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29 de noviembre 2010    /   CIENCIA
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El español que inventó el traje espacial

29 de noviembre 2010    /   CIENCIA     por          
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España podría haber sido pionera en la carrera espacial. Todo gracias a la inventiva, conocimientos y dedicación de un español que se enfrentó a Franco. Su nombre, Emilio Herrera Linares (Granada, 1878), quien llegó a ser Presidente de la República en el exilio y hasta mantuvo sus más y su menos con Einstein.

Y no es sorna. Sino una realidad que sale a la luz pública tras el trabajo de investigación realizado por Ignacio Hidalgo y Juan Lanchares, dos profesores titulares de la Universidad Complutense de Madrid que, en realidad, investigan sobre la Computación Evolutiva (resolver problemas de diseño y optimización reales con programas basados en la naturaleza).

Tras hacerme eco de la noticia, no he podido resistirme y me he lanzado cual hiena periodística de aguzado olfato tras las fuentes. Quiero saberlo todo sobre un personaje tan literario. De Ciencia Ficción, vale, pero literatura al fin y al cabo.

En vuestras investigaciones afirmáis que Herrera Linares inventó el traje espacial en 1935. ¿No resulta sorprendente que sea un español quien esté “haciendo la carrera espacial” y, sobre todo, en aquella época?

En realidad en aquella época, en el Aeródromo de cuatro vientos en Madrid, se había desarrollado un túnel de viento para diseñar aviones que era de los más avanzados de Europa, por lo que no debe sorprendernos. Si se invierte en innovación e investigación se obtienen resultados.

Precisamente lo que queríamos hacer ver en nuestro artículo era que los españoles (con medios o sin ellos) siempre han sido pioneros en muchos campos de investigación. Emilio Herrera era un militar, aviador y científico. Hasta la guerra de 1936 se dedicó a realizar, diseñar, construir y pilotar aviones, dirigibles y globos aerostáticos.

¿En qué consistía ese traje, de qué material estaba hecho?

Según Herrera expone en sus memorias, el problema fundamental era que permitiera una presión interior normal para la vida y a la vez que no fuera rígido. Por ello, inventó un sistema de articulaciones rígidas en forma de acordeón flexible pero inextensible.

También solucionó el problema térmico, evitando que el calor natural del piloto del globo se perdiera a través de la tela del traje. Después de todos estos estudios construyó la primera escafandra del espacio y que estaba constituida por tres trajes superpuestos.

Primero uno de lana que envolvía completamente el cuerpo desde el cuello hasta los pies, otro de caucho impermeable al aire y, finalmente, otro de tela reforzada con alambres de acero en las articulaciones que permitía la flexibilidad de las extremidades. La cabeza iba cubierta por un casco de aluminio, similar al del los buzos, con una visera compuesta por tres cristales que filtraban tanto los rayos ultravioletas como los infrarrojos. En el traje espacial estaba todo pensado, incluía micrófono, respiradores, sustancia anti-vahos, absorbedor de anhídrido carbónico, termómetros y barómetros exteriores e interiores, etc.

Realizó las pruebas necesarias y comprobó que todo funcionaba correctamente manteniendo la temperatura interior constante a 33 grados en condiciones de vacío y temperaturas de -79 grados centígrados.

¿Contó con algún tipo de patrocinio o subvención?

Sí, el proyecto se realizó dentro del ejército y, por tanto, tenía la financiación necesaria por parte del gobierno de la segunda república. Además, colaboraron empresas extranjeras aportando equipos. En sus memorias, Herrera nunca habla de dificultades económicas.

¿Qué destino final tuvo su traje espacial? ¿Sirvió para algo?

Lamentablemente, la ascensión estaba prevista para el mes de octubre de 1936, pero el estallido de la guerra civil impidió que se realizara y dio al traste con toda la labor que Herrera y su equipo habían realizado. Posteriormente, en ascensiones rusas e inmersiones submarinas se utilizaron trajes muy similares a los diseñados por Emilio Herrera Linares. El traje y el globo se destruyeron y reutilizaron sus materiales para la guerra civil.

