10 de junio 2020    /   CREATIVIDAD
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El Chico Fitness: el maestro del ‘coscorrón vaporeta’ y del ‘hiperguantazo blablacar’

A este humorista de lo absurdo le gusta «ese humor que te puede hacer reír o te puede hacer llorar o te puede hacer pensar»

10 de junio 2020    /   CREATIVIDAD     por          
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El día 0 de abril fue al Mercadona a comprar un zumo de agua y un policía con pene masculino lo paró y le preguntó dónde vivía. Él le dijo que vive en el planeta Tierra y vivir en el planeta Tierra tiene sus ventajas: puedes practicar sexo oral y sexo anal. Recuerden: sexo oral es tener sexo cada hora y sexo anal es tener sexo cada año.

Esta historia es del Chico Fitness, un personaje que no es negro, sino marrón, y que tiene un repertorio de golpes maestros inigualable: el coscorrón vaporeta, el hiperguantazo blablacar, la patada norcoreana, el puñetazo Benidorm. Los monólogos de este humorista aparecieron en Instagram a finales de 2018, pero muchas de sus ideas y de los despieces que hace con las palabras vienen de su infancia. A los siete, a los ocho años, empezó a contar las historias absurdas de este humor tan suyo. Ese que suelta ganchos como:

El tiempo sin ti es empo

Yo no soy humano, soy hupierna

Más vale prevenir que prevolver

Más vale ser futbolista que futbotonta

chico fitness

Este humor era tan suyo que, cuando eran pequeños, nadie lo entendía. «En mi colegio, era el único niño que tenía ese tipo de humor. Todos decían que yo era raro. Ellos se reían de unas cosas y yo de otras. Era el único en todo mi barrio al que le gustaba eso. Y mientras crecía, lo fui desarrollando». 

Eran sus chistes privados. Los que le venían a la cabeza. Los que crecían en un mundo paralelo de batallas en las que uno soltaba una microbofetada Movistar y otro respondía con un extrarrodillazo Carbajal, en la zona anal, que lo dejaba fatal. Él no lo buscaba. Esas historias le venían de pronto, ¡zas!, y aparecía uno de esos golpes fascinantes.

Cuando WhatsApp se convirtió en un propulsor de chistes y memes, cada día, su mejor amiga le enviaba uno, otro, otro. ¡Por Dios! Él le decía: 

—No me hacen gracia. No me mandes más.

Y un día ella le propuso:

—Ya que nada te hace gracia, haz un vídeo que te haga gracia a ti.  

Y cuando se lo dijo, él pensó:

—Hostia, a lo mejor hago uno. 

Lo hizo. Pero no lo publicó. Solo se lo envió a ella. Tres meses después se decidió a abrir una cuenta en Instagram. Pero no publicó nada. Dedicó un año entero a observar ese canal, a descubrir el tipo de humor que se hacía, a averiguar qué le gustaba a la gente y a final de 2018 se lanzó: por fin, publicó su primer vídeo.

Ese día se puso chaqueta azul y camisa rosa y contó una historia: El día que maté a Pimp Flaco. «Para quien no sepa quién es Pimp Flaco, Pimp Flaco es un cantante que canta», aclaró. En ese primer monólogo empezaron las hostias: el coscorrón vaporeta, el molinillo, la voltereta 360, la patada norcoreana en la espinilla.

 

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El día que maté a pimp flaco.

Una publicación compartida de NO SOY NEGRO,SOY MARRÓN🇪🇸🇬🇶🇰🇵 (@elchicofitness1) el

¿Por qué te llamas Chico Fitness?

Desde pequeño me gustaba el humor de hacerme el más fuerte. Me gustaba utilizar la violencia para hacer humor. Al abrir la cuenta de Instagram, pensé: «Voy a usar algo que suene a fuerte». Porque si escuchas Chico Fitness, crees que es un tío con músculos. Pero cuando me vean, que sea lo contrario, porque yo soy flaco.

 

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El tiempo sin ti es empo.

Una publicación compartida de NO SOY NEGRO,SOY MARRÓN🇪🇸🇬🇶🇰🇵 (@elchicofitness1) el

Dices en tu perfil de Instagram que no eres negro, eres marrón. 

Sí, es algo filosófico. Puede tener muchos sentidos. Lo dejo caer y que cada uno lo interprete a su manera. 

