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16 de febrero 2012    /   DIGITAL
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El alcalde de los 53.000 amigos

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El 29 de diciembre de 1999, la localidad granadina de Jun declaró el acceso a internet como un derecho universal de sus ciudadanos. “Desde entonces procuramos que no existan inforricos e infopobres y por tanto ahora están en las redes quienes verdaderamente desean estar, es decir, la inmensa mayoría de la población”.

Entre ellos se encuentra el autor de estas palabras y alcalde del municipio, José Antonio Rodríguez Salas. El máximo responsable del consistorio se muestra muy satisfecho con el grado de inmersión digital de sus vecinos: “La ciudadanía valora mucho que puedas resolver sus problemas con un solo tweet como ocurrió anoche cuando un barrio quedó a oscuras y en menos de una hora el electricista a través de Twitter se enteró y lo solucionó”.

El edil presume también de ser uno de los más activos en redes sociales. Su número de seguidores en Twitter lo dice todo: 53.000 followers (aunque él prefiere llamarlos “amigos”).

¿Cómo el alcalde de una localidad de poco más de 3.000 habitantes puede alcanzar esta cifra? “Los expertos en marketing político siguen preguntándoselo cada día y creo que la respuesta no es tan difícil: la escucha y la respuesta activa. Cuando en una red sabes escuchar y responder a quien se implica en una buena comunicación tienes garantizado que otras muchas personas quieran opinar y participar en esta nueva forma de comunicación horizontal en donde no existen ni clases ni estamentos”.

Pese a ganar por goleada a los ediles de las ciudades más pobladas (sólo por poner algunos ejemplos, Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla, tiene algo más de 16.000 seguidores en Twitter; Xavier Trías (Barcelona), unos 13.800; Rita Barberá (Valencia) cerca de 7.700; mientras que la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, apenas supera los 1.500), Rodríguez Salas no se considera una excepción. Sólo cree que es cuestión de tiempo: “Los alcaldes y alcaldesas de pequeñas poblaciones españolas han huido de aquel primer estudio acerca de la tecnofobia en la clase política municipal que calculaba que en 2005 solo el 3,17% de los munícipes españoles estaban conectados a internet”.

En su opinión, la presencia activa de los cargos públicos en la red resulta lógico en una sociedad donde “la inmensa mayoría tiene cuentas bancarias electrónicas. No es normal que no estén conectados con su administración. Esa fractura tecnológica se rompe con la presencia de unos y otros”.

De ahí que Rodríguez Salas no considere que su frenética actividad online sea una cuestión meramente estética: “El paso a las redes sociales implica un nuevo avance que es preceptivo para generar confianza en una ciudadanía que todavía tiene presente la marbellización de la política municipal”.

Aunque sus detractores, obviamente, utilizan su omnipresencia online como blanco de sus críticas. ¿Qué contesta cuando le reprochan que su dedicación a las redes sociales le resta tiempo para atender otros quehaceres propios de su cargo? “Cada día lo escucho de boca de los alcaldes y alcaldesas españoles. En mi función de tratar de evangelizar a los munícipes en el uso de las redes sociales siempre ponen la misma excusa y siempre les pongo mi ejemplo: puede que en 6 horas no me suene ni una sola vez el teléfono mientras que ellos siempre están comunicando. Es la diferencia de gestionar en red o vía telefónica-voz. La diferencia es ostensible por salud mental y por eficacia”.

 

Foto: Ken-Lee bajo licencia CC

El 29 de diciembre de 1999, la localidad granadina de Jun declaró el acceso a internet como un derecho universal de sus ciudadanos. “Desde entonces procuramos que no existan inforricos e infopobres y por tanto ahora están en las redes quienes verdaderamente desean estar, es decir, la inmensa mayoría de la población”.

Entre ellos se encuentra el autor de estas palabras y alcalde del municipio, José Antonio Rodríguez Salas. El máximo responsable del consistorio se muestra muy satisfecho con el grado de inmersión digital de sus vecinos: “La ciudadanía valora mucho que puedas resolver sus problemas con un solo tweet como ocurrió anoche cuando un barrio quedó a oscuras y en menos de una hora el electricista a través de Twitter se enteró y lo solucionó”.

El edil presume también de ser uno de los más activos en redes sociales. Su número de seguidores en Twitter lo dice todo: 53.000 followers (aunque él prefiere llamarlos “amigos”).

¿Cómo el alcalde de una localidad de poco más de 3.000 habitantes puede alcanzar esta cifra? “Los expertos en marketing político siguen preguntándoselo cada día y creo que la respuesta no es tan difícil: la escucha y la respuesta activa. Cuando en una red sabes escuchar y responder a quien se implica en una buena comunicación tienes garantizado que otras muchas personas quieran opinar y participar en esta nueva forma de comunicación horizontal en donde no existen ni clases ni estamentos”.

Pese a ganar por goleada a los ediles de las ciudades más pobladas (sólo por poner algunos ejemplos, Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla, tiene algo más de 16.000 seguidores en Twitter; Xavier Trías (Barcelona), unos 13.800; Rita Barberá (Valencia) cerca de 7.700; mientras que la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, apenas supera los 1.500), Rodríguez Salas no se considera una excepción. Sólo cree que es cuestión de tiempo: “Los alcaldes y alcaldesas de pequeñas poblaciones españolas han huido de aquel primer estudio acerca de la tecnofobia en la clase política municipal que calculaba que en 2005 solo el 3,17% de los munícipes españoles estaban conectados a internet”.

En su opinión, la presencia activa de los cargos públicos en la red resulta lógico en una sociedad donde “la inmensa mayoría tiene cuentas bancarias electrónicas. No es normal que no estén conectados con su administración. Esa fractura tecnológica se rompe con la presencia de unos y otros”.

De ahí que Rodríguez Salas no considere que su frenética actividad online sea una cuestión meramente estética: “El paso a las redes sociales implica un nuevo avance que es preceptivo para generar confianza en una ciudadanía que todavía tiene presente la marbellización de la política municipal”.

Aunque sus detractores, obviamente, utilizan su omnipresencia online como blanco de sus críticas. ¿Qué contesta cuando le reprochan que su dedicación a las redes sociales le resta tiempo para atender otros quehaceres propios de su cargo? “Cada día lo escucho de boca de los alcaldes y alcaldesas españoles. En mi función de tratar de evangelizar a los munícipes en el uso de las redes sociales siempre ponen la misma excusa y siempre les pongo mi ejemplo: puede que en 6 horas no me suene ni una sola vez el teléfono mientras que ellos siempre están comunicando. Es la diferencia de gestionar en red o vía telefónica-voz. La diferencia es ostensible por salud mental y por eficacia”.

 

Foto: Ken-Lee bajo licencia CC

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