25 de julio 2011    /   CREATIVIDAD
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El collage y los derechos de autor

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Tras la cera (caliente, lacerante) que está recibiendo la SGAE y los cuestionados derechos de autor en una sociedad tan hiperconectada como la nuestra donde las influencias fluyen cibernéticamente, la mayoría (o no) descarga todo tipo de materiales a través de la red y el Creative Commons no se respeta (y eso que, en algunos casos, bastaría con mencionar la autoría de un trabajo), me atrevo a hablar del particular mundo del collage y el fotomontaje (sin hablar de clásicos como Rodchenko o su mujer Barbara Stepanova).
Drippy Bone Books, proyecto editorial con base operativa en el DIY de Los Ángeles, Denver y Ámsterdam que da cabida al arte más underground, acaba de lanzar The ALCHEMY of appropriation. The SCIENCE of visual theft and the NEW COLLAGE, un compendio del trabajo de artistas del collage más sórdido, gore y enrevesado repleto de monstruos de feria y caras desmanteladas.
“Para que sea apropiación (tal y como reza el título del libro) y no plagio, debe reconocerse la fuente, por lo que se homenajea y reinterpreta, creando una evolución de la misma y un nuevo significado. En el montaje aparece un pensamiento nuevo y, por tanto, una nueva obra”, afirma Pedro Medina, Responsable del Área Cultural del IED Madrid. Y eso es algo que no cumplen todos aquellos que se apropian del trabajo de los demás y lo hacen suyo de múltiples y variadas maneras.
“Mi trabajo no afecta a los derechos de autor de nadie. Para crear la chica en la portada de Corona de Flores utilicé aproximadamente quinientas fracciones de medio centímetro de tamaño, el brillo de los ojos de un perro, el hombro de una puta de Playboy, las pupilas de Charlotte Gainsbourg, y así interminablemente. Eso es pintura sin usar pintura. Pintura digital. Pocas veces hago collages”.
“Otro caso distinto es el de mis portadas Seventeen, que son portadas modificadas de una revista ya existente con el mismo nombre, o el caso de un libro modificado de fotos de Marilyn Monroe, que no necesita presentación. Respecto a otro material que uso, como las fotografías de moda que arranco de las revistas, no cito la marca del tapado que viste alguno de mis personajes.”, afirma, Carmen Burguess (residente en Berlín, pero de origen argentino), una de las protagonistas del libro y componente de la banda de dificil catalogación Mueran Humanos.

En la misma línea, el artista Gordon Magnin (Los Ángeles), reitera que el copyright apesta, que cada uno de nosotros es propietario de todo, especialmente de las cosas que vemos. Para Gordon, crear nuevas imágenes partiendo de otras es algo a lo que no piensa renunciar. Si hablamos con Christopher Ilth (Chicago), su opinión es muy similar: “quitar una imagen de su fuente original y usarla para algo distinto, no creo que tenga nada que ver con el copyright”.
Cambiando algo el tercio, Owleyes (Los Ángeles), comenta que “el collage cambia la forma en que procesamos una imagen. Ninguna debería pertenecer a nadie. Puedes poseer la imagen de un árbol, pero no tiene sentido alguno. Eso no significa que no se deba pagar algo al creador de una imagen: no me gustaría ver que alguien está ganando dinero con mi trabajo, al menos que yo también gane dinero con ello. En una sociedad tan jodida como la que vivimos, el arte se ha convertido en mercancía y ha dejado de ser una fuente de curación. El copyright es una mierda y, sin embargo, algo necesario”.
El collage más oscuro y rotundo llega de todos ellos, pero también de Kristy Foom (Ámsterdam) y Mario Zoots (Denver). En todos los trabajos recogidos en The ALCHEMY of Appropriation se entremezcla crueldad, humor y emoción, imágenes que uno imagina provenientes de mentes sumergidas en algún tipo de patología o encerradas en un psiquiátrico a la antigua usanza (lobotomías, descargas eléctricas, trepanaciones…) y que, sin embargo, son obras de arte creadas por gente “normal”.
La línea que divide lo bello de lo feo, lo intelectual de lo profundamente superficial e idiota, lo primitivo de lo moderno, queda totalmente desdibujada en tan atípica editorial. Si te gusta lo weird, Drippy Bone Books es tu editorial.
Para los que se pregunten qué significa el nombre de Drippy Bone Books, les diré que viene del cómic underground Oops Goops de David Magdaleno y Brian Bamps.
Después de contar todo esto: ¿cómo queda el tema de los derechos de autor?
Pues parece que depende del cristal con que se mire.