Y que vives en Corea del Norte.

Me parece muy aburrido alguien del que ya sabes dónde vive. Intento ponerme en diferentes lugares. Todo forma parte del pastel. 

chico fitness

¿En los vídeos hay un guion o son improvisados? 

No hago guiones, no me siento natural. Tampoco improviso del todo. Es un término medio. Antes de grabarlo, visualizo qué voy a decir. Pienso: esto, esto, esto, y cuando me pongo a grabar, ya solo fluyo. 

Tu manera de descolocar las palabras y sus significados («me subió para arriba, me subió para abajo», «si no puedes sonreír, ponte a sonrevolver»), ¿es algo que buscas y preparas o te surge mientras vas hablando?

Buscarlo sería difícil porque nadie dice esas cosas. Es algo muy absurdo, aunque para mí tiene mucho sentido. Me gusta mucho la psicología. Hubo una época en la que leí un libro, no me acuerdo del nombre, que decía que la gente se ríe de los errores de los demás. Cuando lo leí, pensé: si yo digo una palabra mal dicha, la gente se puede reír. Ahí nacieron los juegos de palabras, como lo de humano y hupierna. Eso es un error. Es algo que está lingüísticamente mal visto y dije: si está mal visto, esto lo tengo que utilizar. La gente se va a reír porque has cometido un error. Así es el funcionamiento de la mente humana.

 

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Sonríe.

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Hablas mucho de peleas, del coscorrón vaporeta, del puñetazo Wallapop…

Son cosas que vienen cosechadas de hace tiempo. Son las cosas que me hacen gracia. No sé ni cómo explicarlo. A veces, estoy así, tranquilo, y se me ocurren. ¡Pum! Y ya está. Se me ocurren muchas cosas y después paso un filtro. Los golpes son inventados y son muy absurdos. No tienen sentido. 

Otros temas frecuentes: el suicidio y la muerte.

Sí. Yo me encasillo a mí mismo en el humor negro. Pero hago un humor negro muy blanco. Porque el humor negro se basa en eso: en hablar de la muerte y de temas de los que a nadie le gusta hablar. A mí me gusta mucho este humor que te puede hacer reír o te puede hacer llorar. O te puede hacer pensar: no es solo para reír. 

«El dolor duele». El dolor aparece en muchos de tus monólogos. 

Si tú dices a alguien «el dolor duele», lo va a ver como algo absurdo. Pero a lo mejor yo te hago un vídeo del dolor duele de un minuto y medio y en ese tiempo no me quedo en esa frase. A lo mejor te explico qué es el dolor, cómo puedes prevenirlo, ten cuidado con tal cosa. Es como una puerta que te abre muchas puertas. Es como hacer humor con algo avanzado y no con algo básico. 

 

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El dolor duele.

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Y «el agua moja».

Esa idea la tenía desde muy pequeño. No me imaginaba que cosas así les pudiera gustar a la gente porque, de niño, no les gustaban a mis amigos. Yo crecí pensando que si le decía a alguien «el agua moja», me iba a ver como… ¡yo qué sé! Pero, después, cuando lo hice grande, me di cuenta de que está bien. A la gente le divierte un poco. 

En tus primeros vídeos siempre había un músico urbano como protagonista: Pimp Flaco, Cecilio G., Yung Beef, Kidd Keo, C. Tangana. ¿Por qué contabas peleas (inventadas) con ellos?

Cuando empecé, pensaba que si hablaba de «el agua moja», nadie me iba a prestar atención. Tenía cero seguidores. Pensé: tengo que hacer humor de un tema que le interese a la gente. En esos tiempos todo el mundo estaba pendiente de los traperos y decidí hacer humor hablando de ellos. Pensé que si ellos lo veían, me podían ayudar a moverlo y así iría creciendo mi cuenta. Lo tenía planeado. Empecé con Pimp Flaco y creció la cuenta. Luego hablé de Cecilio G. y siguió creciendo. 

Kidd Keo habló en un vídeo del coscorrón vaporeta. ¿Hablaron más traperos de tus vídeos?

Sí, ellos los movían, me seguían y me hablaban: «Hostia, lo tuyo mola». Pero pensaba que si solo hablaba de ellos, me limitaría mucho. Quería hacer más cosas. 

