7 de julio 2015    /   ENTRETENIMIENTO
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La música erotizada que Brasil intenta prohibir

7 de julio 2015    /   ENTRETENIMIENTO     por          
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«A novinha é toda meiga / A novinha é toda meiga / Foi sentando na piroca / Começou a ver estrelas». Lo que viene a ser algo así como: «La jovencita es tierna, se sentó encima de la polla y comenzó a ver las estrellas…».
dhani b
De por sí, la letra de este funk brasileño es tan explícita que deja poco a la imaginación, pero aún falta un detalle. Planeta da Putaria, este es el título, es una composición de MC Pedrinho, un joven músico de 13 años que llegó a tener 600.000 fans en Facebook y 35 millones de visitas en Youtube. Hasta que la justicia brasileña cerró sus páginas web y le prohibió hacer los 20 shows que de media realizaba cada mes.
dhani b
La razón: las canciones que MC Pedrinho interpreta presentan «un alto contenido erótico, pornografía y palabras de bajo nivel, incompatibles con las condiciones específicas de la persona en desarrollo». Este el razonamiento de los jueces, que han pedido al Consejo Nacional de los Derecho del Niño que efectúe los controles necesarios para que la prohibición entre en vigor.
Projeto_VALERIA_009
El veto a las canciones de MC Pedrinho se suma a la «persecución» a la que está sometido el funk desde su nacimiento. Un acoso que para MC Leonardo, presidente de Apafunk, la Asociación de los Profesionales Amigos del Funk, tiene un nombre: racismo.
dhani b
«Para un niño de 12 o 13 años esta situación es tan nociva como la de un niño de la misma edad participando en una telenovela. Los niños tienen que estudiar a esta edad», afirma MC Leonardo sobre este caso, y matiza:«Lo que acontece con la música funk en Brasil es lo que siempre ocurrió con toda la música negra y africana. Ha quedado segregada en un gueto y, cuando intenta salir, comienzan las cuestiones: primero se intenta impedir su salida y después hay una imposición sobre cómo tiene que salir», afirma MC Leonardo.
dhani b
«La prohibición de una manifestación cultural nunca funciona y, por lo general, tiene el efecto contrario de hacer crecer el movimiento», señala el fotógrafo Dhani Borges, que en 2010 pasó cuatro meses retratando un baile funk de matinée en una macrofavela llamada Morro do Alemão, en Río de Janeiro. «El baile era frecuentado mayoritariamente por menores», recuerda Dhani, cuyas fotos aparecen en este reportaje.
dhani b
De hecho, a pesar de la sentencia que obliga a cerrar todas las páginas oficiales del funkero adolescente y a retirar sus videoclips de internet, bajo la acusación de obscenidad, ya han sido creadas páginas alternativas en Facebook por los propios fans. Los mismos que están subiendo a Youtube videoclips caseros con las canciones prohibidas de MC Leonardo.
dhani b
El funk es desde los años 80 la banda sonora de las periferias brasileñas. Surgido en las favelas de Río de Janeiro, hoy está presente en todo el país, con sus peculiaridades en cada lugar.
En São Paulo, por ejemplo, en 2008 apareció una nueva vertiente llamada funk ostentação, que aborda temas relacionados con el consumo y la ostentación de un cierto estilo de vida. Los cantantes suelen aparecer en sus videoclips con coches y motocicletas caras, rodeados de mujeres espectaculares. Es el grito de consumo de los barrios de renta baja que también quieren participar de la fiesta consumista, como muestra este vídeo de MC Menor.

Música de los suburbios y símbolo cultural de las favelas, el funk ha sido criticado por varios sectores culturales y sociales por el machismo de su letras y el alto contenido erótico tanto de las canciones como del baile. Un ejemplo es este vídeo de las Justiceiras do Funk.

En 2006, el Estado de Río de Janeiro aprobó una ley para endurecer los trámites burocráticos para los bailes funk. Fue una prohibición de facto, basada en el argumento de que estas raves son financiadas por los narcotraficantes para crear un consenso social en las favelas.
«En realidad, fue la prohibición de los bailes funk lo que dio alas al narcotráfico, porque los organizadores no tenían espacios en la ciudad ni clubes donde hacer sus eventos. Pero esto sucedió antes de la ley, en los años 90», cuenta el presidente de Apafunk.
dhani b
La represión contra el funk también fue implementada en São Paulo, capital económica y cultural de Brasil. En 2013, el Ayuntamiento prohibió que los bailes funk se celebrasen en las calles de esta megalópolis, a pesar de la oposición del alcalde Haddad, progresista y antiprohibicionista.
