19 de agosto 2011    /   CREATIVIDAD
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El ejército de voluntarios que escribía cartas a mano

19 de agosto 2011    /   CREATIVIDAD     por          
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Ivan Cash trabajaba en una agencia de publicidad hasta que un día decidió dejar su empleo para escribir cartas a mano. Los mails y los mensajes en sus redes sociales crecían pero el correo postal, simplemente, había muerto. El estadounidense sabía que no tenía sentido restablecer el pasado pero sí podía hacer una llamada de atención sobre “el arte de escribir cartas”.
En un principio se planteó crear un servicio para escribir a mano cartas que previamente le enviaran por mail. Tendrían un precio entre $5 y $10, según detalló en una entrevista en The Wall Street Journal. Pero pronto se dio cuenta de que el impacto del proyecto no sería igual si se presentaba como un negocio o si, en cambio, tenía naturaleza altruista.
El proyecto arrancó con la web Snail Mail My Email. Desde el 15 de julio hasta el 15 de agosto el diseñador y director de arte de San Francisco escribiría a mano todos los mails que los usuarios le pidieran. En la petición podían incluir si querían que la carta añadiese algún detalle personal como un dibujo, un beso con lápiz de labios o pétalos de flor.
El coste era cero. Todos los gastos (papel, sobres, sellos, pétalos…) corrían por su cuenta.
Pero la idea gustó más de lo esperado. Cash pensaba que recibiría unas 5 ó 10 solicitudes de cartas al día, según cuenta por mail, pero en los cuatro primeros días llegaron más de 1.000 peticiones.
Entre esos mensajes, había uno que en vez de pedir, daba. Lucy Tan, residente en Shanghai, se ofreció para ayudar a hacer las cartas. Cash aceptó y la nombró project manager. Poco después escribió Terry Farris. También ofrecía su ayuda y se convirtió en administrador.
Y así siguieron llegando mensajes de voluntarios que ofrecían colaborar en el proyecto. El equipo formado por Cash, Tan y Farris reclutó a más de cien personas en 72 horas y al final formó una red de 234 voluntarios que han escrito 10.457 cartas destinadas a más de 50 países.

Era un voluntariado que surgió del deseo de recuperar el correo postal porque, como dice Farris, “no es lo mismo recibir un mail que una carta. Son dos cosas completamente distintas”. “Queremos mostrar lo accesible y valioso que puede ser una carta”, asegura en un comunicado de Sanil Mail My Email.
“Hay algo en el acto de escribir a mano que te relaja y te hace ser más honesto y exacto con lo que quieres decir”, asegura el administrador. “El objetivo de este proyecto es cultivar la apreciación por el arte perdido de escribir cartas y esa calidez que sientes cuando abres una carta y sabes que alguien se tomó el tiempo de sentarse y pensar en ti”, explica Cash.
El diseñador destaca que este tipo de comunicación suele ser más emotiva y prueba de ello es que la mayoría de las cartas que han recibido son de amor, petición de perdón o mensajes de padres a sus hijos pequeños.

























 

 

 
 


Ivan Cash trabajaba en una agencia de publicidad hasta que un día decidió dejar su empleo para escribir cartas a mano. Los mails y los mensajes en sus redes sociales crecían pero el correo postal, simplemente, había muerto. El estadounidense sabía que no tenía sentido restablecer el pasado pero sí podía hacer una llamada de atención sobre “el arte de escribir cartas”.
En un principio se planteó crear un servicio para escribir a mano cartas que previamente le enviaran por mail. Tendrían un precio entre $5 y $10, según detalló en una entrevista en The Wall Street Journal. Pero pronto se dio cuenta de que el impacto del proyecto no sería igual si se presentaba como un negocio o si, en cambio, tenía naturaleza altruista.
El proyecto arrancó con la web Snail Mail My Email. Desde el 15 de julio hasta el 15 de agosto el diseñador y director de arte de San Francisco escribiría a mano todos los mails que los usuarios le pidieran. En la petición podían incluir si querían que la carta añadiese algún detalle personal como un dibujo, un beso con lápiz de labios o pétalos de flor.
El coste era cero. Todos los gastos (papel, sobres, sellos, pétalos…) corrían por su cuenta.
Pero la idea gustó más de lo esperado. Cash pensaba que recibiría unas 5 ó 10 solicitudes de cartas al día, según cuenta por mail, pero en los cuatro primeros días llegaron más de 1.000 peticiones.
Entre esos mensajes, había uno que en vez de pedir, daba. Lucy Tan, residente en Shanghai, se ofreció para ayudar a hacer las cartas. Cash aceptó y la nombró project manager. Poco después escribió Terry Farris. También ofrecía su ayuda y se convirtió en administrador.
Y así siguieron llegando mensajes de voluntarios que ofrecían colaborar en el proyecto. El equipo formado por Cash, Tan y Farris reclutó a más de cien personas en 72 horas y al final formó una red de 234 voluntarios que han escrito 10.457 cartas destinadas a más de 50 países.

Era un voluntariado que surgió del deseo de recuperar el correo postal porque, como dice Farris, “no es lo mismo recibir un mail que una carta. Son dos cosas completamente distintas”. “Queremos mostrar lo accesible y valioso que puede ser una carta”, asegura en un comunicado de Sanil Mail My Email.
“Hay algo en el acto de escribir a mano que te relaja y te hace ser más honesto y exacto con lo que quieres decir”, asegura el administrador. “El objetivo de este proyecto es cultivar la apreciación por el arte perdido de escribir cartas y esa calidez que sientes cuando abres una carta y sabes que alguien se tomó el tiempo de sentarse y pensar en ti”, explica Cash.
El diseñador destaca que este tipo de comunicación suele ser más emotiva y prueba de ello es que la mayoría de las cartas que han recibido son de amor, petición de perdón o mensajes de padres a sus hijos pequeños.

























 

 

 
 

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