También hablas de la dieta fitness: desayunar arroz con abdominales, cenar leche con flexiones.

Ese tema se me ocurrió en el 2009. Es algo de hace tiempo. Es lo que me hacía gracia y lo he ido desarrollando. Cuando empecé a hacer los vídeos, fui soltando todo esto. 

Todos tus vídeos empiezan con «Estamos activo, papi». ¿Por qué esa frase?

Tengo un cuaderno en el que voy apuntando lo que voy a hacer. Cuando planeaba qué hacer con el Chico Fitness, me paré a pensar y dije: «Toda la gente que lo peta, como El Cejas, tiene una palabra o una frase que lo identifica. Por ejemplo, él tenía “Hola, soy El Cejas”». Es algo que si tú lo dices, lo identifica a él. Y me paré a pensar: ¿qué va a ser lo mío? Me acordé de que en mi barrio siempre lo decíamos los colegas. Era una forma de saludar. «Estamos activo, papi». Y ¡pum! lo metí ahí para acordarme de dónde vengo y para que quede como la frase con la que la gente se puede acordar de mí.

 

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Vivo en el Planeta Tierra.

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¿Ves tu humor para hacer directos?

Claro. Yo lo veo para monólogos. Ya tenía planeados un par de bolos bien hechos, pero con la pandemia se jodió todo. Incluso me molaría más en monólogo porque tengo que expresar un humor más avanzado que el de los vídeos. Ahí tienes que decir cosas muy concretas porque duran muy poco, no puedes dar muchas vueltas. En un monólogo puedes estar 15 minutos e interactuar con la gente. 

Montas y desmontas las ideas y las palabras con una lógica muy distinta pero muy consistente. Hay mucha fluidez, un ritmo sólido. ¿Cómo lo sientes tú? 

Es un proceso creativo, igual que un rapero hace una canción o un guionista escribe una serie. A mí se me ocurre una idea ahora, pero hasta dentro de tres días no va a estar completa. Es como que mi mente va componiendo: esto tiene que estar aquí, esto aquí. Aunque yo no haga nada, aunque yo no quiera. Mi mente está como automatizada para hacerlo. Ella dice esto aquí, esto aquí, esto aquí. Y cuando voy a grabar, ya lo tengo como memorizado, aunque no lo haya memorizado. Para mí, lo más importante es dejar un mensaje, algo que haga a la gente pensar. A mí no me gusta solo hacer reír, me gusta hacer pensar. 

¡Pum!

El día 0 de abril fue al Mercadona a comprar un zumo de agua y un policía con pene masculino lo paró y le preguntó dónde vivía. Él le dijo que vive en el planeta Tierra y vivir en el planeta Tierra tiene sus ventajas: puedes practicar sexo oral y sexo anal. Recuerden: sexo oral es tener sexo cada hora y sexo anal es tener sexo cada año.

Esta historia es del Chico Fitness, un personaje que no es negro, sino marrón, y que tiene un repertorio de golpes maestros inigualable: el coscorrón vaporeta, el hiperguantazo blablacar, la patada norcoreana, el puñetazo Benidorm. Los monólogos de este humorista aparecieron en Instagram a finales de 2018, pero muchas de sus ideas y de los despieces que hace con las palabras vienen de su infancia. A los siete, a los ocho años, empezó a contar las historias absurdas de este humor tan suyo. Ese que suelta ganchos como:

El tiempo sin ti es empo

Yo no soy humano, soy hupierna

Más vale prevenir que prevolver

Más vale ser futbolista que futbotonta

chico fitness

Este humor era tan suyo que, cuando eran pequeños, nadie lo entendía. «En mi colegio, era el único niño que tenía ese tipo de humor. Todos decían que yo era raro. Ellos se reían de unas cosas y yo de otras. Era el único en todo mi barrio al que le gustaba eso. Y mientras crecía, lo fui desarrollando». 

Eran sus chistes privados. Los que le venían a la cabeza. Los que crecían en un mundo paralelo de batallas en las que uno soltaba una microbofetada Movistar y otro respondía con un extrarrodillazo Carbajal, en la zona anal, que lo dejaba fatal. Él no lo buscaba. Esas historias le venían de pronto, ¡zas!, y aparecía uno de esos golpes fascinantes.

