15 de junio 2017    /   IDEAS
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La meditación también tiene efectos negativos, y muy chungos

15 de junio 2017    /   IDEAS     por          
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Haz yoga. Te hace falta relajarte. El taichí te arregla el chasis y la mente. Medita. Lo ves todo con más claridad. Cambias de perspectiva. Como toda buena nueva, la meditación se vende revestida de valores incuestionablemente positivos. Sin embargo, como cuenta un estudio publicado en PLOS One esta práctica provoca, a veces, efectos perturbadores como estrés, náuseas, insomnio o bajones anímicos.

Como cuentan a Yorokobu los investigadores Jared Lindahl y Willoughby Britton, «no siempre se ha investigado la amplia gama de efectos que se asocian con la meditación». La decantación por efectos limpiamente positivos no corresponde, sin embargo, al ejercicio original de la meditación.

«Entrevistamos a una serie de maestros entrenados en contextos budistas asiáticos, y muchos de ellos son muy conscientes del poder de la meditación y sus efectos. No obstante, en el Occidente moderno, nuestras impresiones a menudo han sido moldeadas más por la ciencia, la psicología y el bombo de los medios de comunicación», reflexionan.

Vivimos una época en que prima el autocuidado, la atención a uno mismo, la liberación de cargas exteriores. Ejercicios como la meditación, por fuerza, se contemplan como los vehículos perfectos para lograr estas aspiraciones. El negocio articulado alrededor de esta tendencia mueve millones de dólares al año.

En el mismo estudio, resumen qué tipo de males aseguran resolver técnicas como la atención plena (mindfulness): dolores crónicos, estrés, adicciones o trastornos del ánimo y psiquiátricos, a la vez que beneficios como la mejora de las capacidades cognitivas.

El origen de la tergiversación a la que se refiere la investigación anida en una contradicción de principios. En Occidente hemos traducido la funcionalidad religiosa de la meditación a algo más asequible culturalmente (y comercialmente): un proyecto de «salud, felicidad y bienestar».

La confusión está servida, el itinerario religioso admite matices que la cultura de consumo no; por ejemplo, que ciertos procesos de purificación requieren la producción de estados de ansiedad y turbación. Hablamos, como resumió la revista Qz, de espasmos involuntarios, hipersensibilidad a la luz o el sonido, distorsión del tiempo y el espacio, náuseas, alucinaciones, irritabilidad, resurrección de traumas pasados.

«Identificamos 59 cambios intensos y difíciles en siete dimensiones de la experiencia humana: cognitiva, perceptiva, afectiva o emocional, de motivación, somática, del sentido del yo y social», explican. En su investigación no usan la palabra peligrosos, a pesar de que algunas reacciones semejantes a la psicosis podían acabar requiriendo hospitalización; prefieren emplear el término, molesto o angustioso. El grado de afectación depende de cada persona.

Dentro de la tradición budista tibetana, como refieren en su informe, el término nyams abarca las experiencias de meditación que van desde la «bienaventuranza y las visiones hasta el dolor corporal intenso, los trastornos fisiológicos, la paranoia, la tristeza, la ira y el miedo». Algunos de ellas se perciben como signos de progreso. Por otro lado, el budismo zen reconoce la posibilidad de que «ciertos enfoques de la práctica conduzcan a una enfermedad prolongada conocida como enfermedad zen o enfermedad de meditación», continúa el estudio.

No es que estos resultados sean experimentados por la mayoría de personas; Jared Lindahl y Willoughby Britton buscaron «intencionadamente profesores y practicantes que podían hablar de estos efectos inesperados, desafiantes y difíciles». El informe no arroja datos sobre la frecuencia general.

«Algunas personas habían tomado retiros intensivos durante muchas décadas y otras eran todavía nuevas o sólo dedicaban una hora al día. Se necesita más investigación sobre qué intensidad de meditación y qué modalidades pueden llevar a experiencias como el estrés, el insomnio o la ansiedad», reconocen.

El estudio incluye un registro pormenorizado de los resultados angustiantes que sorprende y da idea de cómo desvirtuamos la realidad de la meditación. La terminología empleada respeta las descripciones que facilitaron los participantes: deterioro funcional y cambios en el ámbito social; una hipersensibilidad sensorial que hace angustiosa la transición de la práctica intensiva a la vida cotidiana; o insensibilidad afectiva, miedo y paranoia (estas últimas fueron las reacciones registradas con más frecuencia).

Llama la atención que algunas de estas contraindicaciones se corresponden, precisamente, con algunos de los males que se eliminan según mucha de la información que recibimos sobre el tema desde literatura, blogs o medios de comunicación.

