14 de abril 2022    /   CREATIVIDAD
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Michochip de la Frontera, el congreso de las tecnologías obsoletas

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La asamblea anual de Microchip de la Frontera ha empezado este 2037 como el resto de años desde que se creara la aldea, allá por el año 2000, con los fundadores recordando los viejos tiempos. «Todavía recuerdo cuando llegamos, no sin esfuerzo, de aquella gasolinera», dice el señor Caribe con la voz ya entrecortada por el tiempo. «En aquella época lo llamaban la España vaciada», replica el señor Camela. «Me consta que ahora todo el país está lleno de aldeas autogestionadas como esta».

Un proyector lleva imágenes sobre el frontón de la plaza del pueblo y se oyen risas entre los habitantes que nunca se pierden la asamblea anual, cuando se ven sobre la pared con las pintas que tenían el día que llegaron. La reunión, que se suele realizar después del World Mobile Congress, es un repaso al año en la comunidad para la propuesta de mejoras, la solución de problemas y la aceptación o no de nuevos habitantes.

El señor Blockbuster, también de los más veteranos, disfruta mucho de este día, pues es él quien se encarga del documental que explica cómo funciona Microchip de la Frontera y de repartir, al final de las jornadas, unos carretes para que los candidatos revelen unas fotografías en la tienda del señor Kodak y dejen algo de dinero en su visita a la aldea. «La autogestión no sería auto de no ser así», acaba diciendo cada año a los visitantes.

tecnologías obsoletas

Este año, Siri, junto con Visa, dos señoronas ya, son las candidatas con mejores perspectivas para entrar en la comunidad. De la primera se dice que es muy inteligente, «que lo sabe todo»; y de la segunda, que puede ayudar a mejorar el trueque entre los habitantes, pero que «a ver cómo se lleva con doña Crypto, con la mala leche que tiene».

Epson, el proyector, una vez presentadas las cuentas y las últimas diapositivas más técnicas, se da la vuelta para participar de la votación que todos sus vecinos están ya a punto de marcar. El botón verde es para Siri y el rojo para Visa.

Después de un largo rato de cuchicheos y nerviosismo propio del final decisivo de la reunión anual, el señor Excel, encargado de los datos y las cuentas de Microchip de la Frontera, se acerca a Epson y al oído le cuenta el resultado encerrado en una de sus celdas.

La pared del frontón se pinta claramente de verde y los microchipianos estallan de alegría felicitando a Siri y consolando, como buenamente pueden, a Visa, que ya recoge las fotografías reveladas para prepararse mejor la candidatura del próximo año.

Siri, en un momento de silencio, aprovecha para decir unas palabras delante de su nuevos vecinos y para agradecer a iPhone SE28, que le ha acompañado a la asamblea, todo el apoyo y soporte recibido durante los años en que le fue útil a los seres humanos.

—¡Hasta nunca! —acaba por decir con sorna el móvil de última generación, mientras la manzana mordida da la espalda al cartel rodeado de rojo y tachado donde pone Microchip de la Frontera.

«Eso dicen todos», se oye por los auriculares de un iPod.

—Hasta que acaban aquí —dice el señor Camela mirando al señor Caribe Mix—. Con la cantidad de radiocasetes que pensábamos rellenar en multitud de viajes en coche…

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La asamblea anual de Microchip de la Frontera ha empezado este 2037 como el resto de años desde que se creara la aldea, allá por el año 2000, con los fundadores recordando los viejos tiempos. «Todavía recuerdo cuando llegamos, no sin esfuerzo, de aquella gasolinera», dice el señor Caribe con la voz ya entrecortada por el tiempo. «En aquella época lo llamaban la España vaciada», replica el señor Camela. «Me consta que ahora todo el país está lleno de aldeas autogestionadas como esta».

Un proyector lleva imágenes sobre el frontón de la plaza del pueblo y se oyen risas entre los habitantes que nunca se pierden la asamblea anual, cuando se ven sobre la pared con las pintas que tenían el día que llegaron. La reunión, que se suele realizar después del World Mobile Congress, es un repaso al año en la comunidad para la propuesta de mejoras, la solución de problemas y la aceptación o no de nuevos habitantes.

El señor Blockbuster, también de los más veteranos, disfruta mucho de este día, pues es él quien se encarga del documental que explica cómo funciona Microchip de la Frontera y de repartir, al final de las jornadas, unos carretes para que los candidatos revelen unas fotografías en la tienda del señor Kodak y dejen algo de dinero en su visita a la aldea. «La autogestión no sería auto de no ser así», acaba diciendo cada año a los visitantes.

tecnologías obsoletas

Este año, Siri, junto con Visa, dos señoronas ya, son las candidatas con mejores perspectivas para entrar en la comunidad. De la primera se dice que es muy inteligente, «que lo sabe todo»; y de la segunda, que puede ayudar a mejorar el trueque entre los habitantes, pero que «a ver cómo se lleva con doña Crypto, con la mala leche que tiene».

Epson, el proyector, una vez presentadas las cuentas y las últimas diapositivas más técnicas, se da la vuelta para participar de la votación que todos sus vecinos están ya a punto de marcar. El botón verde es para Siri y el rojo para Visa.

Después de un largo rato de cuchicheos y nerviosismo propio del final decisivo de la reunión anual, el señor Excel, encargado de los datos y las cuentas de Microchip de la Frontera, se acerca a Epson y al oído le cuenta el resultado encerrado en una de sus celdas.

La pared del frontón se pinta claramente de verde y los microchipianos estallan de alegría felicitando a Siri y consolando, como buenamente pueden, a Visa, que ya recoge las fotografías reveladas para prepararse mejor la candidatura del próximo año.

Siri, en un momento de silencio, aprovecha para decir unas palabras delante de su nuevos vecinos y para agradecer a iPhone SE28, que le ha acompañado a la asamblea, todo el apoyo y soporte recibido durante los años en que le fue útil a los seres humanos.

—¡Hasta nunca! —acaba por decir con sorna el móvil de última generación, mientras la manzana mordida da la espalda al cartel rodeado de rojo y tachado donde pone Microchip de la Frontera.

«Eso dicen todos», se oye por los auriculares de un iPod.

—Hasta que acaban aquí —dice el señor Camela mirando al señor Caribe Mix—. Con la cantidad de radiocasetes que pensábamos rellenar en multitud de viajes en coche…

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