Ambas leyes han sido revocadas con el paso del tiempo. Haddad vetó la ley en 2014. En Río de Janeiro, la lucha de Apafunk consiguió la revocación de la polémica normativa antes, en 2009. Sin embargo, el sector, que en Río en su mejor momento llegó a emplear a 10.000 personas y a mover dos millones de reales por mes (unos 580.000 euros), según datos de Apafunk, está lejos de recuperarse.
dhani b
Con la llegada a varias favelas cariocas de la Policía Pacificadora (UPP), a partir de 2009, los bailes funk han conocido una segunda fase de persecución, que algunos no dudan en definir como «genocidio cultural». El resultado es que, desde hace años, centenares de jóvenes en Río de Janeiro salen de las favelas pacificadas para adentrarse en aquellas donde las UPP no han llegado, para participar de los pocos bailes funk que todavía quedan en la ciudad.
dhani b
«El funk pasa por el peor momento de toda su historia. Está perdiendo espacio en la ciudad de Río de Janeiro», señala MC Leonardo. Este cantante, que hoy tiene 40 años, cree que el acoso al funk no está vinculado al proceso de pacificación de las favelas, y sí a la discriminación.
«El racismo es algo muy antiguo en nuestra sociedad. Lo mismo ocurrió con el samba y todas las expresiones culturales oriundas de las favelas. Hoy un joven de 16 a 24 años, negro y pobre no tiene muchas opciones de ocio. Está mucho peor que en mi época de juventud», asegura MC Leonardo.
dhani b
A pesar de la ofensiva jurídica y religiosa y de las críticas constantes, el funk sigue siendo la música predilecta de los jóvenes de la periferia. En el medio del debate social que produce, muchos intelectuales lo consideran una genuina expresión cultural de las clases con menor poder adquisitivo.
Es el caso de Dhani Borges, para quien los autores del funk no hacen otra cosa que cantar su día a día. «Si a las personas no les gustan las letras, normalmente es porque quieren cerrar los ojos ante la realidad del mundo en el que viven», afirma este fotógrafo, que ha fundado un fotoclub en el Morro do Alemão para difundir el amor a la fotografía entre los jóvenes moradores.
«El problema no es la erotización del funk, sino la erotización de toda la sociedad. Desde hace 20 años, los programas de TV impulsan eso. ¿El funk es homófobo? Sí, porque la sociedad lo es. ¿El funk es machista? Sí y la sociedad es machista», afirma MC Leonardo. «No hay un plan del funk de erotización, es una expresión popular sin planificación cultural», añade.
https://www.youtube.com/watch?v=bQQLjvPX6sY
Para el fotógrafo Dhani Borges, la erotización de los ídolos de los adolescentes no es un fenómeno eminentemente brasileño. «Las letras del rap estadounidense hablan abiertamente de vender drogas y de participar en los crímenes de tal gangster rap. Aun así, terminan vendiendo millones de discos para niños y adolescentes de la clase media blanca», señala Dhani.
dhani b
La historia de la música rap está llena de ejemplos. El Change my pitch up, smack my bitch up de The Prodigy, que podríamos traducir como «Sube mi ritmo, azota a mi perra», en su momento enfureció a las feministas de medio mundo por ser considerado un manifiesto a favor de la violencia contra la mujer.
Eminem también fue duramente criticado en 2013 por las letras homófobas de su single Rap God. «Little gay-looking boy / So gay I can barely say it with a straight face-looking boy / You witnessing massacre like you watching a church gathering taking place-looking boy / ‘Oy vey, that boy’s gay,’ that’s all they say looking-boy / You take a thumbs up, pat on the back, the way you go from your label every day-looking boy».
dhani b
En cuanto a la cuestión de la sexualidad en la música, para Dhani Borges es tan antigua como la misma música. «Desde la Edad de Piedra, los adolescentes tienen relaciones sexuales y consumen música. Por lo tanto, siempre va a haber sexo en la música. Madonna lo hizo, Britney Spears lo hizo, Miley Cyrus y Rihanna lo están haciendo. Sus fans tienen entre 10 y 16 años», asegura.
dhani b
«No sé si el funk está en lo correcto, pero esta gente está cantando sobre su propia realidad. Los funk prohibidos no son otra cosa que historias orales cantadas sobre el ascenso y la actuación del narcotráfico en las favelas. Si a la sociedad brasileña no le gusta, de nada sirve prohibir el funk sin cambiar la realidad de las periferias», concluye Dhani.
