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7 de febrero 2019    /   BUSINESS
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El diario ilustrado desde un psiquiátrico que ‘humaniza’ las enfermedades mentales

7 de febrero 2019    /   BUSINESS     por          
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Maria Manonelles («¡Maria, sin tilde, porfa!», nos pide que tengamos en cuenta al escribir su nombre) no teme a las etiquetas. Ella misma se define como «loca» pese a ser consciente de que ese no es un distintivo cualquiera.

«Sobre nosotros, los locos, recae un estigma que distorsiona y deshumaniza nuestra imagen a ojos de aquellos que son, o creen ser, “normales”».

Entrecomilla el último calificativo porque considera que no puede aplicarse a nadie al 100%. «Los que llevamos la etiqueta de taraos no estamos tan lejos del resto. Ninguna persona es inmune a pasar por un problema de salud mental, ¡al menos una vez en la vida!».

El suyo lo diagnosticaron el mismo día en el que le dieron de alta en la unidad psiquiátrica donde estuvo ingresada durante algo más de un mes tras un intento de suicidio. Aquella experiencia le dejó una huella en forma de libro: Duermo mucho (Fragile Movement).

A Maria solo le hizo falta un cuaderno y un lápiz para empezar a escribirlo. O más bien, a ilustrarlo porque su, por aquel entonces, compañero de piso le dejó el material el día que fue a visitarla para que se entretuviera dibujando mientras estaba ingresada. Su negativa inicial a seguir su consejo duró poco.

En Duermo mucho, Maria retrata y cuenta lo que pasó durante esa treintena de días de 2016. Lo que ocurrió en el hospital y también lo que pasaba dentro de ella. Dibuja y escribe sobre los doctores que la trataron, sobre otros pacientes y sobre las visitas y cartas que recibió.

Experiencias que le enseñaron cosas como que un breve texto sobre una planta típica del Mediterráneo o las ofertas de un catálogo de electrodomésticos pueden resultar más reconfortantes que las típicas frases de aliento que recitamos a las personas que pasan por una situación similar a la suya.

Maria asegura llevar «presentes en el corazón» a sus compañeros de la 8ª planta de aquel hospital de Barcelona («la que no tiene planos que indiquen ni extintores ni salidas de emergencia ni salidas de ningún otro tipo» pero, a cambio, disponía de unas impresionantes vistas al mar).

«De ellos aprendí a tratar mis problemas con un humor y una sensibilidad a la que no me atrevía a acercarme antes. Con alguno de ellos incluso he conservado una relación más cercana, alguna que otra borrachera pospsiquiátrico… », ríe.

Con ellos se sentía cómoda. Se acostumbró tanto y tan rápido al ambiente de aquella unidad que su psiquiatra decidió aislarla. Maria se encontraba demasiado a gusto en aquella realidad tan alejada del mundo real.

«La doctora consideró que tal vez me estaba aficionando demasiado a la vida de psiquiátrico (cuando la otra opción es salir y matarte, te agarras a lo que tienes) así que, para hacerme cambiar de opinión, decidió restringirme las salidas, prohibirme las visitas y las llamadas. ¡Plan maestro!».

Y llegó el día en que Maria dejó el hospital. Más que a una mejoría en su estado de salud, ella sospecha que su alta se debió a un problema de disponibilidad de camas. «Y yo duermo mucho», confiesa. Algo que hace desde siempre y que precisamente los tratamientos prescritos no ayudan a paliar. Más bien lo contrario. En estos momentos, de hecho, asegura sentirse «con sueño, ansiedad, hambre y ¡un montón de incredulidad positivísima!».

Esta última sensación procede de la buena acogida que está teniendo su libro: «No me creo los mensajes tan buenos que me llegan. Costó bastante convencerme para publicarlo en un principio; ¡estaba empeñada en que nadie lo iba a querer leer! Me cuesta creer aún que esté ayudando a personas a sentirse más cómodas a la hora de hablar abiertamente sobre salud mental».

Maria autopublicó el libro en 2017. La pequeña edición lanzada se agotó rápidamente, sobre todo tras aparecer en diversos medios de comunicación. Fue entonces cuando la editorial Fragile Movement se puso en contacto con ella. Duermo mucho encajaba como un guante en la filosofía de la flamante editorial que, según Ricardo Baronas, su cofundador, «detecta y muestra las fragilidades de la sociedad».

Además de constituirse como una cooperativa sin ánimo de lucro, Fragile Movement destina porcentajes solidarios por cada uno de los libros vendidos a entidades afines a las temáticas sociales que tratan.

Baronas y su socia, Gemma Amargant, se lanzaron a crear la editorial tras detectar que el sector adolecía de falta de empatía social. «Los libros de autoayuda –pone como ejemplo Barones– se enfocan a la superación personal y no a generar un movimiento social».

