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Publicado: 25 de enero 2024 07:54  /   BRANDED CONTENT
 

Cuando ellas se plantaron: ‘Duelos históricos’ en ARTE.tv

Publicado: 25 de enero 2024 07:54  /   BRANDED CONTENT              
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La historia es una mezcla de sucesos, coincidencias y acciones. Estas últimas a veces vienen provocadas de forma compartida por el conjunto de una sociedad; otras, por la voluntad y el empecinamiento de un solo individuo. En algunos casos, incluso, ha sido el choque entre dos personas el que ha desatado consecuencias de proporciones históricas. 

A esos beefs trascendentales se asoma Duelos históricos la serie de ARTE.tv que se sumerge en esos enfrentamientos que han terminado dándole la vuelta a la tortilla de la historia de una u otra manera. Duelos históricos trata específicamente de esas ocasiones en las que fue una mujer la que rechazó amoldarse a las circunstancias; de esas peripecias en las que fue una de ellas la que no dejó pasar los desplantes y abusos de sus padres, amantes, amigos, enemigos o líderes, y, en vez de eso, les plantó cara. 

Malinche vs. Moctezuma II

El borrado de Malinal (La Malinche) de la historia por parte de Hernán Cortés es uno de esos casos de invisibilización del papel de las mujeres en ciertos acontecimientos históricos. La indígena pasó de la esclavitud a ser una pieza clave de la conquista española de México por parte del notario metido a explorador del Nuevo Mundo.

La historia de la Malinche comienza con su padre, un cacique azteca. Gracias a su ascendencia privilegiada, Malinal recibió una educación sui generis que le serviría posteriormente para empeñarse como traductora para los españoles.

Tras la muerte de su padre, su madre, ignorante de los talentos que terminaría exhibiendo Malinal, la vendió a unos tratantes de esclavos. Así, la Malinche terminaría como esclava de otro cacique, en este caso maya, unas circunstancias que se extenderían hasta 1519 cuando, tras la llegada de los españoles a las costas mexicanas, el hombre que la poseía la puso, junto a otra mujeres, al servicio de los españoles.

A Hernán Cortés, en plena conquista de México, los talentos de la mujer se le hicieron obvios enseguida. No solo sirvió Malinal como intérprete y traductora. Según la historiadora Cordelia Candelaria, los españoles se valieron de la indígena también «como guía de la región, asesora sobre las costumbres y creencias de los nativos, y como competente estratega».

Para Moctezuma II, emperador azteca, el papel de la Malinche al servicio de los españoles era una amenaza tremenda. Malinal no solo es una traidora por alinearse con los españoles, también lo es por convertirse al cristianismo y renegar de las creencias de sus compatriotas, hasta el punto de llegar a denunciar prácticas tradicionales indígenas como los sacrificios humanos.

Pero, sobre todo, la mujer adquiere un importante rol de diplomática al servicio de los españoles. Un papel para el que ella, por su condición de mujer, es percibida como una aberración por parte de Moctezuma. Y en ese contexto nace un enfrentamiento que determinará el futuro de la región.

Lucrecia Borgia vs. Alejandro VI

Lucrecia Borgia aprendió un par de cosas sobre los matrimonios concertados por experiencia propia. Hija de Rodrigo Borgia, de los Borja valencianos, y, a la sazón, papa Alejandro VI, la mujer se convirtió en pieza de cambio al servicio de su sed de poder.

Tres matrimonios conoció Lucrecia Borgia. El primero, conciliado, por supuesto, por su padre con Juan Sforza, miembro de la familia más poderosa de Milán y facilitador de una preciada alianza para el patriarca Borgia. Un matrimonio en el que Sforza, que doblaba la edad de Lucrecia, se presenta como una condena en vida para la mujer, y que termina en anulación cuando Alejandro VI acusa a Sforza de no haber desvirgado a su hija.

Lo hace, en el fondo, para perseguir una nueva alianza con el reino de Nápoles. Un acuerdo que se fundamentará, cómo no, en un nuevo matrimonio para Lucrecia. Sforza, humillado, esparcirá los rumores de incesto que perseguirán a los Borgia para el resto de los tiempos. Especialmente a Lucrecia, objetivo concreto de sus habladurías.

El segundo marido de la Borgia, Alfonso de Aragón, es mucho más adecuado para ella. Son de la misma edad y tienen la misma pasión por la cultura y las artes. Incluso tuvieron un hijo. A pesar de ello, el matrimonio es de los cortos: no llega a cumplir los dos años. De nuevo, la vida marital de Lucrecia Borgia se pondrá al servicio de los intereses de su padre después de que a este la coalición con Nápoles deje de resultarle útil.

El papa, interesado en firmar una nueva alianza, recurrirá a la vía rápida para recuperar la mano de su hija: matar a Alfonso de Aragón. Una manera de proceder que habría chocado con los deseos de Lucrecia, que, después de su primer matrimonio, le habría cogido gusto a su segundo marido. Prueba de ello es que, según dicen los cronistas, después de un primer atentado fallido por parte de los Borgia que habría dejado a Alfonso al borde de la muerte, Lucrecia jamás habría dejado al convaleciente sin compañía.

