19 de diciembre 2012    /   ENTRETENIMIENTO
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El fanfunding de Bandtastic

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Los tiempos en el que aspirar a ver un concierto de un grupo de culto era algo lejano, si no vivías en una gran capital como Londres, Nueva York o Tokio, se han acabado. Los músicos, cada vez más, viven del directo. En consecuencia, sus giras son más largas y exhaustivas. Sin embargo, fuera de los circuitos más establecidos de EE. UU. y el norte y centro de Europa, no siempre es fácil, pongamos un ejemplo: ver a una banda de post punk rusa en una ciudad como México DF. Pocos promotores tienen las agallas ni las ganas de jugársela para traer un grupo minoritario que, con suerte, tocará delante de 150 o 200 personas. Pero los fans no se mueven por el dinero, se mueven por el corazón y los sentimientos.

Los pasados 21 y 22 de septiembre, la situación, apenas descrita, se produjo en la vida real gracias a Bandtastic. Motorama, una banda rusa que bebe de Joy Division, interpretó dos conciertos, en Guadalajara y en la capital de México, delante de centenares de fans mexicanos coreando sus canciones. “Todo el mundo sabía la letra de su canciones. No se lo podían creer”, explica Luis López, cofundador de la startup. El concierto se consiguió gracias a una petición de ‘fanfunding’ en la web, que logró reunir parte del dinero necesario para que el grupo pudiera visitar el país. Los fans compraron las entradas por adelantado con la posibilidad de contribuir un poco más a cambio de camisetas y discos.

“Habrá que echarle la culpa —una vez más— al Sr. Internet. ¿De qué otra manera, una banda originaria de Rostov-na-Donu (eso está en Rusia) habría podido llegar a ejecutar su función en el tradicional y cotidiano Caradura de Roma-Condesa (un barrio de México D.F)? Gracias al esquema antijerárquico de la red, una serie de usuarios mexicanos pudieron, accidentalmente, encontrar la música de Motorama”, escribía, sorprendida, la periodista Cecilia Villaverde en una reseña del concierto publicado en Ibero 90.9.

Tras la interpretación, los responsables de Bandtastic crearon una recopilación de las reacciones de la gente en Instagram, Facebook y Twitter antes, durante y después del concierto con el programa Storify. En él se puede apreciar la sensación de relato compartido que significó la sesión para muchos de los que participaron con su dinero en hacerlo posible. Una experiencia que el tuitero Pisittitas Rey, que asistió a otro evento organizado también por Bandtastic, resumió así: “Por primera vez me sentí persona y no dinero en un concierto”.

La falta de oferta cultural alternativa e independiente es lo que llevó a los creadores de la web a crear Bandtastic. Se definen como personas que “siempre buscan música nueva. Escuchamos 10 bandas al día y pocas veces tenemos la oportunidad de verlos porque solo las propuestas más mainstream suelen acabar en México”, explica López, un joven emprendedor que dejó una carrera de diseño gráfico para montar este proyecto.

La startup tiene apenas un año y medio de vida, pero ya ha conseguido ser seleccionada para Wayra, el programa de aceleración que Movistar opera en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, México, Perú, Venezuela y Reino Unido. La multinacional ofrece espacio de oficina, asesoramiento y financiación a cambio de un 10% de participación en las startups concurrentes. “Cuando se nos ocurrió, estábamos a mitad de nuestra carrera universitaria y no teníamos ni idea de emprender, ni de conseguir financiación, ni nada de nada”, añade López. “Llamamos al único programador que conocíamos y se incorporó al proyecto”.

A medida que este evolucionaba, el cometido de la plataforma ha ido cambiando. Al principio, pensaban limitarse simplemente a ser un intermediario como Kickstarter, pero han visto también una oportunidad en la organización de conciertos. “Cada vez más, intentamos involucramos en todas las partes: en la venta de entradas, concertar entrevistas para el grupo que viene, la mercancía, preparar discos, hacer serigrafías… No es el típico concierto. Cuidamos mucha la experiencia. Cuando compras el boleto recibes un código QR para no tener que ir con una entrada de papel. Si has adquirido un póster o una camiseta por adelantado, se te informa automáticamente cómo recogerlo a la entrada del concierto. Hemos desarrollado también una app para iPhone a fin de que la gente pueda gestionar sus boletos”. La web se lleva una comisión por cada transacción y, también, se lleva las ganancias de los conciertos en caso de ser ellos mismos quiénes los organicen.

Precisamente, en la gestión de billetes es donde los responsables de la web ven una oportunidad de crecimiento. Un segmento muy copado por Ticketmaster y con muchas posibilidades de crear alternativas. “Es algo que nos planteamos y en el que estamos trabajando. Pero, primero, queremos hacer que le experiencia sea lo mejor posible antes de entrar en otros negocios o plantearnos montar la plataforma en otros países”.