Cuando WhatsApp se convirtió en un propulsor de chistes y memes, cada día, su mejor amiga le enviaba uno, otro, otro. ¡Por Dios! Él le decía: 

—No me hacen gracia. No me mandes más.

Y un día ella le propuso:

—Ya que nada te hace gracia, haz un vídeo que te haga gracia a ti.  

Y cuando se lo dijo, él pensó:

—Hostia, a lo mejor hago uno. 

Lo hizo. Pero no lo publicó. Solo se lo envió a ella. Tres meses después se decidió a abrir una cuenta en Instagram. Pero no publicó nada. Dedicó un año entero a observar ese canal, a descubrir el tipo de humor que se hacía, a averiguar qué le gustaba a la gente y a final de 2018 se lanzó: por fin, publicó su primer vídeo.

Ese día se puso chaqueta azul y camisa rosa y contó una historia: El día que maté a Pimp Flaco. «Para quien no sepa quién es Pimp Flaco, Pimp Flaco es un cantante que canta», aclaró. En ese primer monólogo empezaron las hostias: el coscorrón vaporeta, el molinillo, la voltereta 360, la patada norcoreana en la espinilla.

 

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El día que maté a pimp flaco.

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¿Por qué te llamas Chico Fitness?

Desde pequeño me gustaba el humor de hacerme el más fuerte. Me gustaba utilizar la violencia para hacer humor. Al abrir la cuenta de Instagram, pensé: «Voy a usar algo que suene a fuerte». Porque si escuchas Chico Fitness, crees que es un tío con músculos. Pero cuando me vean, que sea lo contrario, porque yo soy flaco.

 

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El tiempo sin ti es empo.

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Dices en tu perfil de Instagram que no eres negro, eres marrón. 

Sí, es algo filosófico. Puede tener muchos sentidos. Lo dejo caer y que cada uno lo interprete a su manera. 

Y que vives en Corea del Norte.

Me parece muy aburrido alguien del que ya sabes dónde vive. Intento ponerme en diferentes lugares. Todo forma parte del pastel. 

chico fitness

¿En los vídeos hay un guion o son improvisados? 

No hago guiones, no me siento natural. Tampoco improviso del todo. Es un término medio. Antes de grabarlo, visualizo qué voy a decir. Pienso: esto, esto, esto, y cuando me pongo a grabar, ya solo fluyo. 

Tu manera de descolocar las palabras y sus significados («me subió para arriba, me subió para abajo», «si no puedes sonreír, ponte a sonrevolver»), ¿es algo que buscas y preparas o te surge mientras vas hablando?

Buscarlo sería difícil porque nadie dice esas cosas. Es algo muy absurdo, aunque para mí tiene mucho sentido. Me gusta mucho la psicología. Hubo una época en la que leí un libro, no me acuerdo del nombre, que decía que la gente se ríe de los errores de los demás. Cuando lo leí, pensé: si yo digo una palabra mal dicha, la gente se puede reír. Ahí nacieron los juegos de palabras, como lo de humano y hupierna. Eso es un error. Es algo que está lingüísticamente mal visto y dije: si está mal visto, esto lo tengo que utilizar. La gente se va a reír porque has cometido un error. Así es el funcionamiento de la mente humana.

 

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Hablas mucho de peleas, del coscorrón vaporeta, del puñetazo Wallapop…

Son cosas que vienen cosechadas de hace tiempo. Son las cosas que me hacen gracia. No sé ni cómo explicarlo. A veces, estoy así, tranquilo, y se me ocurren. ¡Pum! Y ya está. Se me ocurren muchas cosas y después paso un filtro. Los golpes son inventados y son muy absurdos. No tienen sentido. 

Otros temas frecuentes: el suicidio y la muerte.

Sí. Yo me encasillo a mí mismo en el humor negro. Pero hago un humor negro muy blanco. Porque el humor negro se basa en eso: en hablar de la muerte y de temas de los que a nadie le gusta hablar. A mí me gusta mucho este humor que te puede hacer reír o te puede hacer llorar. O te puede hacer pensar: no es solo para reír. 

«El dolor duele». El dolor aparece en muchos de tus monólogos. 

Si tú dices a alguien «el dolor duele», lo va a ver como algo absurdo. Pero a lo mejor yo te hago un vídeo del dolor duele de un minuto y medio y en ese tiempo no me quedo en esa frase. A lo mejor te explico qué es el dolor, cómo puedes prevenirlo, ten cuidado con tal cosa. Es como una puerta que te abre muchas puertas. Es como hacer humor con algo avanzado y no con algo básico. 