Solo un verdadero cambio social, basado en la inclusión social, puede hacer posible que estas personas empiecen a cantar sobre otro tipo de realidad.
(Todas las fotos de este reportaje son de Dhani Borges).
dhani b
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«A novinha é toda meiga / A novinha é toda meiga / Foi sentando na piroca / Começou a ver estrelas». Lo que viene a ser algo así como: «La jovencita es tierna, se sentó encima de la polla y comenzó a ver las estrellas…».
dhani b
De por sí, la letra de este funk brasileño es tan explícita que deja poco a la imaginación, pero aún falta un detalle. Planeta da Putaria, este es el título, es una composición de MC Pedrinho, un joven músico de 13 años que llegó a tener 600.000 fans en Facebook y 35 millones de visitas en Youtube. Hasta que la justicia brasileña cerró sus páginas web y le prohibió hacer los 20 shows que de media realizaba cada mes.
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La razón: las canciones que MC Pedrinho interpreta presentan «un alto contenido erótico, pornografía y palabras de bajo nivel, incompatibles con las condiciones específicas de la persona en desarrollo». Este el razonamiento de los jueces, que han pedido al Consejo Nacional de los Derecho del Niño que efectúe los controles necesarios para que la prohibición entre en vigor.
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El veto a las canciones de MC Pedrinho se suma a la «persecución» a la que está sometido el funk desde su nacimiento. Un acoso que para MC Leonardo, presidente de Apafunk, la Asociación de los Profesionales Amigos del Funk, tiene un nombre: racismo.
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«Para un niño de 12 o 13 años esta situación es tan nociva como la de un niño de la misma edad participando en una telenovela. Los niños tienen que estudiar a esta edad», afirma MC Leonardo sobre este caso, y matiza:«Lo que acontece con la música funk en Brasil es lo que siempre ocurrió con toda la música negra y africana. Ha quedado segregada en un gueto y, cuando intenta salir, comienzan las cuestiones: primero se intenta impedir su salida y después hay una imposición sobre cómo tiene que salir», afirma MC Leonardo.
dhani b
«La prohibición de una manifestación cultural nunca funciona y, por lo general, tiene el efecto contrario de hacer crecer el movimiento», señala el fotógrafo Dhani Borges, que en 2010 pasó cuatro meses retratando un baile funk de matinée en una macrofavela llamada Morro do Alemão, en Río de Janeiro. «El baile era frecuentado mayoritariamente por menores», recuerda Dhani, cuyas fotos aparecen en este reportaje.
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De hecho, a pesar de la sentencia que obliga a cerrar todas las páginas oficiales del funkero adolescente y a retirar sus videoclips de internet, bajo la acusación de obscenidad, ya han sido creadas páginas alternativas en Facebook por los propios fans. Los mismos que están subiendo a Youtube videoclips caseros con las canciones prohibidas de MC Leonardo.
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El funk es desde los años 80 la banda sonora de las periferias brasileñas. Surgido en las favelas de Río de Janeiro, hoy está presente en todo el país, con sus peculiaridades en cada lugar.
En São Paulo, por ejemplo, en 2008 apareció una nueva vertiente llamada funk ostentação, que aborda temas relacionados con el consumo y la ostentación de un cierto estilo de vida. Los cantantes suelen aparecer en sus videoclips con coches y motocicletas caras, rodeados de mujeres espectaculares. Es el grito de consumo de los barrios de renta baja que también quieren participar de la fiesta consumista, como muestra este vídeo de MC Menor.

Música de los suburbios y símbolo cultural de las favelas, el funk ha sido criticado por varios sectores culturales y sociales por el machismo de su letras y el alto contenido erótico tanto de las canciones como del baile. Un ejemplo es este vídeo de las Justiceiras do Funk.

En 2006, el Estado de Río de Janeiro aprobó una ley para endurecer los trámites burocráticos para los bailes funk. Fue una prohibición de facto, basada en el argumento de que estas raves son financiadas por los narcotraficantes para crear un consenso social en las favelas.
«En realidad, fue la prohibición de los bailes funk lo que dio alas al narcotráfico, porque los organizadores no tenían espacios en la ciudad ni clubes donde hacer sus eventos. Pero esto sucedió antes de la ley, en los años 90», cuenta el presidente de Apafunk.
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La represión contra el funk también fue implementada en São Paulo, capital económica y cultural de Brasil. En 2013, el Ayuntamiento prohibió que los bailes funk se celebrasen en las calles de esta megalópolis, a pesar de la oposición del alcalde Haddad, progresista y antiprohibicionista.
