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6 de febrero 2012    /   CREATIVIDAD
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El cazador de ventanas

6 de febrero 2012    /   CREATIVIDAD     por          
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En este link se encuentra una webcam. Una de las muchas que pueblan páginas webs en todo el mundo. Dejando de lado su uso para el contacto humano, ciudades en todo el mundo las utilizan para promocionarse, estaciones de esquí para que puedas ver el estado de la nieve en tiempo real y algunas tiendas para vigilar sus posesiones desde cualquier lugar. Juntas componen ventanas inconexas a lugares lejanos o no tan lejanos que el artista Mario Santamaría utiliza para hacer collage digitales que llama Collage City.

«Existen miles de señales streaming en la red que emiten continuamente imágenes de espacios tanto públicos como privados, muchas de estas imágenes no son almacenadas ni grabadas, simplemente son emitidas, y constituyen un tipo de oralidad visual», explica el autor del proyecto.

Santamaría pasa largas horas en busca de estas piezas. Las encuentra en foros, páginas webs y se intercambia links con gente con los mismos intereses.

El artista logra convertir lo mundano en algo cautivador. Cada uno de los 5 collages retrata escenas absolutamente normales que en su conjunto dan la sensación de estar en muchos lugares a la vez. Un paseo marítimo donde los viandantes se mueven plácidamente. La parte de atrás de un taller, el interior de una peluquería masculina que durante la semana está llena de clientes, un campo de golf nevado, una tienda de bicis o el enorme atrio de una iglesia ortodoxa rusa son algunas de los lugares capturados durante las 24 horas.

Pero lo mundano también tiene su lado oscuro. Existen muchos lugares donde se puede acceder a webcams privadas que por varias razones están abiertas a cualquiera que tenga acceso al link.

«A veces se trata de un fallo de las personas que se les ha olvidado poner una contraseña. En otros casos es responsabilidad de la empresa que no pone controles necesarios o un fallo del servidor. Hay cientos de cámaras apuntando a centros de mayores, salones, pasillos de casas privadas. Es muy siniestro verlo. Te entra una sensación muy rara cuando te pones en el pellejo de esa gente. Hay muchas personas que se intercambian estos links».

En este sentido, tras presenciarlo con sus propios ojos, Santamaría prefiere no jugársela. «Yo, por si acaso, mantengo siempre mi cámara tapada».

 

En este link se encuentra una webcam. Una de las muchas que pueblan páginas webs en todo el mundo. Dejando de lado su uso para el contacto humano, ciudades en todo el mundo las utilizan para promocionarse, estaciones de esquí para que puedas ver el estado de la nieve en tiempo real y algunas tiendas para vigilar sus posesiones desde cualquier lugar. Juntas componen ventanas inconexas a lugares lejanos o no tan lejanos que el artista Mario Santamaría utiliza para hacer collage digitales que llama Collage City.

«Existen miles de señales streaming en la red que emiten continuamente imágenes de espacios tanto públicos como privados, muchas de estas imágenes no son almacenadas ni grabadas, simplemente son emitidas, y constituyen un tipo de oralidad visual», explica el autor del proyecto.

Santamaría pasa largas horas en busca de estas piezas. Las encuentra en foros, páginas webs y se intercambia links con gente con los mismos intereses.

El artista logra convertir lo mundano en algo cautivador. Cada uno de los 5 collages retrata escenas absolutamente normales que en su conjunto dan la sensación de estar en muchos lugares a la vez. Un paseo marítimo donde los viandantes se mueven plácidamente. La parte de atrás de un taller, el interior de una peluquería masculina que durante la semana está llena de clientes, un campo de golf nevado, una tienda de bicis o el enorme atrio de una iglesia ortodoxa rusa son algunas de los lugares capturados durante las 24 horas.

Pero lo mundano también tiene su lado oscuro. Existen muchos lugares donde se puede acceder a webcams privadas que por varias razones están abiertas a cualquiera que tenga acceso al link.

«A veces se trata de un fallo de las personas que se les ha olvidado poner una contraseña. En otros casos es responsabilidad de la empresa que no pone controles necesarios o un fallo del servidor. Hay cientos de cámaras apuntando a centros de mayores, salones, pasillos de casas privadas. Es muy siniestro verlo. Te entra una sensación muy rara cuando te pones en el pellejo de esa gente. Hay muchas personas que se intercambian estos links».

En este sentido, tras presenciarlo con sus propios ojos, Santamaría prefiere no jugársela. «Yo, por si acaso, mantengo siempre mi cámara tapada».

 

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