fbpx
1 de febrero 2016    /   ENTRETENIMIENTO
por
 

¿Padeces el «efecto Dory» cuando escribes?

1 de febrero 2016    /   ENTRETENIMIENTO     por          
Compártelo twitter facebook whatsapp
thumb image

Dory era ese personaje de la película Buscando a Nemo —un pez, para más señas— que tenía memoría de ídem. En la película se explicaba que lo que tenía era una pérdida de memoria a corto plazo. Olvidaba lo que había hecho o dicho un instante antes, lo que provocaba situaciones más o menos divertidas para el público familiar al que está dirigido el largo.

A veces, cuando escribimos, parece que olvidemos lo que hemos escrito un momento antes, como Dory. Olvidamos cómo empezó la frase, olvidamos con qué sujeto debemos concordar el verbo que nos disponemos a teclear, olvidamos una palabra que acabamos de elegir…

Todos esos «momentos Dory» tienen una fácil solución. Es la misma que solventa tantos otros errores del lenguaje: consiste sencillamente en repasar siempre los textos después de escribirlos. Solo cuando miramos con ojos de lector (y no de escritor olvidadizo), estos fallos salen a la luz.

Aquí van algunos ejemplos frecuentes de errores cuyos autores parecen haber olvidado lo escrito un instante antes:

Listados

Cuando se hace una lista de elementos, lo recomendable es que todos ellos tengan la misma categoría gramatical: todos sustantivos o todos verbos en infinitivo, por ejemplo.

Un listado heterogéneo es confuso y poco claro. Da la impresión de que uno de los puntos se añadió un día diferente y el autor no recordaba los que llevaba escritos hasta el momento.

Observemos, por ejemplo, este listado:

CUALIDADES DE UN BUEN LÍDER

  • Humildad
  • Dotes comunicativas
  • Empatía
  • Saber negociar

En este caso, hay tres sustantivos (marcados en verde) y un verbo en infinitivo (marcado en rojo). Lo recomendable es sustituir el punto discordante por otro de la misma categoría gramatical del resto de elementos del listado. Por ejemplo:

CUALIDADES DE UN BUEN LÍDER

  • Humildad
  • Dotes comunicativas
  • Empatía
  • Capacidad de negociación

Este mismo consejo es aplicable a los epígrafes de un libro, trabajo o presentación: es recomendable que sean semejantes o respeten la misma estructura. Así, en lugar de escribir este índice:

  • Marco general
  • La idea
  • Repercusiones
  • Bibliografía

Es mejor que pongamos este:

  • Marco general
  • Idea
  • Repercusiones
  • Bibliografía

Si preferimos utilizar artículos, modificamos los demás epígrafes para que el resultado sea homogéneo. Así:

  • La idea
  • El desarrollo
  • El impacto

Concordancia

MASCULINO / FEMENINO

Cursos de cocina en la que participan cientos de alumnos.*

En las tres palabras que van desde el sustantivo «cursos» hasta el pronombre «la», el autor de esta frase olvidó que el sujeto que había escrito era masculino. Se dejó «contagiar» por el femenino de «cocina», que está mucho más cerca de dicho pronombre.

La frase correcta sería esta:

Cursos de cocina en los que participan cientos de alumnos.

A veces, el nombre al que debe hacer referencia un pronombre no se encuentra en la misma frase sino en la anterior, por lo que hay que estar aún más atentos para que concuerde.

PLURAL / SINGULAR

También ocurre a veces que se nos «olvida» que el sujeto era plural y cambiamos su número cuando llegamos al verbo:

El partido y la prórroga tuvo poco fútbol*.

El partido y la prórroga tuvieron poco fútbol.

TIEMPO / ESPACIO

Hay una cuestión de estilo bastante sutil relacionada con los adverbios de lugar y de tiempo.

Es frecuente escuchar o leer construcciones como esta:

Ahí, en el parque, fue cuando lo supe.*

Lo más lógico, si pensamos en que la frase habla de un lugar, es que utilicemos un adverbio de lugar y no uno de tiempo:

Ahí, en el parque, fue donde lo supe.

De igual modo, si estamos hablando de un periodo de tiempo, no es adecuado que después utilicemos un adverbio de lugar.

