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19 de febrero 2013    /   BUSINESS
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El chantaje del Robin Hood de las Galletas

19 de febrero 2013    /   BUSINESS     por          
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HAZ
El martes 29 de enero una misiva llegó al diario Hannoversche Allgemeine Zeitung. Dentro, una carta anónima resolvía el misterio que tenía asombrada a la ciudad alemana de Hannover desde el día 26, cuando una galleta dorada de 20 kilos había desaparecido del que era su emplazamiento desde hacía 100 años, un pretzel sostenido por dos figuras de bronce situadas a cinco metros de altura y que decoraban la entrada de la sede de la galletera Bahlsen. El autor del robo era El Monstruo de las Galletas, que amenazaba con tirar la dorada pasta al cubo de basura de Óscar si no se cumplían sus condiciones, más propias del arquetipo del bandido social que de un personaje de Barrio Sésamo.
Estas eran relativamente sencillas. “Tengo la galleta”, comenzaba el anónimo, “si la quieren de vuelta algún día de febrero deben regalar galletas a todos los niños del hospital Bult”. “Pero de esas con chocolate con leche, no de las que tienen chocolate negro ni de esas sin chocolate”. “Y una galleta dorada para la sala de cáncer infantil”. La recompensa de 1.000 euros que Werner Bahlsen, presidente de la galletera, había ofrecido por cualquier información que llevase a la recuperación del dorado elemento “por su valor sentimental”, debía ser donada a un refugio de animales en Langenhagen, una zona al norte de la ciudad. Se desechaba así que el robo de la galleta pudiera estar relacionado con el aumento del precio de los metales y la sustracción y venta ilegal de los mismos.
La respuesta de Bahlsen no se hizo esperar. Aunque en una rueda de prensa aseguró que se negaba a ser “extorsionado”, ese mismo día su compañía se comprometía donar 52.000 galletas en caso de que la galleta dorada fuera devuelta y, en el mismo comunicado, la empresa recalcaba su compromiso a lo largo de 24 años con instituciones y campañas como Herz für Kinder, Hilfe für hungernde Kinder o Traumastiftung . La galleta dorada apareció el 5 de febrero atada para regalo con un lazo rojo a la estatua de un caballo de la universidad de la ciudad, con una carta que decía: “Ya que Werni [en alusión a Werner Bahlsen], como yo, ama tanto la galleta y ahora siempre llora y echa tanto de menos la galleta, la devuelvo”. Tres días después la empresa anunciaba que las instituciones sociales que desearan recibir los prometidos paquetes de 1.000 galletas “de chocolate con leche” debían inscribirse en una página web.
El chantaje del Monstruo de las Galletas levantó sentimientos encontrados en Hannover. Por una parte, el portavoz del hospital infantil Bult recordaba que seguía siendo un “chantaje” y que Bahlsen ya había “hecho mucho” por el centro médico y no necesitaba ser “presionado así”. En el otro lado estaría Erika Klein, gerente de un hostal juvenil en la ciudad y que se habría comprometido, en los comentarios de la versión en línea de la noticia del Hannoversche Allgemeine Zeitung, a poner los 1.000 euros para el refugio de su bolsillo, calificando en un diario de Internet la idea de “maravillosa”. Y cuando parecía que todo había acabado felizmente, llegó la guinda.
El pasado jueves la cadena RTL emitía una vídeo entrevista con la banda del Monstruo de las Galletas, formada por cuatro individuos, en la que además se incluían imágenes de cómo fabricaban un anónimo que parece idéntico al mandado por correo, muestras de su habillidad atlética para descolgarse por las paredes y bastante poco arrepentimiento por su acción. “No creo que vayamos a la cárcel”, dice uno de los integrantes, “quizá nos pongan una multa o algo de trabajo comunitario”. “En cualquier caso”, concluye, “estoy contento de haberme vestido como el monstruo y regalar galletas”.
BandaETL
Foto 1: Hannoversche Allgemeine Zeitun.
 
