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15 de mayo 2017    /   BUSINESS
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:Literatura_ para :Ratas_

15 de mayo 2017    /   BUSINESS     por          
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¿Quién te dio este nombre?

Y en el momento más fútil, sentada en un coche, a punto de llegar a un pueblo del Valle del Ampurdán, gritó: «¡Rata!». Iolanda Batallé llevaba un año esperando esa palabra. Estaba a punto de lanzar una editorial y le faltaba el primer paso del camino: el nombre.

La escritora y editora había pasado muchos meses buscándolo. Pero fue en el campo, justo aquel día en el que no pensaba en el asunto, cuando le saltó la rata. Al vocearlo en el coche, su familia se quedó atónita.

—¿Rata?

—¡Rata!

Batallé no tenía ninguna duda. No podía equivocarse porque no era una decisión suya. «Fue el nombre el que me encontró a mí», relata un año después en un hotel de Madrid, rodeada de libros y revistas :Rata_.

La editora no tuvo que negociar nada con la palabra que le saltó a la cabeza. Tenía todo lo que quería: «sonaba bien en todos los idiomas» y, además, «lleva la letra a». Hay grafemas que por sí solos producen sensaciones, como la a, «la primera del alfabeto», el caracter donde empieza todo lo demás.

Las primeras veces que Batallé pronunció el nombre veía cómo todos a su alrededor cambiaban el gesto. Pero en el momento en que esas personas tocaban, miraban, leían y sentían los libros y las revistas :Rata_ olvidaban el repelús que produce este animal y entendían que aquí de lo que se trata es de su astucia y sus finísimos sentidos del gusto, olfato y oído.

«Al principio, la reacción siempre era de sorpresa. Pero ahora muchos autores me piden ser :rata_ y muchos lectores me dicen: “yo también soy :rata_”. Vamos a poner de moda la palabra», indica la editora. «Me gustaría que el impacto que produce el nombre lo provoquen también los libros».

editorial rata

¿De dónde surgiste?

En otoño de 2016 aparecieron las primeras :ratas_: la novela Yo misma, supongo, de Natalia Carrero; y Diarios del Sáhara, de la taiwanesa San Mao. Estos libros fueron los primeros en responder a una cuestión que Iolanda Batallé lleva preguntándose durante los tres últimos años: «¿Cómo entiendo yo la literatura?». Veinte años trabajando como editora le han hecho creer que no es ni un «encargo» ni un «producto para vender».

«Es lo que el escritor necesita comunicar, con un trabajo profundo detrás. Es cuando el autor está poniendo sus tripas sobre la mesa. Es lo que lees y dices: “Esto es verdad”. Es un texto que te gusta tanto que, después de leerlo, necesitas que llegue a otras personas», explica gesticulando con tanta vehemencia que, a veces, parece que sus manos dicen más que su voz.

Batallé no hace distinciones entre el que escribe y lo que escribe. «Los libros son personas», asegura. «Enamorarte de un texto es enamorarte de alguien».

Esas obras que atrapan, zarandean y revuelven tripas y pensamientos son las que interesan a la :editora_. Libros que, igual que una rata, abren caminos bajo la superficie y orientan en la oscuridad. Esas historias son las que busca desde que decidió crear este sello literario dentro del grupo editorial Casa Catedral y las que irán formando la voz de :Rata_. «Una editorial es un discurso. Y es importante porque las editoriales marcan el discurso de una cultura o de un país», especifica, envuelta en una chaqueta plateada de la que irradia un escote amplio, despejado, poderoso, magnético.

Batallé cree que el discurso de una editorial se va construyendo en su catálogo. El de :Rata_ arrancó un día sobre la hierba. Batallé estaba leyendo el manuscrito de Natalia Carrero Yo misma, supongo, y nada más terminar, salió a caminar descalza por un césped de los Pirineos, la llamó por teléfono y le dijo: «¡Esto es rata!». Después llegaron más obras y más autores. Unos vivos, otros muertos. Unos cerca, otros a más de doce horas de avión.

editorial rata

¿Por qué te pintan los bigotes?

Llevó otro año encontrar el aspecto de :Rata_ Batallé dio cientos de vueltas hasta que un día el estudio de diseño Toormix le mostró el nombre con dos ojos y una cola. Ahí estaba. Aquel logo tipográfico daría la identidad a la nueva editorial.

A partir de entonces en la portada de cada nuevo libro está la firma de :Rata_ (siempre en un sitio distinto) y la puerta de su casa (siempre en el mismo lugar). En la primera página, negra, aparecen sus ojos blancos; en la última página, negra, está su cola blanca. Los números de las páginas tienen bigotes, y cuando la obra deja al lector asomado al precipicio, en su lomo final, se aprecian las huellas de unas dentelladas redondas, rayadas, curvas, en estrella.