 

Inma Flor, Responsable del Departamento de Redacción y Comunicación Online del IED Madrid

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Drippy Bone Books, proyecto editorial con base operativa en el DIY de Los Ángeles, Denver y Ámsterdam que da cabida al arte más underground, acaba de lanzar The ALCHEMY of appropriation. The SCIENCE of visual theft and the NEW COLLAGE, un compendio del trabajo de artistas del collage más sórdido, gore y enrevesado repleto de monstruos de feria y caras desmanteladas.
“Para que sea apropiación (tal y como reza el título del libro) y no plagio, debe reconocerse la fuente, por lo que se homenajea y reinterpreta, creando una evolución de la misma y un nuevo significado. En el montaje aparece un pensamiento nuevo y, por tanto, una nueva obra”, afirma Pedro Medina, Responsable del Área Cultural del IED Madrid. Y eso es algo que no cumplen todos aquellos que se apropian del trabajo de los demás y lo hacen suyo de múltiples y variadas maneras.
“Mi trabajo no afecta a los derechos de autor de nadie. Para crear la chica en la portada de Corona de Flores utilicé aproximadamente quinientas fracciones de medio centímetro de tamaño, el brillo de los ojos de un perro, el hombro de una puta de Playboy, las pupilas de Charlotte Gainsbourg, y así interminablemente. Eso es pintura sin usar pintura. Pintura digital. Pocas veces hago collages”.
“Otro caso distinto es el de mis portadas Seventeen, que son portadas modificadas de una revista ya existente con el mismo nombre, o el caso de un libro modificado de fotos de Marilyn Monroe, que no necesita presentación. Respecto a otro material que uso, como las fotografías de moda que arranco de las revistas, no cito la marca del tapado que viste alguno de mis personajes.”, afirma, Carmen Burguess (residente en Berlín, pero de origen argentino), una de las protagonistas del libro y componente de la banda de dificil catalogación Mueran Humanos.

En la misma línea, el artista Gordon Magnin (Los Ángeles), reitera que el copyright apesta, que cada uno de nosotros es propietario de todo, especialmente de las cosas que vemos. Para Gordon, crear nuevas imágenes partiendo de otras es algo a lo que no piensa renunciar. Si hablamos con Christopher Ilth (Chicago), su opinión es muy similar: “quitar una imagen de su fuente original y usarla para algo distinto, no creo que tenga nada que ver con el copyright”.
Cambiando algo el tercio, Owleyes (Los Ángeles), comenta que “el collage cambia la forma en que procesamos una imagen. Ninguna debería pertenecer a nadie. Puedes poseer la imagen de un árbol, pero no tiene sentido alguno. Eso no significa que no se deba pagar algo al creador de una imagen: no me gustaría ver que alguien está ganando dinero con mi trabajo, al menos que yo también gane dinero con ello. En una sociedad tan jodida como la que vivimos, el arte se ha convertido en mercancía y ha dejado de ser una fuente de curación. El copyright es una mierda y, sin embargo, algo necesario”.
El collage más oscuro y rotundo llega de todos ellos, pero también de Kristy Foom (Ámsterdam) y Mario Zoots (Denver). En todos los trabajos recogidos en The ALCHEMY of Appropriation se entremezcla crueldad, humor y emoción, imágenes que uno imagina provenientes de mentes sumergidas en algún tipo de patología o encerradas en un psiquiátrico a la antigua usanza (lobotomías, descargas eléctricas, trepanaciones…) y que, sin embargo, son obras de arte creadas por gente “normal”.
La línea que divide lo bello de lo feo, lo intelectual de lo profundamente superficial e idiota, lo primitivo de lo moderno, queda totalmente desdibujada en tan atípica editorial. Si te gusta lo weird, Drippy Bone Books es tu editorial.
Para los que se pregunten qué significa el nombre de Drippy Bone Books, les diré que viene del cómic underground Oops Goops de David Magdaleno y Brian Bamps.
Después de contar todo esto: ¿cómo queda el tema de los derechos de autor?
Pues parece que depende del cristal con que se mire.


 

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