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28 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD
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El Design Thinking de las salas de espera

28 de octubre 2014    /   CREATIVIDAD     por          
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Las salas de espera son antesalas del infierno, o eso me parecen a mí. En Urgencias. En Hacienda. En Charcutería. Todos esos rostros hieráticos. Grises. Esperando su turno. Buscando una posición cómoda en las asepti-idénticas sillas de plástico duro. Evitando cruzar las miradas para no realizar diagnósticos mentales.
«Mira cómo cierra los ojos con fuerza, debe tener jaqueca; una jaqueca es menos leve que este tajo en el índice con cuchillo de carnicero mientras cortaba el sándwich, deberían llamarme primero». «Si llevara su traje, no me harían rellenar el mismo formulario dos veces». «Tiene cara de querer tres pechugas fileteadas finas, voy a estar aquí hasta mañana».
Supongo que en el futuro no habrá colas. Los recepcionistas de Urgencias, Hacienda o de Charcutería nos escanearán la retina y dirán si es la tensión baja, una baja de Autónomos o codillo.
Hasta entonces, las empresas de Design Thinking podrían dejar de etiquetar humo durante una semana y mejorar los procesos o el contexto de las salas de espera. Ahí hay portfolio. Me sorprende que ningún early adopter que pasase por Urgencias haya escrito 140 caracteres al respecto.

Las salas de espera son antesalas del infierno, o eso me parecen a mi


El sábado me tocó a mí y no podía despegar la vista de un cuadro en la pared del fondo. Estaba en el ambulatorio de Pirámides a la hora del derbi y todavía tenía a cinco urgentes por delante. Buscaba distracciones ambientales para aislarme de aquella sala y el cuadro llamaba poderosamente mi atención.
Una fotografía a color de un ambulancia.
No una ambulancia cualquiera, eso sí: un crossover de ambulancia. Y aun así no entendía la suma factorial de Sala de espera + Urgencias = Fotografía de ambulancia 4×4. E intentaba imaginar el racional del diseñador de interiores sanitario:
–Es importante alejar a los enfermos del clima hospitalario, por eso la instantánea recrea parte de la iconografía médica, en este caso una ambulancia, PERO no una ambulancia cualquiera: una ambulancia 4×4; una evolución natural de la ambulancia normal y corriente que aúlla cada día por las calles; una metáfora de la propia salud del que espera, que en el momento de la contemplación de la fotografía está visiblemente perjudicada, para algo están en Urgencias, y que puede mejorar. Como un sistema de tracción en las cuatro ruedas mejora un sistema de tracción en dos.
–Compro.
En la otra pared habían colgado un mosaico de imágenes de voluntarios en África. Me fijé detenidamente en las caras de los voluntarios esperando reconocer alguno por los pasillos del ambulatorio. Un voto de confianza ante la posibilidad de imágenes de archivo. Voluntarios en África de Shutterstock.
Y entonces fui más allá, y pensé que la ambulancia 4×4 era el vehículo especial con el que los médicos del ambulatorio de Pirámides se habían desplazado hasta África. Por eso las dos fotografías estaban en paredes distintas. Nos estaban contando una historia. La historia de un viaje. De un periplo angoleño en una ambulancia crossover para salvar cientos de vidas. A ver si me había precipitado mi juicio de valor y había más Design Thinking en aquella sal…
–¡Néstor Gándara!
Me levanté, forzando la cojera bajo las miradas suspicaces de los sanos, y seguí al celador.

Las salas de espera son antesalas del infierno, o eso me parecen a mí. En Urgencias. En Hacienda. En Charcutería. Todos esos rostros hieráticos. Grises. Esperando su turno. Buscando una posición cómoda en las asepti-idénticas sillas de plástico duro. Evitando cruzar las miradas para no realizar diagnósticos mentales.
«Mira cómo cierra los ojos con fuerza, debe tener jaqueca; una jaqueca es menos leve que este tajo en el índice con cuchillo de carnicero mientras cortaba el sándwich, deberían llamarme primero». «Si llevara su traje, no me harían rellenar el mismo formulario dos veces». «Tiene cara de querer tres pechugas fileteadas finas, voy a estar aquí hasta mañana».
Supongo que en el futuro no habrá colas. Los recepcionistas de Urgencias, Hacienda o de Charcutería nos escanearán la retina y dirán si es la tensión baja, una baja de Autónomos o codillo.
Hasta entonces, las empresas de Design Thinking podrían dejar de etiquetar humo durante una semana y mejorar los procesos o el contexto de las salas de espera. Ahí hay portfolio. Me sorprende que ningún early adopter que pasase por Urgencias haya escrito 140 caracteres al respecto.

Las salas de espera son antesalas del infierno, o eso me parecen a mi


El sábado me tocó a mí y no podía despegar la vista de un cuadro en la pared del fondo. Estaba en el ambulatorio de Pirámides a la hora del derbi y todavía tenía a cinco urgentes por delante. Buscaba distracciones ambientales para aislarme de aquella sala y el cuadro llamaba poderosamente mi atención.
Una fotografía a color de un ambulancia.
No una ambulancia cualquiera, eso sí: un crossover de ambulancia. Y aun así no entendía la suma factorial de Sala de espera + Urgencias = Fotografía de ambulancia 4×4. E intentaba imaginar el racional del diseñador de interiores sanitario:
–Es importante alejar a los enfermos del clima hospitalario, por eso la instantánea recrea parte de la iconografía médica, en este caso una ambulancia, PERO no una ambulancia cualquiera: una ambulancia 4×4; una evolución natural de la ambulancia normal y corriente que aúlla cada día por las calles; una metáfora de la propia salud del que espera, que en el momento de la contemplación de la fotografía está visiblemente perjudicada, para algo están en Urgencias, y que puede mejorar. Como un sistema de tracción en las cuatro ruedas mejora un sistema de tracción en dos.
–Compro.
En la otra pared habían colgado un mosaico de imágenes de voluntarios en África. Me fijé detenidamente en las caras de los voluntarios esperando reconocer alguno por los pasillos del ambulatorio. Un voto de confianza ante la posibilidad de imágenes de archivo. Voluntarios en África de Shutterstock.
Y entonces fui más allá, y pensé que la ambulancia 4×4 era el vehículo especial con el que los médicos del ambulatorio de Pirámides se habían desplazado hasta África. Por eso las dos fotografías estaban en paredes distintas. Nos estaban contando una historia. La historia de un viaje. De un periplo angoleño en una ambulancia crossover para salvar cientos de vidas. A ver si me había precipitado mi juicio de valor y había más Design Thinking en aquella sal…
–¡Néstor Gándara!
Me levanté, forzando la cojera bajo las miradas suspicaces de los sanos, y seguí al celador.

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