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13 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD
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El artista y la tormenta perfecta

13 de octubre 2015    /   CREATIVIDAD     por          
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Coleccionismo de manuales

Hay artistas que no comienzan su trabajo o no lo concluyen porque creen que no han encontrado el manual con todas las respuestas que cree necesitar. Hasta que no lo consiguen, no reanudan la tarea. El problema: siempre hay otro manual que consideran necesario.

Otros piensa que no tiene suficientes manuales. Tiene apilados en la mesa veinte, treinta, cuarenta manuales y le parecen insuficientes. Y junto al coleccionismo de manuales, el de talleres: cinco, seis, siete… buscando al gurú perfecto.

Un artista autodidacta necesitará cuatro o cinco manuales y un par de talleres como mucho para conocer las bases del oficio. Por lo general, todo lo que viene después está de más:  las experiencias sucesivas recuerdan a las clases de inglés retomadas —por enésima vez— que comienzan con el verbo «to be».
Aprendidas las bases, el artista no debería tener más gurú que él mismo. Si no, ¿qué clase de artista es? Será discípulo, no artista.

La obra vale lo que vale al margen del tiempo empleado en ella

Hay cosas que funcionan y cosas que no. Puede ser que la obra guste a unos pocos y no a la mayoría. Cuando algo no funciona o gusta a pocos, un pensamiento carcome: «¿Por qué no le gusta a la gente si he pasado dos años de mi vida con esto?».

Aprendidas las bases, el artista no debería tener más gurú que él mismo


El tiempo invertido no equivale al resultado obtenido. Piensa en alguien que te ofrece un plato que no te gusta. Puede ser tu pareja o tu madre o un cocinero profesional. Imagina que esa persona te dice: «Tiene que gustarte porque me pasé ocho horas en la cocina».
Ocho o doce horas no importan. Al paladar no le seduce el tiempo. En la película Magic (dirigida por Attenborough con guion de Goldman) hay un bonito diálogo sobre esto:


El tiempo invertido no equivale al resultado obtenido. Piensa en alguien que te ofrece un plato que no te gusta. Puede ser tu pareja o tu madre o un cocinero profesional. Imagina que esa persona te dice: «Tiene que gustarte porque me pasé ocho horas en la cocina».
Ocho o doce horas no importan. Al paladar no le seduce el tiempo. En la película Magic (dirigida por Attenborough con guion de Goldman) hay un bonito diálogo sobre esto:

MAGO JOVEN
Les dije: ¡Estúpidos hijos de perra, no os dais cuenta de mi trabajo!
¡Lo que acabáis de ver me ha costado mil horas de mi vida!

MAGO VIEJO
Ellos no entienden de trabajo, muchacho, solamente quieren que se les divierta.
Si quieres valer tanto como la magia, gánate al público.

La inspiración y la necesidad

En La ventana indiscreta, Grace Kelly escucha al pianista tocando al otro lado del patio. Ella dice: «¿En qué se inspira un hombre para componer una música tan bella?». James Stewart responde sin dudar: «En su casera una vez al mes».
Aquí hay una pequeña reflexión. Dostoievski escribía deprisa mientras los acreedores le esperaban en la calle. Billy Wilder dijo haber escrito sus mejores páginas bajo las cañerías de mierda del edificio en el que se instaló al llegar a los Estados Unidos. Parece que la comodidad es puñetera con la creatividad, pero no debería ser así. No es necesario vivir en condiciones precarias para obligar a la musa a colaborar. La incomodidad puede ser un estado mental; pensar que la hostia podría llegar mañana.

La gran hostia es una tormenta perfecta. Si faltan condiciones para ella, quizá convenga crearla dentro de uno mismo

La tormenta perfecta

La gran hostia es una tormenta perfecta. Hay tres puntos de giro en la vida del artista.

  • El primero: el artista defrauda a la familia en la que nació porque decide dedicarse al arte en lugar de la Medicina o al Derecho u otra profesión «que dé dinero».
  • El segundo: el artista defrauda a la familia que formó porque no cumplió las expectativas que creó de mantener a la familia con el arte.
  • El tercero: el artista se defrauda a sí mismo porque no cumplió los propósitos que se trazó (económicos o artísticos, aunque con frecuencia coinciden).

Entre el segundo y tercer punto de giro pueden pasar años. A veces, coinciden en el tiempo. Cuando eso pasa, se crea una «tormenta perfecta» que puede hacer zozobrar al artista o empujarlo con fuerza hacia un nuevo destino si aprende a surfear. Pero no es necesario esperar a estar en la tormenta para crear. Si faltan condiciones para la tormenta perfecta, quizá convenga crearla dentro de uno mismo.

