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19 de septiembre 2011    /   IDEAS
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Dos lecturas distintas sobre la economía y la cultura

19 de septiembre 2011    /   IDEAS     por          
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En los últimos años, a los políticos se les ha llenado la boca hablando sobre la necesidad de cambiar el modelo de medición e ir más alla del PIB. Pero a la hora de la verdad, el único modelo que ha valido en los últimos años es precisamente ese. Si no creces, “no existes”. Si no creces, no vales y estás estancado. Poco importa si un país con un crecimiento moderado tiene una población mucho más feliz que otro que cuenta con un crecimiento espectacular pero que tiene a la mitad de la población viviendo a base de Prozac. Dos artículos publicados este fin de semana dan un poco de optimismo a los que buscan un contrapeso a una manera de medir el éxito dominado exclusivamente por indicadores macroeconómicos.

El primero es un reportaje publicado el viernes en The Guardian sobre Niu Wenyuan, uno de los principales asesores en materia económica del gobierno chino. Wenyuan lleva más de una década dándose de bruces con el partido comunista para introducir un nuevo tipo de PIB que introduzca factores sociales y medioambientales a la medición del progreso económico del país. Este año lo ha conseguido con algunas modificaciones y de forma experimental, pero ya está empezando a influir en el proceso político del país.
El indice es significativo porque algunas regiones chinas que reportaban altas puntuaciones cuando fueron medidas exclusivamente por su PIB no han salido tan bien paradas en las mediciones de Wenyuan, según el artículo de The Guardian:

“Algunos altos cargos están molestos. Los resultados económicos de sus provincias son mucho menos impresionantes cuando se tiene en cuenta otros factores. Según este nuevo ranking, que no solo tiene en cuenta el PIB, Guangdong cae del primero al tercer puesto, mientras que Zhejiang sube del cuarto al primer lugar”.
(…)”La fórmula de Niu mide la cantidad de recursos y energía que se necesitan para generar 10.000 yuan de PIB, calidad social que incluye la diferencia entre los ingresos de ricos y pobres (…), calidad medioambiental que explora indicadores como la expectativa de vida y otro indicadores de desarrollo humano, además de calidad de gestión, que analiza la proporción de los impuestos que se utilizan para seguridad pública, durabilidad de la infraestructura y la proporción de funcionarios en relación a la población total”.

Niu defiende que es necesario porque la población quiere tener más información más allá de indicadores económicos tradicionales.

“Quieren saber la verdad (…) No deberíamos idolatrar el PIB y no deberíamos abandonarlo. Nuestro objetivo es tener un PIB  que consuma pocos recursos, haga menos daño al medio ambiente y tenga un coste bajo social. Queremos un PIB racional y auténtico”.

La otra noticia positiva llega del otro lado del mundo. Concretamente de Latinoamérica, donde el pasado sábado un artículo de El País titulado “La excepción cultural latinoamericana” habló sobre el esfuerzo que se está haciendo en el continente para recuperar la cultura como un motor de cohesión y cambio social más alla de la obsesión de Occidente por meter todo en el saco de las descargas y las subvenciones:

“Mientras la crisis del Viejo Continente obliga a los Gobiernos a mandar su cuota de prestigio al aparcamiento de los presupuestos, Latinoamérica quiere colocarla en la vía rápida de las autopistas. Incluidas las que le quedan por construir. Mientras en una punta del mundo la industria cultural y el consumo marcan la agenda, en la otra la cultura desborda unos límites que nunca alcanzó a hacer suyos”.

El artículo refleja las impresiones del periodista tras asistir al IV Congreso Iberoamericano de Cultura que busca analizar los cambios culturales desde una perspectiva mucho más amplia y abierta.

