21 de abril 2014    /   BUSINESS
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¿Habrá invasión de drones?

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Por la profusión de noticias con las que somos bombardeados cabría pensar que estamos ante la undécima plaga de Egipto y que tras la muerte de los primogénitos los cielos se llenarán de millones de drones que se ocuparán de las tareas más variopintas. Aún no sabemos si eso será exactamente así, por mucho que Amazon se empeñe en dibujar esa realidad de repartos voladores. Lo que sí sabemos es que, con un poco de suerte, los drones -o al menos algunos modelos- serán productos asequibles y que todos podremos tener uno para mandarlo a comprar el periódico. ¿Será la cosa tan sencilla como parece?
Conviene estar preparado para todo. El espacio aéreo, al igual que cualquier lugar que absorba la circulación de cualquier tipo de vehículo, es limitado. Además, la novedad de la situación y lo velozmente que pretende imponerse requiere de un tiempo de adaptación y educación que ahora da sus primeros pasos.
Una de las startups que quiere sembrar el pasto a través de drones de divulgación y de bajo coste es Erle Robotics. La empresa gasteiztarra presentó su primer prototipo hace menos de un año y en Robot Launch 2014 ya ha sido designada como una de las 30 startups de robótica más importantes del mundo.
La empresa se halla inmersa en pleno desarrollo de varios proyectos. Entre ellos, según explica uno de sus fundadores, David Mayoral, está BeaglePilot, «un proyecto en el que colaboramos con Google, BeagleBoard, 3DRobotics y otros interesados para crear el primer autopilot para ordenadores Linux».
Mayoral piensa que proyectos como este y, por extensión, otros del mismo ámbito pueden verse obstaculizados por la aprobación de la nueva normativa relativa a drones de uso comercial. «La aclaración emitida por AESA es, sin duda, algo que puede restringir el avance de estas tecnologías.Confiamos en que el gobierno acelere el proceso de regularización  teniendo en cuenta el potencial que tienen», señala.
El establecimiento de un  marco común es, para el ingeniero, necesaria,  ya que «en los últimos meses hemos visto cómo usuarios irresponsables han realizado capturas aéreas en áreas prohibidas. Creemos que esto es algo que debe controlarse. No obstante, esperamos que AESA comprenda bien la diferencia entre empresas responsables y usuarios que no lo son».
La regulación es deficiente o casi inexistente en la mayor parte de países del mundo. Más allá de que esa situación sea lo contrario a lo que necesita una industria en desarrollo, existen implicaciones que afectan seriamente a lo que se sitúa en tierra: los ciudadanos. La Unión Americana de Libertades Civiles planteaba la carencia de leyes como un problema que afecta a la privacidad de las personas.
Italia acaba de aprobar una regulación específica para el uso de vehículos aéreos no tripulados. Para Mayoral, «ese es el marco a seguir», un camino que posibilite el desarrollo tecnológico y la convivencia aérea de, se supone, millones de dispositivos en todo el mundo.

Por la profusión de noticias con las que somos bombardeados cabría pensar que estamos ante la undécima plaga de Egipto y que tras la muerte de los primogénitos los cielos se llenarán de millones de drones que se ocuparán de las tareas más variopintas. Aún no sabemos si eso será exactamente así, por mucho que Amazon se empeñe en dibujar esa realidad de repartos voladores. Lo que sí sabemos es que, con un poco de suerte, los drones -o al menos algunos modelos- serán productos asequibles y que todos podremos tener uno para mandarlo a comprar el periódico. ¿Será la cosa tan sencilla como parece?
Conviene estar preparado para todo. El espacio aéreo, al igual que cualquier lugar que absorba la circulación de cualquier tipo de vehículo, es limitado. Además, la novedad de la situación y lo velozmente que pretende imponerse requiere de un tiempo de adaptación y educación que ahora da sus primeros pasos.
Una de las startups que quiere sembrar el pasto a través de drones de divulgación y de bajo coste es Erle Robotics. La empresa gasteiztarra presentó su primer prototipo hace menos de un año y en Robot Launch 2014 ya ha sido designada como una de las 30 startups de robótica más importantes del mundo.
La empresa se halla inmersa en pleno desarrollo de varios proyectos. Entre ellos, según explica uno de sus fundadores, David Mayoral, está BeaglePilot, «un proyecto en el que colaboramos con Google, BeagleBoard, 3DRobotics y otros interesados para crear el primer autopilot para ordenadores Linux».
Mayoral piensa que proyectos como este y, por extensión, otros del mismo ámbito pueden verse obstaculizados por la aprobación de la nueva normativa relativa a drones de uso comercial. «La aclaración emitida por AESA es, sin duda, algo que puede restringir el avance de estas tecnologías.Confiamos en que el gobierno acelere el proceso de regularización  teniendo en cuenta el potencial que tienen», señala.
El establecimiento de un  marco común es, para el ingeniero, necesaria,  ya que «en los últimos meses hemos visto cómo usuarios irresponsables han realizado capturas aéreas en áreas prohibidas. Creemos que esto es algo que debe controlarse. No obstante, esperamos que AESA comprenda bien la diferencia entre empresas responsables y usuarios que no lo son».
La regulación es deficiente o casi inexistente en la mayor parte de países del mundo. Más allá de que esa situación sea lo contrario a lo que necesita una industria en desarrollo, existen implicaciones que afectan seriamente a lo que se sitúa en tierra: los ciudadanos. La Unión Americana de Libertades Civiles planteaba la carencia de leyes como un problema que afecta a la privacidad de las personas.
Italia acaba de aprobar una regulación específica para el uso de vehículos aéreos no tripulados. Para Mayoral, «ese es el marco a seguir», un camino que posibilite el desarrollo tecnológico y la convivencia aérea de, se supone, millones de dispositivos en todo el mundo.

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