5 de agosto 2013    /   IDEAS
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Frente al FMI, economía budista

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El FMI ha anunciado sus recetas para España. Hay pocas sorpresas y más de lo mismo que se podría resumir en unas pocas frases: reducir pensiones y salarios y aumentar impuestos indirectos. Soluciones excelianas para un discurso carente de cualquier consideración humanista. Contrastemos estas medidas con la de crear una economía basada en la filosofía budista que propuso por primera vez E. F. Schumacher en 1956 y que más adelante se publicó en su famoso libro de ensayos Lo pequeño es hermoso (Akal, 1973).

Las premisas de la economía budista se podían resumir en las siguientes máximas:

1) Dar al hombre la posibilidad de utilizar y desarrollar sus facultades

2) Ayudarle a liberarse de su egocentrismo, uniéndolo a otras personas en tareas comunes

3) Producir los bienes y servicios necesarios para la vida

4) La liberación es más importante que la mercancía

5) El trabajo realizado en condiciones dignas y libres es una bendición

6) Es mejor utilizar medios pequeños que conducen a resultados extraordinarios

7) La simplicidad es la mejor arma contra la violencia que engendra querer acumular más que los demás

8) Consumir más no equivale necesariamente a vivir en mejores condiciones. El consumo es un medio para el bienestar humano. Cuanto menor sea el esfuerzo en recursos para realizarlo, más beneficioso es para el ser humano. Un menor esfuerzo libera tiempo para la creatividad artística

9) Fabricar materiales que se gastan pronto es una barbaridad

10) Un modelo que busca consumo óptimo gasta menos que un modelo que busca el consumo máximo

11) La producción basada en lo local es la más racional. Importar bienes de lugares lejanos es una locura que solo se puede justificar en casos excepcionales

12) Una actitud reverente y no violenta por los animales y los árboles

13) Una población que basa su vida económica en los combustibles no renovables es un parásito de la tierra. Las fuentes de energía renovables siempre serán superiores a las no renovables

Algunos de los puntos pueden parece incluso obvios si no tenemos en cuenta que Schumacher desarrolló estas reflexiones por primera vez en los años 50. Ideas que el pensador alemán formuló tras un viaje a Birmania como miembro del consejo de carbón británico. Su cometido era enseñar a los ciudadanos de esta nación cómo seguir el modelo de crecimiento económico occidental. Tras pasar un tiempo inmerso en su cultura se dio cuenta de que les iría mucho mejor aplicar sus propias tradiciones budistas más en línea con la naturaleza y el progreso sostenible.

E.F Schumacher: «No hay virtud en maximizar el consumo, necesitamos maximizar la satisfacción»

A su vuelta a Reino Unido, el economista acabó convencido de que aplicar estas máximas también sería necesario en Occidente para templar las ansias devoradoras de un sistema excesivamente materialista.

“Tiene que funcionar, si no lo hacemos intencionadamente será forzado sobre nosotros por las leyes del universo (…) No hay virtud en maximizar el consumo, necesitamos maximizar la satisfacción y queremos obtener esas satisfacciones con un consumo mínimo. Esto es lo que el movimiento de simplicidad voluntaria defiende en este país (EE UU) están descubriendo. No son puritanos con gestos severos. Simplemente consideran que estamos cargados de cosas. Para mantener estas cosas tenemos que ganar mucho dinero (…) Si me deshago de las cosas, puedo salir de la vorágine de la vida moderna”, dijo en una charla ofrecida en la Universidad de Illinois en 1977.

Schumacher era lo suficientemente realista para saber que una cosa no remplazaría la otra. Su cometido era añadir nuevos puntos de vista a un debate económico totalmente escorado hacia los números frente al factor humano.

“Antes de que rechacen a la economía budista por considerarla un simple sueño nostálgico, quizás aceptarían considerar si es que el camino del desarrollo económico descrito por la economía moderna puede conducirles a los lugares donde ellos realmente desean estar. (…) La cuestión radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista”.

