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11 de octubre 2018    /   BRANDED CONTENT
 

Un milenial que ha viajado a todos los países conoce a una mujer que nunca salió de su tierra

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El pasaporte de Sal Lavallo, un joven americano de 27 años, es el álbum de recuerdos más grande que pueda imaginarse. Atestigua una hazaña: ha estado en los 193 países del mundo. Pero cuando lo recorre página a página no ve aduanas ni sellos, sino personas, historias, emociones.

Lavallo mira el mapamundi y recuerda nombres. A partir de ahora, solo necesitará un golpe, girar el globo terráqueo hasta dar con la isla de La Graciosa, para recibir de nuevo la lección de la vida de Enriqueta Romero.

Lavallo no sabía nada de Enriqueta, pero después de varios clics y un vuelo, sus historias se unieron de la forma en que los viajes unen las cosas, por medio del aprendizaje. Viajar es aprender a mirar a los ojos sin prejuicios.

En otra época el encuentro habría sido casi imposible. A Enriqueta y a Sal los separan 50 años, billones de litros de océano y una biografía contrapuesta.

Enriqueta apenas ha salido de su pequeño fragmento de roca de los bordes de África, y tampoco lo necesita ni lo desea; Sal ha pisado todas las tierras y todavía recorre la web de eDreams curioseando destinos con ansias de viajero primerizo:

«Ahora puedo decir a la gente cómo es la vida en La Graciosa, pero ni de lejos en una semana puedo entenderla. Así que sé que no he estado en ningún sitio», dijo después de la experiencia que retrata el documental The Meaningful Journey producido por eDreams ODIGEO, la mayor compañía de viajes online de Europa.

Ahora puedo decir a la gente cómo es la vida en La Graciosa, pero ni de lejos en una semana puedo entenderla. Así que sé que no he estado en ningún sitio


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Sin embargo, la permanencia de Enriqueta en su hogar no es, en ningún caso, una forma de inmovilidad: «Cada día el mundo visita a Enriqueta Romero», cuenta el cortometraje. Su vida cambió gracias a un encuentro con unos de los primeros turistas que visitaron La Graciosa, cuando todavía la noticia de aquel paraíso no se había propagado.

Enriqueta no fue a la escuela. A los siete años ya trabajaba pastoreando cabras. Deseaba ir a clase, pero el trabajo familiar mandaba. Con catorce tenía a su cargo un rebaño de 200 cabras. Ella sabe lo que es partirse el lomo en el trabajo. En su adolescencia cargaba piedras en camello o en burro, losas de 50 kilos cada una. Sabe lo que es vivir sin ese privilegio de girar una manivela y ver caer el agua por un caño. Debía de andar largas distancias para llegar al aljibe del que se abastecía.

Hoy Enriqueta es un símbolo de La Graciosa, una mujer fuerte, con iniciativa y visión de negocio. Entonces esos talentos ya existían, pero permanecían en duermevela a la espera de un estímulo que señalara hacia dónde dirigirlos.

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Fue el turismo. Un día Enriqueta se topó con una pareja de turistas, el hijo de estos lloraba, tenía hambre. Sin poseer un idioma común, ella los dirigió a su casa y preparó un plato de lentejas. Cuidó a una familia con la que solo le unía, en ese momento, el hecho de haberse cruzado en un punto del mapa.

Cuando los extranjeros reemprendieron la marcha, quisieron pagarle. Ella se negó, pero igualmente lo hicieron; escondieron un billete de 50 pesetas debajo de un plato. Ahí fue. Se encendió la chispa. La graciosa era un paraíso, y donde hay un paraíso no importan las distancias: la gente acaba yendo a ellos.

En esa época, no había nada en aquel pueblo de pescadores para recibir a los turistas. Enriqueta puso su sudor a trabajar, primero sirviendo platos en su casa y luego montando un restaurante y una pensión que le permitió sacar adelante a su familia y que hoy, a pesar de su gusto por permanecer en su tierra, sus hijos y sus nietos sí viajen por el mundo.