El de Maria Manolelles, de hecho, puede encontrarse en la sección de autoayuda de la mayoría de las librerías. Algo que la autora no acaba de ver:

«Yo, en realidad, lo metería en la de «Sálvese quien pueda». Pero todo lo compensa el comentario de ese fan que me dijo: «¡Estás más potente que la Kardashian!» ¡Gracias, hombre! Ya lo sabía ;D».

 

 

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Maria Manonelles («¡Maria, sin tilde, porfa!», nos pide que tengamos en cuenta al escribir su nombre) no teme a las etiquetas. Ella misma se define como «loca» pese a ser consciente de que ese no es un distintivo cualquiera.

«Sobre nosotros, los locos, recae un estigma que distorsiona y deshumaniza nuestra imagen a ojos de aquellos que son, o creen ser, “normales”».

Entrecomilla el último calificativo porque considera que no puede aplicarse a nadie al 100%. «Los que llevamos la etiqueta de taraos no estamos tan lejos del resto. Ninguna persona es inmune a pasar por un problema de salud mental, ¡al menos una vez en la vida!».

El suyo lo diagnosticaron el mismo día en el que le dieron de alta en la unidad psiquiátrica donde estuvo ingresada durante algo más de un mes tras un intento de suicidio. Aquella experiencia le dejó una huella en forma de libro: Duermo mucho (Fragile Movement).

A Maria solo le hizo falta un cuaderno y un lápiz para empezar a escribirlo. O más bien, a ilustrarlo porque su, por aquel entonces, compañero de piso le dejó el material el día que fue a visitarla para que se entretuviera dibujando mientras estaba ingresada. Su negativa inicial a seguir su consejo duró poco.

En Duermo mucho, Maria retrata y cuenta lo que pasó durante esa treintena de días de 2016. Lo que ocurrió en el hospital y también lo que pasaba dentro de ella. Dibuja y escribe sobre los doctores que la trataron, sobre otros pacientes y sobre las visitas y cartas que recibió.

Experiencias que le enseñaron cosas como que un breve texto sobre una planta típica del Mediterráneo o las ofertas de un catálogo de electrodomésticos pueden resultar más reconfortantes que las típicas frases de aliento que recitamos a las personas que pasan por una situación similar a la suya.

Maria asegura llevar «presentes en el corazón» a sus compañeros de la 8ª planta de aquel hospital de Barcelona («la que no tiene planos que indiquen ni extintores ni salidas de emergencia ni salidas de ningún otro tipo» pero, a cambio, disponía de unas impresionantes vistas al mar).

«De ellos aprendí a tratar mis problemas con un humor y una sensibilidad a la que no me atrevía a acercarme antes. Con alguno de ellos incluso he conservado una relación más cercana, alguna que otra borrachera pospsiquiátrico… », ríe.

Con ellos se sentía cómoda. Se acostumbró tanto y tan rápido al ambiente de aquella unidad que su psiquiatra decidió aislarla. Maria se encontraba demasiado a gusto en aquella realidad tan alejada del mundo real.

«La doctora consideró que tal vez me estaba aficionando demasiado a la vida de psiquiátrico (cuando la otra opción es salir y matarte, te agarras a lo que tienes) así que, para hacerme cambiar de opinión, decidió restringirme las salidas, prohibirme las visitas y las llamadas. ¡Plan maestro!».

Y llegó el día en que Maria dejó el hospital. Más que a una mejoría en su estado de salud, ella sospecha que su alta se debió a un problema de disponibilidad de camas. «Y yo duermo mucho», confiesa. Algo que hace desde siempre y que precisamente los tratamientos prescritos no ayudan a paliar. Más bien lo contrario. En estos momentos, de hecho, asegura sentirse «con sueño, ansiedad, hambre y ¡un montón de incredulidad positivísima!».

Esta última sensación procede de la buena acogida que está teniendo su libro: «No me creo los mensajes tan buenos que me llegan. Costó bastante convencerme para publicarlo en un principio; ¡estaba empeñada en que nadie lo iba a querer leer! Me cuesta creer aún que esté ayudando a personas a sentirse más cómodas a la hora de hablar abiertamente sobre salud mental».

Maria autopublicó el libro en 2017. La pequeña edición lanzada se agotó rápidamente, sobre todo tras aparecer en diversos medios de comunicación. Fue entonces cuando la editorial Fragile Movement se puso en contacto con ella. Duermo mucho encajaba como un guante en la filosofía de la flamante editorial que, según Ricardo Baronas, su cofundador, «detecta y muestra las fragilidades de la sociedad».

Además de constituirse como una cooperativa sin ánimo de lucro, Fragile Movement destina porcentajes solidarios por cada uno de los libros vendidos a entidades afines a las temáticas sociales que tratan.

Baronas y su socia, Gemma Amargant, se lanzaron a crear la editorial tras detectar que el sector adolecía de falta de empatía social. «Los libros de autoayuda –pone como ejemplo Barones– se enfocan a la superación personal y no a generar un movimiento social».

El de Maria Manolelles, de hecho, puede encontrarse en la sección de autoayuda de la mayoría de las librerías. Algo que la autora no acaba de ver:

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