21 de marzo 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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El economista que retrata el Nueva York oculto

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Los viernes noche y los sábados de Chris Arnade no se parecen a los de sus compañeros economistas de Citigroup ni a los de sus vecinos de su apartamento en Brooklyn Heights, Nueva York. Mientras algunos disfrutan de Central Park o van al cine, Arnade recorre los 20 kilómetros que separan su casa de Hunts Point y con su cámara se pasa toda la noche, desde las 22.00 hasta las 03.00, retratando las historias de los adictos al crack y las prostitutas que pueblan la zona más deprimida del Bronx.

Arnade llegó a la Gran Manzana hace 20 años. “Desde entonces”, explica, “pasé mi tiempo libre paseando por los barrios de la ciudad y hace cinco empecé a caminar con mi cámara de fotos encima”. En Hunts Point, un lugar que como él describe “tiene un 40% de desempleo y el ingreso medio anual de una familia es de 17.000 dólares [12.800 euros al cambio actual] frente a los 57.000 del resto de los EE UU”, entró hace año y medio con un grupo de caridad llamado Hunts Point Alliance for Children. Como los adictos a los que retrata, cuanto más tiempo pasaba en la zona más crecía dentro de Arnade “la necesidad de contar las historias de los habitantes del barrio”.

Hunts Point está al sur del Bronx. Es un lugar de esos que llaman de farolillo rojo por su alto índice de prostitución. Con una de las mayores superficies del mundo dedicadas a la distribución de alimentos, también destaca en delincuencia, pobreza y droga. Pese a estas credenciales, Arnade asegura que nunca ha tenido un solo problema serio.

Su técnica de trabajo consiste en “ir sin agenda, dejar que los eventos ocurran y las cosas pasen”. Tras tomar la foto de su protagonista del momento y apuntar su historia para colgarla en su Flickr, Ardane vuelve días después al lugar de los hechos a darle una copia a su modelo. Ahora que la gente del barrio le conoce, explica que muchas veces va a “decir hola y a explorar”, acudiendo allá donde le inviten. Hace un par de semanas acabó a las tres de la mañana en una crack house, un edificio abandonado donde los adictos acuden a dormir y consumir. “El truco es confiar en ellos”, asegura, “si te muestras abierto y honesto ellos te tratan de la misma manera”.

Si se le pregunta por el número de fotografías que puede haber tomado en el año y medio que lleva siendo el pintor de corte de Hunts Point, Ardane se ríe y lo ve incalculable. Lo que si recuerda son algunas historias en especial, en las que sus protagonistas dejaron impronta en su cerebro además de en su cámara. Una es la de Sonia, una mujer que “se comportaba y parecía una bibliotecaria”.

Con buena dicción, adicta al crack y prostituta, había estado recuperada durante años pero volvió a caer. La frase que le soltó se grabó a fuego en la mente de Arnade: “Si tuviera todo el dinero del mundo, me haría dueña de todo el crack del mundo”. “Creo que se refería a que una adicción es una enfermedad que no le importa quien eres”, reflexiona, “cuando se murió Whitney Houston, la cita acudió a mi cabeza”.

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Arnade llegó a la Gran Manzana hace 20 años. “Desde entonces”, explica, “pasé mi tiempo libre paseando por los barrios de la ciudad y hace cinco empecé a caminar con mi cámara de fotos encima”. En Hunts Point, un lugar que como él describe “tiene un 40% de desempleo y el ingreso medio anual de una familia es de 17.000 dólares [12.800 euros al cambio actual] frente a los 57.000 del resto de los EE UU”, entró hace año y medio con un grupo de caridad llamado Hunts Point Alliance for Children. Como los adictos a los que retrata, cuanto más tiempo pasaba en la zona más crecía dentro de Arnade “la necesidad de contar las historias de los habitantes del barrio”.

Hunts Point está al sur del Bronx. Es un lugar de esos que llaman de farolillo rojo por su alto índice de prostitución. Con una de las mayores superficies del mundo dedicadas a la distribución de alimentos, también destaca en delincuencia, pobreza y droga. Pese a estas credenciales, Arnade asegura que nunca ha tenido un solo problema serio.

Su técnica de trabajo consiste en “ir sin agenda, dejar que los eventos ocurran y las cosas pasen”. Tras tomar la foto de su protagonista del momento y apuntar su historia para colgarla en su Flickr, Ardane vuelve días después al lugar de los hechos a darle una copia a su modelo. Ahora que la gente del barrio le conoce, explica que muchas veces va a “decir hola y a explorar”, acudiendo allá donde le inviten. Hace un par de semanas acabó a las tres de la mañana en una crack house, un edificio abandonado donde los adictos acuden a dormir y consumir. “El truco es confiar en ellos”, asegura, “si te muestras abierto y honesto ellos te tratan de la misma manera”.

Si se le pregunta por el número de fotografías que puede haber tomado en el año y medio que lleva siendo el pintor de corte de Hunts Point, Ardane se ríe y lo ve incalculable. Lo que si recuerda son algunas historias en especial, en las que sus protagonistas dejaron impronta en su cerebro además de en su cámara. Una es la de Sonia, una mujer que “se comportaba y parecía una bibliotecaria”.

Con buena dicción, adicta al crack y prostituta, había estado recuperada durante años pero volvió a caer. La frase que le soltó se grabó a fuego en la mente de Arnade: “Si tuviera todo el dinero del mundo, me haría dueña de todo el crack del mundo”. “Creo que se refería a que una adicción es una enfermedad que no le importa quien eres”, reflexiona, “cuando se murió Whitney Houston, la cita acudió a mi cabeza”.

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