Los trileros de la autoayuda, conscientes de su público, limpian de religiosidad la meditación y la ofrecen como terapia limpia y positiva sin matices. Quizás este manoseo de conceptos y doctrinas sea la causa de que en el mundo de la meditación afloren cada tanto descubrimientos de terapias siempre revolucionarias. Y, por descontado, siempre definitivas.

Haz yoga. Te hace falta relajarte. El taichí te arregla el chasis y la mente. Medita. Lo ves todo con más claridad. Cambias de perspectiva. Como toda buena nueva, la meditación se vende revestida de valores incuestionablemente positivos. Sin embargo, como cuenta un estudio publicado en PLOS One esta práctica provoca, a veces, efectos perturbadores como estrés, náuseas, insomnio o bajones anímicos.

Como cuentan a Yorokobu los investigadores Jared Lindahl y Willoughby Britton, «no siempre se ha investigado la amplia gama de efectos que se asocian con la meditación». La decantación por efectos limpiamente positivos no corresponde, sin embargo, al ejercicio original de la meditación.

«Entrevistamos a una serie de maestros entrenados en contextos budistas asiáticos, y muchos de ellos son muy conscientes del poder de la meditación y sus efectos. No obstante, en el Occidente moderno, nuestras impresiones a menudo han sido moldeadas más por la ciencia, la psicología y el bombo de los medios de comunicación», reflexionan.

Vivimos una época en que prima el autocuidado, la atención a uno mismo, la liberación de cargas exteriores. Ejercicios como la meditación, por fuerza, se contemplan como los vehículos perfectos para lograr estas aspiraciones. El negocio articulado alrededor de esta tendencia mueve millones de dólares al año.

En el mismo estudio, resumen qué tipo de males aseguran resolver técnicas como la atención plena (mindfulness): dolores crónicos, estrés, adicciones o trastornos del ánimo y psiquiátricos, a la vez que beneficios como la mejora de las capacidades cognitivas.

El origen de la tergiversación a la que se refiere la investigación anida en una contradicción de principios. En Occidente hemos traducido la funcionalidad religiosa de la meditación a algo más asequible culturalmente (y comercialmente): un proyecto de «salud, felicidad y bienestar».

La confusión está servida, el itinerario religioso admite matices que la cultura de consumo no; por ejemplo, que ciertos procesos de purificación requieren la producción de estados de ansiedad y turbación. Hablamos, como resumió la revista Qz, de espasmos involuntarios, hipersensibilidad a la luz o el sonido, distorsión del tiempo y el espacio, náuseas, alucinaciones, irritabilidad, resurrección de traumas pasados.

«Identificamos 59 cambios intensos y difíciles en siete dimensiones de la experiencia humana: cognitiva, perceptiva, afectiva o emocional, de motivación, somática, del sentido del yo y social», explican. En su investigación no usan la palabra peligrosos, a pesar de que algunas reacciones semejantes a la psicosis podían acabar requiriendo hospitalización; prefieren emplear el término, molesto o angustioso. El grado de afectación depende de cada persona.

Dentro de la tradición budista tibetana, como refieren en su informe, el término nyams abarca las experiencias de meditación que van desde la «bienaventuranza y las visiones hasta el dolor corporal intenso, los trastornos fisiológicos, la paranoia, la tristeza, la ira y el miedo». Algunos de ellas se perciben como signos de progreso. Por otro lado, el budismo zen reconoce la posibilidad de que «ciertos enfoques de la práctica conduzcan a una enfermedad prolongada conocida como enfermedad zen o enfermedad de meditación», continúa el estudio.

No es que estos resultados sean experimentados por la mayoría de personas; Jared Lindahl y Willoughby Britton buscaron «intencionadamente profesores y practicantes que podían hablar de estos efectos inesperados, desafiantes y difíciles». El informe no arroja datos sobre la frecuencia general.

«Algunas personas habían tomado retiros intensivos durante muchas décadas y otras eran todavía nuevas o sólo dedicaban una hora al día. Se necesita más investigación sobre qué intensidad de meditación y qué modalidades pueden llevar a experiencias como el estrés, el insomnio o la ansiedad», reconocen.

El estudio incluye un registro pormenorizado de los resultados angustiantes que sorprende y da idea de cómo desvirtuamos la realidad de la meditación. La terminología empleada respeta las descripciones que facilitaron los participantes: deterioro funcional y cambios en el ámbito social; una hipersensibilidad sensorial que hace angustiosa la transición de la práctica intensiva a la vida cotidiana; o insensibilidad afectiva, miedo y paranoia (estas últimas fueron las reacciones registradas con más frecuencia).

Llama la atención que algunas de estas contraindicaciones se corresponden, precisamente, con algunos de los males que se eliminan según mucha de la información que recibimos sobre el tema desde literatura, blogs o medios de comunicación.