El movimiento es contagioso, aunque sea para avanzar en la vida, aunque no suponga desplazarse geográficamente. Esa fue la historia que fascinó a Sal Lavallo cuando aterrizó en La Graciosa.


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La tecnología, la capacidad de gestionar bases de datos de vuelos de todo el mundo y de ofrecer toda esta información de una forma sencilla, accesible y cada vez a menor precio, hace que compartir culturas y experiencias sea cada vez más fácil. Parece una paradoja: la tecnología logra que lo humano se despliegue en toda su naturaleza.

Por eso, el encuentro entre ambos fluyó con facilidad. Al fin y al cabo, no eran tan distintos; ambos han descubierto que hay miles de formas de existir y pasar por el mundo, y que ninguna es más correcta que otra. Todas son una fuente de riqueza.

Cada vez es más sencillo cruzar el mundo. Parece una paradoja: la tecnología logra que lo humano se despliegue en toda su naturaleza

El año pasado más de 18 millones de personas navegaron por la página de eDreams ODIGEO fantaseando con lugares nuevos, con experiencias.

18 millones viajaron antes de viajar, porque cuando piensa adónde irá (es inevitable), la mente empieza a desplazarse.

El pasaporte de Sal está plagado de historias como esta. Cuenta Enriqueta en el documental creado por Brands & Roses que no hay roca de su isla que no conozca. En su viaje, Sal quiso tomar algo prestado de ese conocimiento tan profundo e íntimo de un territorio y de sus gentes. Él mismo asumió que una semana no era suficiente, y le entusiasmó que no lo fuera. Viajar es una tarea inacabable. «Cuanto más viajas, te das cuenta de lo poco que sabes y eso te lleva a querer viajar de nuevo».

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El pasaporte de Sal Lavallo, un joven americano de 27 años, es el álbum de recuerdos más grande que pueda imaginarse. Atestigua una hazaña: ha estado en los 193 países del mundo. Pero cuando lo recorre página a página no ve aduanas ni sellos, sino personas, historias, emociones.

Lavallo mira el mapamundi y recuerda nombres. A partir de ahora, solo necesitará un golpe, girar el globo terráqueo hasta dar con la isla de La Graciosa, para recibir de nuevo la lección de la vida de Enriqueta Romero.

Lavallo no sabía nada de Enriqueta, pero después de varios clics y un vuelo, sus historias se unieron de la forma en que los viajes unen las cosas, por medio del aprendizaje. Viajar es aprender a mirar a los ojos sin prejuicios.

En otra época el encuentro habría sido casi imposible. A Enriqueta y a Sal los separan 50 años, billones de litros de océano y una biografía contrapuesta.

Enriqueta apenas ha salido de su pequeño fragmento de roca de los bordes de África, y tampoco lo necesita ni lo desea; Sal ha pisado todas las tierras y todavía recorre la web de eDreams curioseando destinos con ansias de viajero primerizo:

«Ahora puedo decir a la gente cómo es la vida en La Graciosa, pero ni de lejos en una semana puedo entenderla. Así que sé que no he estado en ningún sitio», dijo después de la experiencia que retrata el documental The Meaningful Journey producido por eDreams ODIGEO, la mayor compañía de viajes online de Europa.

Ahora puedo decir a la gente cómo es la vida en La Graciosa, pero ni de lejos en una semana puedo entenderla. Así que sé que no he estado en ningún sitio


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Sin embargo, la permanencia de Enriqueta en su hogar no es, en ningún caso, una forma de inmovilidad: «Cada día el mundo visita a Enriqueta Romero», cuenta el cortometraje. Su vida cambió gracias a un encuentro con unos de los primeros turistas que visitaron La Graciosa, cuando todavía la noticia de aquel paraíso no se había propagado.

