6 de junio 2017    /   IDEAS
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¿Cómo ha cambiado el dormitorio de una adolescente en solo 10 años?

6 de junio 2017    /   IDEAS     por          
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Para un adolescente, su habitación es su Sancta Sanctorum, el pequeño universo concebido para aislarse de los carrozas. Un dormitorio adolescente, pues, es algo así como un yacimiento arqueológico que nos permite conocer la idiosincrasia teen. Y también la evolución misma de la sociedad.

Sobre todo, últimamente. Parece que en los últimos diez años se han producido unos cambios radicales que están llamando mucho la atención de los psicólogos y sociólogos. No debería extrañarnos, pues hace solo diez años aproximadamente no existía el iPhone, ni Youtube, ni Faebook. Y, por supuesto, nada parecido a Badoo o Tinder.

Dormitorio Cama

Hace una década, el pilar de cualquier dormitorio infantil o adolescente era un escritorio, una silla y un ordenador de sobremesa o portátil. La televisión, probablemente, estaba sintonizando MTV las 24 horas del día. Hoy en día, sin embargo, el centro neurálgico de un dormitorio adolescente es la cama y la tele ha sido sustituida por el smartphone.

Si bien continúan usándose los escritorios, es en la cama donde los adolescentes leen, estudian, envían mensajes de WhatsApp o se hablan por Skype.

Por ello, el compañero de cama del adolescente es el smartphone. Una encuesta de YouGov realizada en 2014 sugería que casi dos tercios de todos los usuarios de teléfono inteligente de entre 18 y 29 años duermen con sus móviles y tablets en la cama. También es habitual que los avisos en forma de vibraciones y destellos de luz despierten varias veces al usuario durante la noche, y que este interrumpa el sueño un tiempo para satisfacer dicho aviso.

Esta continua exposición a luz y sonido afecta la calidad del sueño, como señaló un estudio publicado en la revista Nature. Al estar alerta para recibir llamadas telefónicas, mensajes de texto o correos electrónicos impedimos que el cuerpo alcance el estado deseado de relajación total y se origina una sensación de hipervigilancia, una experiencia a menudo asociada con trastorno de estrés postraumático que implica sentirse constantemente tenso o en guardia.

La luz de los píxeles es la única iluminación de los dormitorios: cada vez hay menos lámparas y otros adminículos luminosos.

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Pared del Yo

Además, las paredes del dormitorio ya no son opacas e inexpugnables, como era antes. Ahora las paredes del dormitorio son las redes sociales, transparentes, capaces de dejar al descubierto muchas intimidades. El teléfono ya no es un cordón umbilical para mantenerse unido permanentemente a tu mejor amiga: mantienes el contacto con todos tus amigos, simultáneamente, y también con gente que no conoces de nada.

En las paredes hay collages de fotografías, pósteres de cantantes macizorros e ilustraciones manga. Pero eso es solo una pequeña porción de lo que define los gustos del dueño del dormitorio: el verdadero muro de exposición, cual museo del Yo, es el muro de Facebook o el perfil de Instagram.

La exhibición de la moda

En las paredes también hay más espejos de cuerpo entero, sobre todo en los dormitorios de adolescentes varones, como explica Martin Lindstrom en su libro Small Data:

En general, se han vuelto más orientados a la moda, con zapatos más modernos y zapatillas que adquieren una importancia creciente en sus vidas. De ahí la omnipresencia del espejo de cuerpo entero, el cual hoy en día tanto chicos como chicas es probable que tengan.

En el caso de las adolescentes, la obsesión de la imagen que van a transmitir a los demás imita las servidumbres de un programa de televisión emitido en prime time. Lindstrom entrevistó a un puñado de chicas para averiguar qué páginas web visitaban, qué hacían un día en particular, qué vídeos y música consumían, etc. Lo primero que descubrió es que ninguna de esas chicas estaba en paz con su aspecto: siempre había algo que mejorar.

Mi investigación revelaba que las chicas empleaban alrededor del 80% de sus horas de vigilia meditando sobre lo que llevaban puesto ese día, lo que estaban pensando ponerse el próximo día y sobre la ropa en general (…). Pasaban online entre dos y tres horas al día visitando a sus distribuidores de moda, páginas web y blogs de Tumblr favoritos. Las chicas suizas se interesaban por la web de moda británicas y alemanas, al igual que por Tumblr, Instagram y Snapchat, mientras que las chicas de Europa del Este seguían web escandinavas.