“La sustancia del hombre no puede ser medida por el Producto Nacional Bruto”

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E. F. Schumacher

En este mismo libro, Schumacher ya apuntaba a lo miope que resultaba medir el progreso de un país en función de su PIB. En una frase que bien se podría utilizar para definir la visión del mundo del FMI, Schumacher apunta que el mercado “representa solo la superficie de la sociedad y su significado hace relación a una situación momentánea, tal como existe allí y entonces. No hay profundización en la esencia de las cosas ni en los hechos naturales o sociales que yacen detrás de ellas”.

Schumacher se apoyaba en estas reflexiones para hacer frente a ideas que ya empezaban a ser dominantes en el año 1973. “Cualquier cosa que se descubra que es un impedimento al crecimiento económico es una cosa vergonzosa y si la gente se aferra a ella se le tilda de saboteadora o estúpida”.

Una parte muy importante del discurso de Schumacher estaba en el desapego entre los conceptos economicistas y la naturaleza. “Esto significa que una actividad puede ser económica a pesar de que atente contra el medio ambiente, y que una actividad competitiva será antieconómica si protege y conserva el medio ambiente a un coste determinado”.

Leyendo el libro, algunas de sus premisas pueden resultar anticuadas, dada la época en la que fueron escritas, pero la mayor parte de las ideas (la importancia de las renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local, la tecnología debería servir al hombre no esclavizarlo) son plenamente vigentes.

El trasfondo sigue siendo extremadamente relevante ya que recuerda lo poco que hemos avanzado cuando la organización cuya opinión y valor más tenemos en cuenta no aporta ninguna referencia a educación, felicidad, el ingenio humano ni investigación como posibles motores futuros de un país. Todo queda reducido a tablas, hojas de excel, power points y esa benevolencia paternalista de que “sabemos lo que mejor os conviene».

Más lectura:

Lo pequeño es hermoso (Ediciones Akal)

EF Schumacher: Cameron’s choice

 

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El FMI ha anunciado sus recetas para España. Hay pocas sorpresas y más de lo mismo que se podría resumir en unas pocas frases: reducir pensiones y salarios y aumentar impuestos indirectos. Soluciones excelianas para un discurso carente de cualquier consideración humanista. Contrastemos estas medidas con la de crear una economía basada en la filosofía budista que propuso por primera vez E. F. Schumacher en 1956 y que más adelante se publicó en su famoso libro de ensayos Lo pequeño es hermoso (Akal, 1973).

Las premisas de la economía budista se podían resumir en las siguientes máximas:

1) Dar al hombre la posibilidad de utilizar y desarrollar sus facultades

2) Ayudarle a liberarse de su egocentrismo, uniéndolo a otras personas en tareas comunes

3) Producir los bienes y servicios necesarios para la vida

4) La liberación es más importante que la mercancía

5) El trabajo realizado en condiciones dignas y libres es una bendición

6) Es mejor utilizar medios pequeños que conducen a resultados extraordinarios

7) La simplicidad es la mejor arma contra la violencia que engendra querer acumular más que los demás

8) Consumir más no equivale necesariamente a vivir en mejores condiciones. El consumo es un medio para el bienestar humano. Cuanto menor sea el esfuerzo en recursos para realizarlo, más beneficioso es para el ser humano. Un menor esfuerzo libera tiempo para la creatividad artística

9) Fabricar materiales que se gastan pronto es una barbaridad

10) Un modelo que busca consumo óptimo gasta menos que un modelo que busca el consumo máximo

11) La producción basada en lo local es la más racional. Importar bienes de lugares lejanos es una locura que solo se puede justificar en casos excepcionales

12) Una actitud reverente y no violenta por los animales y los árboles

13) Una población que basa su vida económica en los combustibles no renovables es un parásito de la tierra. Las fuentes de energía renovables siempre serán superiores a las no renovables

Algunos de los puntos pueden parece incluso obvios si no tenemos en cuenta que Schumacher desarrolló estas reflexiones por primera vez en los años 50. Ideas que el pensador alemán formuló tras un viaje a Birmania como miembro del consejo de carbón británico. Su cometido era enseñar a los ciudadanos de esta nación cómo seguir el modelo de crecimiento económico occidental. Tras pasar un tiempo inmerso en su cultura se dio cuenta de que les iría mucho mejor aplicar sus propias tradiciones budistas más en línea con la naturaleza y el progreso sostenible.

