17 de mayo 2012    /   CINE/TV
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El cine que proyecta esperanza entre los palestinos

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El 5 de agosto de 2010 se reabrió una sala de cine. El suceso es raro, con independencia del lugar del mundo en el que haya ocurrido. El hecho de que fuera en una ciudad palestina, una especialmente habituada al enfrentamiento bélico, le da un sentido distinto. Los impulsores de esta iniciativa lucharon durante años por que un proyector volviera a emitir imágenes para los habitantes de Yenín. Sabían que nacía así un nuevo hilo de esperanza y de justicia (poética) en un lugar donde impulsar cualquier iniciativa que desvíe la atención de la lucha armada se paga con la vida.

«Yo no puedo hacer más, aunque todavía quedan muchas cosas pendientes. He trabajado durante tres años en ello, incluyendo los fines de semana y muchas horas de sueño. He involucrado a familia y amigos sin apenas darme cuenta del riesgo al que nos exponíamos. Necesito recuperar energía y también algo de confianza“, nos cuenta el cineasta alemán Marcus Vetter, uno de los impulsores de Cinema Jenin. Ésta no es una historia con final feliz, pero podría llegar a serlo. Sus palabras piden ayuda para mantener el proyecto en pie.

Fue la muerte la que impulsó el renacimiento de este cine. Hamed Khatib tenía 11 años cuando recibió una bala por parte de un soldado israelí, que había confundido su arma de juguete con una real. Su padre, Ismail, decidió donar los órganos del niño palestino para que se pudieran salvar vidas israelíes. Vetter rodó con su cámara el momento en que Khatib visitaba a las familias de aquellos que habían recibido los órganos de su hijo para el documental «Heart of Jenin«. Pero este gesto tuvo un impacto mucho mayor. «Dio esperanza para confiar en que existe una solución a este conflicto y abrió una nueva vía a la sociedad palestina“, apunta Vetter.

Y entonces la espiral de odio se tornó en todo lo contrario. Una mujer israelí, Yael Armanet, cuyo marido había muerto en un ataque suicida, decidió conocer a la familia del asesino tras haber visto la película. Como no podían proyectarla en el propio Yenín, el director y protagonista decidieron reabrir la sala de cine abandonada y crear un nuevo documental que además hiciera las veces de embajador por la paz.

Además de emplear la cultura como arma, la reconstrucción del cine permitía a la población sentir que recuperaban cierta autonomía en su vida, que aún podían mantener algo bajo su control. También consiguió que el apoyo moral y económico del Gobierno alemán, a través del compromiso del responsable cultural del ministerio de Exteriores germano, Martin Kobler. Otro gran aliado en sus inicios fue Roger Waters, de Pink Floyd. Vetter explica que ambos siguen apoyando el proyecto, «pero tarde o temprano tendrán que ser las autoridades palestinas las que den un paso al frente y demuestren que ellos también desean que este pequeño milagro ocurra“.

Para los sectores extremistas de la causa palestina, la cultura y el análisis crítico es el enemigo. Entienden que el teatro o el cine amenaza la supremacía de la lucha armada como foco de atención principal de la población. Tan solo nueve meses después de la apertura de Cinema Jenin uno de sus colaboradores fue asesinado. Julian Mer-Kamis, mantenía también en pie el Teatro de la Libertad que había fundado su madre. Varios hombres enmascarados dispararon contra él hasta que el activista murió. «Fue un golpe duro e inesperado. Nosotros seguimos sin saber quién lo hizo, pero ocurrió a plena luz del día y estoy convencido de que en Yenín hay mucha gente que conoce con nombres y apellidos las personas que están detrás de ello“, dice Marcus Vetter. Mer-Kamis fue despedido por palestinos e israelíes como un mártir de la libertad.

Defender esta iniciativa y vivir en la ciudad se había convertido en algo arriesgado, lo que ha hecho que se pierda algo de impulso y de apoyo. A ello se sumaron las críticas a la gestión del director del centro, Fakhri Hamad, que ahora reside en Alemania. El director es contundente cuando sale en su defensa: «Ha sido capaz de gestionar un proyecto que no contaba con la financiación de otros nacidos al calor de potentes ONG´s. En este tiempo se han organizado talleres, festivales, se ha creado una sala capaz de acoger conciertos, cine al aire libre y de respetar ciertas normas de sostenibilidad y se ha creado un lugar para acoger a cientos de refugiados. Aseguro personalmente que nunca ha desaparecido dinero que se haya dejado en sus manos».

Muchos factores mantienen Cinema Jenin con vida. A los numerosos patrocinadores con los que cuenta, entre ellos airberlin o el canal de televisión Arte, se suma el estreno del documental en salas comerciales alemanas programado para finales de junio. Un repunte de popularidad ayudaría a reclutar más embajadores o a completar la iniciativa «adopta una silla“ a través de la cual se intenta financiar la restauración completa del edificio apadrinando alguna de sus 500 butacas.