Me lo dijo el día posterior a la muerte de mi madre, donde yo estaba más necesitado de cariño.*

Lo idóneo es que usemos uno de tiempo, como en este ejemplo:

Me lo dijo el día posterior a la muerte de mi madre, cuando yo estaba más necesitado de cariño.

Repeticiones

Muchas veces no nos damos cuenta hasta que el texto está completo de que hemos repetido demasiadas veces una palabra. Algunas de las que se repiten con frecuencia son estas:

  • Marcadores textuales como «además», «pero» o «por ejemplo»
  • El nombre o la profesión de un entrevistado

Por eso, por mucha atención que se preste al escribir, es imprescindible hacer un repaso al final y tener en la recámara un número suficiente de sinónimos para que el lenguaje sea rico y no repetitivo. Los marcadores textuales (palabras que sirven para conectar distintas partes del texto y que este vaya tomando su sentido) son muy abundantes y no hay motivo para insistir solo en algunos de ellos.

Homogeneización

A menudo debemos escribir un mismo texto en días diferentes. Por ejemplo, un artículo, una presentación o cualquier otro escrito. Es muy frecuente retomar la escritura donde se dejó con el convencimiento de que lo escrito hasta el momento está aún fresco en la cabeza.

Sin embargo, esto puede acarrear errores:

  • De contenido. Repetir algo que ya se dijo u omitir algo que se cree que se dijo.
  • De forma. Usar tiempos verbales diferentes, repetir palabras, elegir distinta estructura en los epígrafes o distinto estilo de puntuación (bullet points, comillas o mayúsculas), etc.

Por eso, cuando se retoma un texto que se escribió otro día o cuando se hace un trabajo entre varios autores, hay que emplear un tiempo en revisar lo generado hasta el momento.

Como ejemplo extremo, cuentan que un conocido novelista, en la primera edición de su best seller, cambiaba el nombre del protagonista a mitad del libro, «olvidando» el que había elegido y usado hasta ese momento. Un despiste en el que no reparó ninguno de los correctores de estilo de la editorial y que se solucionó sin dejar rastro en ediciones posteriores.

Dory era ese personaje de la película Buscando a Nemo —un pez, para más señas— que tenía memoría de ídem. En la película se explicaba que lo que tenía era una pérdida de memoria a corto plazo. Olvidaba lo que había hecho o dicho un instante antes, lo que provocaba situaciones más o menos divertidas para el público familiar al que está dirigido el largo.

A veces, cuando escribimos, parece que olvidemos lo que hemos escrito un momento antes, como Dory. Olvidamos cómo empezó la frase, olvidamos con qué sujeto debemos concordar el verbo que nos disponemos a teclear, olvidamos una palabra que acabamos de elegir…

Todos esos «momentos Dory» tienen una fácil solución. Es la misma que solventa tantos otros errores del lenguaje: consiste sencillamente en repasar siempre los textos después de escribirlos. Solo cuando miramos con ojos de lector (y no de escritor olvidadizo), estos fallos salen a la luz.

Aquí van algunos ejemplos frecuentes de errores cuyos autores parecen haber olvidado lo escrito un instante antes:

Listados

Cuando se hace una lista de elementos, lo recomendable es que todos ellos tengan la misma categoría gramatical: todos sustantivos o todos verbos en infinitivo, por ejemplo.

Un listado heterogéneo es confuso y poco claro. Da la impresión de que uno de los puntos se añadió un día diferente y el autor no recordaba los que llevaba escritos hasta el momento.

Observemos, por ejemplo, este listado:

CUALIDADES DE UN BUEN LÍDER

  • Humildad
  • Dotes comunicativas
  • Empatía
  • Saber negociar

En este caso, hay tres sustantivos (marcados en verde) y un verbo en infinitivo (marcado en rojo). Lo recomendable es sustituir el punto discordante por otro de la misma categoría gramatical del resto de elementos del listado. Por ejemplo:

CUALIDADES DE UN BUEN LÍDER

  • Humildad
  • Dotes comunicativas
  • Empatía
  • Capacidad de negociación

Este mismo consejo es aplicable a los epígrafes de un libro, trabajo o presentación: es recomendable que sean semejantes o respeten la misma estructura. Así, en lugar de escribir este índice:

  • Marco general
  • La idea
  • Repercusiones
  • Bibliografía

Es mejor que pongamos este:

  • Marco general
  • Idea
  • Repercusiones
  • Bibliografía

Si preferimos utilizar artículos, modificamos los demás epígrafes para que el resultado sea homogéneo. Así:

  • La idea
  • El desarrollo
  • El impacto

Concordancia

MASCULINO / FEMENINO

Cursos de cocina en la que participan cientos de alumnos.*

En las tres palabras que van desde el sustantivo «cursos» hasta el pronombre «la», el autor de esta frase olvidó que el sujeto que había escrito era masculino. Se dejó «contagiar» por el femenino de «cocina», que está mucho más cerca de dicho pronombre.

La frase correcta sería esta:

Cursos de cocina en los que participan cientos de alumnos.

A veces, el nombre al que debe hacer referencia un pronombre no se encuentra en la misma frase sino en la anterior, por lo que hay que estar aún más atentos para que concuerde.

PLURAL / SINGULAR

También ocurre a veces que se nos «olvida» que el sujeto era plural y cambiamos su número cuando llegamos al verbo:

El partido y la prórroga tuvo poco fútbol*.

El partido y la prórroga tuvieron poco fútbol.

TIEMPO / ESPACIO

Hay una cuestión de estilo bastante sutil relacionada con los adverbios de lugar y de tiempo.

Es frecuente escuchar o leer construcciones como esta:

Ahí, en el parque, fue cuando lo supe.*

Lo más lógico, si pensamos en que la frase habla de un lugar, es que utilicemos un adverbio de lugar y no uno de tiempo:

Ahí, en el parque, fue donde lo supe.

De igual modo, si estamos hablando de un periodo de tiempo, no es adecuado que después utilicemos un adverbio de lugar.

Me lo dijo el día posterior a la muerte de mi madre, donde yo estaba más necesitado de cariño.*

Lo idóneo es que usemos uno de tiempo, como en este ejemplo:

Me lo dijo el día posterior a la muerte de mi madre, cuando yo estaba más necesitado de cariño.

Repeticiones

Muchas veces no nos damos cuenta hasta que el texto está completo de que hemos repetido demasiadas veces una palabra. Algunas de las que se repiten con frecuencia son estas:

  • Marcadores textuales como «además», «pero» o «por ejemplo»
  • El nombre o la profesión de un entrevistado

Por eso, por mucha atención que se preste al escribir, es imprescindible hacer un repaso al final y tener en la recámara un número suficiente de sinónimos para que el lenguaje sea rico y no repetitivo. Los marcadores textuales (palabras que sirven para conectar distintas partes del texto y que este vaya tomando su sentido) son muy abundantes y no hay motivo para insistir solo en algunos de ellos.

Homogeneización

A menudo debemos escribir un mismo texto en días diferentes. Por ejemplo, un artículo, una presentación o cualquier otro escrito. Es muy frecuente retomar la escritura donde se dejó con el convencimiento de que lo escrito hasta el momento está aún fresco en la cabeza.

Sin embargo, esto puede acarrear errores:

  • De contenido. Repetir algo que ya se dijo u omitir algo que se cree que se dijo.
  • De forma. Usar tiempos verbales diferentes, repetir palabras, elegir distinta estructura en los epígrafes o distinto estilo de puntuación (bullet points, comillas o mayúsculas), etc.

Por eso, cuando se retoma un texto que se escribió otro día o cuando se hace un trabajo entre varios autores, hay que emplear un tiempo en revisar lo generado hasta el momento.

Como ejemplo extremo, cuentan que un conocido novelista, en la primera edición de su best seller, cambiaba el nombre del protagonista a mitad del libro, «olvidando» el que había elegido y usado hasta ese momento. Un despiste en el que no reparó ninguno de los correctores de estilo de la editorial y que se solucionó sin dejar rastro en ediciones posteriores.

Compártelo twitter facebook whatsapp
El deporte más emocionante del mundo (sin exagerar)
El cielo de Madrid en los ojos de 15 fotógrafos
Volver al siglo XIX a través de una capa de colodión húmedo
¿No podemos ser amigos?
 
Especiales
 
facebook twitter whatsapp

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *