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20 de agosto 2014    /   ENTRETENIMIENTO
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El origen de los dichos: ¡Échale guindas al pavo!

20 de agosto 2014    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Por muy moderno que uno sea, es oír esa frase y empezar a cantar en plan folclórica eso de «échale guindas al pavo que yo le echaré a la pava azúcar, canela y clavo».

No lo podemos evitar. Nos posee el espíritu de Lola Flores y el alma se nos viste de bata de cola, peineta y faralaes. ¡Qué arte!  Pero si dejamos las castañuelas a un lado, ¿alguien sabe explicar qué significa la expresión y de dónde viene?

Pues a eso vamos, a iluminar vuestros días de asueto (si es que os encontráis entre los afortunados que los disfrutan).

Nos cuenta José María Iribarren en su libro El porqué de los dichos que esta frase se dice para mostrar «asombro ante la facilidad con que otro hace una cosa o resuelve una dificultad». Puede que sea una de esas expresiones que ya no usamos hoy en día. Yo, al menos, pocas veces –por no ser rotunda y decir ninguna– oigo a nadie por la calle exclamar «¡Ale, échale guindas al pavo!» cuando nos cuentan con qué facilidad e impunidad se han llevado determinados personajes el dinero de las cuentas públicas, por poner un ejemplo facilón.

Pero como en el mundo siguen existiendo (¡afortunadísimamente!) las abuelas y los abuelos, que seguro que sí la entienden, vaya esto como homenaje a ellos.

La frase, os contarán si les preguntáis, se hizo popular a raíz de una canción que aparecía en una de esas películas en blanco y negro que causaban furor cuando las emitían en Cine de barrio. La original es de 1936, dirigida por Florián Rey, protagonizada por Imperio Argentina y Miguel Ligero y titulada Morena Clara. Luego hubo más versiones, entre ellas la que protagonizó Lola Flores. Pero esa es ya otra historia.

MorenaClara1936
MorenaClara1936CC BY-SA 3.0 Ferox Drako – Trabajo propio

El caso es que en esa película, Imperio Argentina interpretaba una canción titulada así, Échale guindas al pavo y que sonaba de esta guisa:

Pero la expresión original era «Échale guindas a la Tarasca, y verás cómo las masca», frase que se decía en «las antiguas procesiones del Corpus de Madrid y otras capitales», apunta Iribarren.

La Tarasca era una especie de monstruo de cartón con forma de dragón o serpiente cuyo cuello se podía mover. Algo así como los dragones chinos de los desfiles de su año nuevo, pero algo más cutre. En el interior del bicho se colocaban los porteadores que lo hacían moverse. Y por lo visto, estos hacían que la boca de la Tarasca se abriera y cerrara como queriendo tragarse todo lo que le pillara a mano.

Su plato favorito, cuentan, eran las boinas de los pueblerinos que venían a la capital. Como miraban alelados y asombrados todo lo que les rodeaba, la Tarasca les arrancaba el sombrero o la boina de un bocado,  para mofa y diversión del resto del público que contemplaba la procesión.

«Los muchachos le echaban por la boca a la Tarasca cerezas y guindas, regalo que agradecían mucho los que iban dentro», nos cuenta José María Iribarren. «La Tarasca llevaba sobre el lomo una figura de mujer (que según el vulgo representaba a Ana Bolena), la cual, lujosamente vestida por los mejores sastres y modistas madrileños, implantaba la moda de primavera, pues los elegantes acudían a presenciar la procesión para contemplar las novedades exhibidas por el maniquí». Curioso performance para un desfile de modas, vive Dios.

Tarasca de la Procesión del Corpus Christi en Madrid en 1663. (Wikipedia)

Supongo que la facilidad con que el monstruito se zampaba todo cuanto se le ponía por delante es lo que dio lugar al uso de esa expresión para indicar qué sencillo resultaba hacer determinadas cosas. Con la Tarasca queda más claro que con el pavo. Pero menos musical y pegadizo, eso sí.

Ahora, una súplica: ¿algún exorcista en la red que pueda expulsar de mi cabeza a la Argentina y a la Flores haciendo dúo de castañuelas y pavos   Gracias…

Por muy moderno que uno sea, es oír esa frase y empezar a cantar en plan folclórica eso de «échale guindas al pavo que yo le echaré a la pava azúcar, canela y clavo».