Enriqueta no fue a la escuela. A los siete años ya trabajaba pastoreando cabras. Deseaba ir a clase, pero el trabajo familiar mandaba. Con catorce tenía a su cargo un rebaño de 200 cabras. Ella sabe lo que es partirse el lomo en el trabajo. En su adolescencia cargaba piedras en camello o en burro, losas de 50 kilos cada una. Sabe lo que es vivir sin ese privilegio de girar una manivela y ver caer el agua por un caño. Debía de andar largas distancias para llegar al aljibe del que se abastecía.

Hoy Enriqueta es un símbolo de La Graciosa, una mujer fuerte, con iniciativa y visión de negocio. Entonces esos talentos ya existían, pero permanecían en duermevela a la espera de un estímulo que señalara hacia dónde dirigirlos.

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Fue el turismo. Un día Enriqueta se topó con una pareja de turistas, el hijo de estos lloraba, tenía hambre. Sin poseer un idioma común, ella los dirigió a su casa y preparó un plato de lentejas. Cuidó a una familia con la que solo le unía, en ese momento, el hecho de haberse cruzado en un punto del mapa.

Cuando los extranjeros reemprendieron la marcha, quisieron pagarle. Ella se negó, pero igualmente lo hicieron; escondieron un billete de 50 pesetas debajo de un plato. Ahí fue. Se encendió la chispa. La graciosa era un paraíso, y donde hay un paraíso no importan las distancias: la gente acaba yendo a ellos.

En esa época, no había nada en aquel pueblo de pescadores para recibir a los turistas. Enriqueta puso su sudor a trabajar, primero sirviendo platos en su casa y luego montando un restaurante y una pensión que le permitió sacar adelante a su familia y que hoy, a pesar de su gusto por permanecer en su tierra, sus hijos y sus nietos sí viajen por el mundo.

El movimiento es contagioso, aunque sea para avanzar en la vida, aunque no suponga desplazarse geográficamente. Esa fue la historia que fascinó a Sal Lavallo cuando aterrizó en La Graciosa.


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La tecnología, la capacidad de gestionar bases de datos de vuelos de todo el mundo y de ofrecer toda esta información de una forma sencilla, accesible y cada vez a menor precio, hace que compartir culturas y experiencias sea cada vez más fácil. Parece una paradoja: la tecnología logra que lo humano se despliegue en toda su naturaleza.

Por eso, el encuentro entre ambos fluyó con facilidad. Al fin y al cabo, no eran tan distintos; ambos han descubierto que hay miles de formas de existir y pasar por el mundo, y que ninguna es más correcta que otra. Todas son una fuente de riqueza.

Cada vez es más sencillo cruzar el mundo. Parece una paradoja: la tecnología logra que lo humano se despliegue en toda su naturaleza

El año pasado más de 18 millones de personas navegaron por la página de eDreams ODIGEO fantaseando con lugares nuevos, con experiencias.

18 millones viajaron antes de viajar, porque cuando piensa adónde irá (es inevitable), la mente empieza a desplazarse.

El pasaporte de Sal está plagado de historias como esta. Cuenta Enriqueta en el documental creado por Brands & Roses que no hay roca de su isla que no conozca. En su viaje, Sal quiso tomar algo prestado de ese conocimiento tan profundo e íntimo de un territorio y de sus gentes. Él mismo asumió que una semana no era suficiente, y le entusiasmó que no lo fuera. Viajar es una tarea inacabable. «Cuanto más viajas, te das cuenta de lo poco que sabes y eso te lleva a querer viajar de nuevo».

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Opiniones 4
  • Manana estare’ en la Graciosa.para mi è como volver a casa.e vivido alli’ por casi vente anos i despues e regresado a mi tierra natal Italia ma sempre me prende la nostalgia i tengo Que volver.

  • Una fantástica historia con las caras opuestas de una misma moneda: La necesidad de conocer y el ansia de crear algo nuestro. Sin duda muchas veces buscamos fuera lo que tenemos a un paso pero también es cierto que el salir puede hacernos apreciar las pequeñas cosas que cada uno tenemos junto a nosotros.

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