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26 de junio 2016    /   CIENCIA
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La ciudad soviética donde la gente aprendía inglés mientras dormía

26 de junio 2016    /   CIENCIA     por          
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La pequeña ciudad de Dubna se encuentra a unos 150 kilómetros al norte de Moscú, junto al río Volga. Es una ciudad sin nada especial, salvo por una cosa. Un día, aquí se realizó un extraño experimento sobre la posibilidad de aprender un idioma extranjero mientras se dormía.

En diciembre de 1967, cuando la ciudad tenía unos 20.000 habitantes, la Academia Ucraniana de las Ciencias ordenó a todos los residentes que instalaran la radio en el dormitorio y sintonizaran una determinada emisora local todas las noches, a las mismas horas.

Durante los dos meses siguientes, los habitantes de Dubna tenían que estar en la cama a las 10:30 de la noche, y dejar la radio encendida. Diez minutos después, la radio emitía música tranquila para propiciar el sueño. Más tarde, a las 11:05, empezaban a emitirse lecciones de inglés que se prolongaban hasta las 6:30 de la mañana.

Los habitantes de Dubna recibieron casi ocho horas de inglés mientras dormían durante un período de dos meses. ¿Qué pasó? ¿Aprendieron aquel idioma extranjero? ¿Sirve de algo oír lecciones mientras dormimos?

Aprender durmiendo

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La idea de que mientras estamos en los brazos de Morfeo no solo podemos recibir información sino que ésta se almacena y se memoriza como si estuviéramos despiertos, no es nueva. Ya hace siglos que los monjes budistas susurraban los pasajes de libros sagrados a los oídos de los futuros sacerdotes mientras dormían. En Un mundo feliz, de Aldous Huxley, el distópico gobierno emite proclamas nocturnas a través de la radio para implantar determinada ideología en los ciudadanos.

Y desde que se popularizó la grabadora portátil, son muchos los estudiantes que han registrado lecciones de pura mnemótica, como la tabla de multiplicar, en casetes que se reproducían durante toda la noche antes del examen del día siguiente.

Hasta aquí la sabiduría popular, pero ¿qué sugieren los experimentos científicos al respecto? Uno de los primeros fue llevado a cabo por el psicólogo Lawrence LeShan, en 1942.

En agosto de ese año, visitó un campamento juvenil del estado de Nueva York, solicitó a niños que tuvieran la manía de morderse las uñas y los dividió en dos grupos. Al primer grupo, cuando llegaba la noche, LeShan entraba en la habitación donde dormían y accionaba un fonógrafo que repetía sin cesar la frase “las uñas de mis dedos saben mal”. Cuando transcurridas dos semanas el fonógrafo se averió, fue el propio LeShan el que se dedicó a repetir la frase cada noche, trescientas veces cada vez.

Finalmente, se comparó a los niños del primer grupo con los del segundo, que no habían recibido esta machacona frase noche tras noche. El 40% de los niños del primer grupo habían dejado de morderse las uñas. En el segundo grupo, nadie había dejado de hacerlo.

Estos experimentos, así como otros sucesivos, parecían indicar que efectivamente somos capaces de aprender mientras dormimos. Y que, incluso, durante el sueño los consejos y las ideas arraigan con más fuerza.

El experimento soviético

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En la década de 1960, soviéticos y norteamericanos competían en todos los campos posibles, incluido el de la ciencia. Ante los resultados obtenidos por LeShan, la Academia Ucraniana de las Ciencias llevó a cabo un experimento mucho más ambicioso sobre el aprendizaje del sueño para así demostrar que estaban por delante de los investigadores norteamericanos.

Todas las noches, los ciudadanos de la pequeña ciudad de Dubna, cerca de Moscú, empezaron a recibir lecciones de inglés. Tras varios meses, los responsables del experimento afirmaron que los residentes de Dubna, sin haber realizado ningún esfuerzo, fueron capaces de aprender mil palabras en inglés y hasta mantenían conversaciones elementales en ese idioma.

Era la primera vez en la historia que se refería que una ciudad, al completo, había incrementado su nivel cultural mientras dormía. Las posibilidades que ello abría eran infinitas: no solo se podría incrementar el nivel intelectual de pueblos enteros, sino también implantar las ideologías políticas más apropiadas, al estilo Huxley.

No tan deprisa

Antes de que empecéis a descargar lecciones de idiomas para reproducirlos durante vuestras sesiones nocturnas, cabe realizar una pequeña advertencia a propósito de los experimentos anteriormente mencionados: están todos mal.