Esto tenía un efecto secundario muy singular: las adolescentes no solo se acostaban cada vez más tarde, debido a las interrupciones del smartphone, sino que se levantaban cada vez más temprano, tal y como revela el uso de los planes de datos de los teléfonos móviles. ¿Por qué?

No es para acicalarse durante más tiempo, ni para estudiar, ni para llegar a tiempo a clase. Simplemente se trata de enviar selfis a las amigas. Normalmente, el uso de datos por la mañana empieza a las seis de la mañana, y esos datos son, de promedio, el envío de 17 selfis. Son instantáneas de ellas o de su maquillaje, de su ropa y zapatos, que deben someterse al escrutinio de las amigas y recibir su beneplácito. Como un sargento instructor pasando revista a primera hora del día. De esta forma no solo reciben feedback de sus semejantes, sino que se coordinan para no llegar al colegio con el mismo atuendo.

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Sexo

En los dormitorios de las adolescentes también se producía una continua tensión entre un mundo infantil (con ositos de peluche) y un adultez sexualizada (vídeos subidos de tono que compartían con novios o desconocidos o selfis donde se mezclaban morritos de niña inocente con un cojín de Playboy al lado). Como abunda en ello Lindstrom:

Además de estar preocupadas por su aspecto, las chicas eran también hiperconscientes de cómo sus amigos, y el propio mundo, las percibía. Ser una chica adolescente significaba estar aterrorizada por destacar, por ser apartada, olvidada o rechazada. Hoy día, todo el mundo sabe lo que una chica hace cuando se siente insegura sobre sí misma: sube una nueva foto a Facebook y espera una oleada de piropos sobre su apariencia. Una vez que ha recobrado una dosis de autoconfianza, está lista para convertirse, una vez más, en la estrella de su propia vida.

Así es el dormitorio del nuevo adolescente: un plató de televisión en cuyo epicentro hay una cama repleta de cojines infantiles, ropa sexi y gadgets que mantienen hipervigilantes a sus usuarios. Si este nuevo paradigma de dormitorio es mejor o peor que el que había hace 10 años, es algo que iremos descubrimiento sobre la marcha.

Para un adolescente, su habitación es su Sancta Sanctorum, el pequeño universo concebido para aislarse de los carrozas. Un dormitorio adolescente, pues, es algo así como un yacimiento arqueológico que nos permite conocer la idiosincrasia teen. Y también la evolución misma de la sociedad.

Sobre todo, últimamente. Parece que en los últimos diez años se han producido unos cambios radicales que están llamando mucho la atención de los psicólogos y sociólogos. No debería extrañarnos, pues hace solo diez años aproximadamente no existía el iPhone, ni Youtube, ni Faebook. Y, por supuesto, nada parecido a Badoo o Tinder.

Dormitorio Cama

Hace una década, el pilar de cualquier dormitorio infantil o adolescente era un escritorio, una silla y un ordenador de sobremesa o portátil. La televisión, probablemente, estaba sintonizando MTV las 24 horas del día. Hoy en día, sin embargo, el centro neurálgico de un dormitorio adolescente es la cama y la tele ha sido sustituida por el smartphone.

Si bien continúan usándose los escritorios, es en la cama donde los adolescentes leen, estudian, envían mensajes de WhatsApp o se hablan por Skype.

Por ello, el compañero de cama del adolescente es el smartphone. Una encuesta de YouGov realizada en 2014 sugería que casi dos tercios de todos los usuarios de teléfono inteligente de entre 18 y 29 años duermen con sus móviles y tablets en la cama. También es habitual que los avisos en forma de vibraciones y destellos de luz despierten varias veces al usuario durante la noche, y que este interrumpa el sueño un tiempo para satisfacer dicho aviso.

Esta continua exposición a luz y sonido afecta la calidad del sueño, como señaló un estudio publicado en la revista Nature. Al estar alerta para recibir llamadas telefónicas, mensajes de texto o correos electrónicos impedimos que el cuerpo alcance el estado deseado de relajación total y se origina una sensación de hipervigilancia, una experiencia a menudo asociada con trastorno de estrés postraumático que implica sentirse constantemente tenso o en guardia.

