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31 de mayo 2012    /   BUSINESS
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Dos años y medio alejados del monstruo del dinero

31 de mayo 2012    /   BUSINESS     por          
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Raphael Fellmer y Nieves Palmer podrían parecer una pareja berlinesa más. Internacionales-el alemán, ella española-, veganos, con un bebé de nueve meses-Alma Lucia- y grandes usuarios de bicicleta. Pero hay algo que les distingue: llevan dos años y medio en huelga de dinero. Fellmer no tiene cuenta en el banco ni ingresos y Palmer solo percibe el subsidio de 145 euros mensuales que el Estado germano concede a cualquiera nato en Alemania hasta que cumple los 20 años, con los que paga la Seguridad Social de Alma Lucía, las visitas obligatorias al pediatra y las medicinas.

La familia vive ahora en la casa museo del pacifista Martin Niemöller Haus, donde ayudan en la oficina, limpian o cultivan un huerto. Usan pañales de tela y la ropa para el bebé es regalada (siempre de segunda mano). Las cremas y demás se las dan o las encuentran en la basura, como la comida que rescatan de los más que comunes supermercados biológicos alemanes. Consciente de que una crítica básica a su modo de vida es que sea un aprovechado, Fellmer alega que su proyecto es para que la gente piense sobre “todo lo producimos y no usamos además de dar ideas sobre como reducir nuestra huella ecológica”.

Como buen cuento iniciático, todo comenzó con un viaje. Fellmer, junto con dos compañeros de la universidad de la Haya, decidió en enero de 2010 ir desde Holanda hasta México a dedo sin tocar una sola divisa. Cuando uno de los viajeros dejó el trayecto, Palmer se unió. Lo que empezó como un experimento de unos pocos meses duró más de un año y les llevó a recorrer tanto Europa como América en 500 vehículos, incluyendo velero-stop vía Bélgica-Canarias-Brasil. Más de 30.000 kilómetros por tierra, mar y ríos y, cuando tocó volverse a Europa al quedarse Palmer embarazada, la pareja siguió con la huelga para “dejar de alimentar al monstruo del dinero”.

Fellmer explica desde Berlín, en un castellano más que correcto con apuntes puntuales de Palmer, que vivir sin dinero te hace “más consciente” y que lo más difícil es “dejar atrás la inmediatez actual, como aceptar que a lo mejor tardas cinco horas en un trayecto que sería una en coche”. “En caso de que alguien quiera vivir sin dinero”, reflexiona, “lo primero es entender por qué quieres hacerlo”.

En su caso son tres motivos principales. Uno sería el agua virtual, el H2O usado en la producción de bienes y servicios que según los datos que maneja Fellmer son, en el caso de cada alemán, 5.000 litros diarios, casi el doble de lo que la universidad Politécnica de Madrid calculó que gasta cada español. Otro similar es la energía gris, es decir, la usada en todas las fases del ciclo de un producto y servicio, desde su concepción hasta su reciclaje pasando por la costosa extracción de las materias primas.

“El tercero”, dice Fellmer, “es más humano”. “Crees que con el dinero se puede vivir más independiente de los demás ya que puedes pagar desde una mudanza hasta una prostituta”, explica, “pero en realidad estás muy dependiente de toda la gente opera en la creación de esos productos y ya no socializas con los humanos de tu entorno”.

Esta socialización es clave para Fellmer. Tras pasar meses rescatando comida de varios supermercados biológicos, Fellmer escribió a tres cadenas donde se tiraba más de lo que el podía llevar contándoles su proyecto y pidiéndoles que les dieran la comida legalmente, ya que recogerla es técnicamente un robo. De las tres, BioCompany, con más de 30 establecimientos, contestó a su ruego y le ofreció un puesto como asesor en sostenibilidad a cambio de alimentos. Fellmer ha aceptado y ahora coge la comida antes de que entre en la basura.

Fellmer y Palmer explicarán su experiencia este verano en España:

Campo de la Cebada! – Madrid
14. Junio 21:00 – 23:00

«CONCIENCIA con CIENCIA» Cartagena
16. Junio: 12:00-13:30
«El Batel» de Cartagena, Paseo de Alfonso XII, 30201 Cartagena

Raphael Fellmer y Nieves Palmer podrían parecer una pareja berlinesa más. Internacionales-el alemán, ella española-, veganos, con un bebé de nueve meses-Alma Lucia- y grandes usuarios de bicicleta. Pero hay algo que les distingue: llevan dos años y medio en huelga de dinero. Fellmer no tiene cuenta en el banco ni ingresos y Palmer solo percibe el subsidio de 145 euros mensuales que el Estado germano concede a cualquiera nato en Alemania hasta que cumple los 20 años, con los que paga la Seguridad Social de Alma Lucía, las visitas obligatorias al pediatra y las medicinas.

