3 de marzo 2014    /   IDEAS
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El aspirador ciclónico y otras fantasías nocturnas

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¿Cuántas personas ebrias, noctámbulas, solitarias, desesperadas o directamente enfermas no hemos comprado alguna vez un artilugio inexplicable, con el teléfono en una mano marcando obedientemente los dígitos de pago (902, 851 o cosas peores, pues los call centers se encuentran en Miami o en Bulgaria o en la Guyana Francesa)? «¡Llame ahora! ¡No pierda esta oportunidad!».

Los ya legendarios juegos de cuchillos Ginsu que se ofrecían a deshoras en las teletiendas de Antena 3 o Tele5 son un clásico, pero hay mucho más. Que levante la mano quien no ha llegado a casa ciego y se ha tirado al sofá, y tras un brevísimo zapping ha quedado enganchado en esos interminables y reiterativos spots con voz en en inglés, pero con locución en español superpuesta, en los que alguien desgrana las maravillosas características de objetos absurdos. La fascinación que ejerce sobre un cerebro alcoholizado (o dopado con otras sustancias o todo a la vez) es increíble.

Los lectores recordarán el furor que desató el Giratutto en los años noventa, un simple plato giratorio que aparecía hasta en la sopa y al que se le atribuían bondades insospechadas. Pero también hay trastos o sustancias para adelgazar o depilarse, para el jardín, para follar o para cortar madera en círculos.

Cuando al día siguiente vemos que nuestra VISA ha sufrido un importante bocado, apenas nos atrevemos a contárselo a la pareja.

– Cariño, anoche compré un pantocrátor inalámbrico. Lo siento, pero es que solo valía 99 euros…
– Eres imbécil.
– Sí.

En fin, el amor sirve para perdonar estos pecadillos, pero se recomienda tener una tarjeta de débito particular solo para estos arrebatos.

Entre teletienda y teletienda, y siempre amparados por el atenuante moral del zapping, podemos recalar en una de esas innumerables mediums escotadas o en páginas con imágenes «picantes», mientras a la izquierda se despliega un torrente de mensajes en directo de otros televidentes tan perdidos y miserables como usted o como yo. Allí es posible publicar en tiempo real cualquier reclamo (sexual o no), ya que no hay moderador, ni filtro, ni censura; lo digo de buena tinta. Porque mi perverso pasatiempo favorito es deslizar frases como:

¡Viva la República!

O

Sois todos unos merluzos

Y lloro de la risa, yo solo, ahí me ven… al leer mis mensajes flanqueados por otros más serios como:

Bsco Xco Majadahonda Temita. MUYbien dtado. No ocultos.

O

Para mjer madura. T lo hago todo gratis. Yo mreno. Fiesta. Getafe ahora. SMS.

Pero, superada la sorpresa de poder publicar en la tele nuestras frases cortas (no me extrañaría que este sistema diese la idea a Jack Dorsey, Biz Stone y Evan Williams para crear Twitter), uno vuelve a la teletienda, donde un montón de charlatanes intentan colocarnos una mopa a vapor, un audífono recargable, una máquina de pedicura giratoria, una freidora sin aceite o una batamanta pijama.

Esta tendencia está importada de EE UU, lo que explica que pasar una noche en vela en cualquier motel de aquel país pueda tener inesperadas recompensas, como descubrir estos tres productos que he seleccionado para ustedes.

Vean este soporte para poder colocar el rifle en un lateral del colchón, que se llama Back Up…

O este desodorante ¡para el culo!, ingeniosamente bautizado como Doc Bottoms Aspray…

O el colmo, un colector para cacas de perro… directamente de su trasero para evitar que caigan al suelo: ¿Su nombre? PooTrap.

En fin, la próxima vez que confiesen a su pareja uno de estos deslices nocturnos, intenten arreglarlo con amor:

– Cariño, anoche compré un aspirador ciclónico.
– Ya tenemos aspirador.
– Pero no ciclónico.
– Eres idiota.
– Sí, pero te quiero.

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Los lectores recordarán el furor que desató el Giratutto en los años noventa, un simple plato giratorio que aparecía hasta en la sopa y al que se le atribuían bondades insospechadas. Pero también hay trastos o sustancias para adelgazar o depilarse, para el jardín, para follar o para cortar madera en círculos.

Cuando al día siguiente vemos que nuestra VISA ha sufrido un importante bocado, apenas nos atrevemos a contárselo a la pareja.

– Cariño, anoche compré un pantocrátor inalámbrico. Lo siento, pero es que solo valía 99 euros…
– Eres imbécil.
– Sí.

En fin, el amor sirve para perdonar estos pecadillos, pero se recomienda tener una tarjeta de débito particular solo para estos arrebatos.

Entre teletienda y teletienda, y siempre amparados por el atenuante moral del zapping, podemos recalar en una de esas innumerables mediums escotadas o en páginas con imágenes «picantes», mientras a la izquierda se despliega un torrente de mensajes en directo de otros televidentes tan perdidos y miserables como usted o como yo. Allí es posible publicar en tiempo real cualquier reclamo (sexual o no), ya que no hay moderador, ni filtro, ni censura; lo digo de buena tinta. Porque mi perverso pasatiempo favorito es deslizar frases como:

¡Viva la República!

O

Sois todos unos merluzos

Y lloro de la risa, yo solo, ahí me ven… al leer mis mensajes flanqueados por otros más serios como:

Bsco Xco Majadahonda Temita. MUYbien dtado. No ocultos.

O

Para mjer madura. T lo hago todo gratis. Yo mreno. Fiesta. Getafe ahora. SMS.

Pero, superada la sorpresa de poder publicar en la tele nuestras frases cortas (no me extrañaría que este sistema diese la idea a Jack Dorsey, Biz Stone y Evan Williams para crear Twitter), uno vuelve a la teletienda, donde un montón de charlatanes intentan colocarnos una mopa a vapor, un audífono recargable, una máquina de pedicura giratoria, una freidora sin aceite o una batamanta pijama.

Esta tendencia está importada de EE UU, lo que explica que pasar una noche en vela en cualquier motel de aquel país pueda tener inesperadas recompensas, como descubrir estos tres productos que he seleccionado para ustedes.

Vean este soporte para poder colocar el rifle en un lateral del colchón, que se llama Back Up…

O este desodorante ¡para el culo!, ingeniosamente bautizado como Doc Bottoms Aspray…

O el colmo, un colector para cacas de perro… directamente de su trasero para evitar que caigan al suelo: ¿Su nombre? PooTrap.

En fin, la próxima vez que confiesen a su pareja uno de estos deslices nocturnos, intenten arreglarlo con amor:

– Cariño, anoche compré un aspirador ciclónico.
– Ya tenemos aspirador.
– Pero no ciclónico.
– Eres idiota.
– Sí, pero te quiero.

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