El problema de todos ellos residía en que nunca se comprobaba fehacientemente que los voluntarios realmente estuvieran durmiendo cuando eran bombardeados por los mensajes nocturnos. Para descartar este factor, en 1956 se llevó a cabo otro experimento por parte de William H. Emmons y Charles W. Simon, de la Universidad de Illinois, que ya se ha convertido en un clásico: The non-recall of material presented during sleep.

En este estudio, los voluntarios estaban conectados a un aparato de electroencefalografía (EEG) para monitorizar las ondas cerebrales. Así pues, solo se reproducía la cinta nocturna cuando el voluntario estaba dormido.

En el experimento se reprodujeron listas de palabras, pero por los voluntarios no fueron capaz de recordarlas en ningún caso. Éste y los estudios sucesivos demostraron así que, mientras dormimos, no nos pueden introducir información en la cabeza, tal y como afirma el investigador Richard Wiseman en su libro Escuela nocturna: «repetir frases a lo largo de la noche no estimula la memoria de la persona».

Es una mala noticia para los estudiantes que se ponen una cinta con lecciones mientras duermen para el examen del día siguiente. Pero la neurociencia nos ha demostrado otra cosa de la que sí podemos aprovecharnos: para recordar la lección debemos estudiarla despiertos, y más tarde dormir lo suficiente, porque es durante el sueño cuando se consolida la información.

Es decir, que dormir nos hace aprender cosas, al fin y al cabo.

En resumen, dormir es fundamental para el aprendizaje, pero no cómo habíamos creído durante décadas, tal y como remata Wiseman aludiendo a todos los estudios que se han realizado sobre el proceso de recordar listas de palabras:

A unos les pedían que recordaran una lista de palabras por la mañana y después la repitieran por la noche. A los otros, en cambio, les daban una lista por la noche y la tenían que repetir por la mañana (…) quienes pasaban la mayor parte del experimento profundamente dormidos recordaban muchas más palabras.

La pequeña ciudad de Dubna se encuentra a unos 150 kilómetros al norte de Moscú, junto al río Volga. Es una ciudad sin nada especial, salvo por una cosa. Un día, aquí se realizó un extraño experimento sobre la posibilidad de aprender un idioma extranjero mientras se dormía.

En diciembre de 1967, cuando la ciudad tenía unos 20.000 habitantes, la Academia Ucraniana de las Ciencias ordenó a todos los residentes que instalaran la radio en el dormitorio y sintonizaran una determinada emisora local todas las noches, a las mismas horas.

Durante los dos meses siguientes, los habitantes de Dubna tenían que estar en la cama a las 10:30 de la noche, y dejar la radio encendida. Diez minutos después, la radio emitía música tranquila para propiciar el sueño. Más tarde, a las 11:05, empezaban a emitirse lecciones de inglés que se prolongaban hasta las 6:30 de la mañana.

Los habitantes de Dubna recibieron casi ocho horas de inglés mientras dormían durante un período de dos meses. ¿Qué pasó? ¿Aprendieron aquel idioma extranjero? ¿Sirve de algo oír lecciones mientras dormimos?

Aprender durmiendo

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La idea de que mientras estamos en los brazos de Morfeo no solo podemos recibir información sino que ésta se almacena y se memoriza como si estuviéramos despiertos, no es nueva. Ya hace siglos que los monjes budistas susurraban los pasajes de libros sagrados a los oídos de los futuros sacerdotes mientras dormían. En Un mundo feliz, de Aldous Huxley, el distópico gobierno emite proclamas nocturnas a través de la radio para implantar determinada ideología en los ciudadanos.

Y desde que se popularizó la grabadora portátil, son muchos los estudiantes que han registrado lecciones de pura mnemótica, como la tabla de multiplicar, en casetes que se reproducían durante toda la noche antes del examen del día siguiente.

Hasta aquí la sabiduría popular, pero ¿qué sugieren los experimentos científicos al respecto? Uno de los primeros fue llevado a cabo por el psicólogo Lawrence LeShan, en 1942.

En agosto de ese año, visitó un campamento juvenil del estado de Nueva York, solicitó a niños que tuvieran la manía de morderse las uñas y los dividió en dos grupos. Al primer grupo, cuando llegaba la noche, LeShan entraba en la habitación donde dormían y accionaba un fonógrafo que repetía sin cesar la frase “las uñas de mis dedos saben mal”. Cuando transcurridas dos semanas el fonógrafo se averió, fue el propio LeShan el que se dedicó a repetir la frase cada noche, trescientas veces cada vez.