 

El 5 de agosto de 2010 se reabrió una sala de cine. El suceso es raro, con independencia del lugar del mundo en el que haya ocurrido. El hecho de que fuera en una ciudad palestina, una especialmente habituada al enfrentamiento bélico, le da un sentido distinto. Los impulsores de esta iniciativa lucharon durante años por que un proyector volviera a emitir imágenes para los habitantes de Yenín. Sabían que nacía así un nuevo hilo de esperanza y de justicia (poética) en un lugar donde impulsar cualquier iniciativa que desvíe la atención de la lucha armada se paga con la vida.

«Yo no puedo hacer más, aunque todavía quedan muchas cosas pendientes. He trabajado durante tres años en ello, incluyendo los fines de semana y muchas horas de sueño. He involucrado a familia y amigos sin apenas darme cuenta del riesgo al que nos exponíamos. Necesito recuperar energía y también algo de confianza“, nos cuenta el cineasta alemán Marcus Vetter, uno de los impulsores de Cinema Jenin. Ésta no es una historia con final feliz, pero podría llegar a serlo. Sus palabras piden ayuda para mantener el proyecto en pie.

Fue la muerte la que impulsó el renacimiento de este cine. Hamed Khatib tenía 11 años cuando recibió una bala por parte de un soldado israelí, que había confundido su arma de juguete con una real. Su padre, Ismail, decidió donar los órganos del niño palestino para que se pudieran salvar vidas israelíes. Vetter rodó con su cámara el momento en que Khatib visitaba a las familias de aquellos que habían recibido los órganos de su hijo para el documental «Heart of Jenin«. Pero este gesto tuvo un impacto mucho mayor. «Dio esperanza para confiar en que existe una solución a este conflicto y abrió una nueva vía a la sociedad palestina“, apunta Vetter.

Y entonces la espiral de odio se tornó en todo lo contrario. Una mujer israelí, Yael Armanet, cuyo marido había muerto en un ataque suicida, decidió conocer a la familia del asesino tras haber visto la película. Como no podían proyectarla en el propio Yenín, el director y protagonista decidieron reabrir la sala de cine abandonada y crear un nuevo documental que además hiciera las veces de embajador por la paz.

Además de emplear la cultura como arma, la reconstrucción del cine permitía a la población sentir que recuperaban cierta autonomía en su vida, que aún podían mantener algo bajo su control. También consiguió que el apoyo moral y económico del Gobierno alemán, a través del compromiso del responsable cultural del ministerio de Exteriores germano, Martin Kobler. Otro gran aliado en sus inicios fue Roger Waters, de Pink Floyd. Vetter explica que ambos siguen apoyando el proyecto, «pero tarde o temprano tendrán que ser las autoridades palestinas las que den un paso al frente y demuestren que ellos también desean que este pequeño milagro ocurra“.

Para los sectores extremistas de la causa palestina, la cultura y el análisis crítico es el enemigo. Entienden que el teatro o el cine amenaza la supremacía de la lucha armada como foco de atención principal de la población. Tan solo nueve meses después de la apertura de Cinema Jenin uno de sus colaboradores fue asesinado. Julian Mer-Kamis, mantenía también en pie el Teatro de la Libertad que había fundado su madre. Varios hombres enmascarados dispararon contra él hasta que el activista murió. «Fue un golpe duro e inesperado. Nosotros seguimos sin saber quién lo hizo, pero ocurrió a plena luz del día y estoy convencido de que en Yenín hay mucha gente que conoce con nombres y apellidos las personas que están detrás de ello“, dice Marcus Vetter. Mer-Kamis fue despedido por palestinos e israelíes como un mártir de la libertad.

Defender esta iniciativa y vivir en la ciudad se había convertido en algo arriesgado, lo que ha hecho que se pierda algo de impulso y de apoyo. A ello se sumaron las críticas a la gestión del director del centro, Fakhri Hamad, que ahora reside en Alemania. El director es contundente cuando sale en su defensa: «Ha sido capaz de gestionar un proyecto que no contaba con la financiación de otros nacidos al calor de potentes ONG´s. En este tiempo se han organizado talleres, festivales, se ha creado una sala capaz de acoger conciertos, cine al aire libre y de respetar ciertas normas de sostenibilidad y se ha creado un lugar para acoger a cientos de refugiados. Aseguro personalmente que nunca ha desaparecido dinero que se haya dejado en sus manos».

Muchos factores mantienen Cinema Jenin con vida. A los numerosos patrocinadores con los que cuenta, entre ellos airberlin o el canal de televisión Arte, se suma el estreno del documental en salas comerciales alemanas programado para finales de junio. Un repunte de popularidad ayudaría a reclutar más embajadores o a completar la iniciativa «adopta una silla“ a través de la cual se intenta financiar la restauración completa del edificio apadrinando alguna de sus 500 butacas.

 

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