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Duro de matar

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Imagina un hombre alto, de mirada penetrante y larga barba rizada. Ese titán viste siempre de negro y asegura tener poderes de adivinación, lo que le granjea la amistad y simpatía de la zarina Alejandra Fiódorovna. De existir en la época, hubiera llevado unas Ray-Ban de Cuero, que cuando se las quitase toda la alta sociedad rusa hubiera caído hipnotizada por sus ojos. La esposa del malogrado Nicolas II le otorga enormes poderes dentro del Gobierno, en el que llegó a mandar cuando durante la Primera Guerra Mundial el zar se puso al frente de su ejército para proteger la madre patria. Nada mal para un hijo de campesinos analfabetos. Entonces se ganó el sobrenombre de ‘El monje loco’, debido a las supuestas orgías que organizaba en la corte rusa. Cuando en 1916 logró imponer a su candidato títere como presidente del Consejo de Estado, un trío de conspiradores decidió matar al famoso Rasputín.
Fue en diciembre de 1916 cuando el príncipe Yussopov, el gran duque Dimitri y el diputado de derechas Purishkiévich decidieron llevar a cabo su plan. Para ello le tendieron una trampa a la que no pudo resistirse. En el sótano del palacio del primero prepararon una gran cantidad de manjares, bebida y comida en abundancia y atrajeron al monje a su casa con la excusa de que su mujer necesitaba sus servicios. Yussopov, principal ideólogo del complot, se sentó con él. La comida estaba envenenada. Los dos hombres comenzaron a conversar. El tema, para desagrado de Yussopov, giró en torno a los intentos de asesinato a los que el monje había logrado sobrevivir.
Rasputín bebió y comió copiosamente. Poco a poco, comenzó a sentirse debilitado y llegó a la conclusión de que había sido envenenado. Se levantó para enfrentarse a su rival y este le disparó en el corazón. Los otros dos conspiradores bajaron al oír el estruendo. Allí estaba el cuerpo tendido del monje, con una herida de bala en el corazón. Habían logrado su objetivo. Comenzaron entonces a discutir qué hacer con el cadáver, cómo deshacerse de los restos mortales de uno de los hombres más poderosos de Rusia. Mientras discutían, Rasputín se levantó de pronto. Seguía vivo y tras empujar a sus enemigos, logró alcanzar el exterior y salió corriendo por la nieve de San Petersburgo.
Los conspiradores le dispararon dos veces más y le golpearon en la cabeza. Le llenaron de cadenas y lo enrollaron en una alfombra para después lanzarlo al río Neva. En la orilla, kilómetros más abajo, fue encontrado dos días después. Según dice la leyenda, al hacerle la autopsia descubrieron que la causa de su muerte había sido ahogamiento. La fuente principal es el propio príncipe Yussopov, que murió en París de viejo, exiliado por la revolución bolchevique.

Imagina un hombre alto, de mirada penetrante y larga barba rizada. Ese titán viste siempre de negro y asegura tener poderes de adivinación, lo que le granjea la amistad y simpatía de la zarina Alejandra Fiódorovna. De existir en la época, hubiera llevado unas Ray-Ban de Cuero, que cuando se las quitase toda la alta sociedad rusa hubiera caído hipnotizada por sus ojos. La esposa del malogrado Nicolas II le otorga enormes poderes dentro del Gobierno, en el que llegó a mandar cuando durante la Primera Guerra Mundial el zar se puso al frente de su ejército para proteger la madre patria. Nada mal para un hijo de campesinos analfabetos. Entonces se ganó el sobrenombre de ‘El monje loco’, debido a las supuestas orgías que organizaba en la corte rusa. Cuando en 1916 logró imponer a su candidato títere como presidente del Consejo de Estado, un trío de conspiradores decidió matar al famoso Rasputín.
Fue en diciembre de 1916 cuando el príncipe Yussopov, el gran duque Dimitri y el diputado de derechas Purishkiévich decidieron llevar a cabo su plan. Para ello le tendieron una trampa a la que no pudo resistirse. En el sótano del palacio del primero prepararon una gran cantidad de manjares, bebida y comida en abundancia y atrajeron al monje a su casa con la excusa de que su mujer necesitaba sus servicios. Yussopov, principal ideólogo del complot, se sentó con él. La comida estaba envenenada. Los dos hombres comenzaron a conversar. El tema, para desagrado de Yussopov, giró en torno a los intentos de asesinato a los que el monje había logrado sobrevivir.
Rasputín bebió y comió copiosamente. Poco a poco, comenzó a sentirse debilitado y llegó a la conclusión de que había sido envenenado. Se levantó para enfrentarse a su rival y este le disparó en el corazón. Los otros dos conspiradores bajaron al oír el estruendo. Allí estaba el cuerpo tendido del monje, con una herida de bala en el corazón. Habían logrado su objetivo. Comenzaron entonces a discutir qué hacer con el cadáver, cómo deshacerse de los restos mortales de uno de los hombres más poderosos de Rusia. Mientras discutían, Rasputín se levantó de pronto. Seguía vivo y tras empujar a sus enemigos, logró alcanzar el exterior y salió corriendo por la nieve de San Petersburgo.
Los conspiradores le dispararon dos veces más y le golpearon en la cabeza. Le llenaron de cadenas y lo enrollaron en una alfombra para después lanzarlo al río Neva. En la orilla, kilómetros más abajo, fue encontrado dos días después. Según dice la leyenda, al hacerle la autopsia descubrieron que la causa de su muerte había sido ahogamiento. La fuente principal es el propio príncipe Yussopov, que murió en París de viejo, exiliado por la revolución bolchevique.

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