6 de marzo 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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El barrio de Hamburgo que se rebeló contra las meadas callejeras

6 de marzo 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Amanece en St. Pauli. Los vecinos de aquel barrio de Hamburgo están acostumbrados a recibir las primeras luces del día acompañadas de un terrible olor a orina… Es una de las consecuencias de vivir en unas de las zonas con más animación nocturna de la ciudad. Aunque parecen haber encontrado una solución provisional.

Según recoge CityLab, vecinos y dueños de algunos locales del barrio han decidido luchar con los ‘wild pee-ers’ recubriendo las paredes de algunas de sus calles con una pintura bastante utilizada en los cascos de los buques.


El material es tan resistente que es capaz de repeler cualquier líquido que caiga sobre ella. Lo que se traduce, en el caso de los aficionados a miccionar en la pared, en una meada en sus propios pantalones.
En algunas de las paredes repintadas, se ha colgado un letrero advirtiendo a los viandantes de que aquel no es el lugar idóneo para vaciar vejigas. «Nosotros no queremos echar a los turistas. Nos gusta ser sus anfitriones. La solución es solo para explicar nuestras reglas, como no fotografiar prostitutas mientras trabajan, no vomitar en los buzones… Y ahora, ¡no orinar en las paredes! Esta acción con la pintura es solo el comienzo», contaba Julia Staron, una de las organizadoras de la campaña, a la revista Spiegel.

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Amanece en St. Pauli. Los vecinos de aquel barrio de Hamburgo están acostumbrados a recibir las primeras luces del día acompañadas de un terrible olor a orina… Es una de las consecuencias de vivir en unas de las zonas con más animación nocturna de la ciudad. Aunque parecen haber encontrado una solución provisional.

Según recoge CityLab, vecinos y dueños de algunos locales del barrio han decidido luchar con los ‘wild pee-ers’ recubriendo las paredes de algunas de sus calles con una pintura bastante utilizada en los cascos de los buques.


El material es tan resistente que es capaz de repeler cualquier líquido que caiga sobre ella. Lo que se traduce, en el caso de los aficionados a miccionar en la pared, en una meada en sus propios pantalones.
En algunas de las paredes repintadas, se ha colgado un letrero advirtiendo a los viandantes de que aquel no es el lugar idóneo para vaciar vejigas. «Nosotros no queremos echar a los turistas. Nos gusta ser sus anfitriones. La solución es solo para explicar nuestras reglas, como no fotografiar prostitutas mientras trabajan, no vomitar en los buzones… Y ahora, ¡no orinar en las paredes! Esta acción con la pintura es solo el comienzo», contaba Julia Staron, una de las organizadoras de la campaña, a la revista Spiegel.

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