Las cubiertas de :Rata_ son arriesgadas. En la era de la imagen solo muestran palabras: el título, la firma y un texto que el autor escribe para convertirlo en la portada del libro. «O un pasaje de la obra, si el escritor ya ha muerto», matiza la editora.

«Solo confío en mis pechos. Me gustan mis pechos, pues con ellos no puedo matar a nadie. ¿Acaso las manos, los pies y los dientes, e incluso la lengua y la mirada, no son armas con las que se puede matar y herir a cualquiera?», redactó Han Kang en la cubierta de su obra, La vegetariana.

«Esta es la historia de mi familia, la descripción exacta de mi madre, Alicia, esa mujer gorda y parlanchina; mi padre, Rodolfo I, el heráldico; mis dos Hermanas, la pobre Cristina y la pobre Florencia, ambas muy enfermas, pobrecitas, y mi cuñado Andrés: ese hermafrodita obeso y lampiño como un bebé que finge ser Arquitecto», compuso el uruguayo Felipe Polleri en la portada de La inocencia.

Batallé tomó esta decisión porque dice que quiere que los libros :Rata_ seduzcan por las palabras y «que no haya intermediario entre el autor y el lector». Ni un dibujo ni una fotografía. Nada que no esté armado de letras.

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Entonces, ¿no eres un animal?

«:Rata_ es una cosa muy cercana a la artesanía», explica Batallé. «Solo publicaremos nueve libros al año. No hay tiempo para más si quieres hacer algo muy cuidado».

No quiere prisas en la edición. «Dedicamos un año de trabajo desde que llega el manuscrito. Lo habitual son tres lecturas; nosotros hacemos cinco. Y tratamos al traductor como un segundo autor; editamos con él como lo haríamos con el escritor».

A Batallé le gusta trabajar en papel. Subraya, rodea, anota. Ese trabajo y el de algunos traductores a veces se muestra en los lomos de las obras. Al desplegar la portada y la contraportada de cada libro aparecen imágenes del autor trabajando, de sus folios, de su ordenador, de algún gesto.

Y todos acaban con un colofón en el que la editora empieza así: «Lee este libro porque…

habla del cuerpo, el tuyo también,
convertido en el último reducto de libertad»
La vegetariana, Han Kang).

vas a sentir vértigo».
Yo misma, supongo, Natalia Carrero).

editorial rata

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¿Quién te dio este nombre?

Y en el momento más fútil, sentada en un coche, a punto de llegar a un pueblo del Valle del Ampurdán, gritó: «¡Rata!». Iolanda Batallé llevaba un año esperando esa palabra. Estaba a punto de lanzar una editorial y le faltaba el primer paso del camino: el nombre.

La escritora y editora había pasado muchos meses buscándolo. Pero fue en el campo, justo aquel día en el que no pensaba en el asunto, cuando le saltó la rata. Al vocearlo en el coche, su familia se quedó atónita.

—¿Rata?

—¡Rata!

Batallé no tenía ninguna duda. No podía equivocarse porque no era una decisión suya. «Fue el nombre el que me encontró a mí», relata un año después en un hotel de Madrid, rodeada de libros y revistas :Rata_.

La editora no tuvo que negociar nada con la palabra que le saltó a la cabeza. Tenía todo lo que quería: «sonaba bien en todos los idiomas» y, además, «lleva la letra a». Hay grafemas que por sí solos producen sensaciones, como la a, «la primera del alfabeto», el caracter donde empieza todo lo demás.

Las primeras veces que Batallé pronunció el nombre veía cómo todos a su alrededor cambiaban el gesto. Pero en el momento en que esas personas tocaban, miraban, leían y sentían los libros y las revistas :Rata_ olvidaban el repelús que produce este animal y entendían que aquí de lo que se trata es de su astucia y sus finísimos sentidos del gusto, olfato y oído.

«Al principio, la reacción siempre era de sorpresa. Pero ahora muchos autores me piden ser :rata_ y muchos lectores me dicen: “yo también soy :rata_”. Vamos a poner de moda la palabra», indica la editora. «Me gustaría que el impacto que produce el nombre lo provoquen también los libros».

editorial rata

¿De dónde surgiste?

En otoño de 2016 aparecieron las primeras :ratas_: la novela Yo misma, supongo, de Natalia Carrero; y Diarios del Sáhara, de la taiwanesa San Mao. Estos libros fueron los primeros en responder a una cuestión que Iolanda Batallé lleva preguntándose durante los tres últimos años: «¿Cómo entiendo yo la literatura?». Veinte años trabajando como editora le han hecho creer que no es ni un «encargo» ni un «producto para vender».