Finalmente, se comparó a los niños del primer grupo con los del segundo, que no habían recibido esta machacona frase noche tras noche. El 40% de los niños del primer grupo habían dejado de morderse las uñas. En el segundo grupo, nadie había dejado de hacerlo.

Estos experimentos, así como otros sucesivos, parecían indicar que efectivamente somos capaces de aprender mientras dormimos. Y que, incluso, durante el sueño los consejos y las ideas arraigan con más fuerza.

El experimento soviético

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En la década de 1960, soviéticos y norteamericanos competían en todos los campos posibles, incluido el de la ciencia. Ante los resultados obtenidos por LeShan, la Academia Ucraniana de las Ciencias llevó a cabo un experimento mucho más ambicioso sobre el aprendizaje del sueño para así demostrar que estaban por delante de los investigadores norteamericanos.

Todas las noches, los ciudadanos de la pequeña ciudad de Dubna, cerca de Moscú, empezaron a recibir lecciones de inglés. Tras varios meses, los responsables del experimento afirmaron que los residentes de Dubna, sin haber realizado ningún esfuerzo, fueron capaces de aprender mil palabras en inglés y hasta mantenían conversaciones elementales en ese idioma.

Era la primera vez en la historia que se refería que una ciudad, al completo, había incrementado su nivel cultural mientras dormía. Las posibilidades que ello abría eran infinitas: no solo se podría incrementar el nivel intelectual de pueblos enteros, sino también implantar las ideologías políticas más apropiadas, al estilo Huxley.

No tan deprisa

Antes de que empecéis a descargar lecciones de idiomas para reproducirlos durante vuestras sesiones nocturnas, cabe realizar una pequeña advertencia a propósito de los experimentos anteriormente mencionados: están todos mal.

El problema de todos ellos residía en que nunca se comprobaba fehacientemente que los voluntarios realmente estuvieran durmiendo cuando eran bombardeados por los mensajes nocturnos. Para descartar este factor, en 1956 se llevó a cabo otro experimento por parte de William H. Emmons y Charles W. Simon, de la Universidad de Illinois, que ya se ha convertido en un clásico: The non-recall of material presented during sleep.

En este estudio, los voluntarios estaban conectados a un aparato de electroencefalografía (EEG) para monitorizar las ondas cerebrales. Así pues, solo se reproducía la cinta nocturna cuando el voluntario estaba dormido.

En el experimento se reprodujeron listas de palabras, pero por los voluntarios no fueron capaz de recordarlas en ningún caso. Éste y los estudios sucesivos demostraron así que, mientras dormimos, no nos pueden introducir información en la cabeza, tal y como afirma el investigador Richard Wiseman en su libro Escuela nocturna: «repetir frases a lo largo de la noche no estimula la memoria de la persona».

Es una mala noticia para los estudiantes que se ponen una cinta con lecciones mientras duermen para el examen del día siguiente. Pero la neurociencia nos ha demostrado otra cosa de la que sí podemos aprovecharnos: para recordar la lección debemos estudiarla despiertos, y más tarde dormir lo suficiente, porque es durante el sueño cuando se consolida la información.

Es decir, que dormir nos hace aprender cosas, al fin y al cabo.

En resumen, dormir es fundamental para el aprendizaje, pero no cómo habíamos creído durante décadas, tal y como remata Wiseman aludiendo a todos los estudios que se han realizado sobre el proceso de recordar listas de palabras:

A unos les pedían que recordaran una lista de palabras por la mañana y después la repitieran por la noche. A los otros, en cambio, les daban una lista por la noche y la tenían que repetir por la mañana (…) quienes pasaban la mayor parte del experimento profundamente dormidos recordaban muchas más palabras.

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Opiniones 15
  • Un pequeño detalle «Es una ciudad sin nada especial, salvo por una cosa». Ahi te has pasado tres pueblos, Dubna aloja el JINR, donde se han sintetizado nada mas ni nada menos que 7 elementos muy pesados y super pesados.

  • No fueron todos los habitantes, sólo 1000 estudiantes del centro de investigación nuclear soviético (que aún existe, por cierto, y es una especie de CERN de países ex-comunistas y del este) y nadie fue obligado. Tampoco tuvo nada que ver ninguna academia ucraniana (Dubna no esta en Ucrania o el antiguo territorio de la RSS de Ucrania).

    Tres minutos de Google he usado. Tres.

  • En este caso es peor el remedio que la enfermedad. De sobra es sabido que nuestro cerebro sigue recibiendo información incluso estando dormidos. Dormir en un ambiente con ruidos produce una merma en el descanso real del cerebro. Me imagino el cansancio de los habitantes de esa ciudad rusa, casi que un experimento una tortura.

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