debamos seguir un procedimiento que si se aleja un poco del canon, produce malestares, enfermedades y hasta la muerte.

Empecemos por las razones. O, al menos, por las hipótesis que se barajan, porque ni siquiera sabemos con seguridad qué procesos darwinianos favorecieron a aquellos individuos que dormían todo este tiempo frente a los que no (cuando la lógica sugiere que si eres una criatura que se mueve más tiempo y duerme menos dispondrá de mayor probabilidad de sobrevivir).

Depredadores

La hipótesis más singular para explicar por qué la evolución ha propiciado que durmamos tantas horas seguidas sugiere que el sueño es un modo de protegernos de los depredadores nocturnos: dormir nos proporciona períodos prolongados durante los cuales nos mantenemos esencialmente inertes y, de esa manera, no emitimos demasiadas señales o pistas que, de otro modo, podrían servir a algún depredador nocturno para detectarlas.

Es decir, que en realidad no necesitamos dormir tantas horas, pero el cuerpo está programado para ello porque solo los que las dormían tuvieron mayor probabilidad de sobrevivir y tener descendencia que heredara esta rara condición.

Otra hipótesis sugiere que el sueño tiene propiedades curativas. Por ejemplo, cuando privamos de sueño a ratas de laboratorio, estas se recuperan más lentamente de heridas o lesiones previas y, por término medio, no viven tanto tiempo como los semejantes que sí duermen lo suficiente.

También se ha llegado a sostener que dormir reduce la intensidad de señal de las conexiones neurológicas débiles, lo que permite eliminarlas más fácilmente. Es decir, que mientras dormimos tiene lugar una suerte de poda neuronal para borrar toda la información inútil de nuestro cerebro.

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Sin embargo, solo tenemos pruebas circunstanciales de todas estas hipótesis y otras tantas. Tal vez todas sean ciertas. Sea como fuere, en esencia, no sabemos para qué sirve dormir y, menos aún, soñar. Ni tampoco por qué todos los demás tipos de animales duermen también, incluso los más simples (como los nematodos).

Es cierto que hay criaturas que no necesitan dormir nunca, como las medusas o las esponjas, pero también carecen de cerebro, así que tampoco debemos darle demasiada importancia.

El problema de la luz

Hasta aquí podríamos argüir que quizá no hace falta darle demasiadas vueltas al dormir, que simplemente dormimos para descansar. Sin embargo, este planteamiento es insatisfactorio porque no explica por qué necesitamos dormir una cantidad de tiempo similar con independencia del desgaste físico e intelectual del día.

Además, mientras dormimos solo reducimos entre un cinco y un diez por ciento la actividad metabólica, es decir, que bastaría con permanecer tumbados en el sofá para conseguir efectos parecidos.

En realidad es la glándula pineal del cerebro la que regula nuestras pautas de sueño por medio de la secreción de la hormona llamada melatonina, que induce en nosotros la relajación y la somnolencia.

Es decir, que la evolución ha propiciado que cada determinado tiempo nuestro cerebro nos drogue para que durmamos. La secreción de la hormona, además, depende de la cantidad de luz que entra por nuestros ojos. Cuanta más luz haya, menos melatonina se libera. Es decir, que nuestro cerebro quiere que durmamos mayormente de noche. Es precisamente por esa razón que sufrimos de jet lag cuando cambiamos de huso horario: nuestros patrones de sueño se trastocan de forma radical.

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Los descubrimientos anteriores nos ponen también en la pista de lo que propicia que durmamos bien o mal. Por ejemplo, volvamos a la luz cual polillas. Si al intentar conciliar el sueño hay demasiada luz a nuestro alrededor, el sueño no será todo lo reparador que debería. De hecho, la generalización de la luz artificial en todo el mundo ha influido profundamente en los patrones de sueño y otros aspectos relacionados, como el metabolismo.

Hay quienes sostienen, como los autores de este estudio publicado en Nature, que hay tanta luz por las noches que ello está haciendo que ganemos peso, año tras año, coadyuvando a la actual epidemia de obesidad global. Porque incluso la luz que emite nuestro reloj despertador, o el simple LED de stand-by de la televisión, ya influye negativamente en el sueño.

Más misterios

Tampoco sabemos la razón por la que sentimos ese tic o tirón súbito que experimentamos inesperadamente cuando nos estamos quedando dormidos. En ese instante, notamos como si, de repente, nos cayéramos aunque nos encontremos cómodamente acostados en la cama, lo que se traduce en un movimiento espasmódico de una o más de nuestras extremidades. A este movimiento se le llama espasmo mioclónico.

Como sucede con la razón por la que dormimos, también se barajan muchas teorías acerca de su naturaleza. La más vinculada con la evolución la explica Richard Wiseman en su libro Escuela nocturna:

Se atribuye estos espasmos a un residuo evolutivo de una época en la que nuestros antepasados dormían en los árboles y en la que cualquier sensación de oscilación o inclinación súbitas podía indicarnos que estábamos a punto de caernos desde una rama, por lo que el cerebro entraba en pánico y nos despertaba para evitarlo.

