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30 de agosto 2011    /   CREATIVIDAD
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Ecologismo a ras de cielo

30 de agosto 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Cuando en 2007 los obreros que trabajaban en el edificio Burj Khalifa de Dubai levantaron su piso 141, los 508 metros del colosal Taipei 101 de Taiwán asumían la deshonra de dejar de ser el rascacielos más alto del mundo. Una derrota cebada por las otras 45 plantas que añadió la construcción emiratí hasta completar sus inalcanzables 828 metros en 2010. Pero el Taipei no pensaba acatar tal descalabro en el ranking de los altos ladrillos así como así.
Tenía que existir la forma de superar al nuevo gigante. Y la esperanza, como siempre, llegó vestida de verde: Tras un gran esfuerzo arquitectónico y estratégico, el Taipei 101 ha conseguido este año hacerse con el galardón LEED Platinum (el máximo reconocimiento que otorga internacionalmente el Consejo de Construcción verde de Estados Unidos) por haber potenciado la línea ecológica de su diseño, por sus reducidas emisiones tóxicas y por su capacidad ahorrativa de agua y energía. La eco-iniciativa aupaba de nuevo al top a la estructura taiwanesa. Ahora las listas vuelven a decir que el Taipei 101 es el edificio (VERDE) más alto de toooooodo el planeta.
A este rascacielos no se le pasa nada por alto para poder cumplir con los más elevados estandartes de automatización y eficiencia energética. Y es que, él solito, consigue ahorrar anualmente 2.995 toneladas de CO2, 28.000 toneladas métricas de agua y reduce, al menos, 1.261 toneladas de basura en comparación con los parámetros habituales de una construcción habitada. Además, su consumo de energía es un 30% menor a la media consumida por del resto de edificios (en relación a su tamaño), lo que supone un ahorro de 500.000 euros cada año.
Para poder conseguir estos objetivos se estudiaron al detalle cada uno de los factores que podrían favorecer dicho ahorro, una labor realizada en gran parte por la compañía Siemens, que aplicó su tecnología más desarrollada en lograr que el Taipei 101 alcanzase el reto marcado. Así, el Taipei cuenta con algunos de los sistemas más innovadores y sostenibles.
El edificio, con capacidad para albergar a 12.000 personas y con una estructura capaz de resistir tifones y terremotos, además consigue aprovechar la energía que lo rodea. Entre otras cosas, el Taipei 101 aprovecha la bajada de temperatura nocturna para producir hielo que almacena y utiliza reduciendo así la carga de refrigeración durante el día.
Por todos sus pisos, este gigante cuenta con un sistema de automatización compuesto por 3.400 terminales de control que se encargan de regular minuto a minuto la temperatura, la climatización y la iluminación del edifico. Cuando una habitación no está habitada, aire acondicionado y luces se apagan de forma automática hasta que alguien vuelva a entrar.  Un ahorro nada despreciable si se tiene en cuenta que posee nada menos que 101 plantas. Esto sumado a que utiliza 3.800 bombillas de bajo consumo y 2.400 lámparas halógenas.
Con estas y otras medidas similares implantadas en el Taipei, se consigue una alta reducción de emisiones y un ahorro considerable de la energía, un avance que el consejero delegado de la Unidad de Negocio de Automatización de edificio Siemens considera fundamental ya que, según él mismo reconoce, “actualmente los edificios aglutinan el 40% del consumo de energía mundial y el 21% de las emisiones totales de CO2”.
El Consejo de Construcción Verde de Estados Unidos, encargado de desarrollar y determinar que edificios cumplen con el sistema LEED (Leadership in Energy & Environmental Design) en función de su eficiencia energética, el uso que hace de las energías alternativas, su calidad ambiental interior, la eficiencia en el consumo de agua que realiza, el desarrollo sostenible de los espacios libres de la parcela y la selección de los materiales elegidos para su construcción, ha valorado al Taipei 101 con la máxima distinción de los cuatro niveles de certificación que existen. Debe ser que el coloso Taiwanés jamás se resignó a quedarse lejos de lo más alto.