La independencia que proporciona el crowdfunding también se empleó recientemente para pedir cambios sociales en México. La organización YoSoy132, un movimiento juvenil que reclama otra forma de hacer política y que guarda algunas similitudes con el 15M, logró reunir a miles de personas en el Zócalo de Ciudad de México unos días antes de las elecciones presidenciales. Un evento musical financiado en parte a través de Bandtastic sin necesidad de contar con el apoyo de una marca comercial o gubernamental que comprometiera su independencia. “Todas las revoluciones van acompañadas de arte, porque es un lenguaje que lleva los mensajes de conciencia a los oídos del espíritu y, cuando el sentir y los pensamientos de un pueblo se unen por un cambio, la transformación es inevitable”, rezó el cometido del festival.

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¿Qué hubiera pasado si los Ramones hubieran usado Bandtastic?

Llegaron los años 90 y los Ramones seguían pateándose los locales más sucios y minoritarios de EE. UU. A pesar de llevar más de 2.000 conciertos, 14 discos y empezar a ser reconocidos como los padrinos del punk, el grupo nunca llegó a tener un seguimiento masivo en su país natal mientras estuvieron en activo.

Sufrieron, en cierto modo, el síndrome de los precursores. Cogieron la ola muy al principio y que otros supieron coger con más fuerza más adelante. Nada que ver con lo que vivía la banda cuando visitaba Argentina. En el país sudamericano eran recibidos por miles de personas que rodeaban su hotel cada vez que pisaban la capital.

En su gira de despedida, en 1996, tocaron delante de más de 40.000 personas en Buenos Aires. Pero el grupo ni siquiera tocó su música en Argentina hasta el año 87, catorce años después de haber echado a andar. Si hubiera existido una plataforma como Bandtastic, quién sabe si hubiera ocurrido lo mismo. Es probable, incluso, que un grupo de fans argentinos hubiera podido organizar una colecta digital para traer al conjunto en los primeros años de su existencia.

También abre otras posibilidades para los melómanos atrapados en países o ciudades olvidadas por las bandas: la oportunidad de ver a un grupo cuando, realmente, estás escuchando y conectando con su música, en vez de 20 años más tarde cuando sus componentes, ahogados por la deudas, deciden dejar atrás sus diferencias para recrear una nostalgia forzada motivados, principalmente, por el dinero.

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Los tiempos en el que aspirar a ver un concierto de un grupo de culto era algo lejano, si no vivías en una gran capital como Londres, Nueva York o Tokio, se han acabado. Los músicos, cada vez más, viven del directo. En consecuencia, sus giras son más largas y exhaustivas. Sin embargo, fuera de los circuitos más establecidos de EE. UU. y el norte y centro de Europa, no siempre es fácil, pongamos un ejemplo: ver a una banda de post punk rusa en una ciudad como México DF. Pocos promotores tienen las agallas ni las ganas de jugársela para traer un grupo minoritario que, con suerte, tocará delante de 150 o 200 personas. Pero los fans no se mueven por el dinero, se mueven por el corazón y los sentimientos.

Los pasados 21 y 22 de septiembre, la situación, apenas descrita, se produjo en la vida real gracias a Bandtastic. Motorama, una banda rusa que bebe de Joy Division, interpretó dos conciertos, en Guadalajara y en la capital de México, delante de centenares de fans mexicanos coreando sus canciones. “Todo el mundo sabía la letra de su canciones. No se lo podían creer”, explica Luis López, cofundador de la startup. El concierto se consiguió gracias a una petición de ‘fanfunding’ en la web, que logró reunir parte del dinero necesario para que el grupo pudiera visitar el país. Los fans compraron las entradas por adelantado con la posibilidad de contribuir un poco más a cambio de camisetas y discos.

“Habrá que echarle la culpa —una vez más— al Sr. Internet. ¿De qué otra manera, una banda originaria de Rostov-na-Donu (eso está en Rusia) habría podido llegar a ejecutar su función en el tradicional y cotidiano Caradura de Roma-Condesa (un barrio de México D.F)? Gracias al esquema antijerárquico de la red, una serie de usuarios mexicanos pudieron, accidentalmente, encontrar la música de Motorama”, escribía, sorprendida, la periodista Cecilia Villaverde en una reseña del concierto publicado en Ibero 90.9.

Tras la interpretación, los responsables de Bandtastic crearon una recopilación de las reacciones de la gente en Instagram, Facebook y Twitter antes, durante y después del concierto con el programa Storify. En él se puede apreciar la sensación de relato compartido que significó la sesión para muchos de los que participaron con su dinero en hacerlo posible. Una experiencia que el tuitero Pisittitas Rey, que asistió a otro evento organizado también por Bandtastic, resumió así: “Por primera vez me sentí persona y no dinero en un concierto”.