La familia vive ahora en la casa museo del pacifista Martin Niemöller Haus, donde ayudan en la oficina, limpian o cultivan un huerto. Usan pañales de tela y la ropa para el bebé es regalada (siempre de segunda mano). Las cremas y demás se las dan o las encuentran en la basura, como la comida que rescatan de los más que comunes supermercados biológicos alemanes. Consciente de que una crítica básica a su modo de vida es que sea un aprovechado, Fellmer alega que su proyecto es para que la gente piense sobre “todo lo producimos y no usamos además de dar ideas sobre como reducir nuestra huella ecológica”.

Como buen cuento iniciático, todo comenzó con un viaje. Fellmer, junto con dos compañeros de la universidad de la Haya, decidió en enero de 2010 ir desde Holanda hasta México a dedo sin tocar una sola divisa. Cuando uno de los viajeros dejó el trayecto, Palmer se unió. Lo que empezó como un experimento de unos pocos meses duró más de un año y les llevó a recorrer tanto Europa como América en 500 vehículos, incluyendo velero-stop vía Bélgica-Canarias-Brasil. Más de 30.000 kilómetros por tierra, mar y ríos y, cuando tocó volverse a Europa al quedarse Palmer embarazada, la pareja siguió con la huelga para “dejar de alimentar al monstruo del dinero”.

Fellmer explica desde Berlín, en un castellano más que correcto con apuntes puntuales de Palmer, que vivir sin dinero te hace “más consciente” y que lo más difícil es “dejar atrás la inmediatez actual, como aceptar que a lo mejor tardas cinco horas en un trayecto que sería una en coche”. “En caso de que alguien quiera vivir sin dinero”, reflexiona, “lo primero es entender por qué quieres hacerlo”.

En su caso son tres motivos principales. Uno sería el agua virtual, el H2O usado en la producción de bienes y servicios que según los datos que maneja Fellmer son, en el caso de cada alemán, 5.000 litros diarios, casi el doble de lo que la universidad Politécnica de Madrid calculó que gasta cada español. Otro similar es la energía gris, es decir, la usada en todas las fases del ciclo de un producto y servicio, desde su concepción hasta su reciclaje pasando por la costosa extracción de las materias primas.

“El tercero”, dice Fellmer, “es más humano”. “Crees que con el dinero se puede vivir más independiente de los demás ya que puedes pagar desde una mudanza hasta una prostituta”, explica, “pero en realidad estás muy dependiente de toda la gente opera en la creación de esos productos y ya no socializas con los humanos de tu entorno”.

Esta socialización es clave para Fellmer. Tras pasar meses rescatando comida de varios supermercados biológicos, Fellmer escribió a tres cadenas donde se tiraba más de lo que el podía llevar contándoles su proyecto y pidiéndoles que les dieran la comida legalmente, ya que recogerla es técnicamente un robo. De las tres, BioCompany, con más de 30 establecimientos, contestó a su ruego y le ofreció un puesto como asesor en sostenibilidad a cambio de alimentos. Fellmer ha aceptado y ahora coge la comida antes de que entre en la basura.

Fellmer y Palmer explicarán su experiencia este verano en España:

Campo de la Cebada! – Madrid
14. Junio 21:00 – 23:00

«CONCIENCIA con CIENCIA» Cartagena
16. Junio: 12:00-13:30
«El Batel» de Cartagena, Paseo de Alfonso XII, 30201 Cartagena

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Opiniones 6
  • Creo que sobre todo habría que intentar ir a la esencia del problema, y para mi es la falta de criterio y la indiferencia de las personas a la hora de utilizar/relacionarse/educar/disfrutar/compartir la sociedad y el entorno que nos ha tocado vivir.

    No creo que utilizase cremas de la basura para cuidar a un hijo, pero también es verdad que los botecitos nuevos, relucientes, recién comprados en la farmacia no tienen entre sus ingredientes la educación y la concienciación que una personita necesita adquirir para mirar más allá de la realidad que le quieran vender… pero en su producción tal vez si que se hayan saltado «a la torera» algún derecho o alguna ley en el país de producción…¿?

    Yo seguiré apurando la pasta de dientes hasta límites insospechados 😉

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