 

HAZ
El martes 29 de enero una misiva llegó al diario Hannoversche Allgemeine Zeitung. Dentro, una carta anónima resolvía el misterio que tenía asombrada a la ciudad alemana de Hannover desde el día 26, cuando una galleta dorada de 20 kilos había desaparecido del que era su emplazamiento desde hacía 100 años, un pretzel sostenido por dos figuras de bronce situadas a cinco metros de altura y que decoraban la entrada de la sede de la galletera Bahlsen. El autor del robo era El Monstruo de las Galletas, que amenazaba con tirar la dorada pasta al cubo de basura de Óscar si no se cumplían sus condiciones, más propias del arquetipo del bandido social que de un personaje de Barrio Sésamo.
Estas eran relativamente sencillas. “Tengo la galleta”, comenzaba el anónimo, “si la quieren de vuelta algún día de febrero deben regalar galletas a todos los niños del hospital Bult”. “Pero de esas con chocolate con leche, no de las que tienen chocolate negro ni de esas sin chocolate”. “Y una galleta dorada para la sala de cáncer infantil”. La recompensa de 1.000 euros que Werner Bahlsen, presidente de la galletera, había ofrecido por cualquier información que llevase a la recuperación del dorado elemento “por su valor sentimental”, debía ser donada a un refugio de animales en Langenhagen, una zona al norte de la ciudad. Se desechaba así que el robo de la galleta pudiera estar relacionado con el aumento del precio de los metales y la sustracción y venta ilegal de los mismos.
La respuesta de Bahlsen no se hizo esperar. Aunque en una rueda de prensa aseguró que se negaba a ser “extorsionado”, ese mismo día su compañía se comprometía donar 52.000 galletas en caso de que la galleta dorada fuera devuelta y, en el mismo comunicado, la empresa recalcaba su compromiso a lo largo de 24 años con instituciones y campañas como Herz für Kinder, Hilfe für hungernde Kinder o Traumastiftung . La galleta dorada apareció el 5 de febrero atada para regalo con un lazo rojo a la estatua de un caballo de la universidad de la ciudad, con una carta que decía: “Ya que Werni [en alusión a Werner Bahlsen], como yo, ama tanto la galleta y ahora siempre llora y echa tanto de menos la galleta, la devuelvo”. Tres días después la empresa anunciaba que las instituciones sociales que desearan recibir los prometidos paquetes de 1.000 galletas “de chocolate con leche” debían inscribirse en una página web.
El chantaje del Monstruo de las Galletas levantó sentimientos encontrados en Hannover. Por una parte, el portavoz del hospital infantil Bult recordaba que seguía siendo un “chantaje” y que Bahlsen ya había “hecho mucho” por el centro médico y no necesitaba ser “presionado así”. En el otro lado estaría Erika Klein, gerente de un hostal juvenil en la ciudad y que se habría comprometido, en los comentarios de la versión en línea de la noticia del Hannoversche Allgemeine Zeitung, a poner los 1.000 euros para el refugio de su bolsillo, calificando en un diario de Internet la idea de “maravillosa”. Y cuando parecía que todo había acabado felizmente, llegó la guinda.
El pasado jueves la cadena RTL emitía una vídeo entrevista con la banda del Monstruo de las Galletas, formada por cuatro individuos, en la que además se incluían imágenes de cómo fabricaban un anónimo que parece idéntico al mandado por correo, muestras de su habillidad atlética para descolgarse por las paredes y bastante poco arrepentimiento por su acción. “No creo que vayamos a la cárcel”, dice uno de los integrantes, “quizá nos pongan una multa o algo de trabajo comunitario”. “En cualquier caso”, concluye, “estoy contento de haberme vestido como el monstruo y regalar galletas”.
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Foto 1: Hannoversche Allgemeine Zeitun.
 
 

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