13 de marzo 2020    /   CINE/TV
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El coronavirus, la película

Las películas de virus letales no son la vida

13 de marzo 2020    /   CINE/TV     por          
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La película que adelantó el coronavirus se ha convertido en un titular tramposo y recurrente de los diarios digitales en los últimos días. En el cuerpo de la noticia, cada medio menciona distintas películas.

«Los guionistas se han convertido en los mejores analistas de las sociedades y del mundo actual, por no decir en los futurólogos más fiables», dice el politólogo Dominique Moïsi en Geopolítica de las series: el triunfo del miedo.

Pero los guionistas no son expertos en control de enfermedades víricas; no avanzan escenarios de pandemia partiendo de virus ficticios ni analizan los cambios sociales que conllevan.

Las películas más mencionadas son Contagio (escrita por Scott Z. Burns
y dirigida por Steven Soderbergh) y Virus (escrita y dirigida por Sung-su Kim). Ambas historias tienen como argumento los estragos que causa un virus rápido y mortal. Cada película sigue un esquema similar: comienza con el día 1 de la infección y concluye con el día de la vacuna.

En el día 2 de Contagio mueren tres personas infectadas por un virus transmitido por un murciélago en Hong Kong.

Contagio – Kate Winslet explica cómo se extiende la gripe, la viruela y la polio

El día 12 de Contagio hay 8 millones de infectados en el mundo con una tasa de mortalidad del 25%-30%. Estados Unidos cierra escuelas, fronteras, carreteras, fábricas… El presidente de los Estados Unidos se refugia en un búnker con su guardia pretoriana mientras en las calles el caos y pillaje crea ciudades fantasmas.

El día 131 de Contagio los científicos descubren una vacuna. Para entonces han muerto 26 millones de personas en el mundo. (Una cifra bastante alejada de los 4.284 personas fallecidas por coronavirus en el momento en el que escribo estas líneas –10 de marzo–, 100 días después de la primera persona infectada en el mundo. El cine de catástrofes reclama números gigantescos).

En la película coreana Virus, el escenario dantesco llega antes: el día 4 de la infección han muerto cientos de miles de personas en Seúl. El ejército de Corea del Sur toma las calles, quema a los muertos y retiene a los infectados en campos de concentración. Por medio, una historia de la mafia y una complicada historia de amor. (Los guionistas consideran que sobrevivir al virus es poco para el héroe).

Ni Contagio ni Virus adelantan el escenario del coronavirus. El efecto llamada de la prensa ha provocado que estas películas hayan incrementado su popularidad en los últimas días en IMDB.

La realidad está lejos de los pasajes apocalípticos de la ficción, aunque las redes sociales y una parte de los medios contribuyan a crear alarma.

Con mis palabras no quiero restar importancia al coronavirus ni banalizar las muertes que ha provocado ni el drama familiar que traen. Tan solo considerar al coronavirus en su justa medida. Ni es «bah, es como la gripe» ni «se va liar una gorda».

Como señala la OMS, cada persona debe tomar conciencia de la importancia de la prevención en la contención del virus y evitar convertirse en un difusor de la epidemia.

En las recomendaciones de la OMS falta una mención a la responsabilidad individual para no convertirse en un prosumidor (creador y consumidor) de alarmismo.

Hay libros de historia pero la verdadera historia la escribimos entre todos, cada día, en mayor o menor medida. En la Edad Media, las opiniones de un simple ciudadano sin ilustración sobre cómo combatir la peste negra o la viruela se quedaban en la familia o entre amigos.

Hoy, cualquier persona con un teléfono móvil puede esparcir bulos interesados o estúpidos como que el coronavirus puede combatirse con ajo, agua y sal, alcohol y cocaína (si lo mezclamos, receta del Oeste para la resaca). Esta misma persona puede escribir en los grupos de WhatsApp y en las redes frases como «Hay que estar preparados», «No sabemos qué puede pasar», «Esto es un experimento de laboratorio», contribuyendo a que su hermano y su cuñado se planten en el súper para comprar papel higiénico hasta 2021.

Un guionista contratado para escribir El coronavirus, la película no podría recurrir a lo tremebundo como en Contagio o Virus. Es más, debería centrarse en un elemento que las películas de catástrofes olvidan con frecuencia: las personas. Las ficciones de catástrofes están centradas en el ruido, las muertes, la violencia y las conspiraciones.

El guionista de El coronavirus, la película debería poner atención en las situaciones domésticas llenas de dramas, de ternura y también de humor. (No es posible vivir sin humor en ninguna circunstancia). El miedo de unos, la incertidumbre de otros, la falsa despreocupación, el optimismo y la arrogancia de personas comunes. Las rutinas rotas. Nuevas rutinas. Las personas que no volverán…  Los recuerdos que dejan… Y cómo se recuperan viejas amistades aunque sea a través de correos o mensajería instantánea. Un mensaje de voz: «Hola, ¿qué tal? Nada, me preguntaba cómo estabas con todo esto…».