Cuando en 2007 los obreros que trabajaban en el edificio Burj Khalifa de Dubai levantaron su piso 141, los 508 metros del colosal Taipei 101 de Taiwán asumían la deshonra de dejar de ser el rascacielos más alto del mundo. Una derrota cebada por las otras 45 plantas que añadió la construcción emiratí hasta completar sus inalcanzables 828 metros en 2010. Pero el Taipei no pensaba acatar tal descalabro en el ranking de los altos ladrillos así como así.
Tenía que existir la forma de superar al nuevo gigante. Y la esperanza, como siempre, llegó vestida de verde: Tras un gran esfuerzo arquitectónico y estratégico, el Taipei 101 ha conseguido este año hacerse con el galardón LEED Platinum (el máximo reconocimiento que otorga internacionalmente el Consejo de Construcción verde de Estados Unidos) por haber potenciado la línea ecológica de su diseño, por sus reducidas emisiones tóxicas y por su capacidad ahorrativa de agua y energía. La eco-iniciativa aupaba de nuevo al top a la estructura taiwanesa. Ahora las listas vuelven a decir que el Taipei 101 es el edificio (VERDE) más alto de toooooodo el planeta.
A este rascacielos no se le pasa nada por alto para poder cumplir con los más elevados estandartes de automatización y eficiencia energética. Y es que, él solito, consigue ahorrar anualmente 2.995 toneladas de CO2, 28.000 toneladas métricas de agua y reduce, al menos, 1.261 toneladas de basura en comparación con los parámetros habituales de una construcción habitada. Además, su consumo de energía es un 30% menor a la media consumida por del resto de edificios (en relación a su tamaño), lo que supone un ahorro de 500.000 euros cada año.
Para poder conseguir estos objetivos se estudiaron al detalle cada uno de los factores que podrían favorecer dicho ahorro, una labor realizada en gran parte por la compañía Siemens, que aplicó su tecnología más desarrollada en lograr que el Taipei 101 alcanzase el reto marcado. Así, el Taipei cuenta con algunos de los sistemas más innovadores y sostenibles.
El edificio, con capacidad para albergar a 12.000 personas y con una estructura capaz de resistir tifones y terremotos, además consigue aprovechar la energía que lo rodea. Entre otras cosas, el Taipei 101 aprovecha la bajada de temperatura nocturna para producir hielo que almacena y utiliza reduciendo así la carga de refrigeración durante el día.
Por todos sus pisos, este gigante cuenta con un sistema de automatización compuesto por 3.400 terminales de control que se encargan de regular minuto a minuto la temperatura, la climatización y la iluminación del edifico. Cuando una habitación no está habitada, aire acondicionado y luces se apagan de forma automática hasta que alguien vuelva a entrar.  Un ahorro nada despreciable si se tiene en cuenta que posee nada menos que 101 plantas. Esto sumado a que utiliza 3.800 bombillas de bajo consumo y 2.400 lámparas halógenas.
Con estas y otras medidas similares implantadas en el Taipei, se consigue una alta reducción de emisiones y un ahorro considerable de la energía, un avance que el consejero delegado de la Unidad de Negocio de Automatización de edificio Siemens considera fundamental ya que, según él mismo reconoce, “actualmente los edificios aglutinan el 40% del consumo de energía mundial y el 21% de las emisiones totales de CO2”.
El Consejo de Construcción Verde de Estados Unidos, encargado de desarrollar y determinar que edificios cumplen con el sistema LEED (Leadership in Energy & Environmental Design) en función de su eficiencia energética, el uso que hace de las energías alternativas, su calidad ambiental interior, la eficiencia en el consumo de agua que realiza, el desarrollo sostenible de los espacios libres de la parcela y la selección de los materiales elegidos para su construcción, ha valorado al Taipei 101 con la máxima distinción de los cuatro niveles de certificación que existen. Debe ser que el coloso Taiwanés jamás se resignó a quedarse lejos de lo más alto.

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