Será este contexto el que genere el choque de voluntades entre los dos Borgia, padre e hija, en una Italia renacentista en la que las mujeres, más allá de ser esposas, madres y activos para malvender a cambio de alianzas, pintaban poco.

Camille Claudel vs. Auguste Rodin

Hija de una familia burguesa, las habilidades escultóricas de Camille Claudel destacaron desde que era una niña pequeña. Fueron estas primeras creaciones artísticas infantiles las que sirvieron para convencer a su padre, inspector de Hacienda, de las ventajas de enviar a su familia al París de 1881. Para su padre, Camile Claudel está llamada a ser una gran artista y debe comenzar cuando antes a estudiar con los grandes maestros.

Poco después de su llegada a París, en 1884, a Claudel le sonríe la suerte. Después de emplearse al servicio de otro artista, la joven consigue un trabajo en el taller de Auguste Rodin. Allí destaca pronto entre sus compañeros, y el maestro no tarda en invitarle a unirse a su propio equipo. De su mano, la artista toma parte en la creación de algunas de las obras maestras tempranas de Rodin como Los burgueses de Calais y La Puerta del Infierno, en las que esculpe manos y pies. Con el roce nace, faltaría más, el cariño y, a pesar de que les separan 23 años, pronto inician una relación amorosa. 

Durante más de una década y media, los dos artistas se alimentan mutuamente. Se animan, se asesoran y se inspiran. Los dos crecen en sus respectivas trayectorias, pero a Claudel le queda una espinita. Rodin se resiste a abandonar a Rose Beuret, madre de su hijo y su pareja durante sus años duros. Sin embargo, la sombra de Rodin es demasiado alargada y Camille termina cansada de no poder destacar por sí misma. 

La decisión de Camille Claudel de abandonar a Auguste Rodin sirve de detonador para el conflicto entre ambos. La joven culpa al artista de plagio y acoso y termina desarrollando episodios de psicosis. Entre ambos se desata un enfrentamiento que mezcla la mala sangre de los examantes con los ciclópeos egos de los artistas.

Los 10 episodios de Duelos históricos están disponibles gratis en ARTE.tv. Además de Claudel, Borgia y la Malinche, la serie se acerca a un buen grupo de mujeres que supieron plantarse ante los abusos e injusticias. Mujeres como Billie Jean King, Marie Curie, Rosa Luxemburgo o Angela Davis, y cuyas historias te esperan aquí.

La historia es una mezcla de sucesos, coincidencias y acciones. Estas últimas a veces vienen provocadas de forma compartida por el conjunto de una sociedad; otras, por la voluntad y el empecinamiento de un solo individuo. En algunos casos, incluso, ha sido el choque entre dos personas el que ha desatado consecuencias de proporciones históricas. 

A esos beefs trascendentales se asoma Duelos históricos la serie de ARTE.tv que se sumerge en esos enfrentamientos que han terminado dándole la vuelta a la tortilla de la historia de una u otra manera. Duelos históricos trata específicamente de esas ocasiones en las que fue una mujer la que rechazó amoldarse a las circunstancias; de esas peripecias en las que fue una de ellas la que no dejó pasar los desplantes y abusos de sus padres, amantes, amigos, enemigos o líderes, y, en vez de eso, les plantó cara. 

Malinche vs. Moctezuma II

El borrado de Malinal (La Malinche) de la historia por parte de Hernán Cortés es uno de esos casos de invisibilización del papel de las mujeres en ciertos acontecimientos históricos. La indígena pasó de la esclavitud a ser una pieza clave de la conquista española de México por parte del notario metido a explorador del Nuevo Mundo.

La historia de la Malinche comienza con su padre, un cacique azteca. Gracias a su ascendencia privilegiada, Malinal recibió una educación sui generis que le serviría posteriormente para empeñarse como traductora para los españoles.

Tras la muerte de su padre, su madre, ignorante de los talentos que terminaría exhibiendo Malinal, la vendió a unos tratantes de esclavos. Así, la Malinche terminaría como esclava de otro cacique, en este caso maya, unas circunstancias que se extenderían hasta 1519 cuando, tras la llegada de los españoles a las costas mexicanas, el hombre que la poseía la puso, junto a otra mujeres, al servicio de los españoles.

A Hernán Cortés, en plena conquista de México, los talentos de la mujer se le hicieron obvios enseguida. No solo sirvió Malinal como intérprete y traductora. Según la historiadora Cordelia Candelaria, los españoles se valieron de la indígena también «como guía de la región, asesora sobre las costumbres y creencias de los nativos, y como competente estratega».

Para Moctezuma II, emperador azteca, el papel de la Malinche al servicio de los españoles era una amenaza tremenda. Malinal no solo es una traidora por alinearse con los españoles, también lo es por convertirse al cristianismo y renegar de las creencias de sus compatriotas, hasta el punto de llegar a denunciar prácticas tradicionales indígenas como los sacrificios humanos.