Coleccionismo de manuales

Hay artistas que no comienzan su trabajo o no lo concluyen porque creen que no han encontrado el manual con todas las respuestas que cree necesitar. Hasta que no lo consiguen, no reanudan la tarea. El problema: siempre hay otro manual que consideran necesario.

Otros piensa que no tiene suficientes manuales. Tiene apilados en la mesa veinte, treinta, cuarenta manuales y le parecen insuficientes. Y junto al coleccionismo de manuales, el de talleres: cinco, seis, siete… buscando al gurú perfecto.

Un artista autodidacta necesitará cuatro o cinco manuales y un par de talleres como mucho para conocer las bases del oficio. Por lo general, todo lo que viene después está de más:  las experiencias sucesivas recuerdan a las clases de inglés retomadas —por enésima vez— que comienzan con el verbo «to be».
Aprendidas las bases, el artista no debería tener más gurú que él mismo. Si no, ¿qué clase de artista es? Será discípulo, no artista.

La obra vale lo que vale al margen del tiempo empleado en ella

Hay cosas que funcionan y cosas que no. Puede ser que la obra guste a unos pocos y no a la mayoría. Cuando algo no funciona o gusta a pocos, un pensamiento carcome: «¿Por qué no le gusta a la gente si he pasado dos años de mi vida con esto?».

Aprendidas las bases, el artista no debería tener más gurú que él mismo


El tiempo invertido no equivale al resultado obtenido. Piensa en alguien que te ofrece un plato que no te gusta. Puede ser tu pareja o tu madre o un cocinero profesional. Imagina que esa persona te dice: «Tiene que gustarte porque me pasé ocho horas en la cocina».
Ocho o doce horas no importan. Al paladar no le seduce el tiempo. En la película Magic (dirigida por Attenborough con guion de Goldman) hay un bonito diálogo sobre esto:


El tiempo invertido no equivale al resultado obtenido. Piensa en alguien que te ofrece un plato que no te gusta. Puede ser tu pareja o tu madre o un cocinero profesional. Imagina que esa persona te dice: «Tiene que gustarte porque me pasé ocho horas en la cocina».
Ocho o doce horas no importan. Al paladar no le seduce el tiempo. En la película Magic (dirigida por Attenborough con guion de Goldman) hay un bonito diálogo sobre esto:

MAGO JOVEN
Les dije: ¡Estúpidos hijos de perra, no os dais cuenta de mi trabajo!
¡Lo que acabáis de ver me ha costado mil horas de mi vida!

MAGO VIEJO
Ellos no entienden de trabajo, muchacho, solamente quieren que se les divierta.
Si quieres valer tanto como la magia, gánate al público.

La inspiración y la necesidad

En La ventana indiscreta, Grace Kelly escucha al pianista tocando al otro lado del patio. Ella dice: «¿En qué se inspira un hombre para componer una música tan bella?». James Stewart responde sin dudar: «En su casera una vez al mes».
Aquí hay una pequeña reflexión. Dostoievski escribía deprisa mientras los acreedores le esperaban en la calle. Billy Wilder dijo haber escrito sus mejores páginas bajo las cañerías de mierda del edificio en el que se instaló al llegar a los Estados Unidos. Parece que la comodidad es puñetera con la creatividad, pero no debería ser así. No es necesario vivir en condiciones precarias para obligar a la musa a colaborar. La incomodidad puede ser un estado mental; pensar que la hostia podría llegar mañana.

La gran hostia es una tormenta perfecta. Si faltan condiciones para ella, quizá convenga crearla dentro de uno mismo

La tormenta perfecta

La gran hostia es una tormenta perfecta. Hay tres puntos de giro en la vida del artista.

  • El primero: el artista defrauda a la familia en la que nació porque decide dedicarse al arte en lugar de la Medicina o al Derecho u otra profesión «que dé dinero».
  • El segundo: el artista defrauda a la familia que formó porque no cumplió las expectativas que creó de mantener a la familia con el arte.
  • El tercero: el artista se defrauda a sí mismo porque no cumplió los propósitos que se trazó (económicos o artísticos, aunque con frecuencia coinciden).

Entre el segundo y tercer punto de giro pueden pasar años. A veces, coinciden en el tiempo. Cuando eso pasa, se crea una «tormenta perfecta» que puede hacer zozobrar al artista o empujarlo con fuerza hacia un nuevo destino si aprende a surfear. Pero no es necesario esperar a estar en la tormenta para crear. Si faltan condiciones para la tormenta perfecta, quizá convenga crearla dentro de uno mismo.

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