La falta de oferta cultural alternativa e independiente es lo que llevó a los creadores de la web a crear Bandtastic. Se definen como personas que “siempre buscan música nueva. Escuchamos 10 bandas al día y pocas veces tenemos la oportunidad de verlos porque solo las propuestas más mainstream suelen acabar en México”, explica López, un joven emprendedor que dejó una carrera de diseño gráfico para montar este proyecto.

La startup tiene apenas un año y medio de vida, pero ya ha conseguido ser seleccionada para Wayra, el programa de aceleración que Movistar opera en Argentina, Brasil, Chile, Colombia, España, México, Perú, Venezuela y Reino Unido. La multinacional ofrece espacio de oficina, asesoramiento y financiación a cambio de un 10% de participación en las startups concurrentes. “Cuando se nos ocurrió, estábamos a mitad de nuestra carrera universitaria y no teníamos ni idea de emprender, ni de conseguir financiación, ni nada de nada”, añade López. “Llamamos al único programador que conocíamos y se incorporó al proyecto”.

A medida que este evolucionaba, el cometido de la plataforma ha ido cambiando. Al principio, pensaban limitarse simplemente a ser un intermediario como Kickstarter, pero han visto también una oportunidad en la organización de conciertos. “Cada vez más, intentamos involucramos en todas las partes: en la venta de entradas, concertar entrevistas para el grupo que viene, la mercancía, preparar discos, hacer serigrafías… No es el típico concierto. Cuidamos mucha la experiencia. Cuando compras el boleto recibes un código QR para no tener que ir con una entrada de papel. Si has adquirido un póster o una camiseta por adelantado, se te informa automáticamente cómo recogerlo a la entrada del concierto. Hemos desarrollado también una app para iPhone a fin de que la gente pueda gestionar sus boletos”. La web se lleva una comisión por cada transacción y, también, se lleva las ganancias de los conciertos en caso de ser ellos mismos quiénes los organicen.

Precisamente, en la gestión de billetes es donde los responsables de la web ven una oportunidad de crecimiento. Un segmento muy copado por Ticketmaster y con muchas posibilidades de crear alternativas. “Es algo que nos planteamos y en el que estamos trabajando. Pero, primero, queremos hacer que le experiencia sea lo mejor posible antes de entrar en otros negocios o plantearnos montar la plataforma en otros países”.

La independencia que proporciona el crowdfunding también se empleó recientemente para pedir cambios sociales en México. La organización YoSoy132, un movimiento juvenil que reclama otra forma de hacer política y que guarda algunas similitudes con el 15M, logró reunir a miles de personas en el Zócalo de Ciudad de México unos días antes de las elecciones presidenciales. Un evento musical financiado en parte a través de Bandtastic sin necesidad de contar con el apoyo de una marca comercial o gubernamental que comprometiera su independencia. “Todas las revoluciones van acompañadas de arte, porque es un lenguaje que lleva los mensajes de conciencia a los oídos del espíritu y, cuando el sentir y los pensamientos de un pueblo se unen por un cambio, la transformación es inevitable”, rezó el cometido del festival.

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¿Qué hubiera pasado si los Ramones hubieran usado Bandtastic?

Llegaron los años 90 y los Ramones seguían pateándose los locales más sucios y minoritarios de EE. UU. A pesar de llevar más de 2.000 conciertos, 14 discos y empezar a ser reconocidos como los padrinos del punk, el grupo nunca llegó a tener un seguimiento masivo en su país natal mientras estuvieron en activo.

Sufrieron, en cierto modo, el síndrome de los precursores. Cogieron la ola muy al principio y que otros supieron coger con más fuerza más adelante. Nada que ver con lo que vivía la banda cuando visitaba Argentina. En el país sudamericano eran recibidos por miles de personas que rodeaban su hotel cada vez que pisaban la capital.

En su gira de despedida, en 1996, tocaron delante de más de 40.000 personas en Buenos Aires. Pero el grupo ni siquiera tocó su música en Argentina hasta el año 87, catorce años después de haber echado a andar. Si hubiera existido una plataforma como Bandtastic, quién sabe si hubiera ocurrido lo mismo. Es probable, incluso, que un grupo de fans argentinos hubiera podido organizar una colecta digital para traer al conjunto en los primeros años de su existencia.

También abre otras posibilidades para los melómanos atrapados en países o ciudades olvidadas por las bandas: la oportunidad de ver a un grupo cuando, realmente, estás escuchando y conectando con su música, en vez de 20 años más tarde cuando sus componentes, ahogados por la deudas, deciden dejar atrás sus diferencias para recrear una nostalgia forzada motivados, principalmente, por el dinero.

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