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«Los guionistas se han convertido en los mejores analistas de las sociedades y del mundo actual, por no decir en los futurólogos más fiables», dice el politólogo Dominique Moïsi en Geopolítica de las series: el triunfo del miedo.

Pero los guionistas no son expertos en control de enfermedades víricas; no avanzan escenarios de pandemia partiendo de virus ficticios ni analizan los cambios sociales que conllevan.

Las películas más mencionadas son Contagio (escrita por Scott Z. Burns
y dirigida por Steven Soderbergh) y Virus (escrita y dirigida por Sung-su Kim). Ambas historias tienen como argumento los estragos que causa un virus rápido y mortal. Cada película sigue un esquema similar: comienza con el día 1 de la infección y concluye con el día de la vacuna.

En el día 2 de Contagio mueren tres personas infectadas por un virus transmitido por un murciélago en Hong Kong.

Contagio – Kate Winslet explica cómo se extiende la gripe, la viruela y la polio

El día 12 de Contagio hay 8 millones de infectados en el mundo con una tasa de mortalidad del 25%-30%. Estados Unidos cierra escuelas, fronteras, carreteras, fábricas… El presidente de los Estados Unidos se refugia en un búnker con su guardia pretoriana mientras en las calles el caos y pillaje crea ciudades fantasmas.

El día 131 de Contagio los científicos descubren una vacuna. Para entonces han muerto 26 millones de personas en el mundo. (Una cifra bastante alejada de los 4.284 personas fallecidas por coronavirus en el momento en el que escribo estas líneas –10 de marzo–, 100 días después de la primera persona infectada en el mundo. El cine de catástrofes reclama números gigantescos).

En la película coreana Virus, el escenario dantesco llega antes: el día 4 de la infección han muerto cientos de miles de personas en Seúl. El ejército de Corea del Sur toma las calles, quema a los muertos y retiene a los infectados en campos de concentración. Por medio, una historia de la mafia y una complicada historia de amor. (Los guionistas consideran que sobrevivir al virus es poco para el héroe).

Ni Contagio ni Virus adelantan el escenario del coronavirus. El efecto llamada de la prensa ha provocado que estas películas hayan incrementado su popularidad en los últimas días en IMDB.

La realidad está lejos de los pasajes apocalípticos de la ficción, aunque las redes sociales y una parte de los medios contribuyan a crear alarma.

Con mis palabras no quiero restar importancia al coronavirus ni banalizar las muertes que ha provocado ni el drama familiar que traen. Tan solo considerar al coronavirus en su justa medida. Ni es «bah, es como la gripe» ni «se va liar una gorda».

Como señala la OMS, cada persona debe tomar conciencia de la importancia de la prevención en la contención del virus y evitar convertirse en un difusor de la epidemia.

En las recomendaciones de la OMS falta una mención a la responsabilidad individual para no convertirse en un prosumidor (creador y consumidor) de alarmismo.

Hay libros de historia pero la verdadera historia la escribimos entre todos, cada día, en mayor o menor medida. En la Edad Media, las opiniones de un simple ciudadano sin ilustración sobre cómo combatir la peste negra o la viruela se quedaban en la familia o entre amigos.

Hoy, cualquier persona con un teléfono móvil puede esparcir bulos interesados o estúpidos como que el coronavirus puede combatirse con ajo, agua y sal, alcohol y cocaína (si lo mezclamos, receta del Oeste para la resaca). Esta misma persona puede escribir en los grupos de WhatsApp y en las redes frases como «Hay que estar preparados», «No sabemos qué puede pasar», «Esto es un experimento de laboratorio», contribuyendo a que su hermano y su cuñado se planten en el súper para comprar papel higiénico hasta 2021.

Un guionista contratado para escribir El coronavirus, la película no podría recurrir a lo tremebundo como en Contagio o Virus. Es más, debería centrarse en un elemento que las películas de catástrofes olvidan con frecuencia: las personas. Las ficciones de catástrofes están centradas en el ruido, las muertes, la violencia y las conspiraciones.

El guionista de El coronavirus, la película debería poner atención en las situaciones domésticas llenas de dramas, de ternura y también de humor. (No es posible vivir sin humor en ninguna circunstancia). El miedo de unos, la incertidumbre de otros, la falsa despreocupación, el optimismo y la arrogancia de personas comunes. Las rutinas rotas. Nuevas rutinas. Las personas que no volverán…  Los recuerdos que dejan… Y cómo se recuperan viejas amistades aunque sea a través de correos o mensajería instantánea. Un mensaje de voz: «Hola, ¿qué tal? Nada, me preguntaba cómo estabas con todo esto…».

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