La luz de los píxeles es la única iluminación de los dormitorios: cada vez hay menos lámparas y otros adminículos luminosos.

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Pared del Yo

Además, las paredes del dormitorio ya no son opacas e inexpugnables, como era antes. Ahora las paredes del dormitorio son las redes sociales, transparentes, capaces de dejar al descubierto muchas intimidades. El teléfono ya no es un cordón umbilical para mantenerse unido permanentemente a tu mejor amiga: mantienes el contacto con todos tus amigos, simultáneamente, y también con gente que no conoces de nada.

En las paredes hay collages de fotografías, pósteres de cantantes macizorros e ilustraciones manga. Pero eso es solo una pequeña porción de lo que define los gustos del dueño del dormitorio: el verdadero muro de exposición, cual museo del Yo, es el muro de Facebook o el perfil de Instagram.

La exhibición de la moda

En las paredes también hay más espejos de cuerpo entero, sobre todo en los dormitorios de adolescentes varones, como explica Martin Lindstrom en su libro Small Data:

En general, se han vuelto más orientados a la moda, con zapatos más modernos y zapatillas que adquieren una importancia creciente en sus vidas. De ahí la omnipresencia del espejo de cuerpo entero, el cual hoy en día tanto chicos como chicas es probable que tengan.

En el caso de las adolescentes, la obsesión de la imagen que van a transmitir a los demás imita las servidumbres de un programa de televisión emitido en prime time. Lindstrom entrevistó a un puñado de chicas para averiguar qué páginas web visitaban, qué hacían un día en particular, qué vídeos y música consumían, etc. Lo primero que descubrió es que ninguna de esas chicas estaba en paz con su aspecto: siempre había algo que mejorar.

Mi investigación revelaba que las chicas empleaban alrededor del 80% de sus horas de vigilia meditando sobre lo que llevaban puesto ese día, lo que estaban pensando ponerse el próximo día y sobre la ropa en general (…). Pasaban online entre dos y tres horas al día visitando a sus distribuidores de moda, páginas web y blogs de Tumblr favoritos. Las chicas suizas se interesaban por la web de moda británicas y alemanas, al igual que por Tumblr, Instagram y Snapchat, mientras que las chicas de Europa del Este seguían web escandinavas.

Esto tenía un efecto secundario muy singular: las adolescentes no solo se acostaban cada vez más tarde, debido a las interrupciones del smartphone, sino que se levantaban cada vez más temprano, tal y como revela el uso de los planes de datos de los teléfonos móviles. ¿Por qué?

No es para acicalarse durante más tiempo, ni para estudiar, ni para llegar a tiempo a clase. Simplemente se trata de enviar selfis a las amigas. Normalmente, el uso de datos por la mañana empieza a las seis de la mañana, y esos datos son, de promedio, el envío de 17 selfis. Son instantáneas de ellas o de su maquillaje, de su ropa y zapatos, que deben someterse al escrutinio de las amigas y recibir su beneplácito. Como un sargento instructor pasando revista a primera hora del día. De esta forma no solo reciben feedback de sus semejantes, sino que se coordinan para no llegar al colegio con el mismo atuendo.

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Sexo

En los dormitorios de las adolescentes también se producía una continua tensión entre un mundo infantil (con ositos de peluche) y un adultez sexualizada (vídeos subidos de tono que compartían con novios o desconocidos o selfis donde se mezclaban morritos de niña inocente con un cojín de Playboy al lado). Como abunda en ello Lindstrom:

Además de estar preocupadas por su aspecto, las chicas eran también hiperconscientes de cómo sus amigos, y el propio mundo, las percibía. Ser una chica adolescente significaba estar aterrorizada por destacar, por ser apartada, olvidada o rechazada. Hoy día, todo el mundo sabe lo que una chica hace cuando se siente insegura sobre sí misma: sube una nueva foto a Facebook y espera una oleada de piropos sobre su apariencia. Una vez que ha recobrado una dosis de autoconfianza, está lista para convertirse, una vez más, en la estrella de su propia vida.

Así es el dormitorio del nuevo adolescente: un plató de televisión en cuyo epicentro hay una cama repleta de cojines infantiles, ropa sexi y gadgets que mantienen hipervigilantes a sus usuarios. Si este nuevo paradigma de dormitorio es mejor o peor que el que había hace 10 años, es algo que iremos descubrimiento sobre la marcha.

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