E.F Schumacher: «No hay virtud en maximizar el consumo, necesitamos maximizar la satisfacción»

A su vuelta a Reino Unido, el economista acabó convencido de que aplicar estas máximas también sería necesario en Occidente para templar las ansias devoradoras de un sistema excesivamente materialista.

“Tiene que funcionar, si no lo hacemos intencionadamente será forzado sobre nosotros por las leyes del universo (…) No hay virtud en maximizar el consumo, necesitamos maximizar la satisfacción y queremos obtener esas satisfacciones con un consumo mínimo. Esto es lo que el movimiento de simplicidad voluntaria defiende en este país (EE UU) están descubriendo. No son puritanos con gestos severos. Simplemente consideran que estamos cargados de cosas. Para mantener estas cosas tenemos que ganar mucho dinero (…) Si me deshago de las cosas, puedo salir de la vorágine de la vida moderna”, dijo en una charla ofrecida en la Universidad de Illinois en 1977.

Schumacher era lo suficientemente realista para saber que una cosa no remplazaría la otra. Su cometido era añadir nuevos puntos de vista a un debate económico totalmente escorado hacia los números frente al factor humano.

“Antes de que rechacen a la economía budista por considerarla un simple sueño nostálgico, quizás aceptarían considerar si es que el camino del desarrollo económico descrito por la economía moderna puede conducirles a los lugares donde ellos realmente desean estar. (…) La cuestión radica en encontrar el camino correcto de desarrollo, el Camino Medio entre la negligencia materialista y la inmovilidad tradicionalista”.

“La sustancia del hombre no puede ser medida por el Producto Nacional Bruto”

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E. F. Schumacher

En este mismo libro, Schumacher ya apuntaba a lo miope que resultaba medir el progreso de un país en función de su PIB. En una frase que bien se podría utilizar para definir la visión del mundo del FMI, Schumacher apunta que el mercado “representa solo la superficie de la sociedad y su significado hace relación a una situación momentánea, tal como existe allí y entonces. No hay profundización en la esencia de las cosas ni en los hechos naturales o sociales que yacen detrás de ellas”.

Schumacher se apoyaba en estas reflexiones para hacer frente a ideas que ya empezaban a ser dominantes en el año 1973. “Cualquier cosa que se descubra que es un impedimento al crecimiento económico es una cosa vergonzosa y si la gente se aferra a ella se le tilda de saboteadora o estúpida”.

Una parte muy importante del discurso de Schumacher estaba en el desapego entre los conceptos economicistas y la naturaleza. “Esto significa que una actividad puede ser económica a pesar de que atente contra el medio ambiente, y que una actividad competitiva será antieconómica si protege y conserva el medio ambiente a un coste determinado”.

Leyendo el libro, algunas de sus premisas pueden resultar anticuadas, dada la época en la que fueron escritas, pero la mayor parte de las ideas (la importancia de las renovables, pensar más allá del PIB, promover el comercio local, la tecnología debería servir al hombre no esclavizarlo) son plenamente vigentes.

El trasfondo sigue siendo extremadamente relevante ya que recuerda lo poco que hemos avanzado cuando la organización cuya opinión y valor más tenemos en cuenta no aporta ninguna referencia a educación, felicidad, el ingenio humano ni investigación como posibles motores futuros de un país. Todo queda reducido a tablas, hojas de excel, power points y esa benevolencia paternalista de que “sabemos lo que mejor os conviene».

Más lectura:

Lo pequeño es hermoso (Ediciones Akal)

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