10 de octubre 2018    /   BUSINESS
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La casa que ‘ultrajó’ Le Corbusier

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Para la residencia que proyectaron construir en la Riviera francesa, Eileen Gray y Jean Badovici pensaron en un nombre poco habitual: E-1027. Lo que parecía la denominación de un aditivo alimentario era en realidad una suerte de juego, similar al EJOTY que popularizó el mago Stewart James, en el que a cada letra se le asignaba un número en función de su posición en el abecedario.

La única excepción la protagonizaba la E, inicial de Eileen, y también de la sigla que continuaba con el 10, correspondiente a la J de Jean; el 2, de Badovici y el 7 de Gray. (¡Chupaos esa, propietarios de Villa Mari Carmen y similares!).

Los felices años 20 tocaban a su fin cuando Gray y Badovici remataban su residencia veraniega en Roquebrune-Cap-Martin sin ser conscientes de que, de paso, estaban erigiendo un emblema modernista. La meticulosa arquitecta se cuidó de estudiar cómo afectaba el viento y la luz a aquel emplazamiento durante los diversos momentos del día. La interacción con los elementos naturales era una de las claves del espacio.

Por aquel entonces no era muy habitual que una mujer liderara un proyecto como aquel, pero Gray ya había dejado claro que los convencionalismos no iban con ella. Badovici, arquitecto de formación y editor de la revista L´Architecture Vivante, se encargó de los aspectos técnicos de la construcción. El resultado satisfizo a la pareja, pero también en cierto modo a Le Corbusier, quien a partir de entonces establecería una extraña relación con aquella casa.

Una vez disuelta la relación entre Gray y Badovici, este invitó al arquitecto suizo a alojarse en la residencia mientras el editor se ausentaba unos días. Durante su estancia, Le Corbusier decidió decorar algunos de los muros. Lo que podría haberse considerado una muestra de agradecimiento a sus anfitriones (Le Corbusier ya era un reconocido y cotizado artista y arquitecto), fue tomado por Eileen como un ultraje o un acto de profanación. A partir de entonces dejó de frecuentar la vivienda. La E-1027 ya no era el paraíso vacacional que había concebido.

Comenzaba así la segunda etapa de la historia de la vivienda en la que el abandono fue la nota dominante. Las ocupaciones y actos vandálicos se alternaron durante décadas con los proyectos de recuperación del espacio.

Los últimos esfuerzos por rehabilitar el inmueble han contado con un peculiar testigo: el artista Kasper Akhøj. En cada una de sus seis visitas a E-1027 (realizadas en 2009, 2010, 2015 y 2017, respectivamente), el danés fotografiaba la villa, inspirándose en las fotos realizadas por Eileen Gray y publicadas por Jean Badovici en un número especial realizado en su revista en 1929.

 

«En cada visita, la casa simultaneaba un estado de reparación con otro de irreparabilidad. Una hermosa lucha para aceptar la indeterminación», explica Akhøj.

El artista sacó cada imagen desde un ángulo diferente, con el objetivo de mostrar la naturaleza cambiante de la villa. Los rastros dejados en ella por sus sucesivos ocupantes se confrontan los unos con los otros, dando como resultado un diálogo histórico fascinante.

De hecho, para la exposición* en la que se recoge todo su trabajo de investigación sobre E-1027, Akhøj escogió el título Welcome (To The Teknival), inspirándose en dos de los grafitis que dejaron los okupas que habitaron la casa en los noventa. Los creados años antes por Le Corbusier también permanecen en el inmueble y han sido restaurados. No en vano aquellos dibujos han jugado un papel crucial en la preservación del sitio. Aunque seguramente sea algo que siguiera sin hacerle ninguna gracia a la propietaria original de la casa.

*La muestra estará abierta en Ivoyrpress Madrid hasta el 12 de noviembre

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Para la residencia que proyectaron construir en la Riviera francesa, Eileen Gray y Jean Badovici pensaron en un nombre poco habitual: E-1027. Lo que parecía la denominación de un aditivo alimentario era en realidad una suerte de juego, similar al EJOTY que popularizó el mago Stewart James, en el que a cada letra se le asignaba un número en función de su posición en el abecedario.

La única excepción la protagonizaba la E, inicial de Eileen, y también de la sigla que continuaba con el 10, correspondiente a la J de Jean; el 2, de Badovici y el 7 de Gray. (¡Chupaos esa, propietarios de Villa Mari Carmen y similares!).

Los felices años 20 tocaban a su fin cuando Gray y Badovici remataban su residencia veraniega en Roquebrune-Cap-Martin sin ser conscientes de que, de paso, estaban erigiendo un emblema modernista. La meticulosa arquitecta se cuidó de estudiar cómo afectaba el viento y la luz a aquel emplazamiento durante los diversos momentos del día. La interacción con los elementos naturales era una de las claves del espacio.

Por aquel entonces no era muy habitual que una mujer liderara un proyecto como aquel, pero Gray ya había dejado claro que los convencionalismos no iban con ella. Badovici, arquitecto de formación y editor de la revista L´Architecture Vivante, se encargó de los aspectos técnicos de la construcción. El resultado satisfizo a la pareja, pero también en cierto modo a Le Corbusier, quien a partir de entonces establecería una extraña relación con aquella casa.

Una vez disuelta la relación entre Gray y Badovici, este invitó al arquitecto suizo a alojarse en la residencia mientras el editor se ausentaba unos días. Durante su estancia, Le Corbusier decidió decorar algunos de los muros. Lo que podría haberse considerado una muestra de agradecimiento a sus anfitriones (Le Corbusier ya era un reconocido y cotizado artista y arquitecto), fue tomado por Eileen como un ultraje o un acto de profanación. A partir de entonces dejó de frecuentar la vivienda. La E-1027 ya no era el paraíso vacacional que había concebido.

Comenzaba así la segunda etapa de la historia de la vivienda en la que el abandono fue la nota dominante. Las ocupaciones y actos vandálicos se alternaron durante décadas con los proyectos de recuperación del espacio.

Los últimos esfuerzos por rehabilitar el inmueble han contado con un peculiar testigo: el artista Kasper Akhøj. En cada una de sus seis visitas a E-1027 (realizadas en 2009, 2010, 2015 y 2017, respectivamente), el danés fotografiaba la villa, inspirándose en las fotos realizadas por Eileen Gray y publicadas por Jean Badovici en un número especial realizado en su revista en 1929.

 

«En cada visita, la casa simultaneaba un estado de reparación con otro de irreparabilidad. Una hermosa lucha para aceptar la indeterminación», explica Akhøj.

El artista sacó cada imagen desde un ángulo diferente, con el objetivo de mostrar la naturaleza cambiante de la villa. Los rastros dejados en ella por sus sucesivos ocupantes se confrontan los unos con los otros, dando como resultado un diálogo histórico fascinante.

De hecho, para la exposición* en la que se recoge todo su trabajo de investigación sobre E-1027, Akhøj escogió el título Welcome (To The Teknival), inspirándose en dos de los grafitis que dejaron los okupas que habitaron la casa en los noventa. Los creados años antes por Le Corbusier también permanecen en el inmueble y han sido restaurados. No en vano aquellos dibujos han jugado un papel crucial en la preservación del sitio. Aunque seguramente sea algo que siguiera sin hacerle ninguna gracia a la propietaria original de la casa.

*La muestra estará abierta en Ivoyrpress Madrid hasta el 12 de noviembre

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