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10 de abril 2013    /   ENTRETENIMIENTO
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El elogio al azar químico

10 de abril 2013    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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Los que apuestan por los corsés, aquellos que sueñan con condiciones bajo control para todo tipo de experiencias, se llevarían fatal con Blanca Viñas (Barcelona, 1987). La fotógrafa se adhiere fielmente al argumento de Joan Fontcuberta. Lo incontrolable es componente necesario de la fotografía. “La foto digital supone la pérdida poética porque elimina el azar”, decía el fotógrafo. Por eso, Viñas ha decidido que no quiere matar la poética que contienen sus películas analógicas y sus cámaras en peligro de extinción.
No recuerda quien le proporcionó la primera cámara aunque sí el momento en el que su hermana le regaló una fisheye que lo cambió todo para ella. Se percató de que la manera más íntima que iba a tener para expresarse pasaba por el objetivo de aquel artilugio y de otros similares. A la vez, se dio cuenta de que disparar su cámara era solo el primer paso de un proceso creativo apasionante. “La cámara es solo un objeto más que te permite sacar fotos. Prefiero darle protagonismo a la emulsión sensible de un negativo, jugar con la química o con las posibilidades que ofrece la fotografía analógica. Para mi un negativo es como el lienzo de un pintor”, explica.
Mientras que los jóvenes de su edad utilizan la tecnología más puntera para conseguir que sus fotografías parezcan hechas en un momento en el que esa tecnología era solo un sueño, ella se aferra a las cámaras que utilizaban sus padres, a las películas y a los negativos de toda la vida. Así, construye escenas que se mueven entre un cálido onirismo de fugaces escenas vividas con placidez y recuerdos que se rescatan del pasado, de la infancia, de un tiempo sin preocupaciones.
Viñas convierte el error, o al menos la percepción que teníamos del mismo, en un fino ejercicio del destino para dotar a la realidad de una dimensión estética no prevista. A partir de ahí, nunca se equivoca, solo encuentra  nuevos caminos de verdad a través de los regates que se plantean en la sala de revelado.
La barcelonesa utiliza la fotografía digital, si bien reconoce que para ella es una herramienta “para otro tipo de proyectos menos personales y más vinculados al diseño gráfico”. Para ella, uno de los retos creativos pasa por “representar analógicamente aquello que con Photoshop es mucho más fácil. Nos equivocamos cuando pensamos que hay que controlarlo todo. Sigo pensando que en los errores y en los accidentes está la autenticidad”, señala.
La fotógrafa reconoce que la proliferación de cámaras requiere de una culturización que la barnice. “Del mismo modo que nos enseñan a leer y a escribir textos, sigo pensando que leer y crear imágenes también necesita un aprendizaje. Y no me refiero tanto a temas técnicos sino a aspectos conceptuales”, resalta. Piensa que la ingente cantidad de material que esas cámaras producen contribuirá a que todos seamos más conscientes de la ambigüedad de la realidad. “A día de hoy la fotografía se ha desvinculado de una sensación de certeza, continuamente estamos reflexionando sobre la posible manipulación de una imagen”.
Viñas es una de las seis jóvenes artistas emergentes que, junto a Laura Put, Abel Cuevas, Borja Rosal (Extraperlo),Juanita y Los Feos y Elena Gallén, se han puesto delante de la cámara de Miguel Trillo para dejar prueba del momento creativo que vivimos en España. La experiencia forma parte de las Get Dirty Sessions, un proyecto de Converse que reivindica la legitimidad de la imperfección como parte fundamental del proceso de creación.
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Los que apuestan por los corsés, aquellos que sueñan con condiciones bajo control para todo tipo de experiencias, se llevarían fatal con Blanca Viñas (Barcelona, 1987). La fotógrafa se adhiere fielmente al argumento de Joan Fontcuberta. Lo incontrolable es componente necesario de la fotografía. “La foto digital supone la pérdida poética porque elimina el azar”, decía el fotógrafo. Por eso, Viñas ha decidido que no quiere matar la poética que contienen sus películas analógicas y sus cámaras en peligro de extinción.
No recuerda quien le proporcionó la primera cámara aunque sí el momento en el que su hermana le regaló una fisheye que lo cambió todo para ella. Se percató de que la manera más íntima que iba a tener para expresarse pasaba por el objetivo de aquel artilugio y de otros similares. A la vez, se dio cuenta de que disparar su cámara era solo el primer paso de un proceso creativo apasionante. “La cámara es solo un objeto más que te permite sacar fotos. Prefiero darle protagonismo a la emulsión sensible de un negativo, jugar con la química o con las posibilidades que ofrece la fotografía analógica. Para mi un negativo es como el lienzo de un pintor”, explica.
Mientras que los jóvenes de su edad utilizan la tecnología más puntera para conseguir que sus fotografías parezcan hechas en un momento en el que esa tecnología era solo un sueño, ella se aferra a las cámaras que utilizaban sus padres, a las películas y a los negativos de toda la vida. Así, construye escenas que se mueven entre un cálido onirismo de fugaces escenas vividas con placidez y recuerdos que se rescatan del pasado, de la infancia, de un tiempo sin preocupaciones.
Viñas convierte el error, o al menos la percepción que teníamos del mismo, en un fino ejercicio del destino para dotar a la realidad de una dimensión estética no prevista. A partir de ahí, nunca se equivoca, solo encuentra  nuevos caminos de verdad a través de los regates que se plantean en la sala de revelado.
La barcelonesa utiliza la fotografía digital, si bien reconoce que para ella es una herramienta “para otro tipo de proyectos menos personales y más vinculados al diseño gráfico”. Para ella, uno de los retos creativos pasa por “representar analógicamente aquello que con Photoshop es mucho más fácil. Nos equivocamos cuando pensamos que hay que controlarlo todo. Sigo pensando que en los errores y en los accidentes está la autenticidad”, señala.
La fotógrafa reconoce que la proliferación de cámaras requiere de una culturización que la barnice. “Del mismo modo que nos enseñan a leer y a escribir textos, sigo pensando que leer y crear imágenes también necesita un aprendizaje. Y no me refiero tanto a temas técnicos sino a aspectos conceptuales”, resalta. Piensa que la ingente cantidad de material que esas cámaras producen contribuirá a que todos seamos más conscientes de la ambigüedad de la realidad. “A día de hoy la fotografía se ha desvinculado de una sensación de certeza, continuamente estamos reflexionando sobre la posible manipulación de una imagen”.
Viñas es una de las seis jóvenes artistas emergentes que, junto a Laura Put, Abel Cuevas, Borja Rosal (Extraperlo),Juanita y Los Feos y Elena Gallén, se han puesto delante de la cámara de Miguel Trillo para dejar prueba del momento creativo que vivimos en España. La experiencia forma parte de las Get Dirty Sessions, un proyecto de Converse que reivindica la legitimidad de la imperfección como parte fundamental del proceso de creación.
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