 

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El dolor duele.

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Y «el agua moja».

Esa idea la tenía desde muy pequeño. No me imaginaba que cosas así les pudiera gustar a la gente porque, de niño, no les gustaban a mis amigos. Yo crecí pensando que si le decía a alguien «el agua moja», me iba a ver como… ¡yo qué sé! Pero, después, cuando lo hice grande, me di cuenta de que está bien. A la gente le divierte un poco. 

En tus primeros vídeos siempre había un músico urbano como protagonista: Pimp Flaco, Cecilio G., Yung Beef, Kidd Keo, C. Tangana. ¿Por qué contabas peleas (inventadas) con ellos?

Cuando empecé, pensaba que si hablaba de «el agua moja», nadie me iba a prestar atención. Tenía cero seguidores. Pensé: tengo que hacer humor de un tema que le interese a la gente. En esos tiempos todo el mundo estaba pendiente de los traperos y decidí hacer humor hablando de ellos. Pensé que si ellos lo veían, me podían ayudar a moverlo y así iría creciendo mi cuenta. Lo tenía planeado. Empecé con Pimp Flaco y creció la cuenta. Luego hablé de Cecilio G. y siguió creciendo. 

Kidd Keo habló en un vídeo del coscorrón vaporeta. ¿Hablaron más traperos de tus vídeos?

Sí, ellos los movían, me seguían y me hablaban: «Hostia, lo tuyo mola». Pero pensaba que si solo hablaba de ellos, me limitaría mucho. Quería hacer más cosas. 

También hablas de la dieta fitness: desayunar arroz con abdominales, cenar leche con flexiones.

Ese tema se me ocurrió en el 2009. Es algo de hace tiempo. Es lo que me hacía gracia y lo he ido desarrollando. Cuando empecé a hacer los vídeos, fui soltando todo esto. 

Todos tus vídeos empiezan con «Estamos activo, papi». ¿Por qué esa frase?

Tengo un cuaderno en el que voy apuntando lo que voy a hacer. Cuando planeaba qué hacer con el Chico Fitness, me paré a pensar y dije: «Toda la gente que lo peta, como El Cejas, tiene una palabra o una frase que lo identifica. Por ejemplo, él tenía “Hola, soy El Cejas”». Es algo que si tú lo dices, lo identifica a él. Y me paré a pensar: ¿qué va a ser lo mío? Me acordé de que en mi barrio siempre lo decíamos los colegas. Era una forma de saludar. «Estamos activo, papi». Y ¡pum! lo metí ahí para acordarme de dónde vengo y para que quede como la frase con la que la gente se puede acordar de mí.

 

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Vivo en el Planeta Tierra.

Una publicación compartida de NO SOY NEGRO,SOY MARRÓN🇪🇸🇬🇶🇰🇵 (@elchicofitness1) el

¿Ves tu humor para hacer directos?

Claro. Yo lo veo para monólogos. Ya tenía planeados un par de bolos bien hechos, pero con la pandemia se jodió todo. Incluso me molaría más en monólogo porque tengo que expresar un humor más avanzado que el de los vídeos. Ahí tienes que decir cosas muy concretas porque duran muy poco, no puedes dar muchas vueltas. En un monólogo puedes estar 15 minutos e interactuar con la gente. 

Montas y desmontas las ideas y las palabras con una lógica muy distinta pero muy consistente. Hay mucha fluidez, un ritmo sólido. ¿Cómo lo sientes tú? 

Es un proceso creativo, igual que un rapero hace una canción o un guionista escribe una serie. A mí se me ocurre una idea ahora, pero hasta dentro de tres días no va a estar completa. Es como que mi mente va componiendo: esto tiene que estar aquí, esto aquí. Aunque yo no haga nada, aunque yo no quiera. Mi mente está como automatizada para hacerlo. Ella dice esto aquí, esto aquí, esto aquí. Y cuando voy a grabar, ya lo tengo como memorizado, aunque no lo haya memorizado. Para mí, lo más importante es dejar un mensaje, algo que haga a la gente pensar. A mí no me gusta solo hacer reír, me gusta hacer pensar. 

¡Pum!

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