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21 de octubre 2016    /   CINE/TV
por
 Buba Viedma

Estos son los efectos secundarios de caminar

21 de octubre 2016    /   CINE/TV     por          Buba Viedma
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Andar no solo sirve para llegar de un sitio a otro. Hay mucho más. Estos son los efectos secundarios de caminar:

1. PENSAR

Friedrich Nietzsche decía:
«Hay que sentarse lo menos posible,
Y no creer en ningún pensamiento
Que no haya surgido al aire libre y caminando»

El filósofo pensaba que las morales sedentarias habían envenenado a la humanidad: «Todos los prejuicios proceden de los intestinos».

2. REBELARSE

El poeta Walt Whitman andaba como «rechazo a una civilización corrupta, contaminada, alienante y miserable».

Decía que prefería una vida libre a una vida sedentaria basada en comprar cosas que acabarían en la basura.

3. BUSCAR LA BONDAD

Rousseau escribió su ‘Discurso sobre el origen de la desigualdad’ caminando por el bosque.

Andando descubrió el ‘homo viator’: el hombre que camina, «el que no está desfigurado por la cultura, la educación y las artes».

4. DISFRUTAR DE LA VIDA

Henry David Thoreau se sentía abrumado ante un capitalismo feroz. En su libro Walden, publicado en 1854, propuso una nueva economía en la que «el coste de una cosa es la cantidad de vida que hay que dar a cambio de ella. Es también una manera de distinguir el provecho del beneficio».

El filósofo caminaba varias horas al día. «. ¿Qué provecho saco de una larga caminata por el bosque? El provecho es nulo: no se ha producido nada que pueda luego venderse, ni se ha realizado algún servicio social que pueda rentarme nada. A ese respecto, la marcha es desesperadamente inútil y estéril. En términos de economía tradicional, es tiempo perdido, malgastado, tiempo muerto, sin producción de riqueza. Y sin embargo para mí, para mi vida, no diría siquiera interior, sino total, absoluta, el beneficio es inmenso. Vivir es algo que nadie puede hacer por ti. En el trabajo puede sustituirte alguien, pero no al caminar. Ese es el gran criterio».

Andar no solo sirve para llegar de un sitio a otro. Hay mucho más. Estos son los efectos secundarios de caminar:

1. PENSAR

Friedrich Nietzsche decía:
«Hay que sentarse lo menos posible,
Y no creer en ningún pensamiento
Que no haya surgido al aire libre y caminando»

El filósofo pensaba que las morales sedentarias habían envenenado a la humanidad: «Todos los prejuicios proceden de los intestinos».

2. REBELARSE

El poeta Walt Whitman andaba como «rechazo a una civilización corrupta, contaminada, alienante y miserable».

Decía que prefería una vida libre a una vida sedentaria basada en comprar cosas que acabarían en la basura.

3. BUSCAR LA BONDAD

Rousseau escribió su ‘Discurso sobre el origen de la desigualdad’ caminando por el bosque.

Andando descubrió el ‘homo viator’: el hombre que camina, «el que no está desfigurado por la cultura, la educación y las artes».

4. DISFRUTAR DE LA VIDA

Henry David Thoreau se sentía abrumado ante un capitalismo feroz. En su libro Walden, publicado en 1854, propuso una nueva economía en la que «el coste de una cosa es la cantidad de vida que hay que dar a cambio de ella. Es también una manera de distinguir el provecho del beneficio».

El filósofo caminaba varias horas al día. «. ¿Qué provecho saco de una larga caminata por el bosque? El provecho es nulo: no se ha producido nada que pueda luego venderse, ni se ha realizado algún servicio social que pueda rentarme nada. A ese respecto, la marcha es desesperadamente inútil y estéril. En términos de economía tradicional, es tiempo perdido, malgastado, tiempo muerto, sin producción de riqueza. Y sin embargo para mí, para mi vida, no diría siquiera interior, sino total, absoluta, el beneficio es inmenso. Vivir es algo que nadie puede hacer por ti. En el trabajo puede sustituirte alguien, pero no al caminar. Ese es el gran criterio».

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Opiniones 5
  • Así es, un tema que debería fomentarse. De esto trata el libro de Frédéric Gros, «Andar, una filosofía», una lectura más que recomendable para inquietos.

  • Es una gran verdad, andar (o en mi caso, correr), es un gran estimulante cerebral. Podemos estar con el cerebro un poco embotado, y nos basta abandonar el sillón y «echarnos al monte», para que nuestra mente se oxigene y empiece a pensar de un modo más creativo.

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