Los trileros de la autoayuda, conscientes de su público, limpian de religiosidad la meditación y la ofrecen como terapia limpia y positiva sin matices. Quizás este manoseo de conceptos y doctrinas sea la causa de que en el mundo de la meditación afloren cada tanto descubrimientos de terapias siempre revolucionarias. Y, por descontado, siempre definitivas.

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Opiniones 18
  • El estudio en el que se basa el artículo, toca sólo la epidermis de la meditación. Como en una terapia psicológica ordinaria, no se trata de evadir un problema, bien al contrario se mira cara a cara, sin lo cual no se podrá erradicar ese problema. Y lo mismo que en un psicólogo, al meditar y mirar cara a cara ese problema, surgen al principio angustias y estrés, propio y lógico de atender al fin, lo que latentemente nos está torturando. EL siguiente paso, es el que proporciona el alivio, que a la larga, con más meditación, traerá al fin la ansiada paz interior.
    Cuando uno se cabrea con un amigo, siente estrés y angustia, y más quizá al pensar en que tiene que sentarse con él a hablar del problema para solucionarlo. Tras sentarse, conversar y solucionar el problema, ese estrés desaparece y la mochila de angustia se evapora. Creo que sería un simil bastante adecuado.
    Me parece que hablar de efectos negativos de la meditación y dejarlo así … distorsiona la realidad y da mala prensa a una terapia que ayuda a tantísima gente. En resumen es poner atención a nuestro interior y colocar lo que está descolocado.

  • Estoy bastante de acuerdo con lo que dice Cris.

    Este artículo se queja de los mensajes sesgados de los «gurús de la autoayuda» que venden la meditación como algo bonito y de color de rosa, pero luego se encarga también de escribir un artículo sesgado, pero desde el lado opuesto. No puedes escribir un artículo quejándote de una cosa, pero cuando haces lo mismo desde el lado opuesto.

    Llevo muchos años meditando. Empecé porque tenía ataques de ansiedad y pánico. No contacté con ningún gurú, ni leí nada de ninguno de ellos. Simplemente me puse a leer e investigar por mi cuenta. Creí que me podía ayudar y me puse a meditar como buenamente pude. Me fue muy bien para calmar esa ansiedad.

    Con el paso de los años pensé que meditar estaba bien, pero que si quería hacerlo bien tenía que ir su origen y raíz. Si quieres hacer algo bien, nunca te quedes en la superficie, siempre hay que ir al origen. Y fui a un monasterio budista. Una de las primeras cosas que nos dijeron es que la meditación podría (no era algo seguro) traernos problemas a corto plazo. Como bien dice Cris, la meditación te ayuda a verte tal como eres, a hacer una introspección y analizar, y es probable que veas cosas que no te gustan. Y, cuando ves cosas que no te gustan, obviamente puede tener reacciones negativas.

    ¿Significa que la meditación es mala? No, justamente lo contrario. Pero significa que tendrás que aprender a verte tal como eres y, eso a la larga te traerá beneficios, pero a corto plazo igual ves lo que no te guste. ¿Significa que la meditación siempre te traerá problemas? No, todo depende de la persona y cómo aceptes verte tal y como eres.

  • Creo que los comentarios anteriores (Cris y Dani) explican bastante bien lo que pensé al leer el artículo. Yo no medito habitualmente, solo lo he probado superficialmente porque, efectivamente, me hacía sentir mal. Pero es que estoy en una terapia para superar un trauma, y cuando, en esa terapia, empiezas a ver cosas que has evitado ver para sobrevivir, duele, y mucho. Es normal, forma parte del proceso.

  • Todos esos cambios y malestares parecen surgir entonces, pero siempre estuvieron. Durante la meditación por fin paramos y nos damos la oportunidad de escuchar lo que siempre estuvo allí. ¿Cómo si no curar la herida? ¿Cómo trascender el dolor sin enfrentarnos a nuestra propia verdad?

    Tal vez el error está en creer que el proceso es un camino de rosas, pero también en pensar que todos los síntomas que se describen son el resultado final.

    Precisamente esa «noche oscura del alma», esos síntomas físicos, expresan miedos profundos e irracionales por las nuevas puertas que se abren, indican que vamos en la buena dirección, si hacia donde queremos ir es hacia la da sanación real.

    Y justo en esos duros momentos se pone también a prueba nuestra ecuanimidad, autocompasión y confianza por la práctica. Hay que ser valiente, rendirse a ellos y cuidarse durante el proceso para poder transitar ese camino de vuelta a casa.