Pero, sobre todo, la mujer adquiere un importante rol de diplomática al servicio de los españoles. Un papel para el que ella, por su condición de mujer, es percibida como una aberración por parte de Moctezuma. Y en ese contexto nace un enfrentamiento que determinará el futuro de la región.

Lucrecia Borgia vs. Alejandro VI

Lucrecia Borgia aprendió un par de cosas sobre los matrimonios concertados por experiencia propia. Hija de Rodrigo Borgia, de los Borja valencianos, y, a la sazón, papa Alejandro VI, la mujer se convirtió en pieza de cambio al servicio de su sed de poder.

Tres matrimonios conoció Lucrecia Borgia. El primero, conciliado, por supuesto, por su padre con Juan Sforza, miembro de la familia más poderosa de Milán y facilitador de una preciada alianza para el patriarca Borgia. Un matrimonio en el que Sforza, que doblaba la edad de Lucrecia, se presenta como una condena en vida para la mujer, y que termina en anulación cuando Alejandro VI acusa a Sforza de no haber desvirgado a su hija.

Lo hace, en el fondo, para perseguir una nueva alianza con el reino de Nápoles. Un acuerdo que se fundamentará, cómo no, en un nuevo matrimonio para Lucrecia. Sforza, humillado, esparcirá los rumores de incesto que perseguirán a los Borgia para el resto de los tiempos. Especialmente a Lucrecia, objetivo concreto de sus habladurías.

El segundo marido de la Borgia, Alfonso de Aragón, es mucho más adecuado para ella. Son de la misma edad y tienen la misma pasión por la cultura y las artes. Incluso tuvieron un hijo. A pesar de ello, el matrimonio es de los cortos: no llega a cumplir los dos años. De nuevo, la vida marital de Lucrecia Borgia se pondrá al servicio de los intereses de su padre después de que a este la coalición con Nápoles deje de resultarle útil.

El papa, interesado en firmar una nueva alianza, recurrirá a la vía rápida para recuperar la mano de su hija: matar a Alfonso de Aragón. Una manera de proceder que habría chocado con los deseos de Lucrecia, que, después de su primer matrimonio, le habría cogido gusto a su segundo marido. Prueba de ello es que, según dicen los cronistas, después de un primer atentado fallido por parte de los Borgia que habría dejado a Alfonso al borde de la muerte, Lucrecia jamás habría dejado al convaleciente sin compañía.

Será este contexto el que genere el choque de voluntades entre los dos Borgia, padre e hija, en una Italia renacentista en la que las mujeres, más allá de ser esposas, madres y activos para malvender a cambio de alianzas, pintaban poco.

Camille Claudel vs. Auguste Rodin

Hija de una familia burguesa, las habilidades escultóricas de Camille Claudel destacaron desde que era una niña pequeña. Fueron estas primeras creaciones artísticas infantiles las que sirvieron para convencer a su padre, inspector de Hacienda, de las ventajas de enviar a su familia al París de 1881. Para su padre, Camile Claudel está llamada a ser una gran artista y debe comenzar cuando antes a estudiar con los grandes maestros.

Poco después de su llegada a París, en 1884, a Claudel le sonríe la suerte. Después de emplearse al servicio de otro artista, la joven consigue un trabajo en el taller de Auguste Rodin. Allí destaca pronto entre sus compañeros, y el maestro no tarda en invitarle a unirse a su propio equipo. De su mano, la artista toma parte en la creación de algunas de las obras maestras tempranas de Rodin como Los burgueses de Calais y La Puerta del Infierno, en las que esculpe manos y pies. Con el roce nace, faltaría más, el cariño y, a pesar de que les separan 23 años, pronto inician una relación amorosa. 

Durante más de una década y media, los dos artistas se alimentan mutuamente. Se animan, se asesoran y se inspiran. Los dos crecen en sus respectivas trayectorias, pero a Claudel le queda una espinita. Rodin se resiste a abandonar a Rose Beuret, madre de su hijo y su pareja durante sus años duros. Sin embargo, la sombra de Rodin es demasiado alargada y Camille termina cansada de no poder destacar por sí misma. 

La decisión de Camille Claudel de abandonar a Auguste Rodin sirve de detonador para el conflicto entre ambos. La joven culpa al artista de plagio y acoso y termina desarrollando episodios de psicosis. Entre ambos se desata un enfrentamiento que mezcla la mala sangre de los examantes con los ciclópeos egos de los artistas.

Los 10 episodios de Duelos históricos están disponibles gratis en ARTE.tv. Además de Claudel, Borgia y la Malinche, la serie se acerca a un buen grupo de mujeres que supieron plantarse ante los abusos e injusticias. Mujeres como Billie Jean King, Marie Curie, Rosa Luxemburgo o Angela Davis, y cuyas historias te esperan aquí.

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