¿Por qué no se ha reconocido su trabajo nacional e internacionalmente?

Realmente su trabajo es muy conocido por parte de los militares, nos gustaría destacar que nosotros no hemos hecho una investigación exhaustiva, solamente hemos leído varios documentos disponibles en la biblioteca de la UCM. En concreto, debemos destacar sus memorias publicadas en el año 88 por Thomas F. Glick y José M. Sánchez Ron. Recientemente, se han realizado homenajes en Guadalajara y Granada y existe una fundación que se encarga de conservar y difundir su legado.

¿Qué papel tuvo la política en su “no reconocimiento”?

Evidentemente, al mantenerse leal a la república, incluso llegó a ser Presidente de la República en el exilio, estaba enfrentado al dictador Francisco Franco y se le desposeyó de todos sus honores e incluso de su lugar como miembro de la real academia de las ciencias, donde ocupaba el lugar que había pertenecido a Echegaray.

¿Qué otros resultados y nombres destacaríais de la investigación que habéis llevado a cabo acerca de los pioneros patrios del mundo de la informática y las nuevas tecnologías?

Hay gente muy interesante en la historia de España. En nuestro artículo destacábamos a Agustín de Betancourt, quien fue realmente un adelantado a su tiempo con contribuciones en el campo de las telecomunicaciones. En segundo lugar, hablamos de Ramón Verea, un curioso personaje que realizó una calculadora en el siglo XIX para demostrar, según sus propias palabras, que “en genio inventivo un español puede dejar atrás a las eminencias de las naciones más cultas”. El tercer protagonista de este artículo es Emilio Herrera Linares.

Por último hablamos del pionero de la Informática en España, D. José García Santesmases, catedrático de Física Industrial de la Universidad Complutense de Madrid, que participó activamente en el diseño de los primeros computadores y de las primeras memorias de ferrita. Podríamos destacar también a Leonardo Torres Quevedo, que realizó el primer control remoto (el telekino) y un aritmómetro para realizar cálculos aritméticos de gran precisión.

Inma Flor es Responsable del Departamento de Redacción y Comunicación del IED Madrid, además de periodista freelance.

España podría haber sido pionera en la carrera espacial. Todo gracias a la inventiva, conocimientos y dedicación de un español que se enfrentó a Franco. Su nombre, Emilio Herrera Linares (Granada, 1878), quien llegó a ser Presidente de la República en el exilio y hasta mantuvo sus más y su menos con Einstein.

Y no es sorna. Sino una realidad que sale a la luz pública tras el trabajo de investigación realizado por Ignacio Hidalgo y Juan Lanchares, dos profesores titulares de la Universidad Complutense de Madrid que, en realidad, investigan sobre la Computación Evolutiva (resolver problemas de diseño y optimización reales con programas basados en la naturaleza).

Tras hacerme eco de la noticia, no he podido resistirme y me he lanzado cual hiena periodística de aguzado olfato tras las fuentes. Quiero saberlo todo sobre un personaje tan literario. De Ciencia Ficción, vale, pero literatura al fin y al cabo.

En vuestras investigaciones afirmáis que Herrera Linares inventó el traje espacial en 1935. ¿No resulta sorprendente que sea un español quien esté “haciendo la carrera espacial” y, sobre todo, en aquella época?

En realidad en aquella época, en el Aeródromo de cuatro vientos en Madrid, se había desarrollado un túnel de viento para diseñar aviones que era de los más avanzados de Europa, por lo que no debe sorprendernos. Si se invierte en innovación e investigación se obtienen resultados.

Precisamente lo que queríamos hacer ver en nuestro artículo era que los españoles (con medios o sin ellos) siempre han sido pioneros en muchos campos de investigación. Emilio Herrera era un militar, aviador y científico. Hasta la guerra de 1936 se dedicó a realizar, diseñar, construir y pilotar aviones, dirigibles y globos aerostáticos.

¿En qué consistía ese traje, de qué material estaba hecho?

Según Herrera expone en sus memorias, el problema fundamental era que permitiera una presión interior normal para la vida y a la vez que no fuera rígido. Por ello, inventó un sistema de articulaciones rígidas en forma de acordeón flexible pero inextensible.