  • El artículo está a medias y mostrando lo que el autor quiere. Desde ya que hay varias maneras de meditar…desde lo más oculto como rituales de invocación en alguna prácticas que no comparto hasta meditaciones en movimiento a lo Osho o mindfullness
    Además de meditar desde la zona cerebral, también se puede meditar desde cualquier zona del cuerpo, ya que lo habitamos por completo.
    Por otro lado, podés meditar sin ser parte de ningún negocio o circo neo-indú…quizás esto es lo que al autor le genera rechazo, es como lo de la farándula vegana para los que siguen aportando a el mercado de la carne.

  • La pregunta seria…¿ha practicado la meditacion?
    Si no, para que el articulo, son palabras al aire…y seria cuestionable incluso para los investigadores si no hay practica no hay conocimiento

  • UNA PERSONA CÁNDIDA QUE CREYÓ EN LOGRAR LA PERFECCIÓN, ILUMINACIÓN Y ALTOS NIVELES DE CONCIENCIA, CAYÓ EN ESTAS PRÁCTICAS QUE SE VENDEN COMO ALGO DESEABLE Y BENEFICIOSO….
    COMENZÓ A DESARROLLAR ESPASMOS, ANSIEDAD, DESPERSONALIZACION, INFANTILIZACION, EGOÍSMO,BIPOLARIDAD, IRRESPONSABILIDAD Y AISLAMIENTO SOCIAL, JUNTO CON CREENCIAS DE SER UN SER EXCEPCIONAL Y DENIGRAR COSTUMBRES QUE ANTES COMPARTÍA CON SU FAMILIA…. LA MEDITACIÓN ES VENENO PARA LA MENTE…. FUE EXTRAÍDA DE CONTEXTOS RELIGIOSOS EN LOS QUE LOS PRACTICANTES DE ESAS MAROMAS MENTALES LES SERVÍAN PARA VIVIR DEL TRABAJO DEL PUEBLO, MIENTRAS QUE ELLOS ENTRABAN EN CONTACTO CON EL MÁS ALLÁ… EVIDENCIA DE ELLO LOS «LIBROS SAGRADOS» DE TODAS LAS RELIGIONES… SIN EMBARGO LAS MENTES CÁNDIDAS CREEN EN LA MERCADOTECNIA QUE HOY LA VENDE AL MUNDO LAICO CON EFECTOS INDESEABLES Y QUE LES HACEN CREER QUE ESTÁN ENTRANDO EN CONTACTO CON LA DIVINIDAD… PINCHES MAMADAS….

    • Totalmente de acuerdo contigo. Según el diccionario meditar es escudriñar, pensar, analizar y no dejar la mente en blanco. Ser espiritual tiene que ver con el conocimiento del espíritu del Eterno y meditando dejamos entrar otro tipo de espíritus

  • Mi nombre es juan Carlos y vengo haciendo meditación hace unos 3 años y lastimosamente la experiencia no ha sido buena. Cuando practico la meditación más intensamente me aparecen signos de sentirme aislado, más irascible, como que no encajo en esta vida, me han dado ataques de ansiedad con pánico y obsesividad. Pero lo más duro es cuando me siento aislado y empiezo a pensar que no tiene sentido vivir por la desconexión que siento. Algunas personas, como usted menciona, dicen que debo ir más profundo y superar estos miedos. El único momento bueno es en plena meditación, La Paz que experimento. Ayer me dio por buscar si la meditación tenía efectos secundarios y lo que leí es lo que exactamente me pasa. Como todo en esta vida, no todo es para todo mundo y lastimosamente conseguir acompañamiento en este campo para transitar el camino de superar mis miedos es muy difícil.

    • Me parece súper irresponsable opinar de esa manera, siendo que evidentemente nunca has intentando practicar meditación. Entonces cómo es que hablas sobre algo que no conoces?

      En mi caso personal sólo ha traido beneficios. Admito que a veces vienen dolores intensos al meditar, pero creo que eso debía sentirlo tarde o temprano… entonces, qué mejor que experimentar el dolor en calma y paz? Tarde o temprano sentiremos dolor, es 100% inevitable (por más patillas que tomes). Mi consejo para ti es que seas más relajado, más abierto, amoroso y medita para luego opinar sobre. «Conocerse a sí mismo, es el más valioso diamante que se puede obtener.» Saludos!

    • Meditando tienes puedes tener esas cosas? Pues puede.
      Y saliendo a correr puedes partirte un tobillo o perder los dientes contra el suelo.
      Y nadie dirá que el ejercicio aeróbico es malo para la salud.

      Venga un abruzo

  • Yo llevo practicando meditacion desde hace unas semanas y es cierto que si que siento un poco como que me siento aislado un poco de la sociedad al principio pero por otro lado estoy empezando a notar paz interna y otra manera de ver la vida a como la veía antes, entiendo e imagino que todos esos procesos uno debe pasarlos hasta poder llegar al punto de estar centrado con uno mismo, si alguien puede darme una respuesta lo agradecería mucho.

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