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Consejos básicos

A pesar de que no conocemos las razones últimas de tantos aspectos relativos al sueño, sí que sabemos lo suficiente como para establecer algunos consejos básicos a fin de que dormir ser verdaderamente fructífero.

La luz, como hemos visto, resulta fundamental. Debemos procurar dormir en la oscuridad más absoluta, y evitar las grandes fuentes de luz al menos una hora antes de meternos en la cama. Dormir con luz no solo tiene un efecto considerable en la calidad de nuestro sueño, sino en el desarrollo de enfermedades futuras como la diabetes, la obesidad o la depresión.

Eso implica no meternos en la cama con nuestro smartphone. Un estudio al respecto realizado por el Instituto Politécnico Rensselaer sugería que la melatonina se reduce en un 23% con dos horas de exposición a los dispositivos tecnológicos que emiten luz.

Siguiendo con la luz, debemos dormir de noche. Dormir de día rompe nuestra sincronización de nuestros ciclos circadianos y los patrones de la Tierra. Tanto es así que quienes duermen de día tienen al menos un 30% más de probabilidad de fallecer de manera prematura y las consecuencias psicológicas de trabajar de noche son terribles.

Hay que dormir de siete a nueve horas. Dormir menos es negativo. Durante la semana, la mayoría de nosotros arrastramos un preocupante déficit de sueño que puede comportar serios problemas de salud y hasta la muerte. La buena noticia, según un nuevo estudio, es que recuperar horas de sueño de esta forma puede ayudarnos a evitar dichos problemas. Con todo, dormir demasiado tampoco es bueno: quizá es un síntoma de alguna enfermedad.

Así de extraño y fundamental es el sueño. No sabemos por qué existe, no sabemos por qué está tan pautado ni por qué se encuentra tan íntimamente vinculado (o casi) a la órbita terrestre. No sabemos por qué nuestro cerebro deja de funcionar correctamente y es propenso a sufrir alucinaciones si no dormimos durante varios días. Sin embargo, nos pasamos un tercio de la vida en ese estado. Durmiendo.

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Opiniones 10
  • Creo que una las cosas que menos interés me podria producir es el «saber» por qué duermo. El saber implica estrés, análisis, una buena cuota de no tener idea de nada y llenarse de mucha información, para luego filtrarla y llegar a una respuesta real. Eso preferiría tomar muchos años.

    Yo ya se para que duermo. Lo que también se es que no dormimos todos por la misma razon.

    Pd: muchos temas que parecen generales y comunes de la raza humana son en realidad temas personales que nada tienen que ver con el prójimo.

  • La explicación de la defensa ante depredadores no se sostiene, ya que los depredadores suelen dormir mucho más que sus presas.

    Cada vez estoy más convencido que este tema se ve de una manera más clara si en vez de preguntarnos porqué dormimos nos preguntamos porqué estamos despiertos.

    Según yo lo veo, el dormir es el estado «natural», donde el cuerpo funciona al 100% (no es que el sueño repare, es que la vigila no lo hace). Estar despierto es un estado alterado, necesario para poder encontrar alimento, encontrar pareja y defenderse de los peligros, donde el cuerpo dedica sus recursos a estos menesteres y no a la reparación o al crecimiento, pero es un estado en el que el animal sólo está el tiempo mínimo imprescindible, volviendo siempre que puede al estado preferible del sueño.

  • No sabéis dormir. Hay que hacerlo de forma estructurada y racional. Se debe hacer así:
    A) Fase REM: Se realiza una vez cada uno o dos días de forma consciente y no más de 2 minutos.
    B) Sueño profundo. 3 horas exactas.
    C) 2 siestas de 5-10 minutos de sueño profundo.
    Este es el esquema de los genios como Newton. Dormir bien y deprisa rejuvenece, te hace mucho más inteligente y además tu día tiene 21 horas.
    Dormir 8 horas es propio de simios.

  • Buenas noches; hablo en nombre de aquellas personas que trabajan de noche. Porque aunque los que duermen cómodamente de noche que sepais que existimos trabajadores de noche en muchos oficios y profesiones. Y desde este contexto agradezco la publicación de este informe revelador para muchos que no tenemos tiempo de revisarlo cotidianamente por el día pero que por lo menos ahora tenemos perspectivas y porque no decirlo alternativas para tener una vida algo equilibrada. Muchísimas gracias estimado Sergio Parra.

  • La verdad es que dormir es un parte fundamental en la vida, tanto en lo relacionado con la salud como con la inspiración.

    Mucha gente que no duerme por que tiene algun tipo de trastorno del sueño suele estar siempre relacionado con picos de estres…

    Muy buen articulo y muy interesante

  • Hay muchas razones por las que se duerme mas, desde el cansancio hasta la mala gestión fisiológica de liquidos (sea por la dieta o por debilidad de los órganos ).
    La mejor dietra es la cerealista+legumbres

  • Voy leyendo esta nota para irme a dormir… me gustó saber que lo del espasmo al dormirse está relacionado con nuestros antepasados.. y otras cosasas. saludos desde Argentina

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