Un vistazo a los temas de debate en el presente congreso ilustra bien esa idea transversal. La violencia, la economía, la innovación tecnológica o la geopolítica en el ascenso del sur global ocuparán conversaciones habitualmente dedicadas al libro electrónico, los derechos de autor o la industria discográfica. “La cultura no es un compartimento estanco”, sostiene el sociólogo chileno Patricio Rivas. “Afecta a la seguridad de las sociedades, la salud, el medio ambiente y la educación. Cuando se implementa un programa cultural dirigido a jóvenes, no solo se provumeve la creatividad, sino que, simultáneamente, se contribuye a mejorar el bienestar social, las relaciones personales, la formación y las oportunidades de participar en el mundo”.
(…)”La relación cultura-economía va más allá de la contribución de aquella al PIB de cada país. Como explica el politólogo brasileño Emir Sader, impulsor del Foro Social de Porto Alegre, “a mayor desarrollo económico, mayores condiciones de desarrollo en la producción cultural; sin embargo, esta última no se explica por el mayor o menor nivel de desarrollo económico”. Y recurre al ejemplo de la literatura contemporánea: “Difícilmente podría decirse que la producción más significativa proviene de los países del centro del capitalismo”. Y cuando lo hace, es de la mano de autores cuyas raíces se hunden en la periferia”.

Dos formas distintas de abordar temas tan importantes en nuestras vidas como el PIB y la cultura. Aunque los acontecimientos nos empujan a tener una visión cada vez más miope, siempre hay cosas por el camino que intentan llevarnos a abrir nuestras mentes.
Actualización: El caso de Rick Perry es un claro ejemplo de la ineficacia de las mediciones basadas exclusivamente en el PIB y la creación de empleo sin analizar los matices. Mientras que Perry defiende que como gobernador de Tejas, el estado ha creado el 40% del empleos en EEUU durante los últimos dos años, al candidato a la presidencia por el partido republicano se le ha olvidado mencionar que es uno de los estados donde más crece la pobreza, según explica este artículo de CNN Money.
Actualización 2: Haaretz hace una lectura crítica sobre la reciente revisión al alza de Standard & Poor a la nota del país. “Israel es el único país desarrollado que ha mejorado su nota desde que empezó la crisis en 2008 (…) pero el precio que ha tenido que pagar para conseguirlo ha sido alto”, en referencia a las protestas sociales que invaden el país.
Foto: bfishadow reproducido bajo licencia CC


En los últimos años, a los políticos se les ha llenado la boca hablando sobre la necesidad de cambiar el modelo de medición e ir más alla del PIB. Pero a la hora de la verdad, el único modelo que ha valido en los últimos años es precisamente ese. Si no creces, “no existes”. Si no creces, no vales y estás estancado. Poco importa si un país con un crecimiento moderado tiene una población mucho más feliz que otro que cuenta con un crecimiento espectacular pero que tiene a la mitad de la población viviendo a base de Prozac. Dos artículos publicados este fin de semana dan un poco de optimismo a los que buscan un contrapeso a una manera de medir el éxito dominado exclusivamente por indicadores macroeconómicos.

El primero es un reportaje publicado el viernes en The Guardian sobre Niu Wenyuan, uno de los principales asesores en materia económica del gobierno chino. Wenyuan lleva más de una década dándose de bruces con el partido comunista para introducir un nuevo tipo de PIB que introduzca factores sociales y medioambientales a la medición del progreso económico del país. Este año lo ha conseguido con algunas modificaciones y de forma experimental, pero ya está empezando a influir en el proceso político del país.
El indice es significativo porque algunas regiones chinas que reportaban altas puntuaciones cuando fueron medidas exclusivamente por su PIB no han salido tan bien paradas en las mediciones de Wenyuan, según el artículo de The Guardian:

“Algunos altos cargos están molestos. Los resultados económicos de sus provincias son mucho menos impresionantes cuando se tiene en cuenta otros factores. Según este nuevo ranking, que no solo tiene en cuenta el PIB, Guangdong cae del primero al tercer puesto, mientras que Zhejiang sube del cuarto al primer lugar”.
(…)”La fórmula de Niu mide la cantidad de recursos y energía que se necesitan para generar 10.000 yuan de PIB, calidad social que incluye la diferencia entre los ingresos de ricos y pobres (…), calidad medioambiental que explora indicadores como la expectativa de vida y otro indicadores de desarrollo humano, además de calidad de gestión, que analiza la proporción de los impuestos que se utilizan para seguridad pública, durabilidad de la infraestructura y la proporción de funcionarios en relación a la población total”.