«Es lo que el escritor necesita comunicar, con un trabajo profundo detrás. Es cuando el autor está poniendo sus tripas sobre la mesa. Es lo que lees y dices: “Esto es verdad”. Es un texto que te gusta tanto que, después de leerlo, necesitas que llegue a otras personas», explica gesticulando con tanta vehemencia que, a veces, parece que sus manos dicen más que su voz.

Batallé no hace distinciones entre el que escribe y lo que escribe. «Los libros son personas», asegura. «Enamorarte de un texto es enamorarte de alguien».

Esas obras que atrapan, zarandean y revuelven tripas y pensamientos son las que interesan a la :editora_. Libros que, igual que una rata, abren caminos bajo la superficie y orientan en la oscuridad. Esas historias son las que busca desde que decidió crear este sello literario dentro del grupo editorial Casa Catedral y las que irán formando la voz de :Rata_. «Una editorial es un discurso. Y es importante porque las editoriales marcan el discurso de una cultura o de un país», especifica, envuelta en una chaqueta plateada de la que irradia un escote amplio, despejado, poderoso, magnético.

Batallé cree que el discurso de una editorial se va construyendo en su catálogo. El de :Rata_ arrancó un día sobre la hierba. Batallé estaba leyendo el manuscrito de Natalia Carrero Yo misma, supongo, y nada más terminar, salió a caminar descalza por un césped de los Pirineos, la llamó por teléfono y le dijo: «¡Esto es rata!». Después llegaron más obras y más autores. Unos vivos, otros muertos. Unos cerca, otros a más de doce horas de avión.

editorial rata

¿Por qué te pintan los bigotes?

Llevó otro año encontrar el aspecto de :Rata_ Batallé dio cientos de vueltas hasta que un día el estudio de diseño Toormix le mostró el nombre con dos ojos y una cola. Ahí estaba. Aquel logo tipográfico daría la identidad a la nueva editorial.

A partir de entonces en la portada de cada nuevo libro está la firma de :Rata_ (siempre en un sitio distinto) y la puerta de su casa (siempre en el mismo lugar). En la primera página, negra, aparecen sus ojos blancos; en la última página, negra, está su cola blanca. Los números de las páginas tienen bigotes, y cuando la obra deja al lector asomado al precipicio, en su lomo final, se aprecian las huellas de unas dentelladas redondas, rayadas, curvas, en estrella.

Las cubiertas de :Rata_ son arriesgadas. En la era de la imagen solo muestran palabras: el título, la firma y un texto que el autor escribe para convertirlo en la portada del libro. «O un pasaje de la obra, si el escritor ya ha muerto», matiza la editora.

«Solo confío en mis pechos. Me gustan mis pechos, pues con ellos no puedo matar a nadie. ¿Acaso las manos, los pies y los dientes, e incluso la lengua y la mirada, no son armas con las que se puede matar y herir a cualquiera?», redactó Han Kang en la cubierta de su obra, La vegetariana.

«Esta es la historia de mi familia, la descripción exacta de mi madre, Alicia, esa mujer gorda y parlanchina; mi padre, Rodolfo I, el heráldico; mis dos Hermanas, la pobre Cristina y la pobre Florencia, ambas muy enfermas, pobrecitas, y mi cuñado Andrés: ese hermafrodita obeso y lampiño como un bebé que finge ser Arquitecto», compuso el uruguayo Felipe Polleri en la portada de La inocencia.

Batallé tomó esta decisión porque dice que quiere que los libros :Rata_ seduzcan por las palabras y «que no haya intermediario entre el autor y el lector». Ni un dibujo ni una fotografía. Nada que no esté armado de letras.

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Entonces, ¿no eres un animal?

«:Rata_ es una cosa muy cercana a la artesanía», explica Batallé. «Solo publicaremos nueve libros al año. No hay tiempo para más si quieres hacer algo muy cuidado».

No quiere prisas en la edición. «Dedicamos un año de trabajo desde que llega el manuscrito. Lo habitual son tres lecturas; nosotros hacemos cinco. Y tratamos al traductor como un segundo autor; editamos con él como lo haríamos con el escritor».

A Batallé le gusta trabajar en papel. Subraya, rodea, anota. Ese trabajo y el de algunos traductores a veces se muestra en los lomos de las obras. Al desplegar la portada y la contraportada de cada libro aparecen imágenes del autor trabajando, de sus folios, de su ordenador, de algún gesto.

Y todos acaban con un colofón en el que la editora empieza así: «Lee este libro porque…

habla del cuerpo, el tuyo también,
convertido en el último reducto de libertad»
La vegetariana, Han Kang).

vas a sentir vértigo».
Yo misma, supongo, Natalia Carrero).

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