No lo podemos evitar. Nos posee el espíritu de Lola Flores y el alma se nos viste de bata de cola, peineta y faralaes. ¡Qué arte!  Pero si dejamos las castañuelas a un lado, ¿alguien sabe explicar qué significa la expresión y de dónde viene?

Pues a eso vamos, a iluminar vuestros días de asueto (si es que os encontráis entre los afortunados que los disfrutan).

Nos cuenta José María Iribarren en su libro El porqué de los dichos que esta frase se dice para mostrar «asombro ante la facilidad con que otro hace una cosa o resuelve una dificultad». Puede que sea una de esas expresiones que ya no usamos hoy en día. Yo, al menos, pocas veces –por no ser rotunda y decir ninguna– oigo a nadie por la calle exclamar «¡Ale, échale guindas al pavo!» cuando nos cuentan con qué facilidad e impunidad se han llevado determinados personajes el dinero de las cuentas públicas, por poner un ejemplo facilón.

Pero como en el mundo siguen existiendo (¡afortunadísimamente!) las abuelas y los abuelos, que seguro que sí la entienden, vaya esto como homenaje a ellos.

La frase, os contarán si les preguntáis, se hizo popular a raíz de una canción que aparecía en una de esas películas en blanco y negro que causaban furor cuando las emitían en Cine de barrio. La original es de 1936, dirigida por Florián Rey, protagonizada por Imperio Argentina y Miguel Ligero y titulada Morena Clara. Luego hubo más versiones, entre ellas la que protagonizó Lola Flores. Pero esa es ya otra historia.

MorenaClara1936
MorenaClara1936CC BY-SA 3.0 Ferox Drako – Trabajo propio

El caso es que en esa película, Imperio Argentina interpretaba una canción titulada así, Échale guindas al pavo y que sonaba de esta guisa:

Pero la expresión original era «Échale guindas a la Tarasca, y verás cómo las masca», frase que se decía en «las antiguas procesiones del Corpus de Madrid y otras capitales», apunta Iribarren.

La Tarasca era una especie de monstruo de cartón con forma de dragón o serpiente cuyo cuello se podía mover. Algo así como los dragones chinos de los desfiles de su año nuevo, pero algo más cutre. En el interior del bicho se colocaban los porteadores que lo hacían moverse. Y por lo visto, estos hacían que la boca de la Tarasca se abriera y cerrara como queriendo tragarse todo lo que le pillara a mano.

Su plato favorito, cuentan, eran las boinas de los pueblerinos que venían a la capital. Como miraban alelados y asombrados todo lo que les rodeaba, la Tarasca les arrancaba el sombrero o la boina de un bocado,  para mofa y diversión del resto del público que contemplaba la procesión.

«Los muchachos le echaban por la boca a la Tarasca cerezas y guindas, regalo que agradecían mucho los que iban dentro», nos cuenta José María Iribarren. «La Tarasca llevaba sobre el lomo una figura de mujer (que según el vulgo representaba a Ana Bolena), la cual, lujosamente vestida por los mejores sastres y modistas madrileños, implantaba la moda de primavera, pues los elegantes acudían a presenciar la procesión para contemplar las novedades exhibidas por el maniquí». Curioso performance para un desfile de modas, vive Dios.

Tarasca de la Procesión del Corpus Christi en Madrid en 1663. (Wikipedia)

Supongo que la facilidad con que el monstruito se zampaba todo cuanto se le ponía por delante es lo que dio lugar al uso de esa expresión para indicar qué sencillo resultaba hacer determinadas cosas. Con la Tarasca queda más claro que con el pavo. Pero menos musical y pegadizo, eso sí.

Ahora, una súplica: ¿algún exorcista en la red que pueda expulsar de mi cabeza a la Argentina y a la Flores haciendo dúo de castañuelas y pavos   Gracias…

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Opiniones 5
  • Según me contaba mi abuelo (nacido en Pontevedra en 1887). Esa frase se utilizaba, para indicar algún suceso que llevaría tiempo de espera, es decir, nada inmediato. Ya que cuando se le agregaban, las guindas, canela y clavo, empezaria la cocción del ave y eso demoraba bastante para poder comer.

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