Niu defiende que es necesario porque la población quiere tener más información más allá de indicadores económicos tradicionales.

“Quieren saber la verdad (…) No deberíamos idolatrar el PIB y no deberíamos abandonarlo. Nuestro objetivo es tener un PIB  que consuma pocos recursos, haga menos daño al medio ambiente y tenga un coste bajo social. Queremos un PIB racional y auténtico”.

La otra noticia positiva llega del otro lado del mundo. Concretamente de Latinoamérica, donde el pasado sábado un artículo de El País titulado “La excepción cultural latinoamericana” habló sobre el esfuerzo que se está haciendo en el continente para recuperar la cultura como un motor de cohesión y cambio social más alla de la obsesión de Occidente por meter todo en el saco de las descargas y las subvenciones:

“Mientras la crisis del Viejo Continente obliga a los Gobiernos a mandar su cuota de prestigio al aparcamiento de los presupuestos, Latinoamérica quiere colocarla en la vía rápida de las autopistas. Incluidas las que le quedan por construir. Mientras en una punta del mundo la industria cultural y el consumo marcan la agenda, en la otra la cultura desborda unos límites que nunca alcanzó a hacer suyos”.

El artículo refleja las impresiones del periodista tras asistir al IV Congreso Iberoamericano de Cultura que busca analizar los cambios culturales desde una perspectiva mucho más amplia y abierta.

Un vistazo a los temas de debate en el presente congreso ilustra bien esa idea transversal. La violencia, la economía, la innovación tecnológica o la geopolítica en el ascenso del sur global ocuparán conversaciones habitualmente dedicadas al libro electrónico, los derechos de autor o la industria discográfica. “La cultura no es un compartimento estanco”, sostiene el sociólogo chileno Patricio Rivas. “Afecta a la seguridad de las sociedades, la salud, el medio ambiente y la educación. Cuando se implementa un programa cultural dirigido a jóvenes, no solo se provumeve la creatividad, sino que, simultáneamente, se contribuye a mejorar el bienestar social, las relaciones personales, la formación y las oportunidades de participar en el mundo”.
(…)”La relación cultura-economía va más allá de la contribución de aquella al PIB de cada país. Como explica el politólogo brasileño Emir Sader, impulsor del Foro Social de Porto Alegre, “a mayor desarrollo económico, mayores condiciones de desarrollo en la producción cultural; sin embargo, esta última no se explica por el mayor o menor nivel de desarrollo económico”. Y recurre al ejemplo de la literatura contemporánea: “Difícilmente podría decirse que la producción más significativa proviene de los países del centro del capitalismo”. Y cuando lo hace, es de la mano de autores cuyas raíces se hunden en la periferia”.

Dos formas distintas de abordar temas tan importantes en nuestras vidas como el PIB y la cultura. Aunque los acontecimientos nos empujan a tener una visión cada vez más miope, siempre hay cosas por el camino que intentan llevarnos a abrir nuestras mentes.
Actualización: El caso de Rick Perry es un claro ejemplo de la ineficacia de las mediciones basadas exclusivamente en el PIB y la creación de empleo sin analizar los matices. Mientras que Perry defiende que como gobernador de Tejas, el estado ha creado el 40% del empleos en EEUU durante los últimos dos años, al candidato a la presidencia por el partido republicano se le ha olvidado mencionar que es uno de los estados donde más crece la pobreza, según explica este artículo de CNN Money.
Actualización 2: Haaretz hace una lectura crítica sobre la reciente revisión al alza de Standard & Poor a la nota del país. “Israel es el único país desarrollado que ha mejorado su nota desde que empezó la crisis en 2008 (…) pero el precio que ha tenido que pagar para conseguirlo ha sido alto”, en referencia a las protestas sociales que invaden el país.
Foto: bfishadow reproducido bajo licencia CC

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