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15 de octubre 2014    /   BRANDED CONTENT
 

El arte de la caña se remonta a Mesopotamia

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La primera referencia histórica a la cerveza es cuniforme. Unas tablillas de arcilla del tercer milenio antes de Cristo y halladas en Mesopotamia, actual Irak, hablan de una bebida obtenida de granos de cereal fermentado que «hace la vida feliz y el corazón gozoso».
Según publicaron el antropólogo Salomon H. Katz y la arqueóloga Mary W. Voigt en 1987 en el artículo Bread and Beer, las escisiones en la arcilla relatan una completa receta de cómo hacer cerveza en la leyenda que narra la forma en que el tercer dios del panteón sumerio, Enki, prepara un banquete para su padre. El pan cocido se desmigaba y se empapaba en agua para causar la fermentación alcohólica y en lugar de en una jarra, se bebía directamente de una tinaja con una caña para evitar las migas.
Aunque el nombre de caña venga del nombre que se le daba al vaso de cerveza ya desde el siglo XIX, debido a que el recipiente era de ese material y se usaba esta planta para medir cantidades, no deja de ser curioso que la caña, como forma de beber una birra, sea tan antigua. Pero en este mundo hay mucha leyenda. ¿Cuál es la mejor de España? Cualquiera que la haya probado, sabe que la Mahou en Madrid se tira como en ningún sitio. Y para demostrarlo, ha creado la denominación Caña Maestra.
Esta se descubre gracias a su crema, suave y compacta, que sirve como tapa y retiene los aromas evitando que entren en contacto con el ambiente. Esta debe ser de unos dos centímetros. Debajo de ella, el oro dorado espera al bebensal. La nube de carbónico y las burbujas aguardan a que una boca rompa el sello blanco y deslice por su garganta el sabor de una Mahou. A medida que la cerveza baja, deberá dejar los aros característicos que marcan la profundidad de los tragos.
Para lograr esta maravilla alquímica, el camarero debe tener maestría. Este concepto es difícil de explicar y solo se alcanza mediante la práctica castiza del cañeo constante. Puro instinto, movimientos rápidos de muñeca, manejo sin par del grifo para pasar del oro dorado a la espuma. La caña perfecta.
Con un sello, Mahou reconoce el trabajo de los bares que tiran las mejores cañas, las que cumplen con el ritual. Busca con esto fomentar y representar la caña como tradición, sabor y calidad de la hostelería madrileña. En este enlace puedes ver los más de 60 locales que hacen alquimia. Pero, como siempre, ten en cuenta que Mahou recomienda el consumo responsable 5,5®.
Mahou_Maestria_info_9_7_14

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La primera referencia histórica a la cerveza es cuniforme. Unas tablillas de arcilla del tercer milenio antes de Cristo y halladas en Mesopotamia, actual Irak, hablan de una bebida obtenida de granos de cereal fermentado que «hace la vida feliz y el corazón gozoso».
Según publicaron el antropólogo Salomon H. Katz y la arqueóloga Mary W. Voigt en 1987 en el artículo Bread and Beer, las escisiones en la arcilla relatan una completa receta de cómo hacer cerveza en la leyenda que narra la forma en que el tercer dios del panteón sumerio, Enki, prepara un banquete para su padre. El pan cocido se desmigaba y se empapaba en agua para causar la fermentación alcohólica y en lugar de en una jarra, se bebía directamente de una tinaja con una caña para evitar las migas.
Aunque el nombre de caña venga del nombre que se le daba al vaso de cerveza ya desde el siglo XIX, debido a que el recipiente era de ese material y se usaba esta planta para medir cantidades, no deja de ser curioso que la caña, como forma de beber una birra, sea tan antigua. Pero en este mundo hay mucha leyenda. ¿Cuál es la mejor de España? Cualquiera que la haya probado, sabe que la Mahou en Madrid se tira como en ningún sitio. Y para demostrarlo, ha creado la denominación Caña Maestra.
Esta se descubre gracias a su crema, suave y compacta, que sirve como tapa y retiene los aromas evitando que entren en contacto con el ambiente. Esta debe ser de unos dos centímetros. Debajo de ella, el oro dorado espera al bebensal. La nube de carbónico y las burbujas aguardan a que una boca rompa el sello blanco y deslice por su garganta el sabor de una Mahou. A medida que la cerveza baja, deberá dejar los aros característicos que marcan la profundidad de los tragos.
Para lograr esta maravilla alquímica, el camarero debe tener maestría. Este concepto es difícil de explicar y solo se alcanza mediante la práctica castiza del cañeo constante. Puro instinto, movimientos rápidos de muñeca, manejo sin par del grifo para pasar del oro dorado a la espuma. La caña perfecta.
Con un sello, Mahou reconoce el trabajo de los bares que tiran las mejores cañas, las que cumplen con el ritual. Busca con esto fomentar y representar la caña como tradición, sabor y calidad de la hostelería madrileña. En este enlace puedes ver los más de 60 locales que hacen alquimia. Pero, como siempre, ten en cuenta que Mahou recomienda el consumo responsable 5,5®.
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Opiniones 1
  • La forma de tirar cerveza que Mahou promulga es una auténtica aberración. La llamada “crema” no es más que forzar a la cerveza a pasar por un caudal diminuto a gran presión. Esto crea este sombrero compacto y repugnante que evita que, efectivamente, el carbónico (que recordemos que es inyectado de forma artificial a estas cervezas) no pueda abandonar el vaso, por lo que bebes gas y no se aprecian bien los matices de su sabor, y que por supuesto no puedas captar ni un solo aroma… Simplemente es una práctica basta y grotesca…

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