Ambas leyes han sido revocadas con el paso del tiempo. Haddad vetó la ley en 2014. En Río de Janeiro, la lucha de Apafunk consiguió la revocación de la polémica normativa antes, en 2009. Sin embargo, el sector, que en Río en su mejor momento llegó a emplear a 10.000 personas y a mover dos millones de reales por mes (unos 580.000 euros), según datos de Apafunk, está lejos de recuperarse.
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Con la llegada a varias favelas cariocas de la Policía Pacificadora (UPP), a partir de 2009, los bailes funk han conocido una segunda fase de persecución, que algunos no dudan en definir como «genocidio cultural». El resultado es que, desde hace años, centenares de jóvenes en Río de Janeiro salen de las favelas pacificadas para adentrarse en aquellas donde las UPP no han llegado, para participar de los pocos bailes funk que todavía quedan en la ciudad.
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«El funk pasa por el peor momento de toda su historia. Está perdiendo espacio en la ciudad de Río de Janeiro», señala MC Leonardo. Este cantante, que hoy tiene 40 años, cree que el acoso al funk no está vinculado al proceso de pacificación de las favelas, y sí a la discriminación.
«El racismo es algo muy antiguo en nuestra sociedad. Lo mismo ocurrió con el samba y todas las expresiones culturales oriundas de las favelas. Hoy un joven de 16 a 24 años, negro y pobre no tiene muchas opciones de ocio. Está mucho peor que en mi época de juventud», asegura MC Leonardo.
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A pesar de la ofensiva jurídica y religiosa y de las críticas constantes, el funk sigue siendo la música predilecta de los jóvenes de la periferia. En el medio del debate social que produce, muchos intelectuales lo consideran una genuina expresión cultural de las clases con menor poder adquisitivo.
Es el caso de Dhani Borges, para quien los autores del funk no hacen otra cosa que cantar su día a día. «Si a las personas no les gustan las letras, normalmente es porque quieren cerrar los ojos ante la realidad del mundo en el que viven», afirma este fotógrafo, que ha fundado un fotoclub en el Morro do Alemão para difundir el amor a la fotografía entre los jóvenes moradores.
«El problema no es la erotización del funk, sino la erotización de toda la sociedad. Desde hace 20 años, los programas de TV impulsan eso. ¿El funk es homófobo? Sí, porque la sociedad lo es. ¿El funk es machista? Sí y la sociedad es machista», afirma MC Leonardo. «No hay un plan del funk de erotización, es una expresión popular sin planificación cultural», añade.
https://www.youtube.com/watch?v=bQQLjvPX6sY
Para el fotógrafo Dhani Borges, la erotización de los ídolos de los adolescentes no es un fenómeno eminentemente brasileño. «Las letras del rap estadounidense hablan abiertamente de vender drogas y de participar en los crímenes de tal gangster rap. Aun así, terminan vendiendo millones de discos para niños y adolescentes de la clase media blanca», señala Dhani.
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La historia de la música rap está llena de ejemplos. El Change my pitch up, smack my bitch up de The Prodigy, que podríamos traducir como «Sube mi ritmo, azota a mi perra», en su momento enfureció a las feministas de medio mundo por ser considerado un manifiesto a favor de la violencia contra la mujer.
Eminem también fue duramente criticado en 2013 por las letras homófobas de su single Rap God. «Little gay-looking boy / So gay I can barely say it with a straight face-looking boy / You witnessing massacre like you watching a church gathering taking place-looking boy / ‘Oy vey, that boy’s gay,’ that’s all they say looking-boy / You take a thumbs up, pat on the back, the way you go from your label every day-looking boy».
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En cuanto a la cuestión de la sexualidad en la música, para Dhani Borges es tan antigua como la misma música. «Desde la Edad de Piedra, los adolescentes tienen relaciones sexuales y consumen música. Por lo tanto, siempre va a haber sexo en la música. Madonna lo hizo, Britney Spears lo hizo, Miley Cyrus y Rihanna lo están haciendo. Sus fans tienen entre 10 y 16 años», asegura.
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«No sé si el funk está en lo correcto, pero esta gente está cantando sobre su propia realidad. Los funk prohibidos no son otra cosa que historias orales cantadas sobre el ascenso y la actuación del narcotráfico en las favelas. Si a la sociedad brasileña no le gusta, de nada sirve prohibir el funk sin cambiar la realidad de las periferias», concluye Dhani.
Solo un verdadero cambio social, basado en la inclusión social, puede hacer posible que estas personas empiecen a cantar sobre otro tipo de realidad.
(Todas las fotos de este reportaje son de Dhani Borges).
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