También solucionó el problema térmico, evitando que el calor natural del piloto del globo se perdiera a través de la tela del traje. Después de todos estos estudios construyó la primera escafandra del espacio y que estaba constituida por tres trajes superpuestos.

Primero uno de lana que envolvía completamente el cuerpo desde el cuello hasta los pies, otro de caucho impermeable al aire y, finalmente, otro de tela reforzada con alambres de acero en las articulaciones que permitía la flexibilidad de las extremidades. La cabeza iba cubierta por un casco de aluminio, similar al del los buzos, con una visera compuesta por tres cristales que filtraban tanto los rayos ultravioletas como los infrarrojos. En el traje espacial estaba todo pensado, incluía micrófono, respiradores, sustancia anti-vahos, absorbedor de anhídrido carbónico, termómetros y barómetros exteriores e interiores, etc.

Realizó las pruebas necesarias y comprobó que todo funcionaba correctamente manteniendo la temperatura interior constante a 33 grados en condiciones de vacío y temperaturas de -79 grados centígrados.

¿Contó con algún tipo de patrocinio o subvención?

Sí, el proyecto se realizó dentro del ejército y, por tanto, tenía la financiación necesaria por parte del gobierno de la segunda república. Además, colaboraron empresas extranjeras aportando equipos. En sus memorias, Herrera nunca habla de dificultades económicas.

¿Qué destino final tuvo su traje espacial? ¿Sirvió para algo?

Lamentablemente, la ascensión estaba prevista para el mes de octubre de 1936, pero el estallido de la guerra civil impidió que se realizara y dio al traste con toda la labor que Herrera y su equipo habían realizado. Posteriormente, en ascensiones rusas e inmersiones submarinas se utilizaron trajes muy similares a los diseñados por Emilio Herrera Linares. El traje y el globo se destruyeron y reutilizaron sus materiales para la guerra civil.

¿Por qué no se ha reconocido su trabajo nacional e internacionalmente?

Realmente su trabajo es muy conocido por parte de los militares, nos gustaría destacar que nosotros no hemos hecho una investigación exhaustiva, solamente hemos leído varios documentos disponibles en la biblioteca de la UCM. En concreto, debemos destacar sus memorias publicadas en el año 88 por Thomas F. Glick y José M. Sánchez Ron. Recientemente, se han realizado homenajes en Guadalajara y Granada y existe una fundación que se encarga de conservar y difundir su legado.

¿Qué papel tuvo la política en su “no reconocimiento”?

Evidentemente, al mantenerse leal a la república, incluso llegó a ser Presidente de la República en el exilio, estaba enfrentado al dictador Francisco Franco y se le desposeyó de todos sus honores e incluso de su lugar como miembro de la real academia de las ciencias, donde ocupaba el lugar que había pertenecido a Echegaray.

¿Qué otros resultados y nombres destacaríais de la investigación que habéis llevado a cabo acerca de los pioneros patrios del mundo de la informática y las nuevas tecnologías?

Hay gente muy interesante en la historia de España. En nuestro artículo destacábamos a Agustín de Betancourt, quien fue realmente un adelantado a su tiempo con contribuciones en el campo de las telecomunicaciones. En segundo lugar, hablamos de Ramón Verea, un curioso personaje que realizó una calculadora en el siglo XIX para demostrar, según sus propias palabras, que “en genio inventivo un español puede dejar atrás a las eminencias de las naciones más cultas”. El tercer protagonista de este artículo es Emilio Herrera Linares.

Por último hablamos del pionero de la Informática en España, D. José García Santesmases, catedrático de Física Industrial de la Universidad Complutense de Madrid, que participó activamente en el diseño de los primeros computadores y de las primeras memorias de ferrita. Podríamos destacar también a Leonardo Torres Quevedo, que realizó el primer control remoto (el telekino) y un aritmómetro para realizar cálculos aritméticos de gran precisión.

Inma Flor es Responsable del Departamento de Redacción y Comunicación del IED Madrid, además de periodista freelance.

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